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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-02-2012

Túnez
Entre reconstrucción y segunda revolución

Laura Casielles
Aish


Apenas terminados los festejos que conmemoraron el primer aniversario del triunfo de la Revolución, protestas sociales, dificultades económicas y tensiones políticas miden el reto al que Túnez se enfrenta. Mientras el nuevo Gobierno da los primeros pasos para la reconstrucción democrática del país; enfrentamientos y manifestaciones, inmolaciones, polémicas religiosas y juicios transicionales marcan el clima de una sociedad que se debate entre la reconstrucción y el regreso a las calles.

Nueve días antes de ese primer cumpleaños revolucionario , en la ciudad minera de Gafsa, en el oeste del país , comenzó una ola de protestas que pronto se extendió por todo el país. Tras la inmolación de un hombre desempleado de 48 años ante la sede del Gobierno (una acción que otras personas han llevado a cabo también en diferentes puntos del país: al menos cinco en las últimas semanas ), sus conciudadanos salieron a la calle en una protesta que derivó en violentos enfrentamientos que llevaron a decretar, como hace un año, el toque de queda. Pocos días después, la localidad de Majtar siguió la misma senda, con una huelga general espontánea en la que barricadas volvieron a llenar las calles para protestar por el desempleo y las malas condiciones de vida. Otros pueblos y ciudades vecinos de la región de Silana se unieron a las movilizaciones , y, tras cinco jornadas de protesta, lograron que el presidente Moncef Marzuki prometiera realizar una visita a la zona próximamente.

También en la capital se deja ver el descontento. Desde noviembre, cientos de manifestantes se reúnen periódicamente ante la Asamblea Nacional para manifestar sus exigencias en lo que respecta a la redacción de una nueva Constitución que está llevando a cabo este organismo. Apoyados por diversas organizaciones de la sociedad civil, sindicatos y partidos políticos, estos activistas piden que se tomen decisiones como la retransmisión pública de las sesiones parlamentarias, la suspensión de pagos de la deuda externa o medidas de creación de empleo.

Todas estas protestas reflejan una difícil realidad: la de los problemas económicos que sufre el país. Un fuerte aumento en los precios ha causado un dilema para las autoridades , que tienen, al mismo tiempo, que proteger a los ciudadanos de las precariedades inmediatas y que evitar tomar medidas que comprometan aún más la situación en el medio y largo plazo. Con un desempleo del 19% (aunque alcanza el 50% en determinadas zonas) y un importante descenso de las inversiones extranjeras y el turismo , la economía del país sufrió un descenso del 40% en el pasado año , y espera sin embargo crecer en torno a un 5'2% en 2012 .

Pero, más allá de la recuperación económica, Túnez también abarca el desafío de reconstruir sus instituciones y establecer mecanismos democráticos que regulen el funcionamiento político y social a partir de ahora. La Asamblea Nacional ha comenzado la tarea de redactar la nueva Constitución , que deberá estar terminada en un máximo de 18 meses, plazo previsto para la convocatoria de elecciones presidenciales . Sin embargo, hasta las cuestiones más básicas están sujetas a debate: aún no se ha decidido, por ejemplo, qué tipo de Gobierno tendrá el nuevo Túnez , si uno parlamentario como defiende el islamista Nahda, o uno más proclive al presidencialismo, como proponen los otros dos partidos con los que se reparte el control de las instituciones del país.

La transición viene también marcada por los procesos judiciales. En concreto, el que el depuesto Zine Al-Abidine Ben Ali debe enfrentar, pero que ha sido retrasado ya en dos ocasiones por la reiterada negativa de Arabia Saudí a extraditarlo . Los juzgados del país reclaman la pena capital para el dictador, al que imputan un centenar de procesos (homicidios voluntarios, robo, tráfico y consumo de droga...) Sin embargo, Ben Ali parece ocupado en cuestiones más terrenales que su propia salvación. En recientes declaraciones, su abogado anunció que tiene pensado presentar al Consejo de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra una queja por la expropiación de sus bienes por las nuevas autoridades, que han confiscado 34 vehículos, 48 yates, 2 casas, 233 escrituras de propiedad y acciones de 117 compañías, entre otros bienes que suman varios billones de dólares , y que incluyen empresas con un valor de en torno a un cuarto del presupuesto anual de Túnez.

Otro gran quebradero de cabeza para el país es la relación entre los islamistas y el resto de la sociedad, acostumbrada hasta ahora al laicismo. Varios conflictos han recordado la tensión entre ambas posturas: el juicio a la cadena de televisión Nessma por emitir la película “Persépolis”, de Marjane Satrapi, que los más rigoristas consideran insultante para los valores religiosos (y los enfrentamientos en los que desembocó ); la irrupción de un grupo de salafistas en una Universidad de la capital para poner en cuestión la prohibición de llevar velo integral en sus instalaciones; o l a invectiva lanzada por un miembro de Nahda contra los manifestantes sindicales, amparándose en el Corán, entre otros. Particularmente sonada ha sido también también la censura de un número de la revista Attounisia , en el que la modelo Lena Gercke (compañera del futbolista del Real Madrid Sami Kedira) aparecía semidesnuda : la retirada de la publicación por parte de las autoridades y la consiguiente detención de tres de sus responsables ha reabierto el debate sobre la libertad de expresión y de prensa en el país , entre las críticas de quienes consideran que este tipo de gestos las amenazan , y quienes los defienden esgrimiendo valores morales y religiosos.

Tratando de hacer frente a este tipo de tendencias a la religiosidad rigorista, cinco partidos laicos tratan de unirse para hacer frente a los islamistas en las próximas elecciones. La nueva alianza (Ettajid, Partido de la Renovación) combina formaciones de centro y de tendencia modernista, entre las que se cuentan algunos antiguos ministros.

Mientras todo esto ocurre en el interior del país, el nuevo Gobierno no pierde tampoco de vista lo que pasa más allá de sus fronteras. Siguiendo con su empeño de resucitar la Unión del Magreb Árabe (inactiva de facto desde hace dos décadas), acercando de nuevo a los cinco países que la componen (Libia, Argelia, Túnez, Marruecos y Mauritania), el presidente Moncef Marzuki relizó una gira por la región para tratar de convencer a sus homólogos de desarrollar una cumbre con este fin este mismo año. A su regreso, había obtenido el visto bueno de los dos implicados más difíciles: el presidente argelino Abdelaziz Buteflika y el monarca marroquí Mohamed VI, enfrentados desde hace décadas por la cuestión del Sahara. Las conversaciones ya han comenzado: un primer encuentro, centrado en las cuestiones económicas de la Unión, tuvo lugar en Rabat el pasado 15 de febrero ,

Un triunfo regional que ha borrado en algo una reciente derrota en el continente: la de la selección tunecina de fútbol , caída contra Ghana en cuartos de final de la Copa de África . Porque mientras todo lo demás es noticia, esto también ha sido portada de periódicos y centro de conversación en las redes sociales: signo de un país que, pese a todo, vuelve a la normalidad.

Fuente: http://www.aish.es/index.php/component/content/article/103-clavestunez/2497-tunez-21212-entre-reconstruccion-y-segunda-revolucion-



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