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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-02-2012

Afganistán se subleva contra la ocupación estadounidense

Patrick Martin
World Socialist Web Site

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández


La pasada semana estallaron revueltas masivas por todo Afganistán después de que las tropas estadounidenses quemaran varios Coranes en la base aérea de Bagram, y en ellas se puso de manifiesto el profundo odio que siente la población afgana por la ocupación dirigida por EEUU, ahora en su undécimo año.

Después de que unos albañiles afganos presenciaran la profanación de los Coranes, lo sucedido corrió como la pólvora por todo el país. Las bases estadounidenses y las instalaciones de la ONU fueron objeto de ataques incluso en ciudades como Kunduz, alejada de los centros de operaciones de los talibanes en el sur de Afganistán. Las informaciones aparecidas en la prensa documentan la abrumadora hostilidad que siente el pueblo afgano hacia las fuerzas ocupantes, incluso hacia la policía y los soldados del régimen-títere del presidente Hamid Karzai.

El Washington Post citaba a dos policías afganos en un control en Kabul: “Los afganos y los musulmanes del mundo deberían alzarse contra los extranjeros. No nos queda ya paciencia alguna”, dijo uno de ellos, mientras su compañero añadía: “Los dos vamos a atacar a las tropas de los ejércitos extranjeros”.

Un incidente especialmente revelador fue el asesinato de un coronel y un mayor de EEUU por un funcionario afgano dentro del mando y centro de control del ministerio afgano del interior, supuestamente una de las instalaciones más seguras en Kabul. Los dos oficiales estadounidenses se burlaron del Corán y se pelearon con un funcionario afgano, identificado como Abdul Sabur, de 25 años. Sabur les disparó entonces ocho tiros, matándolos a los dos.

Al parecer, Sabur salió del fuertemente vigilado ministerio sin que nadie le interfiriera, lo que sugiere que su acción contó con extendidas simpatías.

El estallido de las masivas protestas populares contra la ocupación de Afganistán ha producido escalofríos en las potencias ocupantes. Abruptamente, sacaron a todos los asesores militares estadounidenses de los ministerios del gobierno afgano; Francia y Alemania hicieron otro tanto. La estrategia de la administración Obama –que intenta transferir al régimen títere de Karzai el papel principal en la guerra contra los talibanes- está hecha trizas.

En cuanto al mismo Karzai, instalado como presidente tras la invasión estadounidense de 2001 y ridiculizado desde hace mucho tiempo como el “alcalde de Kabul”, cada vez está más claro que es la herramienta de una odiada ocupación extranjera, despreciado incluso por sus propios policías.

La profanación de los Coranes en la base de Bagram es fruto indiscutible del carácter reaccionario de la ocupación de Afganistán dirigida por EEUU: una guerra de agresión emprendida contra el pueblo afgano frente a la amplia oposición a la guerra de las clases trabajadoras europeas y estadounidense.

Una guerra de ese cariz sólo podía presentarse ante la población de los países de la OTAN y ante los soldados que la combaten a partir de un montón de mentiras. A los soldados estadounidenses se les contó que la guerra contra la insurgencia popular en Afganistán formaba parte de la “guerra contra el terror” y que cuando atacaban a los afganos que luchan contra la ocupación estaban combatiendo a los terroristas responsables de los ataques del 11-S.

Una guerra criminal y neocolonial como esa produce inevitablemente actos de barbarie, como se vio en el reciente video de los marines estadounidenses orinando sobre los cadáveres de los afganos que acababan de matar, o como el caso de los soldados de la brigada Stryker que se dedicaban a asesinar a civiles afganos y les cortaban los dedos y otras partes del cuerpo como trofeos.

Esos sucesos forman parte de los crímenes y atrocidades diarios consecuencia de mantener una ocupación imperialista en Afganistán. Los ataques aéreos de la OTAN abrasan rutinariamente a docenas de civiles inocentes, las fuerzas especiales estadounidenses irrumpen brutalmente en los hogares en sus ataques nocturnos aterrorizando a familias enteras, las fuerzas de la OTAN supervisan el arresto, detención y tortura de miles de afganos.

La principal responsabilidad por todos esos continuos crímenes recae en las fuerzas políticas que desorientaron los sentimientos masivos antibelicistas en EEUU y los canalizaron tras el partido demócrata. Barak Obama se presentó a las elecciones presidenciales de 2008 como un supuesto opositor a la guerra de Iraq, mientras prometía continuar con la guerra en Afganistán. A partir de esa fecha, ha triplicado el número de soldados estadounidenses desplegados en aquel país y la cifra de víctimas mortales de civiles afganos ha aumentado cada año desde que entró en la Casa Blanca.

La guerra en Afganistán demuestra que, a la hora de emprender una guerra imperialista de agresión, el partido demócrata es igual que el partido republicano. La guerra supone una acusación no solo de la administración Obama sino también de todas aquellas organizaciones de la “izquierda” pseudo-socialista y liberal que describieron a Obama como una alternativa “antibelicista” a Bush y los republicanos y que ahora están apostando por la reelección de Obama en la campaña de este año.

La base social de la oposición a la guerra no puede hallarse en ningún sector del establishment político sino en la clase trabajadora internacional, esa fuerza cuya lucha derrocó el pasado año a los dictadores apoyados por EEUU en Egipto y Túnez.

Los trabajadores de EEUU y de todo el mundo deben exigir la retirada inmediata e incondicional de Afganistán de las fuerzas de EEUU y la OTAN, el enjuiciamiento de las acusaciones por crímenes de guerra de todos los responsables de la invasión y la ocupación, así como la adecuada indemnización y reparación al pueblo afgano por todo lo sufrido.

Patrick Martin es un periodista canadiense con amplia experiencia en asuntos de Oriente Medio. Ha trabajado para el periódico The Globe and Mail, que tiene su sede en Toronto.

Fuente: http://www.wsws.org/articles/2012/feb2012/pers-f27.shtml



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