Portada :: Palestina y Oriente Prximo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-07-2004

Separacin es racismo

Azmi Bishara
Al-Ahram Weekly

Traducido para Rebelin por Germn Leyens


Israel sigue adelante con la construccin del muro de separacin y completa ahora la brecha restante entre Jerusaln y Ramala. Parte de los cambios permanentes de las caractersticas geogrficas del pas ser el cierre de la histrica ruta entre las dos ciudades.

Hay quien ha tratado de ignorar la relacin entre las acciones israeles la construccin del muro de separacin en Cisjordania y el retiro unilateral en Gaza y sus motivos. O, cuando usamos a la ligera la expresin consideraciones demogrficas israeles, lo hacemos como si fuera una expresin neutral o una razn perfectamente natural para que Israel desee separarse de los palestinos. Adems, hay quienes han cedido ante la tentacin de amenazar a Israel con la tasa de natalidad palestina, como si los vientres maternos de las mujeres palestinas fueran armas o como si la tasa de natalidad rabe fuera, por cierto, un peligro. En realidad, motivos demogrficos, en este caso, es sinnimo de racismo, y que le otorguemos crdito, la interioricemos y la blandamos como una amenaza es aceptar el racismo y normalizarlo.

Los territorios rabes ocupados estn sufriendo un proceso de acordonamiento racista. El muro israel no tiene otro significado. Hay quien podr proclamar que no se debera objetar al muro si fuera construido en las fronteras del 4 de junio de 1967, ya que sera una seal implcita de la intencin de Israel de retirarse a esas fronteras. Por cierto, pocos palestinos se oponen a un retiro unilateral a las fronteras anteriores a junio de 1967. Sin embargo, la diferencia entre lo que est sucediendo ahora la construccin del muro en su trazado actual y el retiro unilateral de Gaza y las fronteras del 4 de junio de 1967 no es una diferencia cuantitativa. Es toda la diferencia. Por qu? Porque lo que est sucediendo no tiene la intencin de establecer fronteras polticas entre dos entes soberanos. Ms bien, la lgica y la inspiracin en las que se basa y la gente que lo planifica y ejecuta empujan con tranquila deliberacin y reflexin previa hacia la creacin de una Autoridad Palestina limitada cuya funcin primordial ser asegurar que los detenidos palestinos encerrados tras muros y cercas en Cisjordania y Gaza no representen una amenaza para la seguridad de Israel.

Esto no convertir a Israel en menos racista, ms calmo, o ms en paz consigo mismo. Al contrario, la lgica del asunto, junto con todas las promesas y palabras tranquilizadoras de todas partes sobre el carcter judo del estado, va a conducir ciertamente a Israel hacia un racismo ms furibundo y a an mayor determinacin para imponer las medidas y los medios que considere necesarios para mantener su mayora juda. Mientras Israel sea reconocido por los rabes y el resto de la comunidad internacional como un estado exclusivamente judo, no puede haber sitio para los palestinos en su interior. En otras palabras, los habitantes originales del pas los palestinos que viven dentro de la Lnea Verde pueden ser considerados como poco ms que invitados o, en el mejor de los casos, sometidos. Es difcil imaginar que esos invitados / sometidos sern tolerados durante mucho tiempo en esa nica democracia en Medio Oriente en la que el espectro demogrfico rabe hace que las prcticas ms discriminatorias sean aceptables y en la que la hostilidad anti-rabe ha llevado al predominio de un ambiente y de una cultura poltica antidemocrticos.

Por cierto, las elites polticas e intelectuales y los medios israeles han jugado un papel decisivo en el fortalecimiento de este clima peligroso en el que la retrica racista se ha convertido en discurso oficial. No constituira una exageracin si se dice que Israel se ha convertido en la sociedad moderna ms prejuiciada en el mundo de hoy. Sondeos de la opinin pblica realizados en Israel revelan un racismo tan flagrante y vehemente que si existiese en algn otro pas hubiera provocado un escndalo de envergadura y la aversin de la sociedad de las naciones civilizadas. Resulta imposible concebir una sociedad occidental que aceptara que el ambiente popular que prevalece en Israel sea aceptable o normal para una cultura democrtica.

El 21 de junio, la prensa israel public los resultados de un sondeo de opinin que confirma la marcha victoriosa de Israel hacia el apartheid. El sondeo, realizado en mayo por el Centro de Estudios de Seguridad Nacional de la Universidad de Haifa, entrevist a 1.016 personas de todos los sectores de la poblacin, incluyendo a rabes, judos, colonos, conservadores religiosos e inmigrantes recientes. Revel que una mayora del pblico israel aproximadamente un 64 por ciento cree que su gobierno debera alentar a los rabes israeles para que emigren de Israel. En otras palabras, una mayora de los israeles apoyara una poltica de transferencia, como la llaman los israeles. El sondeo deja a nuestra imaginacin lo que puede significar exactamente alentar; qu medios seran empleados para persuadir a los rabes a sentirse alentados.

Adems, aproximadamente un 55 por ciento de los judos encuestados creen que los ciudadanos rabes de Israel ponen en peligro la seguridad nacional, un 48,6 por ciento consideran que el gobierno es abiertamente favorable a la poblacin rabe (estn hablando del gobierno Sharon, tristemente clebre por su discriminacin contra los rabes en todos los sectores de la vida), un 45,3 por ciento dijo que apoya que se revoque el derecho de voto y de ser elegido de los rabes israeles. Cerca de un 80 por ciento de los encuestados judos apoyaron la poltica de asesinatos selectivos en los territorios rabes y cerca de un cuarto dijo que consideraran la posibilidad de votar por un partido ultra-nacionalista como Kach si ese partido se presentara en las prximas elecciones. Kach, recordamos, es ese partido fundado por el rabino fascista Meir Kahane que llama a la expulsin por la fuerza de los rabes de Israel, Cisjordania y Gaza. El partido fue ilegalizado en 1994, no, pensamos, por su flagrante racismo, sino por la amenaza que representa para el sistema de partidos de derecha.

Dafna Kaneti-Nassim, investigadora del Centro de Estudios de Seguridad Nacional en Haifa, seal que este sondeo, considerando en conjunto con dos encuestas previas que su instituto realiz en 2001 y 2003, revela un notable aumento del odio anti-rabe, as como de la hostilidad contra los trabajadores extranjeros. Sugiere que esa tendencia resulta de la continua amenaza a la seguridad, una interpretacin que es al mismo tiempo demasiado simplista y engaosa. En realidad, son los palestinos los que se ven amenazados. El carcter judo, cuando se aplica al estado, no es slo un epteto, una caracterstica distintiva o una rbrica para limitar las tensiones que afectan la seguridad. Representa una ideologa dominante que prohbe la separacin del estado y la religin y que tiende a convertir la afirmacin de la identidad religiosa en una forma de escritura de propiedad del estado. Una ideologa semejante est en conflicto con el concepto de la ciudadana individual tal como es definida por una serie de derechos y deberes inalienables establecidos de validez general, ya que propugna la participacin sobre la base de la afiliacin a un grupo especfico que pretende tener derecho a un monopolio del estado. En tales circunstancias, el odio anti-rabe se convierte en una forma de reafirmar la identidad con el grupo y, por lo tanto, exigir una parte del monopolio.

No es que el racismo en Israel sea algo nuevo. Slo para refrescarnos la memoria, echemos una mirada a algunos estudios anteriores. El 12 de marzo de 2002, Haaretz public los resultados de un sondeo realizado por el Centro Yaffe de Estudios Estratgicos, segn el cual un 46% de los judos israeles apoyaba la transferencia de los rabes de los territorios ocupados y un 31 por ciento apoyaba que se aplicara esa poltica a los rabes israeles. Esta cifra por s sola echa por tierra la afirmacin de que el aumento en el racismo en Israel, indicado por el estudio del instituto de Haifa, se debera al factor de seguridad, ya que el peligro para la seguridad ha disminuido significativamente desde el sondeo del Centro Yaffe. Segn esa encuesta, tambin, un 61 por ciento de los encuestados judos pensaba que los rabes israeles constituan una amenaza para la seguridad. Cmo explicamos la baja en la proporcin de encuestados que pensaron que los rabes israeles ponan en peligro a Israel y el aumento simultneo de los que pedan su expulsin? Qu factores provocan esas trayectorias inversas? Finalmente, en la misma encuesta, un 60 por ciento de los encuestados judos apoy que se aliente a los ciudadanos rabes de Israel para que emigren.

Otro sondeo confirm la tendencia creciente de la derecha ultra religiosa y su antagonismo contra el concepto establecido sobre lo que es la ciudadana en una sociedad democrtica. Un 80 por ciento de los encuestados en un sondeo de marzo 2002, se opuso a la participacin de rabes israeles en toda decisin crtica que afecte al estado, en comparacin con un 75 por ciento de los encuestados en 2001, un 67 por ciento en 2000 y un 50 por ciento en 1999 (Haaretz, 12 de marzo de 2002). Un primer ministro israel fue asesinado ante el teln de fondo del furioso odio anti-rabe. Pero, a pesar de que Rabin fue asesinado porque incorpor a los parlamentarios rabes para crear la mayora que aprob los acuerdos de Oslo, las estadsticas indican que los israeles an no han absorbido la leccin de esa tragedia. El alza de la derecha antidemocrtica en Israel se manifiesta en cosas pequeas que no llaman mucho la atencin.

Todos los sondeos de opinin que hemos examinado durante el ltimo ao indican que una mayora de israeles apoya la creacin de un estado palestino y que una mayora an mayor cree que un tal estado es, en todo caso, inevitable. Esto no es tan contradictorio como parece a primera vista en relacin con la tendencia a favor de la derecha religiosa y la creciente vociferacin y apoyo de los puntos de vista y las polticas racistas. La elevacin de lo judo del estado al nivel de valor supremo trae consigo un corolario: la imposibilidad de la coexistencia con los palestinos hasta llega a que, en un sondeo, un 52 por ciento de los encuestados apoy la idea de entregar reas de Israel pobladas predominantemente por rabes a un estado palestino.

La mayora de los israeles no slo apoya la separacin, sea mediante una solucin acordada de dos estados o unilateralmente: es la nica idea que el Likud tom de los laboristas, aunque el Likud est determinado a aplicarla a su modo, como lo evidencian los eventos en los territorios ocupados. Las actitudes del pblico hacia los asentamientos judos corresponden a esta posicin. Segn varios sondeos, un 65 por ciento de los israeles apoya el desmantelamiento de los asentamientos requerido para realizar la separacin (Haaretz, 6 de junio de 2002) y un 52 por ciento apoya que sean desmantelados si es necesario por la fuerza en relacin con un retiro unilateral (Haaretz, 4 de julio de 2001). Adems, un 66 por ciento apoya el desmantelamiento de todos los asentamientos en Gaza, un 70 por ciento el desmantelamiento de los asentamientos situados en reas densamente pobladas en Cisjordania y un 60 por ciento el desmantelamiento de algunos de los asentamientos en Cisjordania (Yediot Aharanot, 29 de marzo de 2002).

Si es considerado en conjunto con todas estas tendencias, el primer sondeo discutido al comienzo de este artculo confirma que el apoyo a un retiro acordado o unilateral no proviene de una conviccin compartida sobre una solucin a la causa palestina, justa o injusta, y que la inclinacin va hacia el apartheid en Gaza y en Cisjordania y un ambiente apasionado contra los rabes dentro de la Lnea Verde. El retiro no puede ser aislado de este factor. El retiro de las fuerzas israeles es slo el reverso de la medalla de la poltica de asesinatos, del muro, de las demoliciones de casas y de otras maneras de dictar las condiciones para la separacin y para la llegada al poder de una direccin palestina que acate la disciplina bajo estas condiciones.

Los proyectos polticos de Israel deben ser vistos en el contexto de la cultura poltica prevaleciente que los apoya una cultura que es indiscutiblemente racista. El que rabes y palestinos reconozcan y accedan a las exigencias y condiciones fundadas en esta lgica no slo carece de toda legitimidad en esas naciones civilizadas a las que los rabes se esfuerzan tanto por complacer. El racismo israel no es una tema tangencial. No se trata de un fenmeno incidental o de un sntoma de conflicto y confrontacin. Es integral y estructural, y la lucha nacional debera considerarlo un problema crucial si quiere ser democrtica en su naturaleza. Por cierto, la concentracin en este tema es precisamente lo que hace que nuestra lucha nacional democrtica sea comprensible y formulada en un lenguaje universal.

En cuanto al reconocimiento de la identidad juda de Israel, como lo hizo recientemente Arafat en una entrevista con Haaretz, no hace otra cosa que confirmar que un gran segmento de la direccin palestina ha abandonado desde hace tiempo las actitudes, el discurso y la esencia fundamentales de la liberacin. El resultado final prctico de esta conducta poltica tal como la representan esas declaraciones rabes y palestinas que no slo reconocen a Israel, sino el carcter judo de Israel y, por lo tanto, la ideologa sionista es que acepta el racismo israel y las dimensiones que ha asumido. En todo caso, Israel no cree en esas declaraciones. O, dicho de otra manera, los que las enuncian no poseen legitimacin desde el punto de vista de aquellos a los que quieren complacer. Es difcil comprender esos obsequios unilaterales al propio sionismo de la direccin de un pueblo ocupado. En ltima instancia, si nuestra lucha no ha sido contra el racismo y la ocupacin para qu y con qu propsito hemos hecho tantos sacrificios? Es una pregunta legtima.

1 de julio de 2004


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