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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-03-2012

Las deudas ecolgicas de la democracia moderna

Floren Marcellesi
Ecologa Poltica


El movimiento del 15-M ha puesto en evidencia la profunda deuda que han contrado las sociedades modernas con la democracia. A su vez, la democracia moderna tiene una deuda latente con la ecologa poltica y con su lucha por extender la autonoma personal y la solidaridad colectiva en el espacio (solidaridad transnacional), en el tiempo (solidaridad transgeneracional) y al conjunto de la naturaleza (solidaridad biocntrica e interespecie). Sobre todo, esta democracia no suele integrar en sus procesos algunos aspectos que, adems de ampliar nuestros crculos de solidaridad, son centrales para la transicin hacia una supervivencia civilizada de la especie humana: la cuestin de la autolimitacin, la representacin de los sin voz, la gobernanza glocal y la capacidad de responder a la urgencia ecolgica.

En este artculo, no tengo ninguna intencin de ser exhaustivo, ni de hallar la solucin perfecta. Me ceir para cada reto a exponer pinceladas de diagnstico y de propuestas que espero puedan ser de utilidad para todas aquellas personas inquietas y ansiosas de alternativas, tanto en las instituciones como en la calle.

La democracia de la autolimitacin

Ante el carcter despilfarrador de las sociedades occidentales, principal causante de la crisis ecolgica, uno de los factores decisivos es la autolimitacin (Riechmann, 2008). Dicho de otra manera ms institucional, la gestin global de la demanda es una prioridad, no solo en temas ms aceptados como el agua o la energa sino tambin en todos los aspectos del consumo de masas: consumo de carne y pescado, emisiones de CO2, uso de recursos naturales (renovables y no renovables), espacio de tierra disponible, opulencia material aceptable Por supuesto, establecer lmites a nuestro consumo y distribuir los pedazos de naturaleza que nos corresponden segn principios de justicia ambiental, y sobre todo de forma ordenada y asumida por todos y todas, plantea un reto de gran magnitud para la res publica.

Para no caer en tentaciones autoritarias o, peor, ecofascistas y asumiendo que un modelo descentralizado y participativo es la forma ms eficiente de alcanzar el objetivo (Marcellesi: 2008, p6), es comn leer en los movimientos ecologistas y transformadores que se decidirn de forma democrtica las necesidades (bsicas, sociales, instrumentales, etc) ajustadas a los lmites ecolgicos y a la equidad social. Sin embargo, es menos comn encontrar propuestas concretas de cmo articular esta democracia de las necesidades. Y no son pocas las preguntas: Quin define y cmo lo que es una necesidad colectiva? Qu necesidades se ponen a debate? Cmo se combina este debate con las libertades individuales, puesto que la satisfaccin individual puede entrar en conflicto con las aspiraciones colectivas? Es por tanto importante definir procesos o herramientas democrticos que permitan hacer realidad lo que Riechmann llama la autogestin colectiva de las necesidades y los medios para su satisfaccin (2008, p.54)

Alcanzar esta reconstruccin colectiva de nuestras necesidades, sin imposiciones, pasa primero por un proceso de reapropriacin democrtica de la riqueza donde planteamos abiertamente por qu, para qu, hasta dnde y cmo producimos y consumimos. En este sentido Viveret (2002), en un informe solicitado por el gobierno francs de la izquierda plural (1997-2002), animaba a organizar debates participativos a escala estatal, regional o local, sobre la naturaleza de la riqueza, su clculo y su circulacin. De hecho, la New Economics Foundation, quien promueve un cambio radical de norma en el trabajo al proponer la semana laboral de 21 horas, defiende una idea parecida: un debate nacional acerca de cmo usamos, valoramos y distribuimos el trabajo y el tiempo (Coote et al: 2010, p.38). Aunque no detallan cmo llevar a cabo esta propuesta, podemos encontrar algunas iniciativas llevadas de forma participativa en la prctica: desde las instituciones con la Iniciativa Spiral del Consejo de Europa, (1) desde los movimientos sociales, con el Parlamento de la calle en Qubec que dio lugar al producto interno suave (2) o en el Sur, con el indicador de buen vivir sostenible para el Estado de Acre, uno de los ms pobres de Brasil. (3)

Por su parte, las iniciativas en Transicin (4) son tambin un movimiento que de forma genuina quiere compaginar lmites del crecimiento con nuevas formas de democracia. Asumen como punto de partida que nuestras sociedades tienen que superar a la vez el cambio climtico y el techo del petrleo, y buscan soluciones compartidas basadas en procesos comunitarios y deliberativos (a nivel de ciudad, de barrio, de escuela, etc). Aficionadas a metodologas dinamizadoras tipo World Caf o Open Space, apuestan por la inclusin como valor central para ser capaz de sumar de forma pragmtica a numerosas personas, colectivos, asociaciones, empresas e instituciones. A travs tambin de herramientas de democracia econmica como las monedas alternativas, los grupos de consumo o los bancos de tiempo, practican la autolimitacin sin necesariamente tener que mencionarla desde la relocalizacin ecolgica, solidaria y resiliente de la economa.

La democracia de los sin voz

Con el concepto de sin voz, me refiero a dos categoras principales que carecen de representacin hoy da en nuestros sistemas democrticos establecidos: los seres humanos que viven en tierras lejanas como en los pases del Sur o que todava no han nacido como las generaciones futuras, y el resto de seres vivos y no vivos. De hecho, comparto la sorpresa de Bruno Latour que se pregunta por qu hemos pensado que la poltica (era) un asunto de humanos entre s? Puesto que () siempre han interactuado humanos y no humanos y que la poltica siempre ha sido tambin una definicin de cosmos. (2010) Por lo cual, comparto a su vez la propuesta de Jorge Riechmann de superar nuestro arrogante antropocentrismo y aprender a hablar () en nombre de las generaciones futuras, de las restantes especies vivas, de todos aquellos que no pueden participar en nuestros consejos o asambleas pero se ven sin embargo afectados por nuestras decisiones (2005, p.201).

Adems, nos llegan desde el Sur propuestas en torno al sumak kawsay y los derechos de la naturaleza que revolucionan nuestra cosmopoltica moderna. Si, como lo dice la Constitucin de la Repblica de Ecuador del 2008, la Pacha Mama () tiene derecho a que se respete integralmente su existencia y el mantenimiento y regeneracin de sus ciclos vitales, eso implica que la naturaleza, y sus diferentes componentes, se convierten en sujeto poltico que de una forma u otra se tendrn que ir incorporando en nuestros procesos democrticos humanos. Dicho de otro modo, tenemos que contestar a la pregunta que ya haca Barbara Ward en 1972: quin defiende la Tierra?

Ante la actual mquina representativa silenciadora de los intereses de las generaciones futuras y de los no-humanos, encontramos primero dos propuestas que tienen en comn la articulacin de un sistema bicameral para ampliar los espacios de controversias y debates. Por una parte, Bourg y Whiteside plantean en su propuesta de democracia ecolgica una bioconstitucin donde se pondra en marcha el Senado del futuro. Este Senado encarnara especfica y exclusivamente los intereses largo placistas, y con integrantes elegidos en base a programas tambin largo placistas. Los autores introducen tambin en este panorama la presencia de las ONG ecologistas en rganos deliberativos de los poderes pblicos (Bourg, Whiteside: 2009). De hecho, al igual que existe un dilogo social con los sindicatos, tampoco es descabellado imaginar por esta va un dilogo ecolgico con nuevos agentes que defienden el medio ambiente, generaciones futuras y/o poblaciones del Sur.

Por su parte, Latour propone completar el actual Congreso, el de los seres humanos y que llama la cmara de los valores, con un Parlamento de las cosas. En esta cmara de los hechos, estaran personas reconocidas por su competencia en un mbito particular y que representaran las cosas (atn rojo, abejas, bosques, etc.), al igual que los diputados tradicionales representan hoy da la ciudadana. Segn Latour (2006), este parlamento extiende a las cosas el privilegio de la representacin, la discusin democrtica y el derecho, lo cual a primera vista casa con los avances en el Sur de los derechos de la naturaleza.

En paralelo a estas propuestas, tambin recojo aqu tres iniciativas que apuntan al mismo sentido y pienso son generalizables:

La democracia glocal

Desde su creacin, los movimientos ecologistas lo tienen claro: hay que pensar global y actuar local acercando los procesos de deliberacin y decisin a la ciudadana para una mejor cogestin y distribucin de nuestros recursos naturales. Al mismo tiempo y aunque esta articulacin tard en cuajar, la Cumbre de la Tierra de 1992 termin de asentar un nuevo consenso mundial: solo podremos luchar de forma eficiente contra retos globales, como el calentamiento global, la perdida de biodiversidad, la deforestacin, etc., con respuestas globales. Se establece de esta manera una danza dialctica entre dos dinmicas complementarias desde abajo y desde arriba. La democracia de la glocalidad refuerza ambos espacios de participacin locales y globales, garantizando una correcta articulacin entre ambas dimensiones tanto desde las instituciones como desde los movimientos sociales.(7)

Mientras ampliamos la descentralizacin como herramienta para la construccin de comunidades y sociedades resilientes (disminucin de la conectividad econmica y energtica global), la situacin socio-ambiental mundial requiere de alianzas globales ms all del ecomunicipalismo (aumento de la conectividad democrtica global). Asimismo, segn el grupo Great Transformation Initiative, la transformacin mundial necesitar el despertar de un nuevo actor social: un amplio movimiento de ciudadanos del mundo que exprese una identidad supranacional y construya nuevas instituciones para una era planetaria (2010, p3). Los Foros Sociales Mundiales desde 2001 (con sus altibajos sobre cuestiones ambientales), la movilizacin social en la cumbre sobre cambio climtico de Copenhague en 2009, la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climtico y los Derechos de la Madre Tierra en Cochabamba en 2010, la protesta planetaria del 15-O de los Indignados en 2011, son demostraciones de la facultad de la sociedad civil a ser un agente de cambio organizado en redes de redes a nivel supralocal, permitiendo un trasvase constante entre lo local y lo global y vice versa.

Por otro lado, tras el fracaso de la Cumbre de Copenhague, tambin es necesario repensar la estructura institucional mundial hacia un marco deliberativo global. Por ejemplo, retomemos una vieja reivindicacin ecologista, adems defendida por algunos gobiernos: la Organizacin Mundial del Medio Ambiente que tendra como objetivo, entre otras cosas, promover la participacin social en relacin con los conflictos ecolgicos y los bienes comunes mundiales (por ejemplo a travs de ONG internacionales y locales o de conferencias de consenso globales). Adems, juntemos esta idea con el Tribunal Internacional de Justicia Climtica propuesto por la Conferencia de Cochabamba en 2010. En paralelo demos un paso ms hacia la democracia global con la creacin de un Parlamento mundial que supere las actuales carencias de la Asamblea General de Naciones Unidas, instaurando una forma de proporcionalidad entre el peso poltico de un Estado y su nmero de escaos y llegando, ojal aunque pueda sonar utpico, a organizar un escrutinio universal (Onesta, 2007).(8) A ms corto-medio plazo, est sobre todo al alcance optar por una mayor integracin europea, ms all de los Estados-Naciones poco aptos para responder a problemas transfronterizos o a la crisis de las deudas soberanas profundamente relacionada con la crisis de la economa real-real (la de los flujos de materia y energa). Este federalismo europeo,(9) que espero pueda venir de un verdadero proceso constituyente europeo, no sera un nuevo romantismo supranacional sino una realidad regional de dimensin adaptada (dentro de la actual globalizacin econmica) para impulsar otro modelo de produccin y consumo (hacia la relocalizacin ecolgica de la economa).

La democracia de la urgencia ecolgica

Llegado a este punto, no podemos obviar una cuestin planteada por algunos autores ecologistas: es compatible la urgencia de la crisis ecolgica con los tiempos que implican la democracia de la autolimitacin, de los sin voz y de la glocalidad? Es cierto que esta democracia descrita en el artculo supone procedimientos complejos y alargados en el tiempo para poder deliberar, debatir de forma contradictoria, (in)formar a la ciudadana y articular a una multitud de redes y agentes con intereses mltiples a diferentes niveles locales, regionales y mundial. Asimismo, segn Semal y Villalba (2010), existe una incapacidad intrnseca de los procesos deliberativos democrticos a integrar la urgencia en su percepcin del tiempo. Es ms: hay un ultimtum ecolgico (reforzado por el cruce de las cuestiones climticas y energticas) y por tanto una cuenta atrs para tomar decisiones fundamentales, so pena de una desaparicin brutal de cualquier ideal democrtico.

Sin negar esta objecin, estas reflexiones se basan por un lado en la predominancia de un escenario de tipo colapso (10) y, por otro lado, tienden a favorecer una respuesta a travs de una lite eco-ilustrada. Si bien estoy de acuerdo en que hay prisa en adoptar cambios estructurales y no queda casi margen de maniobra para equivocarse, la capacidad de aguante del sistema actual ante el derrumbe social y civilizacional (por encima, por ejemplo, de lo que predicaba el primer informe del Club de Roma en 1972) parece indicar que todava es probable que exista una ventana de sostenibilidad para alcanzar reformas sustanciales y compatible con una transicin democrtica hacia una sostenibilidad solidaria local y global (que requerira en torno a una generacin). Dicho lo dicho, lo escrito no deja de ser una apuesta con cierta dosis de fe en el ser humano (al igual que los ecologistas del colapso aplican otros tipos de creencias, ms pesimistas y hobbesianas, sobre la humanidad). Simplemente, tenemos que admitir que los escenarios de futuro no pueden ser pronosticados puesto que carecemos de una informacin completa sobre el estado actual del sistema, que no podemos prever la evolucin de sistemas complejos turbulentos y que tampoco podemos anticipar las decisiones humanas futuras ante dichas evoluciones.

En conclusin, dentro de la democracia ecolgica del siglo XXI marcada por la incertidumbre y la indeterminacin, nuestra primera meta es poner todos los recursos para construir sociedades resilientes y cohesionadas preparadas a enfrentarse a cambios bruscos y a probables puntos de ruptura e inflexin. Mi apuesta es clara: no solo es deseable sino que es tambin posible desde una democracia radicalmente reformada desde la ecologa.

Referencias:

Bourg, D. y Whiteside, K. (2009): Pour une dmocratie cologique. Disponible en:

http://www.laviedesidees.fr/Pour-une-democratie-ecologique.html?lang=fr

Coote Anna, Jane Franklin and Andrew Simms (2010): 21 horas: Por qu una semana laboral ms corta puede ayudarnos a prosperar en el siglo XXI, New Economics Foundation. Disponible en castellano en http://www.ecopolitica.org/

Great Transition Initiative (2010): Imagine All the People: Hacia un movimiento de ciudadanos del mundo, en Visiones y caminos para un futuro lleno de esperanza, GTI.

Latour, B. (2006): El Parlamento de las cosas, la Vanguardia, 08.02.2006

Latour, B. (2010): Remettre les non humains au coeur de la politique. Ecorev, Invierno 2010, n34.

Marcellesi, F. (2008): Ecologa poltica: gnesis, teora y praxis de la ideologa verde, Bakeaz.

Onesta, Grard (2007): A European to a Wolrd Parliament en The Case for global democracy, advocating a United Nations Parliamentary Assembly, Kauppi et al.

Semal, L. y Villalba, B. (2010): Obsolescence de la dure et actualit du dlai. Ecorev, Invierno 2010, n34.

Riechmann, Jorge (2008): Cmo cambiar hacia sociedades sostenibles? Reflexiones sobre biommesis y autolimitacin, Democracia Ecolgica. Formas y experiencias de participacin en la crisis ambiental.

Riechmann, Jorge (2005): Un mundo vulnerable: ensayos sobre ecologa, tica y tecnociencia, Los Libros de la Catarata, Madrid 2000

Viveret, Patrick (2002): Reconsidrer la richesse : rapport final de la mission nouveaux facteurs de richesse, Secrtariat dEtat lconomie solidaire, Paris

Notas:

(1) El Consejo de Europa impulsa en varias localidades europeas la elaboracin participativa de indicadores de progreso y de bienestar compartido por todas las personas y agentes de un territorio. Ms informacin: https://spiral.cws.coe.int/

(2) El Parlamento de la calle fue un ejercicio de democracia directa impulsado por movimientos de lucha contra la pobreza que interpel la Asamblea Nacional de Qubec. Como respuesta, el Primer Ministro quebequense cre un rgano llamado el Cruce de los saberes. De sus trabajos naci el indicador producto interno suave. Ms informacin: http://www.produitinterieurdoux.org/

(3) El estado de Acre ha definido un indicador de buen vivir sostenible que tiene en cuenta su principal riqueza: el bosque amaznico. El proceso se ha llevado a cabo de forma participativa con economistas brasileos y la sociedad civil local en primer lugar, los pueblos indgenas y ha contado con el asesoramiento de una ONG y una universidad francesas. Ms informacin: http://www.france-libertes.org/Creation-de-l-Indicateur-de-bien.html

(4) Ms informacin en http://movimientotransicion.pbworks.com

(5) Ms informacin: http://jno.hu/en/?&menu=intro

(6) Ms informacin: http://www.klimabuendnis.org/

(7) La Great Initiative Transition propone de hecho una triple dinmica Desde abajo: las responsabilidades debern desplazarse hacia los niveles locales dentro del espritu de subsidiariedad y participacin. Desde arriba: las crecientes necesidades de gobernabilidad global desplazarn una parte mayor de la toma de decisiones al contexto internacional. Desde los lados, los negocios y la sociedad civil se convertirn en socios ms activos de la gobernabilidad. (Raskin et al. (2002): La Gran Transicin: la promesa y la atraccin del futuro, Instituto Ambiental de Estocolmo, p54).

(8) Incluso existe una campaa mundial para una Asamblea Parlamentaria en la ONU: http://es.unpacampaign.org/about/index.php

(9) Por ejemplo, los premios Nobel de economa del 2011 recomiendan que, para superar la crisis, Europa se dote de un presupuesto federal al igual que lo hizo Estados Unidos tras su independencia en 1776. Fuente: http://www.lemonde.fr/economie/article/2011/10/10/resoudre-la-crise-de-la-dette-un-jeu-d-enfant-pour-les-nobel-d-economie_1585401_3234.html

(10) Llamo colapso a un escenario de futuro donde los conflictos y las crisis entran en una espiral descontrolada y las instituciones se desploman.

Fuente: Ecologa Poltica n 42



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