Portada :: frica :: Sahara: 40 aos de exilio y lucha
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-03-2012

Solidaridad con nombre de isla y arena
Las lecciones del internacionalismo cubano en la RASD

Jos Antonio Monje
Rebelin

Ensayo publicado en Pensar a Contracorriente VIII. Concurso Internacional de Ensayo. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 2011. Pginas 139 163.


Sean capaces de sentir en lo ms hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad ms linda de un revolucionario

Ernesto Che Guevara (1966)

1. INTRODUCCIN

Durante el mes de septiembre del ao 2008, en la capital de Ghana, Accra, se reunieron los ministros de ms de 100 pases, junto con especialistas en cooperacin internacional y promocin del desarrollo de agencias bilaterales y multilaterales, al igual que representantes de diversas organizaciones de la sociedad civil. La finalidad, evaluar los mecanismos implementados para medir la eficacia de la ayuda oficial al desarrollo implementadas por los pases industrializados hacia los pases en vas de desarrollo. Se trataba del Tercer Foro de Alto Nivel sobre la Eficacia de la Ayuda.

Esta reunin fue la continuacin de una secuencia de encuentros y reflexiones, la misma que viene desarrollndose de manera especial desde el ao 2000, momento en el que se llev a cabo el Primer Foro sobre la Eficacia de la Ayuda celebrado en Marrakech (Marruecos). En todos estos espacios de concienzudo anlisis, pasados y vigentes, la pregunta central que inquieta a todos los participantes , el gran misterio que todos quieren resolver es por qu la cooperacin internacional no resulta ser lo suficientemente eficaz como para erradicar la pobreza y el hambre en el mundo, existiendo los recursos humanos y econmicos necesarios pa ra realizar tan noble propsito.

Como puede constatarse, desde hace ya varios aos el sistema internacional de Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) est pasando por una situacin bastante crtica. Y n o slo debido a la galopante crisis financiera que asola al mundo desarrollado sino tambin y sobre todo debido a los magros resultados alcanzados en casi ya medio siglo de cooperacin. Lamentablemente, de acuerdo a las evaluaciones independientes realizadas hasta el momento, la eficacia del sistema de AOD, liderado por las instancias especializadas de Naciones Unidas, en trminos de reduccin del hambre y la pobreza ha sido poco significativa.

Muchas organizaciones de la sociedad civil en los pases del Norte han aunado sus esfuerzos por intentar incidir en la mejora de la AOD, tanto a nivel cuantitativo como cualitativo. Los resultados tampoco han sido muy halageos. Y es que todos estos loables requerimientos se han realizado casi siempre desde en una visin ingenua y poco estratgica de la cooperacin al desarrollo. La mayor parte de los solicitantes no se han puesto a analizar detenidamente, por ejemplo, cules son los verdaderos intereses que tienen los gobiernos donantes ni qu tipos de relaciones de poder y dependencia se establecen con los pases receptor es so pretexto de su ayuda.

El Socialismo del Siglo XXI, a travs de sus propuestas internacionalistas, ha puesto en prctica una nueva forma de hacer cooperacin internacional. Su intencin, reconstruir la relacin entre los pases, sobre todo entre los pases del Sur, de modo que los mviles de acercamiento y colaboracin estn orientados por el inters mutuo de progreso, de reciprocidad y de construccin de sociedades ms justas e igualitarias.

A travs de la presente reflexin, intentamos profundizar en el conocimiento del internacionalismo y de su gran aporte a la teora y praxis de la cooperacin internacional. Queremos aportar, desde una experiencia tan enriquecedora como la cooperacin con la hermana Repblica rabe Saharaui Democrtica (RASD), soluciones ante las grandes preguntas de la AOD, planteadas generalmente por buena parte de los analistas desde errneos supuestos, revelando cules son los reales motivos por los que no se evidencia la eficacia, la efectividad o el impacto en los programas de cooperacin como se esperara despus de tantos recursos y esfuerzos depositados en ellos.

Como elementos de nuestra hoja de ruta, intentaremos orientarnos por preguntas gua como cules son los principales elementos que caracterizan la cooperacin cubana en la hamada argelina?, por qu es tan importante analizar los diferentes componentes de estas acciones en bsqueda de aprendizajes? En resumidas cuentas, qu es lo que hace a la cooperacin cubana en la RASD tan especial y diferente de la mayor parte de las otras cooperaciones?

2. EL INTERNACIONALISMO CUBANO: HITO ESTRATGICO EN LA COOPERACIN INTERNACIONAL

Cuando nos detenemos a analizar cules son las experiencias presenta das como las ms representativas en la cooperacin internacional, recogidas y procesadas en textos especializados, trabajos de investigacin y documentos oficiales, aquellas a partir de las cuales se vienen extrayendo aprendizajes con la intencin de mejorar permanentemente el sistema de AOD, nos encontramos que dichas experiencias son muy diversas y que suelen estar protagonizadas por la ms variada gama de actores, desde el ostentoso Banco Mundial, con su enorme disponibilidad de recursos y coberturas, hasta las modestas organizaciones comunitarias de pequeos poblados en pases extremadamente pobres como Bangladesh, Guatemala o Malawi.

Sin embargo, a pesar de este aparente pluralismo, en ninguno de esos escritos descubrimos una sola mencin al gobierno cubano y su esfuerzo internacionalista. En un primer momento, esta ausencia podra sorprendernos si consideramos que el internacionalismo cubano viene desarrollando sus actividades desde hace ya cuarenta y ocho aos en muchos pases de Amrica Latina, frica y Asia. Pero al ver la forma cmo se ha planteado siempre la ayuda al desarrollo desde los pases industrializados, dentro de un esquema de intervencin muy bien definido, las razones de la clamorosa omisin se hacen evidentes. Sacar a la luz las lecciones aprendidas extradas de esta singular experiencia caribea llevara a los especialistas en promocin del desarrollo a cuestionar, desde sus ms profundos fundamentos, todo el sistema de cooperacin internacional oficial, poniendo en evidencia el carcter meramente discursivo de sus principios, su profundo desconocimiento de las realidades locales en los pases donde est presente y sus lgicas de doble rasero.

En mayo de 1963 se llev a cabo una de las ms importantes misiones internacionalistas cubanas, intencionalmente silenciada hasta hoy por los grandes medios de comunicacin e instituciones relacionadas con el mundo de la cooperacin internacional realizada desde los pases del Norte. Cincuenta y cinco profesionales de la salud (veintinueve mdicos, tres odontlogos, quince enfermeros y ocho tcnicos medios) salieron de la mayor de las Antillas con rumbo a Argelia para reforzar el sistema de atencin primaria de este pas. Al llegar, se instalaron en seis de sus principales ciudades, incluida su capital Argel. Con esta primera brigada se dio inicio a una cooperacin permanente y altamente cualificada, presente en muchos de los ms trascendentales acontecimientos histricos ocurridos en los pases del Sur. Como en otras mltiples ocasiones, la generosidad mostrada en Argelia por el gobierno revolucionario fue muy grande. En la poca inmediatamente posterior al triunfo de la Revolucin la situacin sanitaria en Cuba no pasaba por su mejor momento. En el ao 1959, un total de 1.500 mdicos haba emigrado a los Estados Unidos de Norteamrica y otros tantos haban solicitado la salida del pas. A pesar de ello, se decidi apoyar al pas magreb, el mismo que haba sufrido una experiencia semejante en su realidad sanitaria. Alcanzada su independencia el 5 de julio de 1962, la mayor parte de mdicos existentes, todos de origen francs, retornaron a su pas al producirse el cambio de rgimen, dejando abandonado a su suerte al pueblo argelino.

A lo largo de esta primera experiencia de cooperacin, el compromiso poltico con la causa argelina, triunfante frente al colonialismo francs y a los intereses expansionistas marroques, era expresado abiertamente por las ms altas autoridades cubanas. El mismo ao de inicio del envo de las brigadas mdicas, con motivo del primer aniversario de su independencia, el propio Che Guevara hizo una visita oficial, en la que incluy entrevistas directas con cada uno de los grupos internacionalistas desplazados a lo largo de la geografa argelina.

Posteriormente, las misiones a otros pases se fueron incrementando en los aos siguientes de modo que, poco a poco, el internacionalismo se consolid como un componente esencial de la identidad revolucionaria cubana. Tal como lo expres el Comandante Fidel Castro en la clausura del IV Congreso de la Unin de Jvenes Comunistas (UJC) de 1982, el internacionalismo se convierte en un deber revolucionario, un deber de principio, un deber de conciencia [i], no slo de los pases del Norte, sino de todos los pueblos. Surga as una forma distinta de hacer cooperacin concebida como un imperativo moral en el que se combinaba abiertamente el apoyo tcnico y el respaldo poltico. No como un acto voluntario de caridad ni cmo un simple asunto de conveniencia desprendido de cualquier otro principio. A travs de esta nueva cooperacin, los mdicos, educadores o ingenieros empezaron trabajaban con las poblaciones ms necesitadas en los pases de destino atendiendo a sus necesidades ms estratgicas mientras que el gobierno cubano, asignando mayor peso a esta presencia tcnica, mostraba ante la comunidad internacional su solidaridad con las causas populares justas que en dichos pases se gestaban. Vietnam, Yemen, Etiopa o Angola son algunos de los ms claros ejemplos de esta labor conjunta en la que se busca no solo apoyar la transformacin interna de un pas sino tambin sensibilizar hacia el exterior en torno a la necesidad crear las condiciones necesarias para la construccin de sociedades ms justas.

Al contrario de lo que suele presentarse desde los pases del Norte, la poltica de cooperacin internacional cubana se basa fundamentalmente en el principio de la no injerencia. Este principio es muy difcil de comprender en pases en los que la ayuda al desarrollo es un instrumento absolutamente funcional y subordinado a los intereses de su poltica exterior, de modo que sus fondos de cooperacin internacional son frecuentemente empleados en la creacin de oportunidades de negocio favorables a empresas trasnacionales antes que en la reduccin significativa de los niveles de pobreza, morbimortalidad o desnutricin crnica de la poblacin ms desfavorecida.

Entre los principales lineamientos de accin de la cooperacin cubana se encuentran los siguientes:

a) Pleno respeto a la determinacin de prioridades por parte de los pases receptores de los proyectos de colaboracin.

b) No interferencia ni injerencia alguna en los asuntos internos de los pases en los que se encuentran laborando los cooperantes cubanos.

c) Respeto a las culturas, religiones y creencias de los pueblos y etnias y a las normativas locales y nacionales establecidas por las autoridades de los pases en los que trabajan los cooperantes cubanos.

d) Estricta aplicacin del principio de no discriminacin en la atencin mdica y la prestacin de otros servicios de inters social, si bien se prioriza la cobertura de servicios a las reas donde se concentran las personas ms necesitadas y de menores ingresos.

e) Integracin y concertacin de acciones con las fuerzas locales disponibles para el cumplimiento del objetivo establecido a la misin de cooperacin.

f) Apoyo a la capacitacin del capital humano local necesario a la sostenibilidad del empeo.

La fiel aplicacin de estos lineamientos constituye en s misma un ejercicio alternativo de cooperacin pues propugna valores que no son practicados por el resto de propuestas de cooperacin puestas en marcha desde los pases industrializados. Aspectos como la determinacin de las prioridades por parte de los propios destinatarios o el respeto a las normativas locales son principios que, aunque presentes a nivel discursivo, rara vez son cumplidos por los organismos cooperantes del Norte.

Otro de los temas en los que se pretende desinformar a la opinin pblica internacional es la magnitud de la cooperacin cubana, intentando siempre minimizar su real presencia y diversidad. De acuerdo a la informacin proporcionada por el Ministerio de Relaciones Exteriores de la Repblica de Cuba, entre 1963 y 2004 la cooperacin cubana ha contado con la participacin de 223.280 profesionales. En el ao 2006 se estaba cooperando con 107 pases en todo el mundo, en los que se venan implementando ms de 800 proyectos en los campos de la salud, la educacin, el deporte y la asistencia tcnica principalmente, con la participacin directa de 36.640 profesionales y tcnicos cubanos. El sector salud fue el ms importante en esta cooperacin, comprendiendo 28.277 colaboradores presentes en 70 pases. Dentro del sector salud destacan programas especiales como el Contingente Henry Reeve (2.975 profesionales), el Programa Integral de Cooperacin con Venezuela (21.461, de los cuales el 67% es personal mdico), la Cooperacin Compensada (1.078 profesionales), y el Programa Integral de Salud (2.702 profesionales, de los cuales el 75% son mdicos).

En el terreno educativo, forma parte del esfuerzo internacionalista la implementacin del programa Yo si puedo, exitosa metodologa de alfabetizacin de adultos, presente en Hait, Ecuador, Nicaragua, Paraguay, Bolivia, El Salvador, Argentina, Per, Nueva Zelanda, Mozambique, Mxico, Honduras, Nigeria, Guinea Bissau y Brasil, con el resultado de ms de trescientos mil alfabetizados hasta el ao 2005.

La Operacin Milagro constituye otro de los ejemplos silenciado de solidaridad internacionalista cubana desde los pases del Norte. Creada como una iniciativa conjunta de los gobiernos de Cuba y Venezuela en el ao 2004, atiende a pacientes que presentaban afecciones oculares, en su mayora cataratas. El proyecto comenz con Venezuela donde hasta octubre de 2008 se han intervenido quirrgicamente a 566.704 pacientes. El programa est presente en 33 pases, 15 de ellos del Caribe (54.801 pacientes) y 14 de Amrica Latina (511.358 pacientes). Hasta el momento se han intervenido quirrgicamente 1.313.213 pacientes, incluyendo 171.183 cubanos.

Pero tal vez la misin internacionalista ms visible en el ltimo ao y que, al mismo tiempo, ha puesto en evidencia la inoperancia de la cooperacin internacional ejecutada desde los pases del Norte es la desarrollada en Hait.

Los trabajos iniciales por atender a los afectados por el terremoto que asol el pas en enero del 2010, la vigente lucha contra la epidemia del clera, el apoyo a los damnificados por el paso del huracn Toms y los denodados esfuerzos por reconstruir un pas consumido por el hambre, la miseria, la invasin y la manipulacin poltica de las potencias extranjeras que lo han convertido en el pas de las ONGs, constituyen la esencia de esta misin, alabada por todo el pueblo haitiano en su conjunto [ii].

Es mucho lo que se ha escrito sobre la crisis de Hait y mucho ms an lo que queda por escribir. Sin duda alguna, estamos asistiendo a una de las ms ejemplares lecciones de las brigadas cubanas, leccin de solidaridad y lucha por la justicia sobre la que los gobiernos de todo el mundo todava tienen mucho por aprender. La entrega demostrada por los hoy casi 1500 cooperantes sanitarios cubanos que trabajan en la cuna de la liberacin latinoamericana est creando otro maravilloso hito en la historia de la cooperacin y, porque no decirlo, en la historia de la humanidad.

3. COOPERACIN EN LA RASD DESDE UNA PERSPECTIVA INTERNACIONALISTA

El apoyo cubano en los territorios del Sahara Occidental tiene una muy larga trayectoria. Se inicia oficialmente en enero de 1980 cuando Cuba reconoce a la RASD como Estado independiente, mantenindose dicho apoyo constante hasta el da de hoy. Aunque ya desde el ao 1977 veintids jvenes saharauis fueron becados e iniciaron sus estudios profesionales en la Isla. Como consecuencia de este primer apoyo, en el ao 1982 se graduaban en Cuba los primeros ocho mdicos saharauis.

Hasta el ao 2002, un total de 477 profesionales de la salud haba formado parte de misiones internacionalistas cubanas en la RASD. Posteriormente, a lo largo de los aos siguientes, las misiones internacionalistas al pas magreb se han ido sumando al invaluable apoyo brindado desde la Isla para la formacin de cuadros polticos y recursos humanos saharauis en general. El embajador de la RASD en Cuba, Mustaf Tleimidi, afirmaba en marzo del 2007 que unos 800 jvenes de su pas se estaban formando en esos momentos en Cuba, en diversas profesiones. Ellos se sumaran a los ms de dos mil estudiantes que graduaron en la Isla desde fines de 1970 como mdicos, profesores, informticos y otros profesionales.

Tanto por su magnitud y permanencia como por el peso poltico que conlleva, la cooperacin cubana es considerada por los saharauis como una cooperacin estratgica. Sus lineamientos de accin ms representativos se han estructurado en torno a cinco componentes clave: reconocimiento de la identidad nacional saharaui, apoyo a los sectores estratgicos de desarrollo, coherencia entre los lineamientos de poltica exterior y la cooperacin internacional, establecimiento de empata con la poblacin y empoderamiento de la sociedad civil.

3.1. Reconocimiento de la identidad saharaui

En los campamentos de refugiados saharauis, ubicados en las afueras de Tindouf, al suroeste de Argelia, varios pases europeos (Espaa, Francia, Italia, Grecia, Blgica) tienen equipos de cooperantes responsables de implementar diversos programas y proyectos. La mayor parte de dichas intervenciones son carcter humanitario y estn orientados a paliar los efectos de la situacin de caresta inmediata de artculos de primera necesidad en la que se encuentra la poblacin saharaui. Sus principales actividades consisten en distribuir alimentos y medicinas. Estos programas son coordinados y financiados por organismos internacionales como el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), Programa Mundial de Alimentos (PMA), la European Commissions Humanitarian Aid Office (ECHO) o la Cruz Roja Internacional. Por otro lado, coexisten simultneamente unas pocas Organizaciones No Gubernamentales (ONGs), tambin procedentes de pases europeos, que conciben la problemtica saharaui como algo ms que una crisis humanitaria prolongada durante ya ms de tres dcadas. Dichas instituciones, en estrecha coordinacin con el Frente Polisario, implementan programas y proyectos orientados a profundizar los esfuerzos de promocin del desarrollo, dentro de una lgica conocida como desarrollo en el refugio [iii], a travs de la cual se facilita la generacin de condiciones adecuadas para promover niveles aceptables de desarrollo, sabiendo que la permanencia en el lugar en el que se implementan dichas iniciativas tiene carcter temporal pues el verdadero desarrollo sostenible slo lo podrn alcanzar una vez recuperado su territorio. De esta forma, la promocin del desarrollo se plantea como un asunto poltico antes que tcnico.

Estos esfuerzos, aunque muy importantes, siempre aparecen desde sectores de la sociedad civil de los pases europeos o, en el mejor de los casos, de gobiernos locales y regionales comprometidos abiertamente con la causa saharaui. En ningn caso surgen como expresin de la voluntad poltica de los gobiernos centrales pues ninguno de los pases de la Europa desarrollada que est colaborando en los campamentos de Tindouf reconoce a la RASD como un Estado independiente con un territorio ilegalmente ocupado por una potencia extranjera.

El caso espaol es el ms representativo. Su gobierno, que an tiene el deber histrico de finalizar el proceso de descolonizacin del Sahara Occidental, no se muestra favorable a la celebracin inmediata de un referndum de autodeterminacin, tal como lo exigen las resoluciones de las Naciones Unidas emitidas al respecto. Ms all de apelar a la legalidad internacional, el gobierno espaol en la actualidad ha optado por apoyar polticamente la solucin planteada por Marruecos, la regionalizacin, a travs de la cual el territorio saharaui se convertira oficialmente en una autonoma del reino alau, legitimando la invasin y el expolio de sus recursos naturales.

Esta indecente posicin se refleja claramente , entre otras cosas, en los montos destinados a la cooperacin internacional, la misma que suele funcionar como un instrumento manipulador de las voluntades saharauis pues es utilizada frecuentemente como mecanismo de chantaje. Entre los aos 2007 y 2009, los aportes de la AOD espaola a la RASD (a la que la cooperacin oficial espaola prefiere llamar poblacin refugiada para no asignarle bajo ninguna circunstancia el ttulo de Repblica) estuvieron en el orden de los 24 millones de euros. Sin embargo, para el ao 2010, tiempo en el que se agudiza la tensin poltica entre estos dos Estados gracias al caso de Aminetu Haidar y la captura de los siete activistas saharauis de derechos humanos en Casablanca, el monto destinado por la AOD espaola a la RASD desciende a 20 millones de euros, considerando a dems que la mayor parte de los cuales son ayuda humanitaria. Curiosamente para ese mismo ao, la AOD destinada a Marruecos fue de 80 millones de euros aproximadamente [iv].

Sin embargo, de manera contradictoria, a nivel de la sociedad civil espaola existe una estructurada red de solidaridad y de amistad con la RASD, a travs de asociaciones y pequeas ONG s, que s luchan por el derecho de autodeterminacin del pueblo saharaui y esperan un pronto cambio de actitud por parte de su gobierno. Muchas de estas organizaciones envan equipos de trabajo temporal, especialmente comisiones mdicas, a los campamentos de Tindouf y, al mismo tiempo, brigadistas y observadores internacionales a los territorios ocupados como mecanismo de presin poltica y denuncia de la violacin de los derechos humanos que se realiza cotidianamente en el Sahara Occidental, combinando as la labor de asistencia con la de expresa militancia.

Uno de los pocos esfuerzos de cooperacin internacional que actualmente se realiza desde una perspectiva de desarrollo, con un componente complementario abiertamente poltico en apoyo de la causa saharaui y proveniente del gobierno central de un pas cooperante es el caso cubano [v]. Esta caracterstica adquiere una vital importancia si consideramos que la solucin del problema saharaui pasa, antes que nada, por la resolucin de su situacin poltica. La cooperacin cubana en la RASD es un apoyo que realiza el Estado cubano al Estado saharaui. No es slo, como prefieren plantear los gobiernos cooperantes del Norte, una relacin entre un Estado europeo y los representantes de la poblacin refugiada saharaui, evitando adjudicar cualquier connotacin estatal a este colectivo. Esta diferencia es ms que una aparente sutileza del lenguaje. Se trata del reconocimiento de la dignidad de un pueblo que ha luchado y sigue luchando incansablemente por forjarse un destino independiente, soberano y justo. Implica tambin el reconocimiento que el trasfondo de las necesidades que tiene la RASD actualmente no es econmico ni humanitario sino esencialmente poltico.

La dignidad de los pueblos es un componente de la identidad colectiva que la comunidad internacional suele sacrificar con frecuencia en contextos de crisis predominantemente humanitarias. Pero los generosos actores forneos que intervienen en dichos contextos no siempre se percatan que no se puede cooperar realmente con un pas sin antes reconocer a sus habitantes su condicin intrnseca de seres humanos libres, de colectividad organizada y sin respetar su identidad, de la que forma parte fundamental el derecho a su autodeterminacin. La cooperacin europea con la RASD que surge desde los gobiernos centrales de sus pases pretende ser presentada nicamente como ayuda humanitaria a una poblacin carente, sin asignarle ni insinuar siquiera alguna connotacin poltica de por medio. Con esta postura, estos gobiernos amigos del pueblo saharaui desconocen diecisis aos de una guerra sangrienta contra el invasor marroqu ayudado por gobiernos imperialistas como el francs, junto con treinta y cinco aos de sufrimientos y amarga espera tanto en territorios ocupados como en los campamentos de Argelia. Y lo hacen a sabiendas que negar el carcter poltico de su accin humanitaria es la mejor forma de evitar disgustar a su principal socio estratgico en El Magreb, el reino feudal de Marruecos.

Este enfoque europeo de intervencin solidaria es doblemente perjudicial para la RASD pues no slo impide identificar la razn fundamental por la cual los saharauis se encuentran en tan dramtica situacin, sino que desconoce el principal instrumento a travs del cual pueden hacer frente a sus actuales dificultades y construir una sociedad diferente bajo la coordinacin de su propio Estado.

Contraria a esta postura, el reconocimiento de la RASD por parte de Cuba le ha llevado a implementar una cooperacin compuesta por importantes acciones de fortalecimiento institucional en las que ningn otro pas ha participado. La formacin de policas y militares, por ejemplo, o de cuadros especializados en administracin pblica son algunos de los ejemplos de esta perspectiva de trabajo diferente y ms comprometido.

3.2. Apoyo a sectores estratgicos de desarrollo

El Frente Polisario ha priorizado como sectores estratgicos la salud, la educacin y la soberana alimentaria. La cooperacin cubana se encuentra presente en estos tres sectores, con diferente intensidad, a travs de brigadas mdicas en la atencin directa, la asistencia tcnica especializada y la formacin de recursos humanos calificados destinados a fortalecer los sectores educativos y econmico-productivos.

A travs del Programa Integral de Salud (PIS), Cuba enva anualmente una brigada compuesta por seis especialistas sanitarios. Estos especialistas son los que posibilitan el funcionamiento permanente del Hospital Nacional de Rabouni, pues dicho establecimiento sanitario no cuenta con ningn mdico saharaui permanente. Al mismo tiempo, desde la Isla se sigue facilitando la formacin de recursos humanos altamente calificados. En el ao 2008 se abrieron 75 plazas para que estudiantes saharauis puedan seguir la carrera de medicina.

Para seguir los estudios de medicina u otras opciones de formacin profesional, los jvenes saharauis salen desde temprana edad a estudiar la educacin secundaria a Cuba, seleccionados por el Estado saharaui gracias a sus altos niveles de rendimiento acadmico. Al abandonar los campamentos estos estudiantes tienen entre doce y catorce aos de edad. Y se quedan alejados de su tierra, de su cultura y de sus familias durante todo su periodo de estudios, hasta obtener su titulacin, lo que representa en todos los casos una separacin efectiva de ms de una dcada.

El nmero de estudiantes saharauis que ha participado en este programa de becas es bastante grande. Entre 1980 y 1999 alrededor de ochocientos saharauis salieron a estudiar a Cuba cada ao, mientras que entre el 2000 y el 2002 se enviaron doscientos anualmente. En los ltimos aos, aunque este nmero se ha reducido significativamente, an se mantienen importantes niveles de intercambio.

Pero la mayor iniciativa de apoyo a la educacin desplegada directamente en los campamentos de Tindouf en los ltimos aos y que ha logrado aunar el gran apoyo de la Repblica Bolivariana de Venezuela es la construccin y puesta en marcha de la escuela secundaria bsica Simn Bolvar, cuya primera piedra fue colocada el 8 de noviembre del ao pasado. La escuela Bolvar, ubicada en el campamento 27 de febrero, tendr capacidad para atender a 600 alumnos y estar totalmente equipada, contando con 8 aulas con capacidad para 36 alumnos, mdulo de laboratorio para fsica, qumica y biologa, laboratorios de computacin, cocina-comedor, biblioteca escolar, dormitorios para los alumnos en rgimen de internado , etc.

3.3. Coherencia entre poltica exterior y cooperacin

Todos estos esfuerzos de fortalecimiento de las capacidades locales se estn viendo seriamente afectadas por la feroz intromisin del mercado y sus injustas normas en la sociedad saharaui. Una dramtica situacin se est produciendo con la mayor parte de jvenes mdicos de la RASD formados en Cuba. Desde hace algo ms de tres aos, la demanda de profesionales de salud altamente cualificados, en especial mdicos, se ha incrementado significativamente en Espaa, ofrecindose para ellos muy altos niveles de remuneracin. Por el gran reconocimiento que tiene la formacin sanitaria cubana, los mdicos saharauis que estudiaron en la Isla se han convertido en autnticos trofeos en la Pennsula, teniendo gran facilidad de incorporarse al sistema pblico o privado de salud espaol. La consecuencia inmediata de este flagrante robo de cerebros es la crisis en la que se encuentra actualmente el sector salud en los campamentos, sin capacidad real para responder a las necesidades de la poblacin. De los doce mdicos que haba por wilaya [vi] en 2006, actualmente slo quedan dos. El 90% de esos mdicos se encuentran actualmente trabajando en Espaa.

Esta situacin revela una de las grandes contradicciones de las polticas de cooperacin vigentes en los pases del Norte. Mientras Espaa pretende apoyar el fortalecimiento del sistema de salud saharaui a travs de diversos tipos de subvenciones y financiacin para el envo temporal de comisiones mdicas, al mismo tiempo se propicia la salida de valiosos recursos humanos que podran consolidar los esfuerzos de fortalecimiento institucional realizados, asignndole a la ayuda un importante carcter de sostenibilidad. Y aunque es cierto que el gobierno espaol no tiene derecho de prohibir a los mdicos saharauis el ingreso a su territorio en bsqueda de mejores oportunidades, si debera plantearse, como parte de su colaboracin humanitaria en los campamentos, la generacin de mejores condiciones de trabajo y remuneracin al personal mdico saharaui, de modo que ellos puedan contar con ms incentivos para reconsiderar la idea de marcharse.

Por desgracia, esta no es la nica contradiccin entre los supuestos objetivos de desarrollo de la cooperacin oficial espaola y su poltica exterior. Tal vez el caso ms escandaloso lo constituya el apoyo militar que se ofrece desde la pennsula al reino de Marruecos. Durante el ao 2006, Espaa vendi al rgimen alau armamento por un valor superior a 16 millones de euros, siendo hasta el da de hoy uno de sus ms importantes abastecedores. La razn de este apoyo se explica muy fcilmente si consideramos que el pas ibrico es el segundo socio comercial de Marruecos, despus de Francia. Existen aproximadamente 600 empresas espaolas operando all, observndose un importante crecimiento en la cuota de mercado en manos espaolas, la misma que pas del 7,9% en 1995 a 14,9% en el 2004 [vii].

De esta manera, el gobierno espaol ha convertido al pueblo saharaui y a su causa en una especie de moneda de cambio frente al gobierno marroqu, quien ofrece convertirse en el pas gendarme de la Unin Europea para evitar el ingreso de la poblacin subsahariana dentro de sus fronteras. Al mismo tiempo, establece acuerdos leoninos totalmente favorables a las empresas europeas sin importarle el bienestar de su propia poblacin o la proteccin de sus recursos, ni el impune e ilegal expolio de los recursos naturales saharauis.

La cooperacin cubana dista mucho de plantearse en esos hipcritas trminos mercantilistas. El principal inters que media entre Cuba y la RASD es la lucha conjunta por la liberacin de sus pueblos en contra de un enemigo comn. Lucha que los lleva a conocerse y apoyarse cada cual desde sus propias capacidades.

La lgica de aprovechamiento tambin se expresa en realidades ms cotidianas pero no por ello menos graves. En este sentido, uno de los ms serios problemas que sufre la cooperacin internacional en los campamentos saharauis es el muy bajo nivel de conocimiento y experiencia de la mayor parte del personal permanente que tienen todas las ONGs y muchas de las agencias multilaterales. Al parecer, dichas instituciones, consciente o inconscientemente, deciden plantear el trabajo de cooperacin en la RASD como un enorme campo de experimentacin en el cual los ms noveles de sus aprendices intentan adquirir (no siempre con mucho xito) los elementos necesarios para continuar posteriormente sus labores de cooperacin en lugares menos conflictivos. De esta manera, se dan peculiares situaciones, por decir lo menos, en las que se aprecian jvenes recin egresados de la universidad y con escassima trayectoria profesional a cargo de programas o proyectos de presupuestos astronmicos (llegando en algunas oportunidades a sobrepasar el milln y medio de euros) o pretendiendo brindar asistencia tcnica a profesionales saharauis formados en Cuba, Libia, Siria o Argelia. Como es de suponer, los errores e imprudencias cometidos por este personal aprendiz estn a la orden del da, siendo siempre los saharauis los directamente perjudicados.

La cooperacin internacional de los pases del Norte, cuando convierte una zona de prolongado conflicto poltico, llena de hombres, mujeres, nios y nias dignos en un perverso laboratorio para sus jvenes cooperantes y metodologas, no slo le falta terriblemente el respecto a esta sufrida poblacin. Tambin se lo falta a s misma.

3.4. Empata y solidaridad

La RASD es un pas que se encuentra en una situacin atpica de lucha independentista. Su territorio, cedido de forma ilegitima a travs de los Acuerdos de Madrid en 1975 por la potencia colonizadora europea a Mauritania y Marruecos, actualmente se encuentra invadido casi en su totalidad por este ltimo pas rabe. Espaa, incumpliendo sus deberes internacionales, no termin el proceso de descolonizacin con el que se haba comprometido, dejando el territorio saharaui a merced de la rapia alau . De esta forma, desatendidos por los pases industrializados y sin mayores expectativas de una pronta solucin a su situacin, los saharauis experimentan hoy la crudeza de la invasin, el bloqueo y la indiferencia internacional.

Esta sufrida condicin les ha permitido entender mejor la situacin en la que se encuentra Cuba con respecto a los pases del Norte y dicho entendimiento ha generado una fuerte identificacin con las luchas del pueblo cubano y con sus sufrimientos. La identificacin se ha fortalecido an ms al encontrar desde la Isla una actitud generosa y solidaria, donde sus pobladores tambin conocen, se identifican, comparten y apoyan la causa saharaui. Muy pocos pases rabes han generado entre su poblacin un sentimiento de empata tan estrecho con una nacin latinoamericana como el que existe entre la RASD y Cuba. La isla caribea es para muchos saharauis una nacin muy cercana, una especie de segundo hogar. La sienten ms cercana incluso que algunas otras naciones rabes, con las que comparte muchas costumbres, lengua y tradicin, pero no ideales ni formas de concebir el mundo.

Muy pocos pases latinoamericanos cuentan con una poblacin tan bien informada en torno a lo que ocurre en el Sahara Occidental como la cubana. El conocimiento de su historia, su lucha por la autodeterminacin y la situacin actual en la que se encuentra su poblacin es de conocimiento generalizado entre la poblacin islea. Este conocimiento no slo se debe al alto nivel de instruccin del pueblo cubano, sino tambin a la identificacin que tiene con las luchas de los pueblos oprimidos y a la oportunidad de tener un contacto directo permanente con el grupo de saharauis becados que estudian en las escuelas y universidades cubanas.

La presencia de Cuba se respira en muchos de los rincones de la hamada. De manera sorprendente, la mayor de las Antillas da nombre a locales pblicos, salones educativos y restaurantes. La bandera cubana y los lder es de su Revolucin, Fidel Castro, Ernesto Che Guevara y Camilo Cienfuegos, son identificados casi de inmediato por la mayora de los saharauis. Sin embargo, el colectivo que evidencia de mejor manera lo que significa Cuba para los saharauis es aquel conocido como los caribeos o cubarauis. Este grupo est integrado por todos aquellos hombres y mujeres que marcharon a estudiar a Cuba desde muy jvenes, pasando su adolescencia y parte de su juventud integrando un conjunto muy compacto de compaeros, desde el cual se educaron cada cual en sus respectivas profesiones y todos juntos en el espritu internacionalista revolucionario. Los cubarauis se sienten muy orgullosos de haber formado parte de esa experiencia intercultural y solidaria, convirtindose en una etapa de sus propias vidas que los ha marcado para siempre. Y aunque muchos de los cubarauis ya instalados nuevamente en los campamentos han perdido el acento cubano adquirido durante sus largos aos de estancia por el Caribe, mantienen aquel espritu festivo, tan cercano y humano que caracteriza a la poblacin cubana.

Para los saharauis en general, ms all de haber tenido la oportunidad de compartir algunos aos de sus vidas con la poblacin islea o no, Cuba es un smbolo de resistencia, de exitoso desafo, de dignidad y rebelda inaceptable para los poderosos. En resumidas cuentas, Cuba es la mayor inspiracin para la causa saharaui y, porque no decirlo, para todos los pueblos que buscan su autentica liberacin.

3.5. Empoderamiento de la sociedad civil

Entre los ms peligrosos efectos de la cooperacin internacional tal como se concibe desde los pases del Norte se encuentra el establecimiento de lazos de dependencia que, en un periodo relativamente corto, termina n inmovilizando las fuerzas progresistas de la poblacin receptora del apoyo. Esta situacin suele presentarse cuando los modelos de cooperacin implementados muestran un corte vertical y responden a intereses ajenos a la solidaridad entre naciones. La inmovilizacin de la capacidad emprendedora de la poblacin, en un contexto de cooperacin internacional, aparece cuando las organizaciones cooperantes repiten esquemas neocoloniales de ayuda en vez de compartir modelos empoderadores y liberadores, destinados a fortalecer las capacidades locales y reconocer el liderazgo de la poblacin en su propio desarrollo. Por desgracia, esta cooperacin aletargante es ms frecuente de lo que se suele admitir.

Un buen ejemplo de ello lo constituyen las propuestas de soberana alimentaria implementadas en los campamentos de Tindouf y promovidas en buena medida por instituciones bilaterales de cooperacin como la Agencia Espaola de Cooperacin Internacional para el Desarrollo (AECID). Gracias a la generosidad argelina, los saharauis ocupan un territorio cedido en uso indefinidamente. En l desarrollan todas sus actividades sociales, econmicas, polticas y culturales a la espera del retorno a su territorio. Larga espera que viene tardando 35 aos. Como parte de sus actividades de sobrevivencia, la poblacin saharaui, algunas veces con apoyo de su gobierno y otras por iniciativa propia, genera mecanismos de produccin de alimentos que le garantice ciertos mrgenes de seguridad, pues sabemos que la ayuda alimentaria mensual que recibe desde fuera por parte de las agencias multilaterales de cooperacin, en el mejor de los casos, le durar 10 o 12 das. El resto de das del mes, los saharauis tienen que ingenirselas como puedan para poder sobrevivir.

Por esta razn, los proyectos de soberana alimentaria cobran una vital importancia como mecanismos de complemento de la alimentacin, en primera instancia, e instrumento de gestin preparatorio para el retorno, en segunda instancia. Hasta all todos de acuerdo. Sin embargo, si queremos realmente plantear una alternativa de soberana alimentaria en la RASD, debemos ser consciente que lo primero que tenemos que hacer es desarrollar estas iniciativas en territorio saharaui propio, en tierra donde se ejerza la soberana saharaui, es decir, en los territorios liberados, actualmente bajo control efectivo del Frente Polisario [viii] y no en los campamentos de Tindouf nicamente. La idea debe ser desarrollar todo el potencial posible aprovechando los recursos disponibles del pueblo saharaui, en este caso, no slo sus recursos humanos existentes en el exilio, sino tambin sus recursos humanos y materiales existentes en parte libre de su territorio. En tierras argelinas lo que podemos y debemos hacer para responder al hambre del pueblo saharaui en el exilio es simplemente implementar iniciativas de seguridad alimentaria , paliando con ello la situacin originada y mantenida por un conflicto poltico cuyos responsables originales se niegan a resolver.

Cuando volvemos a la experiencia cubana, nos percatamos que tambin en este aspecto se presenta un esquema radicalmente diferente de actuacin. No slo porque sus actividades solidarias estn directamente destinadas a la formacin de capacidades locales para que progresivamente la poblacin apoyada vaya asumiendo roles ms protagnicos sino que, al mismo tiempo, por efecto del testimonio propio, Cuba se muestra como un modelo exitoso de desarrollo humano forjado por su propio pueblo y sus gobernantes. Una sociedad reconstruida a partir de una revolucin popular que destituy un gobierno servil explotador de su propio pueblo y marc una distancia radical con la mayor potencia mundial promotora de sometimientos y esclavitudes entre los pueblos. Una nacin pobre que ostenta ndices de mortalidad infantil, analfabetismo o huella ecolgica mejores que muchas de los pases del Norte. Esto le posibilita plantear e implementar una cooperacin horizontal a travs de la cual la capacidad de coordinacin, organizacin y decisin queda siempre en manos de las organizaciones y autoridades locales.

El aspecto ms importante en este enfoque de trabajo dirigido a fortalecer capacidades antes que suplir los esfuerzos propios por otros forneos radica en la formacin de lderes y lideresas. Al culminar su s estudios profesionales en la Isla, los y las jvenes saharauis no slo se llevan a la hamada argelina lo aprendido en las aulas. Tambin se llevan consigo una riqueza de experiencias difcilmente comparable. Los y las jvenes han estado cerca de diez aos compartiendo sus vidas con personas de otras culturas, las mismas que los han enriquecido mucho, tanto a nivel individual como de grupo. Al mismo tiempo, han contribuido a forjar su carcter con trascendentales lecciones de vida en el da a da de la triunfante Revolucin. Esta juventud, a lado de compaeros y compaeros de todos los rincones del mundo, han aprendido a analizar diferentes contextos, a hablar otras lenguas, a expresar y defender sus ideas ante los dems, a comprometerse con profundos ideales y a cultivar permanentemente su espritu gracias al arte y la msica. En resumidas cuentas, han crecido como personas y como revolucionarios.

El factor clave de esta forma de actuar radica en que el internacionalismo cubano es el mejor ejemplo de la cooperacin SurSur, con una propuesta distinta de desarrollo sostenible construida desde la misma experiencia de pobreza. No en vano el internacionalismo tambin es conocido como la solidaridad entre los pobres. No olvidemos que Cuba, pas solidario con grandes capacidades para aportar mucho al resto de pases, es tambin un pas en vas de desarrollo, con una serie de problemas econmicos, la mayor parte de ellos causados directa o indirectamente por el criminal bloqueo al que se encuentra sometido medio siglo. Por ello, los corazones generosos de la Isla no dan lo que les sobra, sino que comparten de lo que tienen, de lo que tambin a ellos y ellas les hace falta, con una gran actitud colectiva de desprendimiento y humanidad. Es el mejor ejemplo del aorado hombre nuevo del que en todo momento nos dio testimonio el Che.

Realizar actividades de cooperacin internacional desde la propia experiencia de carencia facilita tener una misma sintona, una forma comn de concebir el desarrollo, marcadamente distinta de la que se impone desde el Norte. La necesidad de esta construccin propia es mucho ms apremiante si consideramos que el vigente modelo de desarrollo vendido desde la globalizacin y el solapado imperialismo ha demostrado su contundente fracaso desde hace ya varios aos. Autores como Arturo Escobar, Serge Latoche o Gilbert Rist, con reflexiones crticas desde el postdesarrollo, han resaltado la necesidad de romper con el esquema tradicional de desarrollo, neocolonial imposicin cultural inventada a la medida de los pases del Norte, para crear desde el Sur una forma propia de concebir y promover otro desarrollo, ajustado a sus necesidades y a la medida de su dignidad.

4. PRINCIPALES LECCIONES APRENDIDAS

4.1. P unto de partida confrontacional

Como punto de partida, es imprescindible que la cooperacin internacional se ubique en una posicin abiertamente critica y de confrontacin frente a lo que Eduardo Galeano denomina con gran acierto el orden criminal del mundo. Estamos en un sistema que, segn la propia Food and Agriculture Organization (FAO), hizo posible que en el ao 2007 todos los das cien mil personas muriesen de hambre o de consecuencias directamente relacionadas con sta, o que cada cinco segundos un nio de menos de diez aos muriese de hambre. Muertes absurdas en un mundo que es capaz de producir los alimentos necesarios para cubrir las necesidades de casi el doble de su poblacin actualmente existente.

Este posicionamiento inicial resulta trascendental, antes de plantear cualquier lineamiento de poltica o estrategia de actuacin, pues permite evitar la cada en el ambiguo rol tradicionalmente desempeado por la solidaridad internacional oficial. De esta forma, se corta de raz aquel movimiento pendular errticamente configurado que se suele observar en el conjunto de actividades de cooperacin internacional emanadas desde los gobiernos de los pases industrializados, vaivn que va desde el extremo de los insuficientes paliativos contra los efectos perversos del capitalismo hasta el de los apoyos cmplices con el sistema.

Contrariamente a lo que muchos expertos en desarrollo se afanan en demostrar con tanta insistencia, el hambre y la pobreza en el mundo no son frutos de la fatalidad ambiental, de la ineficiencia en la gestin gubernamental de los pases pobres o de la ineficacia de la cooperacin internacional. La existencia del hambre y la pobreza responde a otros factores, que no son tan multicausales como se les suelen presentar. Estos factores son pocos y estn perfectamente definidos desde hace ya muchos aos. Contra estos factores es que hay que combatir si realmente se pretende que la cooperacin internacional sea efectiva y genere impactos positivos en las condiciones de vida de la poblacin excluida.

Por tal motivo, la cooperacin debe adquirir el espritu internacionalista para convertirse en un agente dinamizador que bus que subvertir el orden internacional actualmente establecido. Sus acciones deben ser, por esencia y sin ambigedades, efectivamente subversivas.

Existe una comprobada criminalidad en las conocidas causas de la pobreza en el mundo, un autntico genocidio encubierto. Galeano, adjudicando legtimamente su perverso carcter de paternidad, resuma este anlisis causal afirmando que la pobreza y el hambre son hijas de la injusticia. Esta realidad puede tornarse ms preocupante an si recordamos que, de manera especial, en las ltimas dos dcadas la cooperacin internacional no ha sido especialmente hbil en el reconocimiento de escandalosos genocidios. Los Balcanes, Ruanda o Darfur pueden ser algunos de tantos tristes testimonios de esta paquidrmica incompetencia humanitaria demostrada por el aparato oficial de cooperacin.

Ms all de una perspectiva estrictamente tcnica, la verdad innegable que se esconde detrs de tantos rboles de problemas, diagnsticos participativos y metodologas de anlisis de la realidad es que el Norte es opulento a costa del Sur. Y que el sistema, en su deseo incontrolable de poseerlo absolutamente todo, incluso lo que an no existe, es el que arrasa con todo lo que se cruce en su camino: individuos, organizaciones, culturas o pases enteros. Le da exactamente lo mismo. Por tanto, no se puede luchar contra la pobreza sin luchar contra la riqueza, sin hacer frente a aquella insolente opulencia asesina de nios y esperanzas.

Desde esta perspectiva, lo ms importante para mejorar la eficacia de la cooperacin internacional no es incorporar nuevos instrumentos de optimizacin para la gestin de la ayuda tal como se nos ha querido vender en Marrakech, Pars o Accra. Lo impostergable es llevar a cabo un cambio radical de enfoque, bajo una profunda visin autocrtica a travs de la cual se transforme la forma de concebir el desarrollo y las relaciones entre los pases, rompiendo con el esquema neocolonial vigente en la mayor parte de las intervenciones de cooperacin. Principalmente, este cambio pasa por una reforma de la poltica y los mecanismos de participacin de los pases industrializados en estos procesos y el incremento del nivel de protagonismo de los propios pases atendidos.

No basta describir con tcnica maestra la situacin de pobreza y marginacin en las que viven hoy millones de seres humanos. La cooperacin internacional no se puede seguir haciendo desde una posicin cmplice con el sistema, sin pronunciar una severa denuncia ni desarrollando sus actividades en consecuencia. En su ejercicio urge la necesidad de una reconstruccin axiolgica, una autntica refundacin solidaria, donde la justicia ocupe el lugar preponderante que le corresponde. La cooperacin y la poltica internacional deben estar regidas por valores, no por intereses.

Esta ubicacin no slo debe ser institucional sino tambin personal. Y aqu hace falta reflexionar un poco ms con respecto a la falsa neutralidad frecuentemente esgrimida por muchos cooperantes de los pases del Norte y, en especial, por aquellos que realizan acciones humanitarias. Es imposible no posicionarse frente a las situaciones de pobreza y marginacin, aparentando estar all slo para cumplir un rol humanitario o tcnico pues, como nos recordaba el Che Guevara quien pretenda decir que es un tcnico, un arquitecto, un mdico, un ingeniero, un cientfico de cualquier clase que est para trabajar con sus instrumentos, solamente en su rama especfica, mientras su pueblo muere de hambre, o se mata en la lucha, de hecho ha tomado partido por el otro bando. No es apoltico, es poltico, pero contrario a los movimientos de liberacin. [ix]

Desde esta misma perspectiva Enrique Ubieta, gran periodista cubano y defensor de la Revolucin, afirma que la cooperacin que realizan los internacionalistas "no es una colaboracin asptica, a veces incluso es interpretada como subversiva, por razones ms profundas: el humanismo revolucionario, representado en los mdicos cubanos, subvierte la concepcin mercantil, capitalista, de la medicina y en general, del humanismo burgus, que es el cimiento tico de una sociedad dividida en clases Creo que Cuba gana algo invisible para los analistas de academia: el internacionalismo recicla a los jvenes cubanos como revolucionarios, nos los devuelve como hroes. [x]

El trabajo de cooperacin en la RASD obliga a posicionar se, de manera especial a los tcnicos y a los apolticos. Aunque muchos y muchas cooperantes lo nieguen o no alcancen a comprenderlo, estar en la hamada, ver los padecimientos de ese pueblo y hacer algo, lo que sea, o no hacer nada ya es posicionarse. Y es que las grandes tragedias de la humanidad te obligan a eso, a tomar partido, a sublevarte y a luchar por acabar con la injusta situacin.

4.2. Ruptura con la cooperacin aletargante

La cooperacin internacional, tal como est planteada desde algunas instancias bilaterales y multilaterales oficiales, se ha convertido en uno de los instrumentos ms cnicos y perversos de la poltica exterior de las grandes potencias, las mismas que la implementan con un enfoque neocolonial y destinado a preparar, en los pases pobres con gran potencial para la inversin extranjera, las condiciones necesarias para la entrada y favorable operacin de las empresas transnacionales.

Cuando hacemos un esfuerzo por ver ms all de lo superficial y esclarecemos los trasfondos e intereses que esconde la ayuda oficial al desarrollo realizada desde estos pases e instituciones, nos percatamos que los errneamente denominados donantes en realidad son pases aletargantes, exportadores de sistemas destinados a perpetuar bajo imposicin solidaria la dependencia y el expolio de los pases pobres. Visto de esta forma, sus supuestas donaciones no son ms que capital de inversin.

Una de las situaciones ms esclarecedoras con respecto al verdadero enfoque con el que actualmente la mayor parte de los pases industrializados implementan sus programas de cooperacin internacional al desarrollo, es descrita por Jos Daniel Fierro, cuando comentaba que "hace unos aos, Fidel Castro hizo la propuesta de que Cuba poda apoyar con personal mdico a las Naciones Unidas, la Organizacin Mundial de la Salud y a los pueblos de frica, para crear con el financiamiento de los 'pases subdesarrollantes' una estructura compuesta por unos 3.000 mdicos y tcnicos de salud con la que hacer frente a la pandemia del SIDA en el continente africano. Pues ni an entregando los medicamentos de forma gratuita, existen las condiciones necesarias actualmente para hacer frente a la enfermedad. El ofrecimiento cay en saco roto, y se comprende. Porque viendo la guerra con las multinacionales farmacuticas que monopolizan las medicinas contra el SIDA, se entiende perfectamente que el inters de Occidente no pasa por solucionar lo que para la humanidad es un problema y para el capitalismo una oportunidad de negocio. Ms que salvar vidas, de lo que se trata es de hacer clientes y aumentar el mercado". [xi]

Desde hace aos, pases como Cuba nos han mostrado un camino alternativo, una cooperacin enraizada en la problemtica social de los pueblos, involucrada en sus procesos polticos, comprometida hasta la muerte con ellos. Al igual que en el terreno sociopoltico, en materia de cooperacin los pueblos tienen el derecho a decidir su propio estilo de desarrollo, que no necesariamente debe coincidir con el que quieren imponer las potencias industrializadas, por su propia conveniencia, para seguir manteniendo los lazos de dependencia y expoliacin de recursos de los pases pobres.

Es imprescindible que se promueva la liberacin de los pases de los absurdos lazos que los atan a teoras convencionales y manipuladoramente interesadas de desarrollo. Estas actuales propuestas, impulsadas por organizaciones tan poco transparentes en sus intenciones como USAID o el Banco Mundial, son presentadas como soluciones ptimas para resolver los problemas del hambre y la pobreza. Paradjica contradiccin, cuando sabemos bien que es el propio sistema el que, en una dinmica de sobrevivencia y frentica reproduccin, perpeta los esquemas de explotacin de los pases pobres.

4.3. Rebelda y cooperacin

Ya hemos visto cmo y por qu la cooperacin cubana es en s misma, por esencia propia, antisistmica. Su propuesta de gratuidad de la enseanza, de universalidad de los servicios de salud o de formacin de becarios de todo el mundo en la Isla (incluyendo incluso algunos estudiantes de pases desarrollados como Estados Unidos de Norteamrica) atenta directamente con los intereses creados por diversas empresas y gobiernos que comercializan con la necesidad de la poblacin a la que afirman a tender. Es por eso que programas como Yo si puedo o la Operacin Milagro han sido atacados directamente por la prensa de muchos pases tanto del Norte como del Sur.

A travs del internacionalismo, Cuba plantea su solidaridad con el mundo desde una nueva perspectiva de lucha y accin. Consistente con este enfoque, hace ya varios aos se ha abierto desde la Isla un frente distinto de trabajo: la batalla de las ideas. Y es en este marco en el que actualmente se plantea la cooperacin internacional cubana, teniendo como punta de lanza en esta batalla al internacionalismo mdico.

La propuesta internacionalista no slo propone un modo diferente de relacin entre los pases, sino que tambin plantea, al interior de esta misma relacin, un modo diferente de intercambio entre las personas, a partir de una nueva concepcin del hombre y de su responsabilidad solidaria. El Comandante Fidel Castro, al hablar de esta nueva clase de hombres y mujeres, de origen humilde y multirracial, afirma que algo resaltaba por encima de todo: orgullo legtimo, optimismo, valor personal, confianza en s mismo, espritu creador, mente rpida, voz y gesto alegres, que de modo inconfundible e incomparable caracterizan a los internacionalistas cubanos. [xii]

Entre los integrantes de las brigadas internacionalistas, tal vez sean los mdicos cubanos los cooperantes que ms desconciertan a las sociedades consumistas del Norte, y los que mejor personifican el cuestionamiento al modelo de cooperacin internacional y al mismo sistema capitalista en su conjunto. Enrique Ubieta deca de ellos que eran profundamente subversivos porque, a pesar de que no hablaban de poltica jams, porque lo tenan prohibido, curaban a todo el mundo: a los ricos y a los pobres, a los de derecha y a los de izquierda, a los que haban sido contrarrevolucionarios en la guerra de Nicaragua y a los que haban sido revolucionarios... Eran subversivos porque no cobraban, porque iban a los lugares ms intrincados de esos pases, porque eran cubanos. [xiii]

Los integrantes de las brigadas internacionalistas cubanas nos estn dejando un gran legado. Nos estn enseando a servir, con excelencia, generosidad y gran sentido de la justicia. Esta es una leccin que nos van dando da a da, desde los primeros das de cooperacin internacional en Argelia, pasando por Bolivia, Guatemala, Venezuela, Pakistn, Guinea Ecuatorial, Ghana, Hait y tantos otros pases en todo el mundo. Aprendamos con ellos, construyamos un Socialismo del Siglo XXI apoyndonos en uno de sus pilares ms slidos y vitales: la solidaridad entre los pueblos.

Argel, enero 2011

Notas:

 [i] Fidel Castro Ruz. Discurso de Clausura del IV Congreso de la UJC. Peridico Granma, La Habana, 8 de abril de 1982.

[ii] Son ampliamente conocidas las declaraciones del Presidente haitiano Ren Preval, el mismo que califica a la ayuda cubana como excelente y que para el pueblo haitiano despus de Dios, estn los mdicos cubanos. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=109069

[iii] Un texto que plantea una propuesta estructurada desde esta perspectiva es la obra de Martn Beristain, Carlos; Lozano Urbieta, Itziar "Ni guerra ni paz. Desarrollo en el refugio. Esperanza y desafos de la cooperacin con el Shara" (Publicado por HEGOA en la ciudad de Bilbao en el ao 2002.

[iv] Agencia Espaola de Cooperacin Internacional para el Desarrollo (AECID). Plan Anual de Cooperacin Internacional 2010.

[v] Le acompaan en esta perspectiva internacionalista pases como la Repblica Argelina Democrtica y Popular, la Gran Repblica rabe Libia Popular y Socialista o la Repblica Bolivariana de Venezuela.

[vi] Demarcacin territorial equivalente a la provincia.

[vii] CASLA, Koldo. La situacin de los derechos humanos en los territorios ocupados del Sahara Occidental. Responsabilidades de Marruecos, responsabilidades de la comunidad internacional y responsabilidades corporativas. Asociacin de Amigos y Amigas de la RASD de lava. Ao 2007. Paginas 32 33.

[viii] Al respecto, ver MONJE, Jos Antonio. Territorios liberados y soberana saharaui. Publicado en Rebelin, el 16 de junio de 2009. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=87046

[ix] Che Guevara. Libro verde oliva. Pgina 172.

[x] Aday del Sol Reyes. Entrevista a Enrique Ubieta, autor de "Venezuela Rebelde. Solidaridad vs. Dinero", titulada "Creo en los caballeros andantes de la solidaridad". Publicada en Rebelin el 7 de febrero de 2007. http://www.rebelion.org/noticias/2007/2/46174.pdf

[xi] FIERRO, Jos Daniel. El valor de la solidaridad no tiene precio. www.rebelion.org 10 de marzo de 2006. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=28009

[xii] Discurso del Presidente del Consejo de Estado de la Repblica de Cuba, Fidel Castro Ruz, en la inauguracin de la Escuela Latinoamericana de Ciencias Mdicas, en ocasin de la IX Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, celebrada en La Habana el 15 de noviembre de 1999.

[xiii] Entrevista a Enrique Ubieta Gmez. Revista Cubainformacion N 7, otoo 2008. Pgina 4

Jose Antonio Monje, antropologo y analista politico saharaui. Investigador asociado del Centro de Estudios y Promocin del Desarrollo (Desco).

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

rJD



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter