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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-03-2012

Carta abierta al Arzobispo de Toledo en defensa de la Escuela Pblica y Laica
"Transformar un centro educativo en un espacio para la catequizacin supone una contradiccin esencial"

Grupo de profesores del IES Alfonso X El Sabio
Rebelin

La presente carta, firmada por un tercio de los miembros del claustro de profesores del IES Alfonso X El Sabio, fue entregada en mano al Arzobispo de Toledo con motivo de su visita al centro educativo el pasado viernes 2 de marzo.


Los abajo firmantes, profesores del Instituto de Educacin Secundaria Alfonso X el Sabio de Toledo, ante la visita del seor Arzobispo, le damos la bienvenida a este Centro educativo en su condicin de personaje pblico y cabeza visible de los creyentes catlicos toledanos, a la vez que queremos darle traslado de esta carta abierta.

Nos consta que su visita a este Centro se hace en reconocimiento de nuestra colaboracin en la campaa del mercadillo solidario realizada en el mes de diciembre pasado, cuyos fondos fueron entregados a Critas. Por tanto, agradeciendo la deferencia mostrada con su visita, queremos aprovechar para reafirmarnos en los valores comunes. La solidaridad es sin duda un valor compartido, patrimonio comn, que aproxima creencias, ideologas y culturas, valor en el que debemos colaborar instituciones, organizaciones y organismos pblicos y privados. En ese aspecto, nos veremos caminando siempre de la mano.

Ahora bien, aprovechando la oportunidad que nos brinda con su visita, queremos transmitirle algunas consideraciones.

La educacin pblica constituye un espacio de encuentro plural, es un vector de convergencia de distintas sensibilidades, culturas y creencias; un patrimonio que no puede ser conculcado ni mermado por las creencias, dogmas o sensibilidades particulares.

Afortunadamente, en nuestra sociedad, existen mbitos para la fe, para el ocio, o para el desarrollo y disfrute individual. La sociedad democrtica ha sido capaz de generar espacios donde la convivencia pacfica se ve enriquecida, merced a la separacin de lo privado en esferas aisladas, y espacios de sociabilidad donde compartir los valores comunes. Esa es una de las razones de ser de la educacin pblica y laica.

En ese sentido, desde los principios de la laicidad y el rigor acadmico y profesional que definen la educacin pblica, manifestamos una discrepancia sustancial: estamos en contra de que se utilicen los Centros educativos pblicos para desarrollar creencias particulares. Desde el respeto ms profundo a las diversas convicciones de la fe, sobre las cuales la razn no debe entrar a debatir, nos parece un desacierto la injerencia en sentido contrario. Sin negar el derecho a difundir los principios de la verdad revelada, nos parece que existen otros escenarios, sin duda ms adecuados.

La confusin que supone ocupar el horario y el espacio de la educacin pblica para la imparticin de la Doctrina Catlica cuando menos es un error de las autoridades acadmicas; sin embargo, es aceptado por la Iglesia Catlica, con tal de tener un momento y un lugar para impartir doctrina, aunque la equiparacin de la asignatura de Religin sea con No Cursa (la nada). Transformar un centro educativo -templo del saber, la razn, la creatividad- en un espacio para la catequizacin, supone una contradiccin esencial.

Por otra parte, esta situacin -herencia contaminada- puede constituir un abuso de posicin dominante, en tanto en cuanto deriva de una negociacin preconstitucional con el poder temporal del Vaticano, a travs de la firma de un Concordato, que choca frontalmente con los valores laicos de una sociedad aconfesional, Concordato que est siendo cuestionado, tanto por determinados colectivos catlicos como por organizaciones ciudadanas.

La realidad de la Espaa plural se dibuja en nuestros centros, en los que escolarizamos alumnado con diversidad de culturas y religiones. La respuesta educativa no puede ser la imparticin de las religiones que profesen cada uno de nuestros alumnos. Ello conducira a un multiconfesionalismo, lo que contrara a nuestra Carta Magna. La aconfesionalidad de la que han hecho dejacin tanto nuestros gobernantes como la Iglesia Catlica debe tener una oportunidad.

La laicidad, nuestro punto de partida, ni es ni puede ser entendida como un ataque a ninguna creencia, sino como la solucin democrtica a la diversidad de creencias y religiones; es el triunfo de la convivencia sobre la base del respeto y las libertades individuales. Por ello, consideramos que la enseanza de la Religin en los Centros pblicos contradice el conocido pasaje del evangelio: al Csar lo que es del Csar y a Dios lo que es de Dios. Para ese cometido, la Iglesia Catlica dispone de sus templos y parroquias. A mayor abundamiento, la Iglesia cuenta con el privilegio de recibir fondos pblicos para el mantenimiento de los centros educativos concertados. Retomando la cita evanglica, que se materializa en los tiempos modernos en la separacin Iglesia-Estado, no es admisible que se sufrague la enseanza de la asignatura con cargo al erario pblico.

An reconociendo la vala personal de todos los profesores que imparten la asignatura de Religin, consideramos una irregularidad el sistema establecido para su provisin y nombramiento, porque se conculcan con l los principios constitucionales de igualdad, mrito y capacidad. Es un despropsito que mientras el profesorado interino del resto de las materias est ordenado en las listas por criterios objetivos consensuados, los de Religin lo sean por el dedo del Ordinario Diocesano, potestad sta que sera comprensible si se tratara de una actividad extracadmica, que es lo que se propone.

La historia nos muestra los errores cometidos en el pasado, errores que perjudican tanto a la laicidad del Estado, como a la propia dimensin pastoral de la Iglesia Catlica. Al Estado, en tanto que hace dejacin de su papel neutral, al segregar a los alumnos en funcin de sus creencias. A la institucin que representa, porque la pervierte en su esencia evanglica. La inclusin de la asignatura en la red pblica educativa la condiciona y la arrastra hacia intereses y actuaciones temporales que no son los puramente evanglicos. Se ve abocada a la condicin de empleador pblico, con la tentacin de actuar como un grupo de presin, al calor de los fondos pblicos. Esperamos y deseamos que tambin el adoctrinamiento en la fe catlica se realice libre y voluntariamente en el horario y espacios propios, sin tener que hacerlo compitiendo con la educacin pblica.

Por mera cuestin de higiene moral, sera razonable una revisin de la situacin actual. Evitara, de una parte, convertir la laicidad, en laicismo, atesmo o incluso en anticlericalismo. De otra, salvara a la fe catlica del integrismo, y de una posible confrontacin con otras confesiones y creencias. Por todo ello, sabedores de su actitud dialogante y receptiva, nos permitimos sugerirle, con los mejores propsitos, que, en su condicin de Arzobispo, contribuya a dar una solucin digna, razonable y evanglica a este despropsito, heredado del nacionalcatolicismo preconstitucional. Y ambos, Iglesia y Estado ganaran en autenticidad y dignidad.

Desendole el mejor ejercicio de su labor pastoral, y esperando coincidir en los valores universales, reciba nuestro ms cordial saludo.

En Toledo, a 2 de marzo de 2012.


Grupo de profesores del IES Alfonso X El Sabio.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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