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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-03-2012

Sheldon Adelson y el colonialismo financiero

Hctor Manuel Delgado
Rebelin


El magnate norteamericano Sheldon Adelson, propietario de la todopoderosa firma Las Vegas Sand, negocia desde hace meses con el gobierno y las autoridades espaolas la construccin de un macrocentro de ocio emulando a los ya existentes en Las Vegas, Singapur y Macao. Segn las diversas informaciones vertidas en los medios de comunicacin, la inversin supondra la creacin de alrededor 250.000 puestos de trabajo 164.000 directos y 97.000 indirectos- as como la proyeccin de unas infraestructuras hoteleras que, en das venideros, podra albergar un saln de convenciones y una sede de conferencias para la Europa del sur y el norte de frica.

Si bien, la alcaldesa de Madrid y la presidenta de la Comunidad reiteran que an no se ha alcanzado un acuerdo definitivo en lo relativo al emplazamiento y las concesiones administrativas atinentes a la legislacin vigente en materias tales como extranjera o fiscalidad, lo cierto es que la sola mencin de un proyecto de semejante calado y envergadura, levanta una densa humareda de requerimientos en trminos medioambientales, econmicos y sobre todo legales. Al ya de por s delicado equilibrio medioambiental de un ecosistema mermado tras la alarmante sequa de estos ltimos meses, se le suman los problemas tanto legales como econmicos derivados de un proyecto que, Esperanza Aguirre, no dudara en calificar de salvavidas para salir a flote de la tan complicada situacin en la que nos hallamos es un rayo de luz en estos momentos de oscuridad (El Pas, 23-01-2012).

A pesar de las declaraciones entusiastas de la presidenta de la Comunidad de Madrid, las aspiraciones ldico-empresariales del magnate norteamericano no son tan halageas como, a la postre, se trasluce de esas calurosas palabras, porque, a la verdad escamoteando sus mil rostros y las afirmaciones sesgadas de la presidenta, cabra aadirle las onerosas condiciones impuestas por el magnate americano sine quoi non la instalacin definitiva del complejo ldico no podra llevarse a cabo en Espaa. El elenco, aunque pueda resultar sorprendente, recoge los siguientes y nada desdeables compromisos: cambiar el Estatuto de los Trabajadores y la Ley de Extranjera, dos aos de exencin en las cuotas de la Seguridad Social y todos los impuestos estatales, regionales y municipales, un prstamo de 25 millones de euros solicitado a la Unin Europea y avalado por el gobierno espaol, el traslado del vertedero de Valdedomnguez y del asentamiento de la Caada Real, la cesin de todo el suelo pblico de la zona reubicando las viviendas protegidas, la expoliacin de suelo privado y la modificacin de la ley antiblanqueo de capitales.

De este modo, y con los siempre imprescindibles puntos sobre las ies, la hipottica inversin del magnate se trastoca, como por ensalmo, en un abracadabresco y encubierto movimiento de capitales, garantizado y cofinanciado por el gobierno espaol, en justa medida a las facilidades legales y las ventajas fiscales brindadas al proyecto del acaudalado norteamericano. Una inversin, en ese aspecto, destinada a desbrozar el terreno en Espaa para implantar un islote de produccin-explotacin laboral similar al de las perversas cadenas de montaje deslocalizado propiciadas por la mundializacin y encaminadas a abaratar los costes de produccin aprovechando la carencia de una slida legislacin laboral en los denominados pases en vas de desarrollo. En el caso de Espaa, se cuenta de antemano con la connivencia del gobierno que infiere estudiar la propuesta sin entrar en los pormenores del contrato y ni tan siquiera mentar una palabra sobre la posible derogacin de diversas garantas laborales recogidas en el marco de la Constitucin. El inters siempre prima por encima de todo y dada la difcil coyuntura econmica ms valdra hacer un esfuerzo colectivo y allanar el camino de una inversin extranjera tan suculenta. Aunque in parole povere, esa misma interpretacin adquiere un sesgo del todo diferente si la enfocamos desde una ptica opuesta: la sola accesin del gobierno a dialogar sobre las condiciones sangrantes impuestas por el multimillonario norteamericano la revista Forbes lo aupa hasta el decimosexto puesto en el ranking de personas ms ricas del planeta- delata la aparicin sintomtica en nuestro pas de un fenmeno de nuevo cuo: el colonialismo financiero. Un remozado proceso de colonialismo, en este caso financiero, desenmascarado por Pablo Olalla en su denuncia del caso griego y que ahora, a resultas de los planes del magnate norteamericano, y aunque con matices dispares, comienza a dar sus primeros pasos en Espaa para acabar finalmente apoderndose de la franja europea de los pases englobados como PIGS (Portugal, Irlanda-Italia, Grecia y Espaa).

Para tratar de maquillar las clusulas leoninas de la bienvenida inversin extranjera, Esperanza A guirre, en un juego de malabares propio de una asendereada gestora del vademecum democrtico, aduca que se cambiaran todas las normas que hubiera que cambiar siempre dentro de unos vagarosos principios tico-legales, dado que la idea no es que sea un casino, a los de mi edad y tengo sesenta aos no nos gusta Las Vegas. Pero es que Las Vegas ha cambiado absolutamente, es el centro de congresos ms importante de Estados Unidos. Tienen deportes, cultura, unos ballets, es un destino para los viajes de novios de los madrileos Y tienen hoteles como el Venice que es como si estuvieras en Venecia! Pero vaya, no se trata de poner un casino, sino de poner en Madrid el gran complejo de congresos de congresos de Europa y de Oriente Medio (El Pas, 25-01-2012). Tanta parla indolente de un discurso vaco y recurrente, enhestado con la finalidad de emborronar los contornos visibles de un proceso de desestabilizacin democrtica a favor de la especulacin y el lucro; de tergiversar las consecuencias destiladas de una inversin aclimatando a su guisa y antojo el marco jurdico-legal del Estado; de ocultar los manejos bochornos de la grandes fortunas y la perentoria lanzada a las Autoridades Espaolas para instarlas a negociar los cabos sueltos de un convenio sembrado de las trampas y los subterfugios concomitantes a un colonialismo financiero que, si como todo hace preveer las reformas llegan al puerto deseado, acabar cernindose sobre el futuro a corto, medio y largo plazo de Espaa. Y ello, sin traer a colacin funestas experiencias del pasado que demuestran sin ningn menoscabo la inviabilidad de una poltica de desarrollo basada en la construccin indiscriminada de similares macro-complejos de ocio y diversin: desde Isla Mgica en Sevilla hasta el Paramount Park en Murcia sin olvidar Terra Mtica en Alicante o el Parque Warner en Madrid. Y es que el ser humano no tropieza tres, sino infinitas veces en la misma piedra.

La eleccin de Espaa por parte del magnate norteamericano no responde a un azar caprichoso y fortuito. Todo lo contrario. Es el resultado de un clculo fro y sopesado. Procede de la necesidad de incentivar los engranajes econmicos de un pas compelido a cumplir nolens volens las recetas de ajuste impuestas desde Bruselas para combatir el dficit dentro de la poltica econmica acaudillada por la troika -que ya en el verano del 2010 Jacques Sapir vaticinaba estaba condenada a provocar una crisis terminal sumergiendo la zona euro en una especie de atona econmica. Y es as mismo es el resultado pronosticado de que tales exigencias acabarn contrayendo la economa de los pases ms expuestos a los ataques especulativos del mercado y las agencias de notacin, al aplicar los ajustes a un ritmo superior a sus posibilidades reales de re-estructuracin. De ese modo, y a redropelo de lo estipulado en Bruselas, los planes de estabilizacin y el Pacto de Competitividad bosquejado a iniciativa del eje franco-alemn y ulteriormente ratificado por los pases de la zona Europa, frena en seco la recuperacin, destruye empleo, contribuye a la merma de la garantas sociales, degrada las condiciones laborales y fomenta la afluencia de capitales deseosos de medrar a expensas de una mano de obra barata y desamparada frente a las condiciones laborales vindicadas por los emporios y firmas empresariales aprovechando la pavorosa flexibilizacin del mercado laboral y los temidos recortes sociales.

En esta lnea, en la editorial del mes de marzo de la edicin espaola del Le Monde diplomatique Ignacio Ramonet, siguiendo el patrn expuesto por Nigel Farage en noviembre del pasado ao ante los miembros del Parlamento Europeo, alude a la instauracin subrepticia en Grecia de un rgimen de protectorado debido a la cesin de una gran parte de su soberana econmica a la troika. sta ltima ser la encargada de gestionar los fondos transferidos en el marco del Plan de ajuste as como de asegurar el pago a los acreedores del gobierno heleno. Sin embargo, en el caso de Espaa, mientras sta no se vea obligada a acceder a un plan de rescate, cabra seguir aplicando los criterios inherentes a la dinmica colonial en lugar de acudir al rgimen de protectorado. Ello es as porque an no se ha producido una cesin de iure de los derechos soberanos aunque de facto estemos ante una situacin del todo diversa- y, por ende, las fuerzas del mercado, los mercachifles y el capital dependen, en primera instancia, de las decisiones soberanas del gobierno y, en ltima instancia, de sus propios manejos para sortear las trabas legales y jurdicas del pas e imponer sus reglas de juego en provecho de sus intereses. Mas, en el caso de Espaa, contando con la ventaja implcita en la necesidad de impulsar el crecimiento econmico en un pas afectado de tal manera por la crisis econmica y financiera que las autoridades se muestran favorables a escuchar y negociar sus condiciones.

El connubio alevoso, y ahora ms que nunca estrecho, entre los poderes financieros y los poderes vicariales de la Comisin Europea, se empea en tensar los cordajes de la maquinaria econmica y apretar los cinturones hasta producir la asfixia luctuosa y selectiva de la ciudadana. Y todo acredita la irreversibilidad de las reformas: desde Bruselas no cejan de recalcar la necesidad de tales sacrificios aduciendo a una maquiavlica y farisaica retrica de la expiacin necesaria. Pero mientras as lo predisponen en las altas esferas de la poltica europea, entre las bambalinas del discurso oficial de la austeridad y el sacrificio, se fragua un escenario propicio para la implantacin definitiva de un sistema de colonialismo financiero destinado a medrar en favor de un poder mercantil que, desde el inicio de la crisis, lastra el despegue econmico de Europa y exige reformas en su poltica econmica y laboral. Grecia, Italia, Espaa, Irlanda y Portugal son las vctimas escogidas para consumar el holocausto requerido por bancos y especuladores.

Es por ello que el ms mnimo atisbo o brizna de malestar social ser inmediatamente contestado con la violencia propia de unos dispositivos policiales encomendados para sofocar el descontento y coartar la palabra a un sector de la poblacin, ejerciendo su derecho democrtico a manifestarse, en detrimento de aquellos que, exhibiendo la lealtad incondicional a los poderes establecidos, no dudarn ni un instante en tacharlos de enemigos porque la retrica del sacrificio necesario preconiza la censura de todo signo de disconformidad, acentuando, de esa forma, su machacona insistencia en la ineluctable necesidad de comenzar a burilar un futuro sobre pilares firmes y duraderos. En definitiva, todos somos culpables del desaguisado econmico. Hemos estado viviendo por encima de nuestras posibilidades y ahora no es tiempo de protestas sino de enmendar el error, retomar las bridas de nuestra economa y arrimar el hombro. Al menos eso se desprende de las postreras declaraciones del presidente Mariano Rajoy en Lucena, pueden hacer una huelga general, pero no servir de nada [porque] estamos poniendo bases slidas, los cimientos para que este pas sea el que nos merecemos. Ahora hacen falta gobiernos que tengan conviccin en lo que hacen (El Pas, 03-03-2012). El pas que nos merecemos, claro! Y aqul que reclaman los mercados financieros para la especulacin, la almoneda y el agiotaje desenfrenado de los bancos, oligarquas y monopolios trenzando los mimbres de un nuevo y acicalado mecanismo de esclavitud: sueldos miserables y la desaparicin de las garantas sociales de una gran masa de jvenes y desocupados obligados a transigir frente a las condiciones laborales impuestas por el mercado. Y ello dista de ser una fbula: ednicos parasos de la esclavitud moderna en donde la figura legal del trabajador se desdibuja a costa de su paulatina reconversin en mera carnaza laboral desprotegida frente a los mercados y abandonada al albur despiadado de sus reclamos y exigencias.

Si la nueva estrategia del gobierno en su empeo de promover las reformas pasa por desplegar un discurso fatalista sobre el escenario apocalptico que nos espera si no se aprobasen los ajustes, las orejas del lobo cobijado entre las lneas no enunciadas de ese discurso redentor, asoman ya en las declaraciones de la patronal. A sabiendas del pas que nos merecemos los lderes patronales arremeten contra la haraganera de los trabajadores refugiados en los supuestos privilegios de la prestacin por desempleo. Una prestacin que no hace, a su sano juicio, sino ralentizar su reingreso en el mercado laboral insinuando que stos encuentran siempre un puesto de trabajo cuando se les agota la paga por desempleo- y frenar su accesin a un empleo ofrecido en Laponia o en las Quimbambas. Pero la cosa no queda ah. Hace unas semanas, la ministra de empleo Ftima Bez anunci la posibilidad de forzar a los parados a realizar tareas sociales. Para el uno y el otro, el trabajador se asemeja a un pelele supeditado a la voluntad antojadiza del mercado. Sin amparo, ni garantas sociales ni voz ni voto para decidir sobre su futuro inmediato. Porque el futuro, no puede ser sino el fruto exclusivo de un mecanismo de esclavitud al servicio del colonialismo financiero y los mecenas del mercado, que como el magnate estadounidense Sheldon Adelson, pescarn en la aguas revueltas de una crisis mucho ms agravada en los pases agrupados bajo el marbete de PIGS que, si alguien no lo remedia, acabarn convertidos en el campo de maniobras soado para aplacar la codicia glotona de un mercado siempre dispuesto a sacar una buena tajada del tan propicio pastel horneado a conciencia en las cocinas de Bruselas.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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