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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-03-2012

Las revoluciones rabes un ao ms tarde
Las victorias electorales del Islam poltico en Egipto y en Tnez

Samir Amin
Argenpress


La victoria electoral de los Hermanos Musulmanes y de los Salafistas en Egipto (enero 2012) no es sorprendente. La degradacin producida por la mundializacin capitalista contempornea ha provocado una inflacin prodigiosa de las actividades llamadas informales que, en Egipto, proveen los medios para sobrevivir a ms de la mitad de la poblacin (60% segn las estadsticas). Los Hermanos Musulmanes estn en muy buena posicin para sacar provecho de esta degradacin y perpetuar su reproduccin. Su ideologa simple proporciona legitimidad a esta economa primitiva de mercado/bazar. Los medios financieros fabulosos puestos a su disposicin por los Gobiernos del Golfo [las monarquas petroleras, nota del traductor] permiten traducirla en medios de accin eficaces: adelantos financieros a la economa informal, acciones caritativas de acompaamiento (centros sanitarios y otros).

Con estos medios los Hermanos Musulmanes se implantan en la sociedad real y la colocan bajo su dependencia. Pero su xito hubiera sido difcil si no hubiera respondido perfectamente a los objetivos de los Gobiernos del Golfo, de Washington y de Israel. Esos tres ntimos aliados comparten la misma preocupacin: hacer fracasar la recuperacin de Egipto. Porque un Egipto fuerte, erguido, significa el fin del triple hegemonismo: del Golfo (la sumisin al discurso de islamisacin de la sociedad); de los Estados Unidos (un Egipto comprador y miserable queda sometido a su dominacin) y de Israel (un Egipto impotente deja hacer en Palestina).

El aborto planificado de la revolucin egipcia garantizar entonces la continuidad del sistema establecido desde Sadat, fundado en la alianza de los jefes del Ejrcito y del Islam poltico. Una revisin de la dosificacin en el reparto de los beneficios de esta alianza en beneficio de los Hermanos Musulmanes puede sin embargo resultar difcil.

La Asamblea Constituyente surgida de las elecciones de octubre de 2011 en Tnez estar dominada por un bloque de derecha que reunir el partido islmico Ennahda y muchos cuadros reaccionarios hasta hace poco asociados al rgimen de Ben Al, siempre en sus puestos e infiltrados en los nuevos partidos bajo e nombre de bourguibistas. Unos y otros comparten la misma adhesin incondicional a la economa de mercado, tal como existe, es decir un sistema capitalista dependiente y subalterno. Francia y los Estados Unidos no piden otra cosa: cambiar algo para que nada cambie.

Sin embargo, dos cambios estn a la orden del da. Positivo: una democracia poltica pero no social (es decir una democracia de baja intensidad) que tolerar la diversidad de opiniones, respetar ms los derechos humanos y pondr fin a los horrores policiales del rgimen precedente. Negativo: una probable regresin de los derechos de las mujeres. Dicho de otra manera un retorno a un bourguibismo pluripartidario teido de islamismo. El plan de las potencias occidentales, basado en el poder del bloque reaccionario comprador, pondr fin a esta transicin que se quera corta (lo que el movimiento acept sin medir las consecuencias) no dejando tiempo a las luchas sociales para organizarse y permitir la instalacin de la legitimidad exclusiva del bloque reaccionario comprador mediante elecciones correctas. El movimiento tunecino prcticamente se desinteres de la poltica econmica del rgimen destituido, concentrando sus crticas sobre la corrupcin del presidente y su familia. Muchos contestatarios, incluso de izquierda no cuestionaban las orientaciones fundamentales del modo de desarrollo implementado por Bourguiba y Ben Ali. El resultado era entonces previsible.

Es as que las mismas causas producen a veces los mismos efectos. Qu pensarn y harn las clases populares en Egipto y en Tnez cuando vern que contina inexorablemente la degradacin de sus condiciones sociales, con su cortejo de desempleo y de precarizacin, probablemente agravada con las degradaciones suplementarias intensificadas por la crisis general de la mundializacin capitalista? Es muy pronto para decirlo, pero no cabe obstinarse e ignorar que slo la rpida cristalizacin de una izquierda radical que vaya mucho ms all de la reivindicacin de elecciones correctas, puede permitir la reanudacin de las luchas por un cambio digno de ese nombre. Corresponde a esa izquierda radical saber formular una estrategia de democratizacin de la sociedad que vaya mucho ms all que la simple realizacin de elecciones correctas, que asocie la democratizacin al progreso social, lo que implica el abandono del modelo de desarrollo existente, y que refuerce las iniciativas por una posicin internacional independiente y francamente antiimperialista. No son los monopolios imperialistas y sus servidores internacionales (el Banco Mundial, el FMI y la Organizacin Mundial del Comercio) que ayudarn a los pases del Sur a salir del atolladero: la tarea ser menos difcil orientndose hacia los nuevos interlocutores del Sur.

Ninguna de estas cuestiones polticas fundamentales parecen preocupar a los mayores actores polticos. Todo transcurre como si el objetivo final de la revolucin fuera conseguir rpidamente que se celebren elecciones. Como si la fuente exclusiva de legitimidad del poder residiera en las urnas. Hay, sin embargo, una legitimidad superior: la de las luchas. Esas dos legitimidades estn destinadas enfrentarse seriamente en el futuro.

Sern posibles en Argelia reformas dirigidas desde el interior?

Argelia y Egipto han sido, en el mundo rabe, los dos pases de vanguardia en el primer despertar del Sur en la poca de Bandung, del no Alineamiento y del despliegue victorioso de la afirmacin nacional post-colonial, asociado a autnticas realizaciones econmicas y sociales importantes y progresistas que auguraban hermosas posibilidades en el futuro. Pero despus los dos pases llegaron a un punto muerto para finalmente aceptar la vuelta al redil de los Estados y sociedades dominados por el imperialismo.

El modelo argelino dio signos evidentes de una consistencia ms fuerte, lo que explica que haya resistido mejor su degradacin ulterior. Por esa razn la clase dirigente argelina es heterognea y est dividida entre quienes mantienen aspiraciones nacionales y quienes han adherido a la compradorizacin (a veces esos dos componentes conflictivos se combinan en las mismas personas). En Egipto, por el contrario, la clase dominante se convirti ntegramente, con Sadat y Mubarak , en burguesa compradora, carente de toda aspiracin nacional.

Dos razones principales explican esta diferencia. La guerra de liberacin en Argelia produjo, naturalmente, una radicalizacin social e ideolgica. En cambio en Egipto el naserismo surge al final del perodo de expansin del movimiento iniciado por la revolucin de 1919 que se radicaliza en 1946. El golpe de Estado ambiguo- de 1952 es una respuesta al callejn sin salida en que se encuentra el movimiento. Por otra parte la sociedad argelina sufri, con la colonizacin, enormes asaltos destructores. La nueva sociedad argelina, surgida de la reconquista de la independencia, no tena nada en comn con la de la poca precolonial. Se haba convertido en una sociedad plebeya, marcada por una muy fuerte aspiracin a la igualdad.

Esta aspiracin no se encuentra con la misma fuerza en ninguna otra parte en el mundo rabe, ni en el Maghreb ni en el Mashrek. Por el contrario, Egipto moderno se constituy desde el comienzo (a partir de Mohamed Ali) por su aristocracia progresivamente convertida en burguesa aristocrtica (o aristocracia capitalista). Esas diferencias generan otra, de evidente importancia, que se refiere al porvenir del Islam poltico. Como indica Hocine Bela lloufi (La democracia en Argelia: reforma o revolucin?, en curso de publicacin) el Islam poltico argelino (el FIS), que mostr su faz horrible, fue derrotado. Ello no significa que el problema est definitivamente resuelto. Pero la diferencia es grande con relacin a la situacin en Egipto, caracterizada por una slida convergencia entre el poder de la burguesa compradora y el Islam poltico de los Hermanos Musulmanes.

De todas esas diferencias entre los dos pases derivan posibilidades diferentes de respuesta a los actuales desafos. Argelia me parece en mejor posicin (o en posicin menos mala) para responder a dichos desafos, por lo menos en el corto plazo. Me parece que en Argelia existe todava la posibilidad de reformas econmicas, polticas y sociales controladas desde el interior. En cambio en Egipto la confrontacin entre el movimiento y el bloque reaccionario contrarrevolucionario parece tender inexorablemente a agravarse.

Argelia y Egipto constituyen dos ejemplos paradigmticos de la impotencia, hasta ahora, de las sociedades implicadas de hacer frente al desafo. Argelia y Egipto son dos pases del mundo rabe candidatos posibles a la emergencia. Es evidente la responsabilidad principal de las clases dirigentes y de los sistemas de poder actuales en el fracaso de lograr dicha emergencia. Pero la de las sociedades, los intelectuales, la de los militantes de los movimientos en lucha debe tambin tomarse seriamente en cuenta.

Cabe esperar una evolucin democrtica pacfica en Marruecos? Lo dudo en la medida que el pueblo marroqu seguir adhiriendo al dogma arcaico que no disocia la monarqua (de derecho divino: amir el mouminine) de la Nacin, Esa es sin duda la razn por la cual los marroques no comprenden la cuestin saharaui: los nmadas orgullosos del Sahara tienen otra concepcin del Islam, que les prohbe arrodillarse ante otro que no sea Allah, as sea el Rey.

El drama de Siria

El rgimen de Bashar el Assad no es ni ms ni menos que un rgimen policial que acompaa la sumisin a las exigencias del liberalismo mundializado. La legitimidad de la rebelin del pueblo sirio es indiscutible. Pero la destruccin de Siria constituye el objetivo de los tres asociados que son Estados Unidos, Israel y Arabia Saudita que movilizan con esa finalidad a los Hermanos Musulmanes y los proveen de armas. Su eventual victoria con o sin intervencin extranjera tendr como resultado el desmembramiento del pas, la masacre de los alauitas, de los drusos y de los cristianos. Pero no importa. El objetivo de Washington y de sus aliados no es liberar a Siria de su dictador, sino de destruir el pas, como no era liberar de Saddam Hussein a Irak, sino destruirlo.

La nica solucin democrtica sera realizar reformas substanciales en beneficio de las fuerzas populares y democrticas existentes y que rehsan dejarse enrolar por los Hermanos Musulmanes. Si el rgimen se muestra incapaz de comprenderlo, nada impedir que el drama contine hasta su culminacin. Es irnico ver que ahora el Sultn de Qatar y el Rey de Arabia Saudita son los campeones de la promocin de la democracia (en otros pases). Resulta difcil que la farsa vaya todava ms lejos!

La geoestrategia del imperialismo y la cuestin democrtica

He querido demostrar en este libro que la despolitizacin ha sido decisiva en la ascensin del Islam poltico. Esta despolitizacin no es, por cierto, especfica del Egipto nasserista. Ella ha sido la prctica dominante en todas las experiencias nacionales populares del primer despertar del Sur e incluso en las de los socialismos histricos una vez terminada la primera fase del hervor revolucionario. El denominador comn ha sido la supresin de la prctica democrtica (que yo no reduzco a la celebracin de elecciones pluripartidarias), es decir el respeto de la diversidad de opiniones y de propuestas polticas y de su eventual organizacin.

La politizacin exige la democracia. Y la democracia solo existe cuando los adversarios gozan de libertad. En todos los casos su supresin, que origina la despolitizacin, es responsable del desastre ulterior. Que este adopte la forma de anacronismos (religiosos u otros) o de adhesin al consumismo y al falso individualismo promovido por los medios de comunicacin occidentales, como fue el caso de los pueblos de Europa Oriental y de la ex URSS y como es el caso en otras partes no solamente de las clases medias (eventuales beneficiarias del desarrollo) sino tambin en el seno de las clases populares que, a falta de otra alternativa, aspiran tambin a beneficiarse aunque sea en muy pequea escala (lo que es perfectamente comprensible y legtimo).

En el caso de las sociedades musulmanas, esta despolitizacin reviste la forma principal de vuelta (aparente) del islamismo. La articulacin que asocia el poder del Islam poltico reaccionario, la sumisin compradora y la pauperizacin por la informatizacin de la economa de bazar no es especfica de Egipto. Ella caracteriza a la mayor parte de las sociedades rabes y musulmanas hasta Paquistan y ms all. Esta misma articulacin existe en Irn: el triunfo de la economa de bazar haba sido sealada desde el comienzo como el principal resultado de la revolucin khomeinista. La misma articulacin poder islmico/economa de mercado de bazar devast la Somala, ahora borrada del mapa de naciones existentes (vese mi artculo sobre la cuestin en el sitio Pambazuka 1/2/2011).

Qu se puede entonces imaginar si este Islam poltico asume el poder en Egipto o en otra parte?

Nos invaden los discursos tranquilizantes, de una increble ingenuidad, sincera o falsa: Algunos dicen: Era fatal, nuestras sociedades estn impregnadas por el Islam, se ha querido ignorarlo y se ha impuesto. Como si el xito del Islam poltico no se debiera a la despolitizacin y a la degradacin social que se quiere ignorar. Esto no es tan peligroso, el xito es pasajero y el fracaso del poder ejercido por el Islam poltico llevar a que la opinin se aleje del mismo. Como si los Hermanos Musulmanes adhirieran al principio del respeto de los principios democrticos! Como aparentan creer en Washington, las opiniones fabricadas por los medios dominantes y la cohorte de intelectuales rabes, por oportunismo o ausencia de lucidez.

No. El ejercicio del poder por el Islam poltico reaccionario estar destinado a durar50 aos? Y mientras contribuir a hundir en la insignificancia del tablero mundial a las sociedades que someter, los otros continuarn avanzando. Al final de esta triste transicin los pases implicados se encontrarn en lo ms bajo de la escala de la clasificacin mundial.

La cuestin de la politizacin democrtica constituye, en el mundo rabe como en el resto del mundo, el eje central del desafo. Nuestra poca no es de avances democrticos sino de retrocesos. La centralizacin extrema del capital de los monopolios permite y exige la sumisin incondicional y total del poder poltico a las rdenes de aqul. La acentuacin de los poderes presidenciales, aparentemente individualizados al extremo pero de hecho ntegramente sometidos a la plutocracia financiera, constituye la forma de esta deriva que aniquila el alcance de la difunta democracia burguesa (ella misma reforzada en su tiempo por las conquistas de los trabajadores) substituda ahora por la farsa democrtica.

En las periferias los embriones de democracia, cuando existen, asociadas a regresiones sociales todava ms violentas que en los centros del sistema, pierden toda credibilidad.

El retroceso de la democracia es sinnimo de despolitizacin. Porque la democracia implica la afirmacin en la escena de ciudadanos capaces de formular proyectos de sociedad alternativos y no solo la perspectiva de la alternancia (sin cambios) elecciones mediante.

Desaparecido el ciudadano sin imaginacin creadora, lo sucede el individuo despolitizado que es un espectador pasivo de la escena poltica, un consumidor modelado por el sistema que se cree (equivocadamente) un individuo libre. Son tareas indisociables avanzar por los caminos de la democratizacin de las sociedades y de la repolitizacin de los pueblos.

Pero por dnde comenzar? El movimiento puede iniciarse a partir de uno u otro de esos dos polos. Nada puede sustituir al anlisis concreto de las situaciones concretas, en Argelia, en Egipto como en Grecia, en China, en el Congo, en Bolivia, en Francia o en Alemania.

A falta de progresos visibles en esa direccin el mundo entrar, como de hecho ya lo est, en una tormenta catica asociada a la implosin del sistema. Entonces es de temer lo peor.

Samir Amin es director del Foro del Tercer Mundo.

Fuente original: http://www.argenpress.info



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