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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-03-2012

Crtica del marxismo (multi)cultural

Carlos X. Blanco
Rebelin


1. Marxismo cientfico y Marxismo cultural.

Es preciso distinguir entre el marxismo cientfico y el marxismo cultural. Solamente el primero es capaz de desentraar los mecanismos del capitalismo, los mecanismos de la explotacin del hombre sobre el hombre, y, mediante ellos, los engranajes de la creacin, apropiacin y acumulacin de plusvala. La obra de Marx y, principalmente, El Capital, sienta las bases de toda posible Crtica de la Economa Poltica o, lo que viene a ser igualmente, la crtica del capitalismo.

Por el contrario, lo que damos en llamar marxismo cultural consiste en la utilizacin ambigua, torcida y, en ocasiones, descaradamente instrumentalizada al servicio del Capitalismo, de la obra de Marx y de Engels. Con esa utilizacin pervertida de los logros de Marx, se ha difundido -especialmente en Occidente- una versin falsa del materialismo histrico y dialctico. Pero es la versin ms divulgada y asimilada -incluso inconscientemente- por los apologistas del Capital. En ese marxismo vulgar, o ideologa inconscientemente asumida por liberales, demcratas, socialistas, bolcheviques, altermundistas, etc., lo importante de este corpus de marxismo sera:

1) Abolir cualquier diferencia entre los seres humanos, yendo ms all de la esfera jurdica. No existirn ms las naciones, las etnias, las diferencias de instruccin, de sexo, de edad y experiencia. Esta necedad igualitaria fundamentalista no tiene nada que ver con la obra de Marx.

2) Insertar a Marx en la lnea de los pensadores progresistas, esto es, de las gentes que en el fondo confan en el proceso imparable de la Tecnologa y en la conversin de la gran Industria en una suerte de Cuerno de la Abundancia que no podr hacer otra cosa que traernos el paraso en la Tierra. En realidad, la postura de Marx es mucho ms compleja y se le puede considerar, antes de de Nietzsche y de Heidegger, como uno de los ms acerbos crticos de la Tcnica. Todo su enfoque pasa por componer en relacin dialctica el papel del desarrollo de las fuerzas productivas en oposicin y eventual armona- con las relaciones sociales de produccin. La Tcnica como fuente de alienacin del hombre, y el desarraigo del hombre respecto a la naturaleza (Marx puede ser tomado tambin como procedente del Ecologismo).

3) Incorporar esa baratija del marxismo cultural al pensamiento neokantiano que pide ms derechos humanos. En realidad, Marx fue un crtico implacable de los Derechos Humanos, no porque no gustase de su cumplimiento universal, sino precisamente por que desconfiaba de los sermones y admoniciones de los moralistas y de los profesores de Derecho. Abominaba del idealismo abstracto que proclamaba una Libertad, una Igualdad y una Fraternidad Universales, con sus ministerios estatales correspondientes.

4) Confundir a Marx con el ms craso economicismo. En realidad no hay un fatalismo economicista en el materialismo histrico. La ciencia de la Historia, que podemos llamar Ciencia Ideolgica, consiste realmente en el estudio de las leyes que rigen el desarrollo de la Totalidad Social, y de entre las fuerzas que transforman la misma se encuentran la voluntad y la conciencia de los hombres que, agrupados en clases, pueblos, naciones, reobran sobre procesos impersonales que les superan y que no controlan sino muy parcialmente, pero cuyo curso pueden modificar por medio de la organizacin, la educacin y la lucha.

2. La Ciencia de la Historia.

La Historia como ciencia en la que fundamentar la comprensin del hombre, y como proceso sobre el cual la filosofa y las ciencias abren su camino, la Historia como nica encarnacin de las leyes de la Dialctica: Esto es lo que debemos a Marx.

la historia es tan difcil de conocer como la naturaleza, incluso tal vez ms difcil de conocer. Por qu? Porque las masas no tienen con la historia la misma relacin prctica directa que tienen con la naturaleza (en el trabajo de la produccin), porque est siempre separada de la historia por la ilusin de conocerla, puesto que cada clase explotadora dominante les ofrece su explicacin de la historia, bajo la forma de su ideologa que es dominante, que sirve sus intereses de clase, cimienta su unidad y mantiene a las masas bajo su explotacin (L. Althusser: Para una Crtica de la Prctica Terica. Respuesta a John Lewis. Siglo XXI, Madrid, 1974.).

La Historia es ciencia ideolgica. Su objetividad no puede provenir de una suerte de neutralidad axiolgica, de un punto de vista angelical y completamente desclasado. Cada clase social, llegado un cierto nivel de desarrollo, genera un conocimiento social y una ciencia histrica correspondientes. Si una Historia Proletaria llega a ser superior a una Historia Burguesa no ser por otro motivo que el siguiente: desde el proletariado puede conocerse su explotacin, las races y el desenvolvimiento de la misma cuando este proletariado se ha vuelto consciente de su situacin y se revuelve crticamente contra los procedimientos explotadores, contra las clases dominantes. Entonces, y slo entonces, dominado por una voluntad de poder, la Historia es ciencia proletaria que comprende (en el doble sentido, de entender y absorber) a la ciencia burguesa. Es ciencia ideolgica porque comprende las posibles ideologas en lucha, sin neutralidad falsa de alguna clase, antes bien tomando partido por la visin de la realidad social ms amplia y menos falseada.

Quiz sea ilustrativo apuntar a continuacin lo que otro marxista, pero historiador profesional, escriba sobre Althusser:

Ni Popper ni Althusser muestran tener el menor conocimiento inmediato del modo de proceder del historiador; ninguno de los dos entiende la naturaleza del conocimiento histrico. Popper muestra mayor curiosidad y por esto sus objeciones merecen la cortesa de una respuesta (), pero sus reiteradas confusiones entre mtodos en las ciencias experimentales y en la disciplina histrica, y entre las diferentes clases de conocimientos que se dan, echan a perder su reflexin (). Althusser no muestra la menor curiosidad. El producto, o sea, el conocimiento histrico no le gusta y esta aversin es quiz tan grande que le impide cualquier clase de trato ms ntimo. El sabe que la teora podra escribir mejor la historia (E.P. Thompson, Miseria de la Teora, Crtica, Barcelona 1981, p. 56).

Una parte importante de la produccin neomarxista no ha sido emprica, como la de E. P. Thompson. Ha sido ms bien un hbrido cientifista de sociologa y filosofa, una exgesis de Marx y una escolstica filosofa materialista aplicada a la totalidad social tomada en abstracto. Algunos marxistas escribieron de Historia sin frecuentar sus mtodos y sus clsicos, tomando prrafos y extractos de Marx, Engels o Lenin como claves esotricas para resolver cualquier nudo de problemas efectivos, positivos. Desde luego, la Historia no puede convertirse en una suerte de Metodologa Abstracta de las Ciencias Humanas: todo lo contrario, la Historia proporciona todo el cauce emprico para que la Filosofa realice sus reconstrucciones. Las estructuras de la misma se devuelven al material emprico y se prueba su idoneidad. As, las estructuras dialcticas hegelianas fueron tomadas por el filsofo idealista como la marcha del Espritu mismo sobre el Mundo y esas Leyes, tomadas de la Historia pero en el limbo de un filsofo idealista, pudieron ser devueltas al estudio concreto de las Leyes del Capitalismo gracias a Marx.

De otra parte, conviene sealar el papel asignado a la Filosofa en la construccin de una ciencia ideolgica de la Revolucin y de la Totalidad Social. No es sta una ciencia de las ciencias ni tampoco una enciclopedia divulgativa de sus resultados. Famosos marxistas cayeron en semejante error. La Filosofa, como saber crtico, puede cumplir muy diversos papeles en el desarrollo de la civilizacin. Reaccionario o progresista son juicios estrechos para calificar a un autor o un sistema filosficos. Fue Nietzsche un reaccionario? Comte debera entrar a formar parte de los progresistas? El marxismo debera haberse alejado de esta mentalidad unidimensional para juzgar la historia (y con ella, la historia de las ciencias) a lo largo de un continuum ascendente. Althusser, p.e., a quien hemos citado, dice:

La filosofa acta sobre las ciencias de esta manera: en el lmite; o bien las ayuda a producir nuevos conocimientos cientficos o bien intenta borrarlas de la existencia para devolver a la humanidad a un estado en que tal o cual ciencia no exista. Por lo tanto, la filosofa acta en las ciencias sea de manera progresista o de manera retrgrada. En el lmite: tendencialmente porque toda filosofa es siempre contradictoria. (op.cit., p. 49).

Frente a estas ambigedades althusserianas, propongo considerar a la Filosofa como la mxima instancia crtica de la cultura. Las propias ciencias son y deben ser objeto de la crtica racional, y para proceder a ella la Filosofa se alza como institucin demoledora de los prejuicios, falsedades, distorsiones y unilateralidades. A fecha de hoy, la dejacin de sus funciones crticas en que han incurrido la mayora de los miembros profesionales del gremio filosfico forma parte del proceso imperialista de las ciencias positivas. Las ciencias positivas, al servicio del Capital, como no poda ser de otro modo, imprimen una visin totalitaria de la realidad. Desde el Renacimiento ha crecido sin cesar la visin tecnicista de la naturaleza y del hombre. Todo es objeto manipulable. Cuanto no entre en las tenazas y tijeras baconianas de la manipulacin, no interesa a la ciencia en absoluto porque tampoco es aprovechable en los procesos de produccin industrial. Si las clases oprimidas no hacen suya la Filosofa, sta decae inevitablemente en instrumento retrgrado o ideologa justificadora de la opresin. El papel emancipador de la Filosofa en este siglo XXI, siglo de capitalismo financiero voraz, no consiste en la elaboracin de sermones ni admoniciones morales. Tal cosa ata al filsofo a su papel de heredero secularizado de los curas y monjas, que se apartan del mundo despus de condenarlo, y cuando vuelve a l no saben sino volver a condenar un mundo que han renunciado a transformar. A fuerza de rezar por l han obviado el trmite de comprenderlo.

3. La Lucha de Clases frente al Progreso de la Humanidad.

Un obstculo para la comprensin y transformacin de este caos y de esta voracidad que damos en llamar Capitalismo consiste en hablar, como tantos filsofos y moralistas acostumbran a hacer, de una supuesta Humanidad. No hay tal cosa fantasmagrica: hay pueblos (etnias, naciones, culturas, estados) y hay clases. Que la sociedad consta de clases distintas no es hallazgo de Marx. Toda la historiografa burguesa que le precedi ya hablaba de clases sociales. Pero que la Historia consiste, en lo ms hondo y como causa motriz de los dems fenmenos sociales, en una Lucha de Clases, es la tesis que estrictamente sostienen los marxistas y que fundamenta el materialismo histrico. La Historia es as, una ciencia de lo pasajero, de las transiciones, de las mudanzas estructurales, precisamente porque la Historia es Contradiccin.

La tesis del reconocimiento de la existencia de la lucha de las clases sociales y de la lucha de clases que se sigue de ella, no es lo propio del marxismo-leninismo, puesto que pone el primer rango a las clases y a la lucha de clases en un segundo rango. Bajo esta forma se trata de una tesis burguesa, que alimenta naturalmente el reformismo. Por el contrario, la tesis marxista-leninista coloca a la lucha de clases en el primer rango. Filosficamente esto quiere decir: afirma la primaca de la contradiccin sobre los contrarios que se enfrentan, que se oponen. La lucha de las clases no es el efecto derivado de la existencia de las clases, que existan antes (de hecho y de derecho) de su lucha: la lucha de clases es la forma histrica de la contradiccin (interna a un modo de produccin que divide a las clases en clases. (Althusser, op.cit. p. 34, nota n 12).

La cada del Muro de Berln cogi desprevenida a la Izquierda. El Sueo de un Comunismo Universal se volatiliz, lo mismo que la fe en un Oro de Mosc. Los ltimos estalinistas se redujeron a polvo. Fukuyama, Reagan, Thatcher y los demcratas liberales se frotaron las manos. Vinieron nuevos revisionismos. Habermas propuso hablar. S, hablando se entiende la gente. Una comunidad de interlocutores que conoce como pinculo excelso el Parlamento. La socialdemocracia hoy inexistente- todava propagaba en 1989 la ilusin de provenir del marxismo. Entre el cretinismo parlamentario, las comunidades de dilogo y la fraseologa revolucionaria de los ex estalinistas, la Izquierda no encontr su sitio.

Perry Anderson, un importante terico marxista, de obra extensa y con su revista de bandera, New Left Review, ha consumado la tendencia claudicante del marxismo: un socialismo mnimo. La hegemona liberal ha calado en el pensamiento de izquierda de manera ostensible. Vase la obra de Anderson, Los fines de la Historia (Anagrama, Barcelona, 1996), para comprobar en qu consiste el marxismo pasado por la lavadora. Los Fines de la Historia, un ensayo erudito, bien redactado, ponderado y con buena base filosfica (Cournot, Kojve, Hegel) sirve para analizar las tesis de Fukuyama, el cada vez ms olvidado apologeta del capitalismo tras la cada de la URSS (aparatos de video para todos y democracia para todos, puede ser el resumen de cuanto dijo Fukuyama). Con una palmadita en la espalda al apologeta del consumismo democrtico, el fin del comunismo tiene que convertirse en el fin de la Historia. Para un marxista esto significara el fin de la Lucha de Clases. Perry Anderson, que denuncia el izquierdismo a la defensiva de un Habermas, o tambin la complicidad criminal de la socialdemocracia, que siempre va de la mano del imperialismo, nos deja caer, aqu o all, los residuos de un socialismo mnimo a defender: redistribucin, centralizacin econmica, ms y ms justicia, ecologa , y, de nuevo, ms y ms igualdad. Bonitas palabras, hermosos libros, justos ideales. Pero a lo que Perry Anderson parece tener un miedo atroz es a que llegue un da en que el socialismo llegue a ser olvidado (pps. 142-173).

Son estos unos tiempos en que el mundo se transforma radicalmente, desde 1989 con la cada del Muro y del Comunismo, desde 2000 con el auge de las potencias integristas islmicas y de grandes imperios (Rusia China). Los cambios no han cesado: en el siglo XXI con las derrotas de EEUU ante los talibanes, los insurgentes iraques y el rgimen chi. Ms recientemente, el hundimiento de Europa como proyecto monetario, burocrtico y pseudofederalTras la guerra fra vuelve la poltica de bloques mltiples. Grandes espacios continentales, todos ellos capitalistas, sin especiales signos ideolgicos que los distinga: Brasil, India, China, Rusia, Irn. Dentro de cada uno de esos grandes estados continentales, tal como acontece en la misma Europa y en EEUU, se polarizan las clases: los excluidos del desarrollo econmico (vale decir, del proceso de acumulacin de capital) y los beneficiarios del mismo. Cada generacin con banderas rojas o sin ellas- tiene que aprender de la tradicin de lucha secular contra la dominacin y adaptarla a sus necesidades. Millones de seres humanos ya han nacido sin otro futuro que el de ser esclavos: carne de explotacin laboral o sexual, carne de can y de fosa comn. Mientras eso ocurra, los oprimidos generarn sus propias banderas y Mosc parecer un bastin muy olvidado. El cuento del fin de la Historia parece haber sido ms credo por los marxistas que por los propios apologistas del capitalismo.

Si la historia es Lucha de Clases, no hay fin de la Historia mientras las clases sigan existiendo y, como recordaba Althusser, mientras las clases definidas segn su acceso, posesin y control de los medios productivos -se opongan, mientras ellas mismas supongan la Contradiccin interna al Modo de Produccin Capitalista. El Capitalismo genera el propio cncer que le matar: el antagonismo de clases exacerbado, llevado hasta sus postreras consecuencias.

Cuando decimos, desde el viejo Occidente, que las clases han desaparecido olvidamos la perspectiva global de que las clases ya han sido divididas de manera internacional, y que es imposible desarrollar una conciencia de clase a partir de unos sindicatos corruptos y subvencionados por el Estado, aqu, cuyos intereses siempre basculan ms cercanamente a los de la burguesa, a cuyo calor y en cuyo provecho laboran. Por el contrario, las masas verdaderamente proletarias, que luchan por su propia existencia o resisten niveles de explotacin altsimos, se acumulan en continentes lejanos. De la explotacin de esas masas asiticas, latinoamericanas, africanas, etc. se obtiene la plusvala, una parte de la cual est sirviendo para mantener las legiones de burcratas sindicales y liberados del primer mundo. Las llamadas al Internacionalismo, viendo de quien vienen, no hacen ms que despertar el sarcasmo: la irona de la Historia es que el Marxismo de Occidente, su retrica pseudorevoluciomaria, su cadavrica existencia descafeinada en manos de socialistas, demcratas, liberados sindicales, oenegistas, etc. forma parte ya desde hace tiempo- del propio aparato ideolgico de dominacin. El derrotismo de los intelectuales que desde el mundo opulento se reclaman de la izquierda, y la insistencia de ellos en la tesis que las clases sociales se han difuminado, coincide plenamente con una realidad: no hay posibilidad de que se alce una clase obrera, cada vez ms dbil en cuanto a nmero y capacidad de resistencia a los dictados del Capital. La industria deslocalizada genera una clase obrera ultramarina real, dejando en Europa una clase obrera ficticia, de importancia simblica crucial para la dominacin. Lejos de ser vanguardia de los productores, en el Capitalismo les presenta (con una parte de verdad) como beneficiarios del Capital.

Sin embargo, la llegada masiva de inmigrantes extracomunitarios en los ltimos aos volvi a conmover el panorama. Cualquier teora de la dependencia, del intercambio desigual o de disparidad Norte-Sur hubo de bregar con el hecho nuevo, a veces crudo e indmito, de que la fragmentacin de los proletarios ya la tenamos aqu mismo, en el Continente. Que los proletarios reales tenan que ser de otra raza y de otra lengua, y que los proletarios nativos, los viejos europeos, una de dos, o seguan vinculados a la industria y al sindicalismo subvencionados (y por tanto apegados a los viejos aparatos socialdemcratas y burgueses de dominacin), o bien entraban en la senda de la pauperizacin ms absoluta, pues haban de competir en penosas condiciones salariales con los extranjeros, los sin papeles y los contingentes de individuos beneficiados por la llamada discriminacin positiva. Ni qu decir tiene que tales estrategias de fragmentacin del proletariado de Europa, primero a escala mundial y despus a escala europea como consecuencia de las oleadas de inmigrantes, han estado cuajadas de ideologa multiculturalista y de proclamas a favor del mestizaje universal, vendidas al por mayor como una especie de Pensamiento nico. Precisamente sobre esto, muy pocos marxistas han querido llamar la atencin, bajo riesgo de que se les acuse de etnocntricos, xenfobos o racistas. Y he aqu que debemos recordar de nuevo el papel que el propio marxismo postsovitico y occidental (no as el tercermundista) ha desempeado como instrumento que refuerza la dominacin de la burguesa y del Capital.

La propuesta de estas lneas consiste en separar el marxismo genuino de lo que hoy se da como tal y que no es otra cosa que ideologa o cultura de los medios sindicales, partidistas, oenegistas y progresistas, esto es, el marxismo cultural. El marxismo cultural es, en efecto, un adorno, un barniz, un sucedneo de cuanto viene contenido en la obra de Marx y Engels. Su propsito no es otro que camuflar las fuentes autnticas de la dominacin as como la verdadera divisin internacional del trabajo y la segmentacin interna que las naciones de Europa estn conociendo. Mediante la divisin internacional del trabajo, ya se sabe que la parte ms productiva y ms explotada de la clase obrera se ha desplazado fuera del Viejo Mundo, y, a su vez, por medio de la segmentacin de Europa en ciudadanos nativos y en inmigrantes, la clase obrera vuelve a quedar escindida en el interior de cada pas: trabajadores amurallados tras derechos (convertidos ahora en privilegios), frente a trabajadores ultraexplotados y desprovistos de visibilidad legal y sindical.

4. Crtica de la ideologa del Multiculturalismo.

Tan sumido vive el hombre en el Mito que ni siquiera es consciente de su incapacidad de romper con l. Quisiera el Homo faber romper con el Pasado, como si toda esa coleccin de cachivaches y artilugios que ahora le rodean pudiera, de una manera efectiva, hacerlo aicos. Es imposible. La Tecnologa que, de una manera tumultuosa, ha venido impulsando el Capitalismo desde sus inicios, es la responsable de la destruccin de todo un sinfn de realidades. Ella misma es el proceso de sustitucin de la Naturaleza por el cachivache, la culpable de la extincin de la vida natural, saludable y buena. La Tecnologa crea y multiplica una masa ingente de mercancas y es capaz de acelerar el proceso de explotacin del hombre sobre el hombre, sustituyendo por basura lo natural que resta en el planeta tanto como lo natural que se resiste a morir en el hombre. La Tecnologa locamente impulsada por el Capitalismo es consustancial con el mismo asesinato del mundo natural, y de toda la pltora de criaturas con races. Pero este ser humano, esclavizado a travs de la Tecnologa, desarraigado de sus profundos vnculos con la Tierra y con la Tradicin, sigue llevando dentro una compleja constelacin milenaria de mitos que proceden de una va inconsciente, y a l le llegan quiera o no quiera- a pesar de tres siglos de Ilustracin y Humanismo Progresista. Los mitos de la corteza ms reciente, la cscara de la Religin del Progreso, producen el efecto justamente contrario al que persegua ste culto devoto en sus inicios dieciochescos. La enantiodroma, en palabras de Carl G. Jung, es decir, el proceso dialctico de pasar de un extremo a su contrario, se ha producido en esta Civilizacin Occidental sacrificada a su dios Progreso: hemos logrado la contrafigura exacta de la emancipacin del hombre gracias a la Tcnica y a las Luces.

La clebre filmacin en blanco y negro donde se observa una pila de cadveres humanos desnudos y esquelticos ante la pala de una excavadora, amontonados por la mquina como cualquier otra materia crasa y elemental, puede servir como refutacin definitiva de cualquier Mito de Progreso. Desde Auschwitz, se dijo, ya no es posible la Poesa. Desde el Horror nazi, cualquier proyecto de emancipacin total toma de forma intrnseca una coloracin merecedora de toda sospecha. Y ms an la Emancipacin por la va de la Tecnologa y la conversin del hombre en cosa consumible y consumista.

Los Mitos Ilustrados fueron mitos, ante todo, de sustitucin. Dios fue canjeado por el Progreso. La Trascendencia se pleg, y toda fe prctica hubo de ser re-dimensionada en forma de anhelos de un mundo mejor. Haba otros mundos, pero estaban en este. Eran mundos posibles, y el anhelo de un otro mundo posible consecuentemente- el anhelo de perfectibilidad de este que tenemos aqu, bajo nuestros pies y alrededor, fue el anhelo humanista de un nico telos de paraso tcnico en la Tierra, merecedor de todos los esfuerzos y sacrificios. Hubo que combatir la escasez material, produciendo ms escasez para los ms. Era necesario expandir la educacin elemental, para incorporar cuerpos humanos al consumo (incluido el consumo de esos mismos cuerpos humanos) y a la explotacin. Se hizo preciso racionalizar las leyes y homogeneizar el trato entre seres definidos formalmente como iguales, para quedar igualados como sujetos explotables y consumibles. La navegacin de la sociedad hacia un puerto ideal, la Perfectibilidad y el Progreso, fue la coartada para dar la espalda a una base o infraestructura muy otra. Por ejemplo, entre los idealistas del Progreso, los liberales decimonnicos: cuntos no fueron esclavistas? La Estatua de la Libertad se levanta sobre millones de negros masacrados durante siglos de esclavitud. El nivel de bienestar de las naciones caucsicas se levanta sobre millones de vctimas de todos los colores: despojadas, esclavizadas. Ese es el Pecado Original que Marx describi como Acumulacin Primitiva. Hoy en da, el acto simple de comprar una mercanca dentro del circuito capitalista de la Economa es siempre un dar la espalda a los sacrificios humanos requeridos para la fabricacin, valorizacin, y el embolsamiento pertinente de las plusvalas del fabricante. Hemos construido una Utopa del Progreso que, analizada en su corte transversal, no es otra cosa que una Religin sanguinaria basada en los sacrificios humanos. La palabra progreso esconde e incluye esos sacrificios de vida humana: muertos, esclavos, desposedos... Las vctimas del Progreso nunca cuentan, pero se presuponen. La conciencia civilizada de hoy ya no debera hacer nada con su mortfero Mito. Sigue ella agitando dioses falsos porque an no se han removido las relaciones sociales que le han dado pbulo, en especial las relaciones de produccin que exigen e impulsan la masacre cotidiana. Una simple retencin temporal de alimentos bsicos, hecha con el fin de hacer subir precio en el mercado e intervenir en los valores de la Bolsa, puede matar de hambre a millones de seres humanos. Pero resulta curioso que en la nmina de genocidios suelen figurar nombres como Hitler, Stalin o Franco, pero nunca se publican los nombres de los brokers, de los annimos financieros y ejecutivos de crmenes igual de horrendos como los del Capitalismo progresista de nuestros das.

Nuestras aulas y libros de texto siguen revolviendo una serie de mitos de juguete, un montn de artculos de fe ms bien propios de un museo, mas nunca envejecidos lo suficiente, al parecer de nuestros pedagogos y bienpensantes. Los Mitos del Progreso, los Derechos Humanos, la Democracia Universal, etc. siguen pareciendo Modernos por el mero hecho de asignarles esa etiqueta de modernidad. Pocos se dan cuenta de lo muy periclitados que estn. Son Mitos de Sustitucin que justifican antiguos crmenes y sacrificios, que perpetan otros nuevos, que legitiman todos los que estn por venir, y, sobre todo, que embozan la cruda realidad.

Si un da cayera el dolo del Progreso, la humanidad retornara feliz a los modos sanos y sencillos de vida. La vida no es, no puede ser lujo ni exceso. Las seales de mal gusto, barroquismo y exceso ya son como luces rojas de alarma. Estn anunciando en el seno de una civilizacin su decadencia, podredumbre y bajada de nivel moral. La civilizacin que abandona la naturaleza y se aleja de su matriz, la que rompe amarras con sus leyes sencillas y exigentes, esa ser una civilizacin de muerte, de extincin agnica. La agona (lucha) es una batalla por llevar hasta sus ltimas consecuencias un programa de vida incompatible con la Tierra y con la sencillez esencial de la vida. La Roma tarda, ya infectada de cristianismo, el Egipto helenizado de los Ptolomeos, el suburbio parisino, madrileo, o neoyorquino... Todos estos son escenarios no ya de un rico multiculturalismo, sino de la decadencia. La decadencia se nos quiere disimular con la palabra multiculturalidad, palabra vaca y que apenas tapa las vergenzas de la agnica existencia de civilizaciones (la capitalista, la islmica, la oriental), que se dan la espalda. La mezcla autntica aqu y ahora slo podr alcanzarse por la va de la completa desintegracin de cada una de las unidades a entrelazar. El dilogo de civilizaciones solo puede darse a muy otro nivel, al nivel de una evolucin convergente de las propias unidades civilizatorias, hacia una existencia civilizada compartida, un desarrollo que parte de las propias races de cada una pero que incorpore una clusula de convivencia planetaria, la clusula del tener en cuenta a los otros, a los diferentes. El multiculturalismo como ideologa desprende un tufo marcadamente mgico, cueviforme (Spengler) e irenista. Debemos preguntarnos, como sujetos que analizan siempre sospechando: quin promueve este nuevo mito? Lo promueven los que esconden su proyecto capitalista tardo de convertir al africano, al oriental al magreb, al sudamericano... en un consumidor potencialmente tan bueno como ya lo es el consumidor caucsico o el japons. Si el capital no tiene nacionalidad, el consumidor no debe tener religin, color de piel, rostro. O mejor dicho, si posee todas esas cualidades a pesar de todo, el Capital actual debe ser ciego a ellas. Y debe serlo, adems, de acuerdo con su propia lgica formalista. La nica integracin que conoce el Capital es la de hacer de los seres humanos, ora unos productores, ora unos consumidores. A travs de la va de conversin forzada en productores desposedos (desposedos incluso de su humanidad), incorpor el Rgimen de Capital a millones de seres racionales, a travs de la esclavitud, del saqueo, por la va de la proletarizacin forzada de naciones enteras en la fase de la Acumulacin Originaria... Hace varios siglos que el Capitalismo nos est ofreciendo muestras de su proyecto de Multiculturalismo, vale decir, de desintegracin de culturas y de sacrificio de vidas y races. El 80 % de la poblacin mundial ya malvive hoy en un estado de desintegracin social, reducida a mera masa de partculas corpreas disponibles para el Capital. A esto lo llaman Progreso.

La miseria moral de los nuevos misioneros del Progreso consiste en que son patronos explotadores y esbirros acadmicos y polticos pagados por estos patronos. Quin propaga esta buena nueva? Si los detectis, ya sabris qu hacer con sus santurronas intenciones. La pedagoga multicultural, el apostolado del Progreso Indefinido, todo ello conforma de una forma cada vez ms palpableconforma, decimos, la traduccin directa de ese proyecto integrador del Capital, ab initio fracasado, proyecto genocida desde hace siglos y necesariamente polarizador. En el mbito formal y en el de las superestructuras, el individualismo burgus slo quiere reconocer entidades corpreas discretas (el individuo, ese fantasma creado por la imaginacin dieciochesca, la mentalidad robinsoniana). Pero, en realidad, a la hora de suministrar esclavos a la maquinaria explotadora, los seres humanos aparecen en el mundo ya marcados tnicamente, y por tanto tarifados en cuando al grado de explotacin posible y el grado de resistencia colectiva a la esclavitud digna de previsin.

El proyecto moderno consisti en domear la naturaleza. La tradicin judeocristiana que hablaba, en el libro del Gnesis, de un sometimiento de la naturaleza fue el punto de arranque de esta civilizacin. Cuando Bacon dijo que la violacin o vejacin de la naturaleza era el modo adecuado de hacerla hablar y convertirla en instrumento para servir al hombre en pro del adelanto humano y de su ciencia, debi sentirse plenamente inserto en esta tradicin. Pero Horkheimer establece un enfoque dialctico, y nos dice: la naturaleza se venga. No puede por menos de darse esta revancha por cuanto que el hombre es naturaleza y es civilizacin, y tambin es el resultado dialctico del conflicto entre naturaleza y civilizacin. En su naturaleza cuenta con todo el equipaje de instintos plenamente animales y brutales en su origen, pero tambin en su actualizacin. Y por lo que hace a la civilizacin, esta consiste en el duro proceso de torturas que, ontogenticamente, sufre la criatura humana para adaptarse a la instancia civilizadora, llmese primero Padre, despus, llmese Estado, xito social o Adaptacin al entorno. En el seno mismo de una criatura hbrida como es el hombre, se dar la propia venganza de la naturaleza, que cargar con contenidos de odio y afn destructor los esfuerzos mprobos por haber sido sujeto civilizado, y un hombre razonable y adaptado, por poseer un super-ego, en definitiva. Y una civilizacin, como es Occidente, poblada de yoes resentidos, centros todos de acumulacin de odios y violencias, tan slo ser capaz de sostener una costra aparentemente impoluta y formalizada, mientras que por debajo se agitarn serpientes y leones muy fieros. La costra, esa superestructura de leyes y derechos humanos, ese cargamento de razones formalizadas, deviene, da a da, en estorbo cosificado para la descarga mortfera de golpes efectivos contra lo otro, contra enemigos no siempre reales del todo, por cuanto que son mmesis, en trminos de Horkheimer, del enemigo que llevamos dentro. La proyeccin hacia el otro de nuestros propios demonios exige de las razones formalizadas su conversin en piedras en derribo. Alternativamente, los viejos monumentos jurdicos, ticos, polticos y filosficos habrn de ser vistos como tales monumentos y museos tiempo ha dejaron de estar activos y tambin, llegados al extremo, en el punto omega de su proceso degradante de formalizacin, en olvido de su razn de ser tanto como de las luchas heroicas que implicaron su levantamiento fundante.

El monumento de la Democracia, y todas las Cartas Magnas del orbe civilizado, las solemnes Declaraciones de Derechos Humanos, as como toda la retahla de resoluciones de la O.N.U. ya son razones formalizadas y homenajes a esos viejos monumentos en el instante mismo en que se formula, en violenta disonancia con el mundo real.

Mas, por otro lado, la propia realidad, que ya es progresivamente realidad econmico-tcnica, se torna impulsiva y salvaje como venganza de su ultraplanificacin, y por ende, se naturaliza. Las palabras, da a da cada vez ms hueras, los trminos que invocan las almas bienintencionadas, ya sea en la poltica, la caridad organizada o en la educacin, se estrellan contra el mundo salvaje de las guerras ilegales, las ejecuciones sumarsimas e incluso el canibalismo, la violacin organizada de mujeres y la trata de nios para la prostitucin y la extraccin de rganos. Parecidos horrores conoci el mundo en el pasado, pero menos hipcrita era la manera de gestionarlos y digerirlos en los reductos de la sociedad que se deca a s misma civilizada. Slo con el declive de la mentalidad colonial, pudo el europeo percatarse del doble rasero con que se meda su civilidad. Slo con las atrocidades de los nazis, y la liberacin del ms salvaje impulso dentro de la costra de la vieja Europa, pudo el viejo Europeo empezar a comprender que el otro, a quien era fcil reducir a mera Naturaleza, tambin poda ser el vecino de al lado, y compartir su mismo color de piel. La guerra de todos contra todos, resucitada hoy bajo los nuevos mtodos de terrorismo global y potenciada con el fenmeno de inmigracin de gentes excolonizadas hacia la metrpoli, ha levantado muchas barreras psquicas, y dentro de ellas, ha liberado temores instintivos, pero no as las murallas estrictamente policiales y econmicas, esto es, las coercitivas. La proteccin de altos niveles de vida liberar, sin duda, viejos impulsos mimticos. Una nueva Reconquista en Espaa, o la defensa de los Valores Cristianos en la Unin Europea, impulsos muy calientes y protofascistas, tendrn que coexistir con las ms fras razones formalizadas que invocarn el multicultualismo desde todas las instancias oficiales, instituyndose premios y gracias, incluso, a quienes deseen acoger a los otros en su casa, como sntoma de civismo.

Pero la costra institucional lleva aos, siglos, pudrindose. Por debajo suyo, no son sino las ms fieras leyes de la selva las que nutren con sus riegos de sangre y sudor, a tan reseca y enteca superestructura. Todo jugo de que viven ejrcitos de funcionarios e intelectuales orgnicos toma su vida, a la postre, del juego econmico con el que las empresas capitanas de la industria y el comercio hacen bailar a tantos instintos. Millones de centros de autoconservacin y resentimiento, centros que han aprendido a decir yo. Y es que la civilizacin slo muy superficialmente es tal, como un espejo deformado que refleja la masa de instintos primitivos. Europa misma, y por extensin, Occidente, ya ha dejado de sentirse a gusto en casa y es sabedora de la criminalidad caverncola que habita entre sus propios muros y en el seno de sus mismos hijos barnizados y pulidos. Si esa masa que aspira a emerger y vengarse de la educacin represiva que ha recibido, se entremezcla adems con extraos contingentes de seres aliengenas que son percibidos por los nativos como gente sucia, pobre, oscura y fantica, cmo podrn las propias naturalezas reprimidas soportar la trivialidad de sus vidas? Trivialidad que tan slo a costa de una venenosa sumisin a la propaganda y al esfuerzo laboral capitalista se cree capaz de orillar en los propios metropolitanos su misma suciedad, pobreza, oscuridad y fanatismo.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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