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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-03-2012

Reporteros "de guerra": la verdad incmoda

Robert Fisk
The Independent


Se necesit mucho valor para entrar en Homs; Sky News, luego la BBC, luego unos cuantos hombres y mujeres valientes que fueron a contar al mundo las angustias de la ciudad, mismas que, al menos en dos casos, ellos sufrieron en carne propia. Sin embargo, apenas esta semana pude reflexionar en lo bien que llegamos a conocer el nombre del indomable fotgrafo britnico herido, Paulo Conroy, y en cambio qu poco sabemos de los 13 voluntarios sirios que al parecer fueron abatidos por francotiradores y proyectiles cuando iban a rescatarlo. No es culpa de Conroy, por supuesto. Pero me pregunto si conocamos los nombres de esos mrtires, o si siquiera intentamos descubrirlos.

Hay un tinte ligeramente colonialista en todo esto. Nos hemos acostumbrado tanto al desenfadado herosmo de la versin cinematogrfica de los corresponsales de guerra, que de algn modo se han vuelto ms importantes que las personas de las que informan. Se supone que Hemingway liber a Pars o por lo menos el bar de Harry, pero, habr un solo lector que recuerde el nombre de un francs que haya muerto liberando a Pars? Recuerdo a mi intrpido colega de la televisin Terry Lloyd, muerto por los estadunidenses en Irak en 2003, pero, quin puede nombrar a uno del cuarto de milln de iraques muertos a consecuencia de la invasin (aparte de Saddam Hussein, claro)? El corresponsal de Al Jazeera en Bagdad fue abatido por un ataque estadunidense a la capital iraqu ese mismo ao. Pero, levante la mano el que recuerde su nombre. Respuesta: Tareq Ayoub. Era palestino; yo estuve con l el da anterior.

La chamarra antibalas se ha vuelto el smbolo de casi todo reportero de televisin en una guerra. No tengo nada contra esas chamarras; en Bosnia us una. Pero cada vez me incomodan ms esos reporteros en sus trajes espaciales azules, parados en medio de las vctimas de la guerra a las que entrevistan y que no gozan de tal proteccin. S que las aseguradoras insisten en que los corresponsales y tcnicos lleven esos atuendos, pero en las calles se da una impresin distinta: que de alguna manera las vidas de los reporteros de Occidente son ms preciosas, ms meritorias, tienen ms valor intrnseco que las de los civiles extranjeros que sufren a su alrededor. Hace aos, durante una batalla en Beirut, un periodista de televisin que llevaba uno de esos envoltorios de acero de 60 kilos me pidi que me pusiera uno mientras me entrevistaba. Me negu, as que no hubo entrevista.

Un fenmeno igualmente incmodo apareci hace 15 aos. Cmo soportan los reporteros la guerra? Deben recibir consejo profesional por sus terribles experiencias? Deben buscar un cierre? La Press Gazette me pidi un comentario; declin la peticin. El artculo que publicaron volva una y otra vez sobre los traumas que sufren los periodistas, y luego daba a entender que los que desechan la ayuda sicolgica son alcohlicos. O perorata sicolgica o botella de ginebra, no haba de otra. La terrible verdad, desde luego, es que los periodistas pueden volar a casa si las cosas se ponen rudas, en primera clase, con un vaso de vino espumoso en la mano. La pobre gente sin chaleco que dejan detrs con pasaporte de parias, sin visas extranjeras, tratando desesperadamente de evitar que el bao de sangre salpique a sus vulnerables familias es la que necesita ayuda.

El romanticismo asociado a los reporteros de guerra qued en evidencia en el preludio a la guerra del Golfo, en 1991. Toda suerte de periodistas extranjeros llegaron a Arabia Saudita con arreos militares. Un estadunidense hasta llevaba botas camufladas con hojas pintadas, aunque basta una ojeada al desierto para darse cuenta de la ausencia de rboles. Extraamente, descubr que en la soledad del desierto real muchos soldados de verdad, en especial infantes de marina estadunidenses, escriban diarios de sus experiencias y hasta me los ofrecan para publicarlos. Los reporteros, al parecer, queran ser soldados, y los soldados queran queran ser reporteros.

Esta curiosa simbiosis queda de manifiesto cuando los reporteros de guerra hablan de su experiencia de combate. Hace tres aos, en una universidad estadunidense, tuve el placer de escuchar a tres veteranos de la guerra en Irak y Afganistn imprecar a un periodista que us esa frase espantosa. Disculpe, seor le dijo uno con cortesa, usted no ha tenido experiencia de combate; usted tuvo exposicin al combate. No es lo mismo. El veterano entenda el poder del desdn sereno: no tena piernas.

Todos hemos sido vctimas de esos reporteros que claman Observ con horror / Proyectiles que pasaban chirriando / Me detuvo el fuego de proyectiles-ametralladoras-francotiradores. Sospecho que recurr a eso all en Irlanda del Norte, a principios de los aos 70. Sin duda lo hice en el sur de Lbano a finales de esa dcada. Me da vergenza.

Si bien damos testimonio personal de la guerra frase que tambin me causa incomodidad, esa especie de Diario del Muchacho Valiente es un signo de fanfarronera. James Cameron lo capt bien en la guerra de Corea. Cuando iba a desembarcar con las tropas estadunidenses en Inchon, not en medio de todo, si tal cosa es concebible, un bote vagabundo marcado con grandes letras, PRENSA, lleno de corresponsales agitados y belicosos, que intentbamos pasar por muy resueltos al descender en la Ola Uno, mientras tratbamos desesperadamente de discurrir algn mtodo honorable de escurrirnos a la Ola 50.

Y quin puede olvidar las palabras de la periodista israel Amira Haas, reportera de Haaretz en Cisjordania ocupada, a quien cito a menudo. Ella me dijo en Jerusaln que el trabajo del corresponsal extranjero no es ser el primer testigo de la historia (mi propia deplorable definicin), sino vigilar a los centros de poder, en especial cuando van a la guerra, y sobre todo si intentan hacerlo con base en un montn de mentiras.

S, todo el honor a quienes reportaron desde Homs. Pero aqu va una idea: cuando los israeles desencadenaron su cruel bombardeo de Gaza, en 2008, prohibieron a todos los reporteros entrar en el teatro de guerra, tal como los sirios intentaron hacer en Homs. Y los israeles tuvieron mucho ms xito en evitar que nosotros los occidentales viramos el bao de sangre.

Las fuerzas de Hamas y el Ejrcito Sirio Libre en Homs tienen mucho en comn: los dos eran cada vez ms islamitas, los dos se enfrentaron a un poder de fuego superior, los dos perdieron la batalla, pero fueron los reporteros palestinos quienes quedaron para cubrir el sufrimiento de su pueblo. Hicieron un trabajo esplndido. Curioso, sin embargo, que las salas de prensa en Londres y Washington no mostraron el mismo entusiasmo para meter a su gente en Gaza que en Homs. Es slo una idea. Muy triste, por cierto.

Traduccin de Jorge Anaya para la La Jornada

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2012/03/04/opinion/027a1mun



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