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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-03-2012

Los lmites menguantes del Imperio

Alberto Piris
Repblica.com


Tras la desintegracin del Pacto de Varsovia y de la URSS, EE.UU. se erigi como la nica superpotencia imperial del planeta. Su poder militar era insuperable, capaz de derrotar a cualquier coalicin que pretendiera desafiar su hegemona; una red de bases militares abarcaba el planeta y la carrera de armamentos de tierra, mar, aire y espacio exterior, en la que se haba empeado con Mosc, haba obligado al enemigo sovitico a darse por vencido. El dlar era la moneda universal, la palanca definitiva con la que EE.UU. mova a su antojo el mundo econmico y financiero. Su poltica exterior impona la ley: los aliados de Washington acataban, con ms o menos entusiasmo, sus decisiones, temerosos de mostrar cualquier sntoma de rebelin que provocara el desafecto imperial. Los autcratas y tiranos dciles eran considerados amigos y conservaban el poder mientras no actuasen por su cuenta; por el contrario, los Gobiernos que no gozaban de la estima de Washington, fueran o no democrticos, haban de afrontar serias dificultades y, a la larga, tenan sus das contados.

El imaginario dividendo de la paz, es decir, los recursos que concluida la guerra fra quedaran libres para otras aplicaciones en beneficio general de la humanidad, no pas de ser eso: imaginario. La dinmica imperial requera otro enemigo para que sus resortes (militares, industriales, diplomticos, etc.) siguieran activos. As que no hubo tal dividendo, sino una reconfiguracin del sistema amigos-enemigos. La militarizacin de la poltica exterior de EE.UU. sigui marcando el camino, y varios fracasos fueron los hitos de una ruta equivocada, cuando no obcecada, elegida por los neocons que reinaban en Washington. Los atentados del 11-S marcaron el inicio de la paranoia, de la degradacin de la libertad y los derechos humanos en aras de una supuesta seguridad frente al terror.

En esas estamos ahora, cuando el actual presidente de EE.UU., premio Nobel de la Paz sin haber hecho apenas nada para merecerlo, est poniendo al mundo al borde de la catstrofe, si merecen crdito las palabras que pronunci el pasado domingo ante la ms poderosa organizacin proisrael de EE.UU., el Comit Amrica-Israel de Asuntos Pblicos (Aipac, en siglas inglesas): Estamos proporcionando a Israel la tecnologa ms avanzada y los productos y sistemas que solo damos a nuestros amigos y aliados ms prximos. Que nadie se confunda: haremos lo que sea preciso para mantener la ventaja militar israel, porque Israel debe tener la capacidad de defenderse por s mismo frente a cualquier enemigo. Y para dejar ms claro el asunto, declar: El programa nuclear iran es una amenaza capaz de unir la peor retrica sobre la destruccin de Israel y las armas ms peligrosas del mundo. Un Irn con armas nucleares se opone totalmente a los intereses de seguridad de Israel, pero tambin a los de EE.UU.. No hace falta decir ms.

De ese modo, Obama compromete la libertad de decisin de EE.UU. al dejar en manos del Gobierno israel la iniciativa para atacar a Irn, sabiendo que el poder militar del Imperio estar a su lado cuando lo haga. Y esto, aunque incurra en lo que Seumas Milne, el escritor y periodista britnico, escriba en The Guardian Weekly (2-3-12): Atacar a Irn sera una estupidez. No solo una estupidez: sera tambin un error de efectos imprevisibles a corto plazo, dada la evidente arbitrariedad de la agresin. El hecho concreto es que Irn est rodeado de bases y tropas de EE.UU. y de pases con armas nucleares (desde Israel a Pakistn), y es amenazado con un ataque demoledor, solo por el temor de que en un futuro impreciso podra llegar a poseer las mismas armas que otros pases tienen hace ya tiempo, empezando por el presumible agresor: Israel.

Aun en el caso de que una cuidadosa y limitada eleccin de los objetivos a destruir evitara que la guerra se propagase por todo el Oriente Medio, solo se retrasara en unos aos el desarrollo de la industria nuclear iran, pero el rgimen de Tehern saldra reforzado ante una agresin exterior tan claramente injusta, con lo que, tarde o temprano, se volvera a la situacin inicial.

Se ha avanzado tanto en la guerra verbal, que al peligro ya existente hay que aadir ahora el aspecto psicolgico de la sensacin de fracaso que se suele producir cuando los hechos no siguen a las palabras. No sera la primera vez en la Historia en que el cruce de amenazas y acciones hostiles previas conduce a una espiral sin retorno donde la guerra es inevitable.

Mejor acreditara Obama su ttulo de premio Nobel de la Paz si, en vez de contribuir a aumentar la tensin en Oriente Medio con su acatamiento de lo que decida en Jerusaln un Gobierno aquejado de paranoia sobre su seguridad, impulsara los deseables esfuerzos para crear en esta regin una nueva zona libre de armas nucleares, como en Sudamrica o El Caribe. Contribuira con ello a reducir tensiones y a alejar los motivos para nuevas guerras. Tambin frenara la degradacin de un Imperio que, ansioso por acrecentar su influencia, se encuentra cada vez ms encerrado en unos lmites que su desacertada poltica exterior contribuye a estrechar, con lo que abre unos espacios que las potencias emergentes, encabezadas por China, pugnarn por ocupar, a la espera de alcanzar los primeros escalones del futuro ordenamiento planetario.

Fuente: http://www.republica.com/2012/03/08/los-limites-menguantes-del-imperio_462271/



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