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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-03-2012

Crtica de esa especie de nostalgia que confunde a nuestros compaeros ms queridos
Hace mucho ya que la Unin Sovitica no existe!

Javier Mestre
Rebelin


Que nadie se me lo tome a mal, pero hablar hoy en da de un bloque antiimperialista es un mito tan falso como injusto para con la clase obrera de buena parte del mundo. No tenemos Unin Sovitica, pero algunos parecen no querer aceptar que somos dbiles. Cuando tenamos URSS, quizs ramos ms fuertes, pero con frecuencia no fuimos justos y, por aferrarnos a la ilusin de que ramos muy poderosos, aceptamos demasiados errores y no pocos crmenes. Hoy no hay Unin Sovitica y parece que muchos compaeros comunistas se empean en encontrarla en otro lado, en Rusia, en Irn, en China... como para no sentirse del todo desamparados, supongo yo, como si el poder fuera un argumento principal, por encima de la razn en marcha, citando la sabia estrofa de la Internacional.

Aunque Vladimir Putin reinstaurara en Rusia el himno sovitico, aunque siga emitiendo encendidos discursos de denuncia del imperialismo que con frecuencia aluden con cierta nostalgia a los viejos tiempos soviticos, en realidad representa, como bien denuncia el Partido Comunista de la Federacin Rusa, el poder oligrquico de una mafia capitalista que mantiene en la miseria y la opresin a la clase obrera de su inmenso pas. Es el cabecilla de una caterva de ricachones horteras y criminales, producto de la liquidacin brutal del socialismo sovitico. Puede que sea un problema para Estados Unidos y su imperio, pero tambin lo es para su propia poblacin. Los rusos, hoy, conocen el paro y la esclavitud, la corrupcin como regla bsica del funcionamiento social y la violencia sistemtica como respaldo permanente de la injusticia extrema. Conviven en la Rusia actual el derroche ms escandaloso, el lavado de dinero y el control oligrquico de la poltica con la miseria rampante, la caresta de productos bsicos, el trabajo infantil, la mendicidad y la hipotermia por pobreza. Aunque la Rusia de Putin sea aliada preferente de la Revolucin Bolivariana y apoyo para la Cuba socialista, no debemos olvidar que sus magnates son tan enemigos nuestros como nuestros propios explotadores. Si no lo consideramos as, estaremos cometiendo un grave error: cambiar la necesidad de justicia universal, cambiar el espritu de La Internacional por una ilusin peregrina de que no estamos solos. No podemos traicionar a los trabajadores rusos apoyando a sus explotadores, aunque nuestros compaeros latinoamericanos no tengan ms remedio que apoyarse en ellos. No debemos olvidar nunca con quin se pacta; Lenin ya nos ense que hay que llegar a acuerdos con quien sea necesario, pero eso no tiene nada que ver con la amistad o la confianza.

Una lectura muy recomendable para entender de qu hablamos cuando hablamos de Irn es el cmic Persepolis, de la iran Marjane Satrapi. La revolucin iran fue tambin patrimonio de la izquierda, pero fue secuestrada por los ayatolas, que se dedicaron a asesinar, torturar y encarcelar a los revolucionarios comunistas, demcratas de izquierdas o sencillamente laicos. Roza el patetismo el encono con el que la elite islamista impone las supuestas costumbres islmicas a la poblacin civil. En Irn, la vida cotidiana de la clase trabajadora combina los salarios de mierda con el machismo extremo y el miedo a que los guardianes de la revolucin te den una paliza, te obliguen a un oneroso soborno o te metan en la crcel por no guardar suficientemente una ortodoxia tan castrante como inventada. O te castiguen brutalmente por ser infiel a tu marido, u homosexual. Cuando algn compaero de buena voluntad pero sin duda mal informado defiende la ignominia que sufre Irn, apoyndose en el relativismo cultural y tachndome de eurocentrista, me salen ronchas. Se puede comprender que Cuba y Venezuela lleguen a acuerdos con Irn frente a un enemigo comn, pero eso no implica ninguna necesidad de hacer apologa de un rgimen brutal y trasnochado. Los iranes tienen tanto derecho como cualquiera a creer en lo que quieran, acostarse con quien les d la gana, vestir como les parezca, escuchar la msica que deseen, tener un trabajo digno... y las mujeres iranes tienen los mismos derechos que cualquiera, no son idiotas ni taradas, y no podemos negar esto porque Ahmadineyad sea amigo de Hugo Chvez, por mucho que uno admire, de verdad, a este ltimo.

Y China? No cabe en el espacio de este artculo la denuncia del capitalismo chino. Explotacin sin freno de campesinos desterrados, nios en las fbricas, desastres medioambientales, represin brutal de las demandas de justicia en el entorno rural saqueado por una nueva elite capitalista que vive en simbiosis con un estado opaco y autoritario que hered lo peor del maosmo y lo combin, como muestra de manera irrebatible Naomi Klein en La doctrina del caos, con la ortodoxia neoliberal bajo el asesoramiento del mismsimo Milton Fiedman. China se ha convertido en un modelo de desarrollismo descontrolado e injusticia social. Aunque en su puja de intereses se est enfrentando permanentemente al bloque gringo, y en ese contexto se haya convertido en un aliado til de nuestra gente en Latinoamrica, es absurdo querer sostener ese matrimonio de conveniencia con una hipcrita defensa de un modelo nada modlico de transicin... al capitalismo de la peor especie.


As que estamos solos...

Solos con la razn, solos con toda la Historia por delante (y por detrs, me temo). Tenemos que poder conversar sin pelearnos ms, hay que discutir y ponerse de acuerdo; el ataque de las clases dominantes as lo exige y no hay geopoltica que nos sostenga y sustituya nuestra responsabilidad de unirnos y actuar. Slo contamos con las fuerzas que seamos capaces de congregar. No podemos aferrarnos a un falso bloque y, en su nombre, justificar lo injustificable, renunciar a los principios ms elementales de nuestras reivindicaciones. No podemos mentirnos ni mentir para apoyarnos en poderes que antes o despus se han de tornar nuestros enemigos por razones obvias. No podemos aplicar dobles raseros a cuenta de convertirnos en incondicionales de los intereses geopolticos de quienes ostentan, en este momento, algunas de las pocas alternativas de poder global ante el imperialismo.

Y del mismo modo que debemos renunciar a la apologa sistemtica de apoyos tan de circunstancias como vergonzantes, no podemos ningunear la rebelin de cualquier pueblo contra una de esas dictaduras amigas, por el hecho evidente de que el imperialismo intente instrumentalizarla. El enemigo de mi enemigo no tiene por qu ser mi amigo, lo puede ser slo en determinado contexto, pero a la espalda, las espadas en alto. Y por encima, el derecho de todos los pueblos, sin excepcin, a encontrar los caminos de su liberacin.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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