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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-03-2012

El Movimiento 20 de febrero, sus enemigos y la nueva coalicin gubernamental

Mohamed Larbi Ben Othmane
Aish


La tradicin ensea que tener enemigos no es necesariamente negativo. Los enemigos pueden estar motivados por la ignorancia, el temor, la envidia o quin sabe qu otro miedo o desconfianza. El movimiento 20 de Febrero no escapa a la regla. Sus enemigos temen su xito y su movilizacin, que amenazan con sacudirlos. Adems, tienen razn de temerlo, puesto que ha probado que no es marginal y que va a durar mucho tiempo. Desde su aparicin, el movimiento no ha tenido, en efecto, slo amigos, por ms que esos amigos sean numerosos y se multipliquen da tras da. El movimiento no ha nacido para desaparecer sin dejar huellas. El futuro est en sus genes. El cambio que lo estimula le es determinante.

Estos enemigos son de todo tipo. Y sera forzosamente trabajoso recapitular su nmero y categoras. Entre ellos se cuentan los conservadores y quienes sostienen el statu quo poltico, quienes no pretenden ms que un lugar personal a la sombra del poder, quienes quieren hacer carrera y no buscan sino vender sus almas al mejor postor, los proclives a la obediencia en la esperanza de ser a su vez obedecidos un da, aquellos a los que la libertad individual no puede llevar a la satisfaccin de sus ambiciones, quienes se afilian a partidos polticos porque consideran que son oficinas de colocacin o ascensores, quienes por celo o por perversidad disfrutan moliendo a quienes les caen entre las manos, quienes han recibido como misin hacer fracasar al movimiento... En suma, muchos enemigos. Peor aun, desde la aparicin del movimiento 20 de Febrero, tienen un aire colrico y no parecen ver venir los vientos irresistibles del cambio que, sin embargo, se anuncia. Se empean en creer que Marruecos es una excepcin frente a las perturbaciones que sacuden el mundo. Sin embargo, el mundo entero est hoy afectado. Ya no se puede ser, hoy, permeable a Oriente y a Occidente solo cuando se mima su estilo de consumo, sus modas y sus modelos, y ser una excepcin cuando incluso sus pueblos se indignan y se levantan. La permeabilidad no es tan selectiva. Tnez es una nacin demasiado cercana como para dejarnos indiferentes; Egipto vive entre nuestras propias paredes cada da a travs de los medios; Libia muestra que quienes eran errneamente considerados los ltimos de la clase han podido emanciparse; Siria, percibida como el sistema con ms seguros, est a punto de caer; Yemen ha rechazado sus anacronismos... Cuntos ms ejemplos de sobresaltos, de reivindicaciones, de dignidad, de libertad, de soberana popular y de verdadera democracia hacen falta para que estos refractarios al cambio se den cuenta de que el movimiento marroqu del 20 de Febrero, como otros movimientos, no es pasajero y no hace sino comenzar? Las revueltas de estos pases dan el ejemplo, como otros lo haban proporcionado, de otra forma, en el tiempo de las Independencias. En aquella poca Marruecos habra cogido el tren en marcha. Quienes se esconden detrs de sus propias manos tratando de convencerse de que el pueblo aqu est fuera del tiempo, se engaan haciando como que no ven lo que pasa en el mundo. Que a Marruecos no le concierne. En realidad, se dan buena cuenta, pero o estn paralizados o, peor aun, creen que la rama podrida a la que se sujetan va a mantenerse contra viento y marea. La tan trada y llevada reforma de la Constitucin otorgada es una visible demostracin. Hoy, dejando aparte de quienes siguen perdidos o quienes se ven limitados por la ignorancia o por una indigencia perdonable, la adhesin al sistema majzeniano agrupa a estos enemigos en dos masas que se dividen y reencuentran. Estn los que aun no han llegado a su objetivo pero saben que nunca sern gran cosa fuera de la bendicin del sistema. Una suerte de ambiciones a la espera. Los otros, colocados ya pero aun ambiciosos a la caza de un buen impulso para satisfacer sus aspiraciones personales. Tambin ellos siguen creyendo que no llegarn a nada sin someterse de manera permanente. La primera categora, de modo totalmente lgico, est destinada a alimentar a la segunda. Es la ley. Los marroques dicen: cuando una cosa se entiende, no hay por qu repetirla. En efecto, si el movimiento 20 de Febrero obtiene lo que pide, es decir, la democracia y el gobierno transparente, ser todo el sistema majzeniano de gestin de personas y de bienes el que se ver puesto en cuestin y llamado a retirarse. Es, en consecuencia, normal que este movimiento sea combatido por estos individuos y categoras. Es normal que, como ha ocurrido tambin en otros lugares, estos llamen adems a la defensa del sistema vigente y su legitimidad. Lo raro sera que no combatieran un movimiento que llama al cambio. Sin embargo, su combate es pattico. El mundo entero se lo demuestra cada da. Se miren como se miren, todos los acontecimientos sucedidos en el curso de los ltimos meses (el ridculo fracaso de los escenarios imaginados por los activistas polticos del Poder para concitar una mayora conducida por una marioneta, la revisin constitucional, las elecciones legislativas anticipadas...) son fruto de las movilizaciones del 20 de Febrero. Quienes desde fuera del movimiento quieran atriburselas a s mismos, estn profundamente equivocados. El PJD, cabeza de la nueva coalicin gubernamental, debe estar convencido de ello. Su supervivencia poltica, como tal, depende de esta conviccin. Su carta poltica maestra, con la nueva situacin, es saber acompaar y apoyar las reivindicaciones del movimiento. De todos los actores de la escena poltica marroqu, su rival Al Adl Wa Al Ihssane es quien lo ha comprendido mejor. Ha sacado la conclusin de retirar su apoyo al movimiento 20 de Febrero. Haciendo esto y regresando a su papel de fuerza tranquila al acecho de la descomposicin del Sistema poltico vigente, piensa quitarle al PJD la posibilidad de jugar esta carta maestra. Una carta que le permitira valerse de las reivindicaciones de la sociedad civil y de la calle para negociar ciertos cambios e imponer nuevas polticas pblicas. Porque, piensa, sin un 20F fuerte y exigente, el nivel de intransigencia de la calle se debilitara. Frente al Poder, el PJD no tendra, entonces, sino que gestionar la cuestin pblica como han hecho otros partidos antes que l. El PJD perdera enseguida su credibilidad y el Sistema poltico se quedara igual que estaba. En el mejor de los casos, el PJD contribuira a consolidar, a su propia costa, el statu quo. Terrible manera de hacer poltica y preparar su futuro, por parte de Al Adl Wa Al Ihssane. Para el PJD, el error sera, entonces, en el futuro, hacer del movimiento 20F un adversario o un enemigos; sobre todo cuando este error puede evitarse. Y sobre todo cuando muchos de sus militantes y simpatizantes han estado en las primeras filas de la movilizacin de febrero y que han militado en favor de la democracia real y el verdadero cambio. El futuro estatuto del PJD se apreciar a ojos de la opinin pblica por su capacidad de llevar este asunto. Debe orientar su navo en el sentido de la Historia y acompaar las reivindicaciones del movimiento. Es su nica opcin poltica posible para darse el margen necesario de negociacin con el Poder. Es su nica solucin para obtener las concesiones necesarias para la transparencia y democratizacin de la gestin de los grandes asuntos de la nacin. Esto quiere decir claramente que el PJD no debe intentar instrumentalizar el movimiento 20 de Febrero. Al contrario, se trata de hacer de l un triunfo y un argumento para exigir y tratar de obtener esos cambios que ahora estn definitivamente inscritos entre las reivindicaciones y objetivos de la nacin. El PJD debe saber mejor que nadie que ha alcanzado el poder gracias al movimiento. Debe saber que estos objetivos se realizarn con o sin l.

Fuente: http://www.aish.es/index.php/component/content/article/336-reflexiones-marruecos/2600-el-movimiento-20-de-febrero-sus-enemigos-y-la-nueva-coalicion-gubernamental


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