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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-03-2012

El 29M contra la reforma laboral o contra el 15M?

John Brown
Rebelin


1. Casi un ao despus del inicio de un nuevo movimiento social contra el neoliberalismo en la fecha ya emblemtica del 15M, los dos sindicatos mayoritarios del Estado espaol, Comisiones Obreras y UGT, han decidido convocar una huelga general. Vale la pena recordar que esta huelga viene impulsndose en distintos sectores sociales desde hace ms de un ao. Ya con el gobierno anterior, la gestin neoliberal de la crisis se hizo sentir entre los trabajadores en trminos de deterioro de los salarios y de las condiciones de trabajo, pero tambin de adaptacin del texto de la constitucin a la hegemona del capital financiero. La constitucin formal del Estado espaol, gracias a la reforma impulsada por el PSOE y apoyada en su momento por el PP, dio oficialmente la prioridad a la deuda financiera sobre la deuda social, haciendo constitucionalmente imperativo el pago de la deuda pblica por encima de cualquier otra consideracin de inters general o de atencin a los derechos y necesidades de los ciudadanos. La reforma laboral del PP que hoy rechazan -parcialmente- los sindicatos mayoritarios es un paso ms hacia la realizacin del programa neoliberal. Despus de un siglo de conquistas sociales del movimiento obrero que introdujeron en el mbito jurdico esa anomala que se denomina contratacin colectiva , la actual reforma pretende limitar el mbito de aplicacin de esta ltima lo ms posible hasta acercar el contrato laboral (enmarcado por una contratacin colectiva) al contrato mercantil ordinario en el que se asocian las voluntades de dos personas fsicas o jurdicas cualesquiera sin tener en cuenta sus diferencias sociales. Por otra parte, la flexibilizacin del despido que introduce la nueva ley incide en el mismo sentido, liquidando la especificidad social de las relaciones empresariales y disolvindolas en las relaciones ordinarias de mercado. Los sindicatos mayoritarios, por fin, han reaccionado a esta nueva ofensiva convocando una huelga general con el objetivo de "negociar" con el gobierno "cambios" en la ley de reforma laboral, pero sin exigir la retirada o la derogacin del texto.

2. La posicin de los sindicatos es defensiva: de lo que se trata para ellos no es de conquistar o preservar un espacio de libertades y derechos para los trabajadores, sino de lograr que slo se imponga un mal menor, que la reforma sea algo menos lesiva para los intereses de los trabajadores asalariados con contrato de duracin indefinida que constituyen las bases de los grandes sindicatos. Las burocracias sindicales forman parte de los aparatos del Estado capitalista que las financia y les da rango de intelocutores vlidos. Su funcin como aparatos de Estado es ejercer un arbitraje entre los intereses de sus bases -cada vez ms exiguas- y los del capital. Su nico programa en positivo consiste en una serie de reivindicaciones utpicas y nostlgicas: pleno empleo, contratacin indefinida, Estado del bienestar basado en el trabajo etc. Su espacio poltico y mental es el del viejo compromiso fordista-keynesiano que garantiz hasta los aos 70 en los pases de la Europa democrtica -no en el nuestro, donde el franquismo slo produjo una caricatura- niveles importantes de bienestar social, de reparto de la riqueza y de presencia poltica de los trabajadores representados a travs de las grandes organizaciones de la izquierda. Hoy, queda ya bastante poco cuantitativa y cualitativamente de ese viejo compromiso que la burguesa se apresur a liquidar cuando el ascenso del nuevo movimiento obrero de finales de los 60 y principios de lo 70 ya lo haba puesto en jaque. A partir de un determinado nivel de hegemona social de los trabajadores, el fordismo y el keynesianismo haban generado, como bien explica el informe de la Comisin Trilateral sobre La crisis de la democracia (1975) unas sociedades "ingobernables" para el capital. "Ingobernables" significaba aqu que el trabajo en estas sociedades produca cada vez menos ganancia para el capital. De ah que fuera necesario un programa general de desregulacin del trabajo como el que hoy estamos viendo culminar en Europa al calor de la crisis financiera y de la explotacin terrorista de la deuda por los Estados y las distintas instancias del mando capitalista.

3. El neoliberalismo -como lo fuera en su tiempo el fascismo- constituy lo que en trminos de Antonio Gramsci se denomina una "revolucin pasiva", esto es el aprovechamiento de la energa de un movimiento revolucionario insuficientemente fuerte- como el de finales de los 60 en Europa- para provocar una ruptura del sistema, para reorganizar los mecanismos de dominacin de manera ms eficaz y logrando ciertos niveles de consenso sobre nuevas bases. Los ms de 30 aos de neoliberalismo lograron capturar a la vez la capacidad de integracin social de los asalariados propia de las burocracias polticas y sindicales -que representaban a la vieja clase obrera en el compromiso fordista- y la insurreccin contra la disciplina y la rigidez de esta misma representacin protagonizada por las franjas juveniles del proletariado y por el movimiento estudiantil. El resultado fue el tipo de sociedad y de organizacin econmica que hoy conocemos en los pases industriales y que se ha extendido progresivamente casi al conjunto del planeta: una combinacin de trabajo precario, economa cognitiva e inmaterial, cooperacin en red, multiplicacin de las formas de "empresarialidad individual" y desdibujamiento de las instancias de mando del capital, sustituidas en gran parte por los mecanismos de la finanza y de la deuda. Mercado y sociedad se confunden como un gran organismo productivo que hace de todo momento de la vida un acto de produccin para el capital. Durante casi treinta aos, la nueva configuracin de clase del proletariado ha vivido secuestrada bajo las dinmicas cruzadas de la disciplina de mercado como orden que sobredetermina la cooperacin directa en red y la representacin poltica y sindical zombi de una vieja clase obrera que ya no tena la ms mnima capacidad real de hegemona. La crisis de la izquierda guarda directamente relacin con esta circunstancia: en un contexto donde era ya imposible que la representacin de la vieja clase obrera fuese un instrumento de hegemona y donde el nuevo proletariado se haba vuelto irrepresentable, la izquierda slo poda gestionar la difcil supervivencia de un modelo de relaciones sociales abocado a la desaparicin. De este modo, la izquierda de gobierno siempre gestion el nuevo marco neoliberal intentando a partir de l mantener -desde una lgica distinta- unos derechos "fordistas" cada vez ms vacos y aplicables a cada vez menos ciudadanos. El caso lmite de esta imposible poltica socialdemcrata dentro del neoliberalismo es el de los sucesivos gobiernos de Tony Blair.

4. El resultado del proceso antes esbozado es la existencia de dos sectores claramente diferenciados en una poblacin "trabajadora" cuyos lmites de "clase" son cada vez ms indiferenciados: por un lado, la decada fortaleza exfordista/exsocialista de la izquierda poltica y sindical, y por otro la muy diversa multitud de trabajadores postfordistas. La huelga del da 29 ser no slo un pulso de los sindicatos mayoritarios al gobierno destinado a intentar preservar algo de los antiguos estatutos laborales -sin por ello cuestionar la lgica fundamental del neoliberalismo- sino tambin una competicin entre las direcciones sindicales mayoritarias y las nuevas formas de organizacin poltica de la multitud postfordista (15M, los componentes no cooptados de las distintas mareas etc.). Los sindicatos mayoritarios as lo entienden. Lo ha afirmado con rotundidad la direccin de CCOO en un documento interno que ha circulado entre las bases. En este documento con fecha de 24 de febrero de 2012 y titulado Nota informativa de la reunin de secretarios/as generales se afirma abiertamente que exite una "persistente e infantiloide campaa de deslegitimacin desde quienes se arrogan de (sic) la marca del 15M." y que "De todo ello se establece una gran conclusin: Es necesario gobernar la estrategia de rechazo a la reforma desde el sindicalismo confederal".

Esta abierta voluntad que expresan las direcciones sindicales de plantear la cuestin de la hegemona responde a la gravsima crisis de representacin abierta por el 15M y los dems movimientos sociales concomitantes. Desde el 15M, los sindicatos pueden cada vez con mayor dificultad utilizar la lgica del mal menor. El movimiento social de las nuevos sujetos del trabajo postfordista ha venido a reactualizar un planteamiento de ruptura con el sistema expresado como ruptura con el neoliberalismo o, incluso, en algunos sectores con el capitalismo como tal. El hecho de que el sector social al que pertenece la gente del 15M sea ampliamente mayoritario entre los trabajadores espaoles y europeos pone en grave peligro la legitimidad de los sindicatos. Estos han convocado la huelga del 29M por la presin de sus bases, deseosas de defender activamente sus derechos, pero tambin por la presin de las calles y plazas. Resultara sencillamente intolerable para las direcciones sindicales que el movimiento de las plazas asumiera la iniciativa de una huelga general o de una movilizacin equivalente, sobre todo en una cuestin como la de la reforma laboral y las modificaciones de la contratacin colectiva que afecta directamente a los intereses ms vitales de sus bases. Ciertamente, la nueva legislacin afecta menos al trabajador ya precario -aunque degrada sus condiciones laborales- que al trabajador tradicional con contrato indefinido y derechos reconocidos por convenio, pero el resultado de la reforma laboral sera a medio plazo una unificacin bajo la norma de la precariedad del conjunto de los trabajadores, lo cual equivaldra a la desaparicin del espacio en que los sindicatos mayoritarios tienen un papel dirigente. De ah la honda y justificada inquietud de estos ltimos, pues el desbordamiento previsible no sera momentneo sino irreversible, estratgico.

5. Es necesario introducir algunas observaciones sobre la huelga como mtodo de lucha de los trabajadores. La huelga general fue el mito fundamental del sindicalismo revolucionario. Se basa en la hiptesis formulada por Emile Pouget y los clsicos del anarcosindicalismo de que el mismo movimiento por el cual los trabajadores cesan enteramente la produccin para una sociedad dirigida por los patronos, es el que puede en el mismo instante asumir las funciones de direccin y de gestin del conjunto de la produccin. Ese modelo originario compartido por los socialistas revolucionarios y por el anarcosindicalismo tena sus limitaciones tericas y polticas como mtodo de liquidacin de la dominacin en una sociedad compleja, y fue progresivamente abandonado en la izquierda mayoritaria en favor de la representacin poltica de la clase por el partido y el Estado. La huelga general sigui existiendo como arma de clase, pero siempre separada de su objetivo inicial de destruccin del poder burgus mediante la accin directa de los trabajadores. La huelga general representaba el ltimo recurso dentro del repertorio de la defensa del valor de la fuerza de trabajo en el mercado, en lo que Gramsci llamaba la dimensin "econmico-corporativa" propia de los sindicatos en el contexto socialdemcrata o leninista. Este es el caso de la huelga general convocada por los sindicatos mayoritarios espaoles para el 29 de marzo. Su objetivo es, como siempre, arbitrar entre los intereses del capital y los de sus bases, no desafiar los principios mismos del rgimen neoliberal. Efectivamente, se buscar en vano en las plataformas reivindicativas de los sindicatos mayoritarios para la huelga del 29M la ms mnima alusin a un ms all de la perpetuacin de la relacin salarial o, en general del orden de mercado o, incluso del orden neoliberal o de la dominacin del capital financiero. Cuando las distintas formas de salario indirecto (sanidad, educacin, dems servicos pblicos) estn siendo progresivamente desmanteladas en nombre de la reduccin del gasto pblico y del pago de la deuda como deber sagrado de la nacin, la legitimidad de la deuda que justifica estos recortes es asumida por los sindicatos como algo natural. En ningn momento se plantea la necesidad de una auditora de la deuda pblica a los distintos niveles de la administracin, ni de la deuda privada "odiosa" generada de manera irresponsable por los bancos, sobre todo en el sector de la vivienda mediante los crditos hipotecarios basura. Tampoco se tiene en cuenta la necesidad imperativa para la vida en condiciones civilizadas de numerosos sectores sociales de que existan ingresos desvinculados de cualquier prestacin laboral en una sociedad que, desde hace tiempo, ha abandonado cualquier proyecto de pleno empleo y donde la mayor parte de la nueva contratacin ha sido precaria en los ltimos diez aos. Estas y otras cuestiones vitales para todos aquellos ciudadanos que ya viven en las condiciones de precariedad e intermitencia laboral que la nueva ley pretende generalizar son ignoradas en las convocatorias sindicales mayoritarias.

6. Las reivindicaciones del trabajador social, inmaterial, cognitivo, precario, afectivo, del trabajador en red, de todas las nuevas formas de trabajo postfordista tienen un enorme potencial transformador y permiten defender todos los derechos laborales que tan mal defienden los sindicatos, aadindoles una nueva generacin de derechos propios de las nuevas formas de trabajo. Entre estos derechos debe contarse la renta bsica independiente de cualquier prestacin laboral presente o pasada, el derecho a la vivienda y la prohibicin del desahucio de personas insolventes, la anulacin de deudas odiosas como las generadas por las hipotecas basura , y toda una serie de reivindicaciones que no guardan relacin con el trabajo individual asalariado sino con el trabajo social de produccin y reproduccin de formas de vida productivas. Al mismo tiempo, debido a las formas de vida y de produccin especficas del postfordismo, las nuevas figuras plurales del proletariado, slo pueden articular modalidades de lucha que ocupen el conjunto del espacio social. Ya no es posible una huelga en determinados sectores que se consideran como los nicos sectores productivos. Hoy la huelga es interrupcin de los flujos de circulacin de personas y de mercancas organizados por el capital, en favor de nuevos flujos con otros sentidos, de ocupaciones de todo tipo de espacios: lo que los compaeros italianos denominan con acierto "huelga metropolitana". Una huelga que abarca todo el tejido urbano, todos los espacios de vida de las grandes urbes y de sus ramificaciones territoriales "rurales". Hoy todo espacio y cualquier espacio es productivo. Por ello mismo, la huelga general vuelve a tener -como en el perodo del sindicalismo revolucionario- una dimensin poltica que supera el marco "econmico-corporativo".

La articulacin de una huelga clsica como la organizada por los sindicatos mayoritarios y sus afiliados con una nueva edicin ampliada del 15M puede tener efectos imprevisibles. Para conseguir que estos efectos sean positivos y modifiquen las correlaciones de fuerzas actuales es esencial evitar toda posicin identitaria y excluyente que intente contraponerse a la posicin identitaria que pretenden cultivar los sindicatos mayoritarios con el fin de "gobernar" el 15M. Los sindicatos oficialistas deben verse desbordados y hegemonizados por la nueva lgica democrtica de la multitud desplegada desde hace un ao en las calles y plazas. Ms vale comprender las causas que determinan la actuacin de los aparatos y direcciones sindicales que dedicarse a descalificar como "traidores" a los dirigentes ms destacados. No porque no lo sean, sino porque el que lo sean no es la causa de la situacin actual de impotencia y degeneracin en que se encuentra el movimiento obrero tradicional, sino uno de sus efectos.

Blog del autor: http://iohannesmaurus.blogspot.com/2012/03/el-29m-contra-la-reforma-laboral-o.html

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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