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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-03-2012

En Europa, la crisis se llama euro

Juan Francisco Martn Seco
Repblica


En una entrevista concedida al semanario Der Spiegel, el ministro del Interior alemn, Hans- Peter Friedrich, sostiene que la posibilidad de Grecia para regenerarse y ser ms competitiva es ciertamente mayor fuera de la Unin Monetaria. Lo relevante de tales declaraciones es que se trata de la primera vez que un mandatario europeo asume pblicamente que un pas puede tener mejores perspectivas econmicas fuera de la Eurozona que dentro de ella. No le falta razn al ministro, aunque solo sea porque dentro del euro a Grecia le va a resultar imposible la recuperacin. Antes o despus, se va a ver obligada a abandonar la Unin Monetaria, y cuanto ms tarde lo haga en peores condiciones se encontrar y mayor coste le supondr adaptarse a las nuevas circunstancias.

La pregunta que surge es si el problema radica exclusivamente en Grecia o si abarca a toda la Eurozona, y si no se vern obligados a abandonar la moneda nica poco a poco todos los pases. Hay que pensar que incluso Francia, si se quedase sola junto con Alemania, comenzara a tener graves dificultades para mantener la misma divisa y el mismo tipo de cambio que el pas germnico.

Lo ms grave de la situacin actual es que a estas alturas continuamos errando en el diagnstico. Seguimos pensando que el problema reside en la prodigalidad de Grecia y de otros pases perifricos o que la causante de esta situacin es la crisis importada de EEUU, o incluso la poltica suicida de ajustes impuesta por Alemania al resto de los pases. Todos estos factores pueden ser reales y es posible que hayan contribuido a aumentar el laberinto en el que se encuentra la Eurozona, pero ninguno de ellos es la causa ltima. El fondo del asunto se encuentra en las contradicciones del proyecto y en la inviabilidad de una unin monetaria sin verdadera unin fiscal, a la que Alemania no estar dispuesta nunca porque toda unin fiscal, por poco progresiva que sea, conduce a fuertes flujos de recursos de las regiones ms opulentas a las menos favorecidas. Basta con ver lo que ha ocurrido con la unificacin alemana.

En Europa, se quiera o no, la crisis se llama euro y no desaparecer hasta que la Unin Monetaria se rompa. Los polticos se niegan a aceptar que se han equivocado. Solo los enormes intereses en juego pueden ocultar el verdadero diagnstico, diagnstico que estaba claro desde el principio. Hace quince aos, en el diario El Mundo escriba yo lo siguiente en un artculo:

Haramos mal, no obstante, en pensar que a corto plazo las contradicciones del proyecto Unin Monetaria (UM) van a generar un fuerte cataclismo econmico y financiero. No es previsible, sobre todo porque las fuerzas capitalistas y empresariales estn fuertemente interesadas en el proceso. Ms bien puede suceder lo contrario: que la aparicin del euro se salude de momento con cierta euforia financiera y econmica, tal como ya est ocurriendo en estos momentos. Pero los envites econmicos se dilucidan a medio y a largo plazo, y ah s que, ineludible y progresivamente, irn surgiendo todas las incoherencias y las lacras del diseo adoptado.

Los ciudadanos europeos se irn percatando de que la idea de democracia se les escurre poco a poco entre las manos, para quedar reducida a una palabra sin contenido, y que las decisiones econmicas, aquellas que afectan fundamentalmente a sus vidas, son tomadas bien por los mercados financieros eufemismo para indicar los poderes econmicos- o bien por instituciones europeas polticamente irresponsables y sobre las que ellos no tienen ninguna influencia. Comprendern que la UM ha servido para eliminar cualquier riesgo que pudiera acechar a los dueos del dinero, alejndoles de los peligros de la inflacin o de las devaluaciones, pero a condicin de ir aumentando gradualmente los de la mayora de la poblacin, comenzando por la amenaza del desempleo o de la precariedad laboral, y terminando por las contingencias sociales, cada vez menos cubiertas por los sistemas pblicos de proteccin.
Los sistemas fiscales en un mercado nico con libre circulacin de capitales sin armonizacin fiscal y en el que, con enorme hipocresa, se admite la existencia de parasos fiscales para los que no se establece la menor sancin, irn perdiendo paulatinamente progresividad y recayendo en exclusiva sobre los trabajadores, mientras las rentas empresariales y de capital se ven exentas de toda tributacin ante el chantaje de emigrar a otros territorios dentro de la Unin ms confortables fiscalmente.


Las enormes tasas de paro actuales, lejos de reducirse, se incrementarn espoleadas por la poltica deflacionista de una institucin, el BCE, que tiene como nica misin la estabilidad de precios, y por la carrera sin fin de los Estados por tener la menor tasa de inflacin -hasta dnde?- con la que ganar competitividad y aumentar as su participacin en ese mercado nico. Ningn Estado se preocupar de agrandar la tarta, tan solo de robar un trozo de pastel al vecino. Ante una poltica monetaria comn y la imposibilidad de modificar el tipo de cambio, los salarios se transformarn en la nica variable de ajuste posible, incluso cuando el desequilibrio venga motivado por el hecho de que los empresarios pretendan obtener ms beneficios.


La dimensin exigua, casi ridcula, del presupuesto comunitario imposibilita la existencia de verdaderos mecanismos de compensacin interterritorial capaces de neutralizar los desequilibrios regionales que la moneda y el mercado nico generarn. Los actuales fondos estructurales y de cohesin son un remedo, cuantitativamente inoperantes, pero su existencia incluso se cuestiona para el futuro. Bienvenido sea el Euro, regocijmonos ahora, porque tras la euforia y el triunfalismo aparecern muy pronto los obstculos y las complicaciones. (El Mundo, 16 de marzo de 1998).

Creo que, por desgracia, estos vaticinios se van cumpliendo al pie de la letra. Clarividencia? No. Simple realismo y carencia de intereses y prejuicios. Los mandatarios europeos haran bien en cantar la palinodia, reconocer que se han equivocado y dedicarse a trazar con el mayor sigilo un plan coherente y lo menos traumtico posible para desandar el camino andado. Aferrarse a la idea de mantener como sea la UM va a tener consecuencias muy graves para todos los pases, pero en mayor medida para los perifricos que, gracias a la moneda nica, presentan graves desequilibrios y un fuerte endeudamiento.

http://www.attac.es/2012/03/12/en-europa-la-crisis-se-llama-euro/



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