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El Grup per la Recerca de la Memria Histrica cifra en 1.275 las vctimas por la represin franquista en la provincia de Castelln
La larga y abnegada batalla por la memoria histrica

Enric Llopis
Rebelin


Pocas batallas hay tan duras y abnegadas como las de las asociaciones que trabajan en la reparacin de la memoria histrica. A golpe de esfuerzo altruista y sin apenas apoyo institucional, cada pequea victoria requiere fajarse durante aos. Es la lucha, en total desequilibrio de fuerzas, contra los elementos de una superestructura institucional heredera del franquismo. Sin ir ms lejos, el gobierno de Rajoy acaba de suprimir, en el Consejo de Ministros del 2 de marzo, la Oficina de Vctimas de la Guerra Civil y la Dictadura. Un mazazo ms del que pronto habr que sobreponerse para continuar reivindicando la memoria de las vctimas.

Una de las numerosas asociaciones empeadas en que la represin franquista no quede en el olvido es el Grup per la Recerca de la Memria Histrica de Castell. Nacida de manera casi espontnea en 2004, a partir de una charla en la Biblioteca Rafalafena de la capital de la Plana, la asociacin exhibe como sea de identidad la mezcla generacional (cuenta con socios cuyas edades oscilan entre los 30 y los 80 aos). Con apenas 20 miembros activos en el grupo, llevan ocho aos desarrollando una intensa tarea investigadora, divulgativa y poltica sobre la memoria de los vencidos.

No lo tienen nada fcil. Centralizan su actividad y celebran las reuniones en el Casal Popular de Castell. En esta ciudad, donde el PP ocupa la alcalda desde hace 20 aos, el Ayuntamiento no hace la menor concesin a las iniciativas que pretenden honrar a las vctimas. Por ejemplo, retirar la medalla de oro de la ciudad asignadas en su da a Franco, Herrero Tejedor (secretario general del Movimiento), Pilar Primo de Rivera y al general franquista Miguel Abriat. Serrano Ser cuado de Franco y seis veces ministro durante la dictadura- cuenta todava con los ttulos de hijo adoptivo y alcalde perpetuo de Castelln.

Lo mismo sucede con las calles, plazas y avenidas dedicadas a prohombres de la dictadura franquista. Adems, el Ayuntamiento de Castelln -donde el actual presidente de la Generalitat, Alberto Fabra, desempe el cargo de alcalde entre 2005 y julio de 2011- se neg a prestar un local al Grup per la Recerca de la Memria Histrica para que pudiera exponer la coleccin fotogrfica Castell sota les bombes. Se trata de una permanente lucha contracorriente, una carrera llena de obstculos institucionales, resume Maribel Peris, miembro de la asociacin. La charla que dio origen al grupo en 2004 fue, realmente, la primera vez que de manera pblica y abierta se hablaba de la represin franquista en Castelln.

Un trabajo concienzudo y sobre el terreno de aos ha permitido localizar 300 expedientes penitenciarios, 500 de responsabilidades polticas y otros 600 de consejos sumarsimos. Han sido horas y horas de investigacin exhaustiva en el Archivo Histrico Provincial de Castell (donde se hallan los expedientes de responsabilidades polticas); en el archivo de la Subdelegacin de Defensa (que alberga los expedientes de los consejos de guerra, aunque ahora pueden ya consultarse en la Universitat Jaume I); los de la prisin de Castelln y el del Hospital Provincial. Tambin se ha trabajado, fuera de la provincia, en los archivos de Salamanca y Guadalajara.

Pero la investigacin se enfrenta con grandes dificultades, admite Maribel Peris, aunque es cierto que la cosa ha mejorado en comparacin con hace una dcada. En muchos casos no hay el menor rastro sobre las vctimas; no es posible encontrar documentacin; por ejemplo, buscamos un expediente de defuncin y no est; la cosa es ms sencilla si la vctima ha estado en prisin, si se le ha incoado un expediente de responsabilidades polticas o se le ha sometido a consejo de guerra; hace una dcada tambin nos topbamos con una gran hostilidad por parte del funcionariado, aunque esto tambin ha ido cambiando, explica esta miembro de la asociacin.

El Grup per la Recerca cifra en 1.275 las vctimas de la represin franquista en la provincia de Castelln entre 1936 y 1954: fusilados, ejecutados extrajudicialmente, muertos en prisiones, centros de detencin u hospitales, o por la represin contra los maquis y sus colaboradores. Pocos das despus de la sublevacin militar, en 1936, ya se inicia la ejecucin de militares fieles a la Repblica, milicianos y afiliados a sindicatos y partidos de izquierda. La represin se ceb con la clase trabajadora: ms de la mitad de las vctimas se dedicaban al sector primario de la economa, sobre todo labradores y jornaleros.

Juan Luis Porcar, historiador y miembro del Grup per la Recerca, detalla que en los municipios de Castelln donde las colectivizaciones agrarias fueron ms intensas, en parte por la fuerza de la CNT, la represin destac por su violencia. Esto puede constatarse en pueblos como Almassora o LAlcora, de dimensiones notables para la poca (entre 8.000 y 10.000 habitantes). Tambin en 1947-1948, con la coartada de reprimir a los maquis que resistan en la montaa, el franquismo se ceb con campesinos que nada tenan que ver con la cuestin. Pero la crueldad y la barbarie no pararon en este punto, explica Juan Luis Porcar. A la isla de San Simn, en Pontevedra, se llevaban a personas mayores o con salud precaria, para que las condiciones meteorolgicas acabaran de socavarlas; muchas no sobrevivan; era esta otra forma de represin.

Junto a esta paciente labor de investigacin y trabajo de archivo, con el fin de que aflore la verdad de los hechos, la asociacin de apoyo a la memoria realiza otros trabajos eminentemente prcticos, como el asesoramiento y atencin a familiares de las vctimas. Esta tarea incluye facilitar copias de expedientes, asesoramiento jurdico, informacin sobre ayudas econmicas y posibilidades de reparacin moral previstas en la Ley de Memoria Histrica, orientacin para abrir una investigacin, consultas en el banco de datos de la asociacin o apoyo para localizar a un familiar, entre otras.

Al final, se trata de investigar y reparar la verdad sobre el bando de los perdedores, que qued sepultada durante los pactos de la transicin; ha tenido que pasar el tiempo para que, en un manto de silencio y miedo, se empiece a asumir que no se hizo justicia; no se depur a los implicados en asesinatos durante el franquismo ni a los cargos polticos ni de la judicatura; todos se han mantenido en sus puestos de responsabilidad, y esto supone una humillacin y una segunda condena para las vctimas, tras los aos de exilio, crcel y silencio, resalta Maribel Peris.

Ha supuesto algn avance la Ley de Memoria Histrica, aprobada en 2007 durante el mandato del PSOE? Se queda muy corta, responde Maribel Peris. De entrada porque no anula los actos jurdicos de la dictadura, por ejemplo, los consejos sumarsimos, que slo considera ilegtimos; en la ley figura, asimismo, una reparacin moral pero esto no supone entrar en el fondo de la cuestin, como s se hizo en Argentina o Alemania. Lo deseable habra sido una Comisin de la Verdad que, impulsada por el estado y con recursos pblicos, investigara qu pas (verdad), quin fue el responsable (justicia) y dnde estn las vctimas (represin).

Pero ello no obsta para que los miembros de la asociacin continen en el empeo. Con la publicacin de libros y material sobre la represin franquista en la provincia de Castelln: Castell sota les bombes; La memoria de las vctimas, de Juan Luis Porcar; La Batalla de Viver (obra de Ramn Juan, otro miembro de la asociacin); Histries de Vida al Castell de la guerra i la Posguerra (de Maribel Peris, a partir de entrevistas e historia oral) y la edicin del libro del congreso sobre Cultura y Exilio, editado por la Universitat Jaume I (UJI) con la colaboracin del Grup per la Recerca.

Y tambin mediante la celebracin de conferencias, homenajes, y dos exposiciones itinerantes (una fotogrfica: Castell sota les bombes; y otra sobre la represin en Castelln y los pueblos de la provincia, a partir de casos personales de las vctimas); actos en institutos de enseanza en los que se aportan testimonios directos de la represin; proyectos de restauracin del patrimonio (refugios o trincheras, entre otros) e iniciativas para la retirada de la simbologa franquista, para las que a menudo se contacta con partidos polticos. Y, sobre todo, con mucho esfuerzo, conviccin y militancia, virtudes que tambin albergaban muchas de las personas represaliadas por la dictadura franquista.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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