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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-03-2012

Reforma laboral e ingeniera gentica

Santiago Alba Rico
Madrid 15-M/La Calle del Medio


Aceptamos con tanta naturalidad en Europa la expresin mercado laboral que se nos olvida lo que realmente representa: el hecho de que los brazos y las piernas, el cerebro con todas sus neuronas, el cuerpo en general y, por as decirlo, el tiempo especficamente humano (tan distinto del tiempo geolgico o del tiempo de los insectos) es objeto de compra-venta y, por lo tanto, de manipulaciones, desplazamientos, explotacin y consumo, como si se tratase de una silla, una mquina o una mula.

Cuando hablamos en Europa de reforma del mercado laboral estamos hablando, en consecuencia, de algo muy serio. Durante dcadas el liberalismo nos ha advertido contra todos los proyectos totalitarios de ingeniera social orientados a imponer modelos de relaciones humanas contradictorios con la naturaleza. Frente a la tentativa de regular modos de propiedad e intercambio colectivos, el liberalismo han pretendido siempre que lo natural es que los individuos acudan al mercado no slo a comprar su casa, su ropa y su comida sino tambin a venderse a s mismos. Una reforma del mercado laboral es en realidad algo mucho ms profundo y radical que, por ejemplo, una reforma del cdigo penal; no trata de introducir cambios en los procedimientos de regulacin social sino en la naturaleza misma. No es ingeniera social sino ingeniera gentica. Reformar el mercado laboral es reformar -utilicemos una imagen literaria- la dimensin de los brazos, la flexibilidad de las cinturas, la capacidad de movimiento, la duracin del tiempo. Toda reforma del mercado laboral es una reestructuracin de la naturaleza humana.

Como sabemos, llamamos crisis a la dificultad de los ricos para mantener el crecimiento global sin aumentar el sufrimiento y la pobreza particulares. Y como sabemos, la solucin capitalista a la crisis capitalista pasa siempre por tocar, alterar, forzar, reinventar la naturaleza humana. Toda la maquinaria de extraccin de beneficios parasita esa cosa frgil, diminuta, limitada, que es el cuerpo humano, con su necesidad de cuidados y reposo. Cada cierto tiempo hace falta reformarlo para que los bancos, las empresas, las multinacionales, no se vengan abajo y con ellas los propios seres humanos que han tomado como rehenes. Sabemos lo que quiere decir reformar a los hombres. En Italia gobierna un dictador, en su sentido etimolgico romano: ha sido nombrado por los mercados, no elegido por el pueblo, para afrontar una situacin de excepcin. Europa es ya, en este sentido estricto, una dictadura, aunque podamos seguir entrando en los centros comerciales y viendo pornografa en internet. Y esta dictadura exige, como bien lo ha expresado el primer ministro italiano, Mario Monti, que los jvenes renuncien a la monotona de un trabajo fijo y con ella a todas esas supersticiones, defendidas fanticamente durante siglos de luchas y sacrificios, que se llaman derechos: unos ingresos fijos, una casa fija, una salud fija, unos hijos fijos y todas esas primitivas fijezas que han hecho excesivamente estable, y hasta aburrida, la existencia de los ciudadanos de Europa tras el fin de la segunda guerra mundial.

Quizs lo ms hiriente del discurso de Monti, boca de ganso de los mercados, es que pretenda reivindicar el retorno de Europa al paleoltico o, por lo menos, al Tercer Mundo como una progresista lucha contra la monotona que respondera a la demanda de emociones de los jvenes y que debera, por tanto, colmar sus ms ntimos deseos. El mercado laboral es sin duda ya el lugar ms emocionante del planeta, ms que Disneyworld y desde luego mucho ms que la guerra en Afganistn. Ese es el modelo natural -la montaa rusa y el bombardeo- que la economa capitalista trata de aplicar a las sociedades humanas. Modificados genticamente en el mercado, los trabajadores y parados europeos aprendern a morirse antes, a comer menos veces, a estudiar menos aos, a soportar sin analgsicos el dolor, a dormir bajo un techo precario y ajeno.

Pero crisis quiere decir tambin decisin; es el momento en el que se decide si claudicamos ante la naturaleza o nos rebelamos contra ella para restablecer la Humanidad: la solidaridad con los otros pueblos, el derecho a una vida digna para todos, la democracia sin excepciones. Tambin el sentido de las proporciones; es decir, el molde de lo posible o, como insiste el ecologismo, de lo sostenible. En 1974, el genial poeta, escritor y director de cine Pier Paolo Pasolini escribi un poema de ttulo Recesin. En l se evocan algunos de los aspectos antropolgicos de la pobreza que Italia acababa de dejar atrs, de la pobreza que esperaba a Italia en el futuro. Visto desde la televisin en color, desde las vitrinas llenas de luces y de mercancas baratas, desde las calles pobladas de automviles rutilantes, visto -en fin- desde el chisporroteo de plsticos de una sociedad de nuevos ricos, ese pasado que vendr podra parecer mortecino y deprimente, aunque tambin, tocado por la nostalgia pasoliniana, muy hermoso: volveremos a ver, dice el poeta, calzones con remiendos, crepsculos sobre barrios vacos de coches, viejos sentados en muros como en sillones de senador; los nios sabrn que es escasa la sopa y qu significa un pedazo de pan y en las noches sin alumbrado urbano se escucharn los grillos y los truenos y quizs la mandolina de un joven recin regresado de Alemania o de Turn. El aire, sigue Pasolini, tendr sabor a trapos mojados y los trenes pasarn de tanto en tanto como en un sueo; y ciudades enormes estarn llenas de gente que camina con ropa gris y en los ojos una demanda que no es de dinero sino solo de amor, solamente de amor.

En los ltimos cuatro versos Pasolini da, de pronto, un hachazo y una leccin. Est uno a punto de apetecer ese mundo apagado del subdesarrollo del que tan trabajosamente sali la Europa de la postguerra mundial; ese mundo en el que los bandidos tendrn el rostro de otro tiempo e irn armados slo de cuchillos y en el que sus madres albergarn noches de luna en los ojos; est uno a punto de apetecer el retroceso de la recesin cuando Pasolini inflige al lector un brutal anticlimax y deja claro su desprecio por esa belleza polvorienta; para inmediatamente, en una especie de cabriola potico-poltica, levantarnos de nuevo del suelo y reivindicar como eleccin lo que no podemos aceptar como catstrofe. He aqu -para terminar- esos ltimos cuatro versos:

Pero basta con esta pelcula neorrealista.

 Hemos abjurado de todo lo que representa.

 Revivir esa experiencia solo vale la pena

 si luchamos por un mundo de verdad comunista.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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