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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-03-2012

Walter Benjamin: abismo o revolucin?

Antoni Jess Aguil
Rebelin


Walter Benjamin (1892-1940) fue un pensador comprometido crticamente con la realidad. Su obra ofrece una serie de brillantes iluminaciones sobre, entre otros temas, la historia, el tiempo, la memoria, la experiencia, el arte, la literatura o la relacin del individuo con la gran ciudad. En uno de los textos preparatorios de las famosas tesis sobre la historia, de 1940, Benjamin expresa una de esas productivas y casi profticas iluminaciones: Marx [1] dice que las revoluciones son las locomotoras de la historia. Pero tal vez las cosas sean diferentes. Quiz las revoluciones sean la forma en que la humanidad, que viaja en ese tren, acciona el freno de emergencia [2].

El fragmento reproducido pone de manifiesto el concepto benjaminiano de revolucin. En sus orgenes astronmicos, el trmino revolucin (revolutio) designaba el movimiento regular y circular de los astros. Sin embargo, fue durante el siglo XVIII, sobre todo a partir de la Revolucin francesa, cuando la palabra adquiri el sentido poltico moderno de cambio radical o ruptura brusca del orden social y poltico establecido. Benjamin critica que desde la modernidad occidental la revolucin se ha entendido en sentido metafrico como un tren sin frenos que circula a toda velocidad. Ser revolucionario significa fundamentalmente subirse a la locomotora de la historia que, encarrilada sobre los rales del progreso, la modernizacin y el desarrollo capitalista (de la globalizacin neoliberal, en un lenguaje actual), deja atrs una historia de atrasos, ignorancia y subdesarrollo. La accin revolucionaria consiste en montar en ese tren impulsado por el viento de la historia, que encarna la promesa de un futuro mejor. Los pasajeros, esperanzados, no quieren perder el tren. Pero lo que no saben es que estn a punto de emprender un viaje sin estaciones. Del mismo modo, ignoran que el maquinista es un autmata que circula a una velocidad vertiginosa, incapaz de moderar la velocidad y cambiar el rumbo. Siendo as, lo ms probable es que se estrelle.

Para Benjamin, por el contrario, la revolucin no es la locomotora de la historia, sino el freno de emergencia que los pasajeros deben pisar cuanto antes para hacerse con el control del tren y evitar caer en el abismo del progreso. La revolucin no es aquello a lo que conduce la concepcin del tiempo lineal y mecnico, sino aquello que interrumpe su curso (continuum), aunque sea por un instante. La revolucin es la interrupcin de la continuidad temporal, de la historia clasista de los vencedores, no su culminacin. Es una interrupcin para reescribir la historia, desenmascarar lo que se presenta como un hecho natural e inexorable, frenar una maquinaria arrolladora y detener los efectos perversos del progreso desbocado. Pero es sobre todo una oportunidad para mirar atrs, observar la historia desde la perspectiva de las vctimas y curar sus heridas; una oportunidad de unirse a ellas para explorar posibilidades alternativas y abrir caminos de futuro que no conduzcan a la autodestruccin.

La experiencia ha demostrado que la globalizacin capitalista neoliberal, presentada ideolgicamente como el fin de la historia o la cresta del desarrollo, es un tren sin frenos en direccin suicida, una especie de locomotora sin maquinista o coche de carreras conducido por un piloto automtico. Los capitalistas escribe Immanuel Wallerstein [3] son como ratones en una rueda, que corren cada vez ms deprisa a fin de correr an ms deprisa. El capitalismo afirman otros autores [4] es como un tren sin frenos que se acelera cada vez ms. Camina, sin duda, hacia al abismo. [] Rueda vertiginosamente hacia el agotamiento de los recursos ecolgicos, hacia la destruccin de este planeta, que sobrevendr quiz con rapidez, por un desastre nuclear, o quiz ms gradualmente, por una quiebra ecolgica irreversible.

La brutalidad de la globalizacin neoliberal, como sugera Benjamin, exige pisar el freno de emergencia para reinventar la revolucin, es decir, para interrumpir el curso naturalizado de la ortodoxia neoliberal (mercantilizacin de la vida y la naturaleza, privatizaciones, desregulaciones, acumulacin por desposesin, recortes de derechos, el poder poltico antidemocrtico de las transnacionales, etc.), un proceso catastrfico para la mayor parte de la humanidad. Accionar el freno de emergencia significa frenar el mito del crecimiento econmico capitalista como un proceso acumulativo, lineal e indefinido; frenar el individualismo insolidario y consumista que concibe al ser humano como un individuo esencialmente propietario de su propia persona y de sus capacidades, por las cuales nada debe a la sociedad [5], de modo que el ser humano es un sujeto asocial que se relaciona con los dems movido exclusivamente por su propio inters; significa acabar con el mito de la competencia como factor dinamizador del progreso, que consagra el darwinismo social ms descarnado, la idea sacrificial de que unos individuos sobrevivirn y otros desaparecern en virtud de la seleccin natural del libre mercado; significa frenar el empobrecimiento y la deslegitimacin de la democracia, suspendida en Europa por el gobierno tecnocrtico de Goldman Sachs (Monti-Draghi-Papademos); y significa frenar la destruccin tanto de la biodiversidad como de la antropodiversidad (la diversidad cultural y humana).

Pero antes que nada es necesario frenar el conformismo: Prestarse a ser un instrumento de la clase dominante, tal y como lo define Benjamin en la sexta de las Tesis sobre filosofa de la historia. El conformismo es una actitud ntimamente relacionada con la pasividad, la inercia, la desesperanza, la indiferencia, el abandono, la alienacin, el conservadurismo y el fatalismo. No puede cambiarse lo que no se conoce, como tampoco puede cambiarse lo que simple o resignadamente se acepta. En sus escritos, Benjamin tambin habla de las imgenes que relampaguean en un momento de peligro. Son imgenes fugaces, iluminaciones momentneas cargadas de una dimensin crtica y subversiva que, a la manera de un relmpago, irrumpen en el presente como un momento revolucionario capaz de interrumpir el curso de la dominacin.

La perplejidad y el estupor que provocan las imgenes del tren descarrilando en el abismo y de las vctimas atropelladas son lo suficientemente perturbadoras como para activar el potencial revolucionario y desafiante del inconformismo. Son imgenes poderosas que pueden contribuir a otros mundos posibles. Los demcratas, rebeldes e indignados de hoy ven en la revolucin ese profundo inconformismo que puede cambiar la realidad y hacer historia. Las primaveras rabes, el 15M o el movimiento Occupy Wall Street, junto con otras experiencias que no han tenido el mismo protagonismo meditico [6], son algunas de las revoluciones en el sentido benjaminiano del trmino que, en diferentes partes del mundo, estn constituyendo una gramtica de la indignacin y el inconformismo frente a la gramtica del conformismo y la resignacin, impuesta durante mucho tiempo por el neoliberalismo globalizado (No hay alternativa, deca la exprimera ministra Margaret Thatcher). Esta nueva gramtica de la indignacin y el inconformismo est, entre otras cosas, aportando elementos valiosos para evitar caer en el abismo neoliberal, como son la denuncia (e interrupcin) de la dimensin clasista y opresora de la historia oficial, la revitalizacin de una democracia anestesiada y la reescritura de la historia desde abajo. Hacer historia afirma Boaventura de Sousa Santos [7] no es toda accin de pensar y actuar a contracorriente; es el pensar y el actuar que fuerza a la corriente a desviarse de su curso natural.


Notas

[1] Marx acua su famosa frase las revoluciones son las locomotoras de la historia en La lucha de clases en Francia de 1848 a 1850.

[2] Vase Tesis sobre la historia y otros fragmentos, Contrahistorias, Mxico, 2005, edicin de Bolvar Echeverra.

[3] El capitalismo histrico, Siglo XXI, Mxico, 2001, pg. 31.

[4] Fernndez Liria, C., Fernndez Liria, P. y Alegre Zahonero, L., Educacin para la Ciudadana. Democracia, capitalismo y Estado de Derecho, Akal, Madrid, 2007, pg. 123.

[5] Macpherson, C. B., La teora poltica del individualismo posesivo, Fontanova, Barcelona, 1970, pg. 225.

[6] La perspectiva nortecntrica de los medios de comunicacin occidentales apenas ha prestado atencin a revueltas producidas en el frica negra, como las masivas y pacficas protestas populares en Uganda por el elevado precio del combustible y los productos bsicos. Por lo comn, estas protestas populares pacficas han sido invisibilizadas o desvirtuadas, clasificndolas como disturbios o altercados.

[7] Aguil, A. J., La democracia revolucionaria, un proyecto para el siglo XXI. Entrevista a Boaventura de Sousa Santos, Revista Internacional de Filosofa Poltica, 35, 2010, pgs. 117-148.


 

Antoni Jess Aguil es investigador del Ncleo de Estudios sobre Democracia, Ciudadana y Derecho (DECIDe) del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Combra (Portugal).



Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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