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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-03-2012

El cambio poltico

Manuel Cabieses Donoso
Punto Final


Desde la revolucin pingina -mayo de 2006-, Chile vive un despertar democrtico y rebelde. Sin expresarlo todava resueltamente -debido a la erosin sufrida por la cultura poltica y la atomizacin de la organizacin social-, las movilizaciones del pueblo revelan una voluntad de cambio poltico e institucional. Lo que se cuestiona es la institucionalidad heredada de la dictadura junto con su modelo econmico neoliberal. Cada vez es ms claro que esas compuertas impiden toda solucin a las demandas populares ms significativas. Estamos en un punto en que si no se cambian la Constitucin y el modelo econmico, se producir el inevitable desborde de la protesta social acumulada.

El pueblo est buscando a ciegas y en forma desordenada el camino de su liberacin, rechazando toda tutora poltica. Lo importante es que ha iniciado esa bsqueda -a contrapelo de los partidos que intentan limitar la protesta a aspectos sectoriales que no incluyan la Constitucin ni el modelo de dominacin-. Lo concreto es que se ha puesto fin a una larga etapa de sopor y resignacin. La protesta social -cuyo epicentro est en Aysn pero que tiene rplicas en todo el pas-, carece an de la conduccin poltica que le dara coherencia y rumbo definidos. No obstante, estamos viviendo una hora histrica. Vastos sectores del pueblo entienden necesario cambiar -por injusta e inhumana- la sociedad en que vivimos. Va creciendo un movimiento social y poltico que sin duda permitir surgir liderazgos ticos y polticos que levantarn la alternativa pluralista y democrtica de justicia social.

No es fcil percibir en todo su significado los fenmenos sociales en marcha. Ellos plantean la necesidad de trazar un rumbo para unir a la mayora del pueblo. Se requiere un arduo trabajo para levantar una alternativa en cuyo seno pueda recrearse el partido del socialismo hoy ausente en la escena poltica. El tradicional pragmatismo de los partidos chilenos ha instalado la idea de que lo ms importante es derrotar a la derecha, para lo cual hay que unir a toda la oposicin, o sea a la Concertacin con el Partido Comunista. Se trata de un sofisma de quienes rehuyen el fatigoso deber de construir una alternativa popular independiente. La Concertacin y la Alianza sirven a los mismos intereses. Veinte aos de gobiernos de la Concertacin no fueron distintos a los dos aos del empresario Sebastin Piera. Incluso las ganancias del sector financiero y del capital extranjero -los verdaderos amos del pas-, fueron mayores durante los gobiernos de la Concertacin. El hartazgo de los banqueros lleg a la exultacin de proclamar que amaban al social demcrata Ricardo Lagos. En circunstancias que Chile se desangra en el altar del capitalismo, las ganancias de las transnacionales alcanzaron su peak en el gobierno de la socialista Michelle Bachelet. Las utilidades que remesaron al exterior superaron los 25 mil millones de dlares, el doble que en el periodo de Lagos. En materia de represin, los gobiernos de la Concertacin y la derecha tienen igualmente el dedo en el gatillo, y los primeros se anotan quince muertos, en su mayora mapuches.

Hace falta un escrutinio ms prolijo de la derecha que representa Piera. Desde luego, no calza en el estereotipo de nuestra experiencia histrica, que proviene del gobierno de los gerentes de Jorge Alessandri (1958-64) y de la dictadura militar-empresarial (1973-90). Tambin es insuficiente nuestro anlisis del neoliberalismo. Sus mecanismos de cooptacin social se han hecho evidentes bajo este gobierno, pero su matriz se encuentra en el gobierno de Bachelet. El modelo neoliberal incluye maniobras de focalizacin del gasto pblico para ganar posiciones en sectores populares. Piera ha seguido -y en algunos rubros ha profundizado- esas polticas de la Concertacin.

Una poltica democrtica y popular no debera consistir en derrotar a la derecha de la mano con la otra derecha. El Partido Comunista, desde luego, est en su derecho a entenderse con la Concertacin. Se trata de su poltica, aprobada democrticamente por sus militantes. Pero los dems sectores democrticos deberamos orientarnos a fortalecer el movimiento social, para que de all finalmente surja una alternativa independiente anticapitalista -porque en el capitalismo se encuentra la raz de la crisis que afecta a Chile y que amenaza a la Humanidad-. La protesta social en nuestro pas, no merece escapar de las llamas de la derecha liberal de Piera para caer en las brasas de la derecha concertacionista. Es tiempo de fortalecer la independencia del movimiento social para permitirle que genere su propia alternativa poltica. Tal como ocurri en Venezuela, Bolivia y Ecuador, ni ms ni menos.


(Editorial de Punto Final, edicin N 753, 16 de marzo, 2012)

www.puntofinal.cl


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