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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-03-2012

Un ao de inicio de la revuelta siria
Todo es posible, salvo la revolucin

Santiago Alba Rico
Gara


Cuando se cumple un ao desde las primeras protestas en Deraa, puede decirse, con el escritor libans Jalil Issa, que todo el planeta est contra la revolucin siria. Para comprender la situacin, basta quizs con describir a los actores en orden de aparicin en escena:

1. Una dictadura feroz transmitida por va sangunea que durante 42 aos ha reprimido, encarcelado y torturado a su pueblo y que en la ltima dcada, adems, lo ha empobrecido mediante polticas liberalizadoras que han puesto el 50% del PIB en manos del 5% de la poblacin. Su alianza con Irn y Hizbulah y su beligerante retrica antiisrael no deben hacer olvidar la ausencia de tensiones en la frontera con Israel ni la renuncia siria a reclamar los Altos del Goln; tampoco las declaraciones de Rami Majluf, el primo millonario de Al-Assad, el pasado mes de mayo a The New York Times: no habr estabilidad en Israel si no se logra la estabilidad en Siria. Durante meses, las manifestaciones han exhibido pancartas recordando el entreguismo del rgimen: Dispara contra Israel, no contra tu pueblo.

2. Un pueblo -o una buena parte de l- que pidi primero justicia, luego reformas, luego la cada del rgimen y ha recibido siempre disparos, torturas y prisin como respuesta. Autoorganizado en las llamadas Coordinadoras Locales (tansiqat), durante meses reivindic el carcter pacfico de las protestas, la unidad de la nacin por encima de los sectarismos y el rechazo de toda intervencin extranjera. Hoy miles de sirios siguen saliendo a la calle desarmados a protestar, pero la brutalidad del rgimen y la respuesta militar del Ejrcito Libre de Siria (ELS) han cambiado la situacin. Mientras la divisin sectaria extiende su sombra sobre el pas, muchas de estas coordinadoras ciudadanas piden abiertamente una intervencin exterior.

3. Una oposicin dividida y que cada da se divide ms, dominada por el Consejo Nacional Sirio, ya roto en pedazos y que solo Libia ha reconocido como legtimo representante del pueblo sirio. Controlado desde el exilio por los Hermanos Musulmanes, la apuesta cada vez ms impudorosa del CNS por la intervencin militar destruye toda posibilidad de entendimiento con la Coordinadora Nacional en Defensa de la Democracia, el otro gran grupo opositor, liderado por Haythem Manaa y del que forman parte organizaciones y partidos marxistas y de izquierdas. Esta divisin hace que las tansiqat del interior confen cada vez ms en el ELS y menos en las organizaciones polticas.

4. Una serie de potencias globales y subpotencias regionales, siempre presentes en la zona, a las que la revolucin siria ha obligado a modificar sus procedimientos de intervencin. Estn Qatar y Arabia Saud, al mismo tiempo reidos entre s, que quieren a toda costa la intervencin militar y tratan de imponerla a travs del reaccionario Consejo de Cooperacin del Golfo y de la intil Liga rabe.

Estn EEUU y la UE, que no quieren la intervencin y se resisten incluso a armar de manera pblica a los rebeldes, pero que minan desde dentro el rgimen -con la ms que probable presencia de consejeros militares e instructores de la OTAN- mientras apuestan ya claramente por una solucin poltica, aliviados de la respuesta rusa y china en la ONU (que les ha permitido no hacer lo que no queran hacer y adems desprestigiar a dos potencias rivales).

Est Turqua, que abandon en abril su firme alianza con el Gobierno sirio para pasar a apoyar un cambio de rgimen que se ajuste, en el marco de la llamada Primavera rabe, a su nueva poltica exterior neootomana.

Est Israel, aterrorizado frente a la inestabilidad creciente y que satisface su deseo frustrado de atacar Irn bombardeando Gaza, forma contundente, pero menor, de recordar su existencia.

Pero estn tambin China y Rusia, quienes sostienen al rgimen de Al-Assad en defensa, no de la paz y la soberana nacional, sino de sus propios intereses. Rusia arma al poderoso Ejrcito sirio y protege su nica base naval del mediterrneo en Tartus, lo que le lleva a ser tan selectivo e hipcrita en su discurso como lo son EEUU y la UE: Siria y Yemen son completamente distintos y los intereses de Rusia en Yemen tambin, justific un diplomtico ruso las decisiones casi contemporneas de apoyar la resolucin del Consejo de Seguridad de la ONU sobre Yemen y de vetar, en cambio, la relativa a Siria.

Y estn finalmente Hizbulah e Irn, que no se limitan a prolongar la propaganda del rgimen sobre la conspiracin exterior; ms all del incuestionable asesoramiento directo, es tambin probable -como denuncia la web de la resistencia iraqu o el lder opositor sunn Ahmed Alwani- que Irn est mandando a Siria milicias del aliado Ejrcito del Mehdi para apoyar militarmente la represin.

5. El ELS, constituido el pasado mes de noviembre a partir de desertores del Ejrcito sirio y todava mal armado, pero cuya existencia misma marca un punto de no retorno en la evolucin del conflicto. Nadie puede poner en duda el derecho a la autodefensa armada del pueblo sirio, pero la militarizacin de la revolucin, como recuerda bien el opositor Michel Kilo, da razn a la propaganda de la dictadura, justifica el aumento de la represin y, sobre todo, desciviliza las protestas, que se convierten en el instrumento y no en el centro de la revolucin. Junto al ELS, otros grupos armados, islamistas o seudoislamistas, estaran tambin operativos sobre el terreno, alimentando los resentimientos sectarios (sunes contra alaues) y tiendo los enfrentamientos de la ferocidad criminal propia de las luchas fratricidas.

6. Desde el principio y desde hace ya un ao, unos medios de comunicacin occidentales que han manipulado y tuneado la verdad (la dictadura y las protestas populares) para justificar o inducir una intervencin militar; y unos medios de comunicacin internos -la agencia SANA o la televisin Dunia- cuya propaganda infame ha sido clonada acrticamente por muchos de los medios llamados alternativos. Entre unos y otros, la sensatez ha encontrado un hueco muy pequeo, ms bien en peridicos rabes (como Al-Ajbar o Al-Quds), donde el reconocimiento de la legitimidad de las luchas populares no ha impedido un verdadero debate sobre el papel de la oposicin, los peligros de la militarizacin y la amenaza de la intervencin imperialista.

Cuando se cumple un ao del comienzo de la revolucin siria, podemos decir que la revuelta original ha sido completamente rebasada por los demonios geoestratgicos que ha desencadenado. Como demuestran tanto las ltimas declaraciones de Jupp o de Clinton como la posicin de Rusia y China, o la misin de Kofi Annan y la reunin en Tnez de los llamados Amigos de Siria, si algunos buscan una voladura controlada del rgimen nadie quiere una intervencin y mucho menos que triunfe una revolucin.

Todos estn de acuerdo en que lo ms conveniente es presionar a las partes para que negocien una transicin consensuada que neutralice al mismo tiempo las amenazas del islamismo radical y las amenazas de la democracia verdadera. Todos estn de acuerdo en que es mejor que mueran cinco, diez, quince mil personas antes que abrir la caja de los truenos. O como explica con amargura Yasin Al-Hajj Saleh, escritor marxista encarcelado durante aos en las prisiones del rgimen, la dictadura construy durante cuatro dcadas una especie de sociedad-bomba que no se puede revolucionar en favor de la libertad y la justicia sin hacer saltar por los aires todo el orden regional y quizs mundial. Entre tanto, esta lgica del pas-bomba, aceptada por todos, de derechas y de izquierdas, ha llevado a Bashar Al-Assad a creer, quizs sinceramente, que matando, torturando y encarcelando a miles de personas est defendiendo la paz; y que cuantas ms personas mate, torture o encarcele ms y mejor est sirviendo a la causa de la humanidad. A eso se dedica con toda abnegacin y disciplina.

Por el momento, un ao despus, la obstinacin criminal del rgimen y la intervencin sorda de las potencias ms reaccionarias del Golfo (tanto sunes como chies) est a punto de convertir a Siria en la tumba, al menos provisional, de la Primavera rabe, en la fosa comn del nuevo espritu panrabe que ella haba despertado y en el pudridero de la alianza panislmica surgida en la ltima dcada en torno a la resistencia palestina. Tambin quizs en la fuerza centrpeta de la descomposicin regional y en el ncleo atmico de una nueva guerra mundial?

Si Siria es un mundo reducido que lleva en s todas las contradicciones del mundo en su conjunto, puede que haya que aceptar que las cosas no pueden ni deben ocurrir de otro modo; que hay pueblos, en efecto, a los que no se puede permitir que pidan democracia y justicia social; y que la paz mundial depende de un complicado juego de tetris en el que hay que estar todo el rato encajando diferentes dictaduras y diferentes intereses multipolares, procurando que los pueblos irresponsables no desbaraten los ajustes. Puede que esto sea as. Puede que la derrota de la revolucin siria sea la mejor noticia que puede recibir el mundo en estos momentos.

Pero esta barbaridad de hecho -si aceptamos su facticidad- debera al menos obligarnos a reflexionar y a plantearnos una cuestin al mismo tiempo de programa y de principios. Si vivimos en un mundo tan endiabladamente frgil, tan atrozmente configurado, tan irracionalmente concebido que no admite compatibilidad alguna entre las demandas de los pueblos y la paz mundial; en un mundo tan impermeable a la poltica que en l la defensa de la razn comn, la tica comn y la justicia comn solo pueden conducir a la catstrofe o incluso al apocalipsis; en un mundo hasta tal punto contradictorio en su raz con la civilizacin misma que el nico mnimo acuerdo que se puede alcanzar para garantizar la supervivencia del planeta es el de sostener una dictadura y sacrificar al pueblo que la combate; si vivimos, en fin, en un mundo as, tan tajantemente de derechas, tan del gusto de EEUU y sus aliados, en el que hay lugares donde no se puede y, an ms, no se debe defender ningn principio, qu querr decir ser de izquierdas? Cul es el programa de la izquierda para un mundo sin principios?

Si no hay ninguna manera, aqu y ahora, de defender la democracia y la justicia social en Siria, si lo mejor que podemos hacer (todos de acuerdo: Qatar, Arabia Saud, Turqua, EEUU, la UE, Israel, China, Rusia, Irn, pero tambin Venezuela y Cuba) es abortar su revolucin, qu puede proponer la izquierda a los sirios? La estabilidad anterior al 15 de marzo de 2011?

Puede que estemos ayudando a salvar el planeta. Puede. Ahora queda saber qu pinta la izquierda en un planeta as. Y queda explicrselo a los sirios que se estn jugando la vida irresponsablemente, sin comprender los problemas que estn generando con su coraje.

Fuente original: http://www.gara.net/paperezkoa/20120317/329165/es/Todo-es-posible--salvo-revolucion



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