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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-03-2012

La masacre en Afganistn no fue locura

Robert Fisk
La Jornada


Empieza a cansarme este cuento del soldado demente. Era predecible, por supuesto. No bien el sargento de 38 aos que masacr el domingo pasado a 16 civiles afganos, entre ellos nueve nios, cerca de Kandahar, regres a su base, ya los expertos en defensa y los chicos y chicas de los centros de pensamiento anunciaban que haba enloquecido. No era un perverso terrorista sin entraas como sera, desde luego, si hubiera sido afgano, en especial talibn, sino slo un tipo que se volvi loco.

Esa misma tontera se us para describir a los soldados estadunidenses homicidas que perpetraron una orga de sangre en la ciudad iraqu de Haditha. Con la misma palabra se describi al soldado israel Baruch Goldstein, quien masacr a 25 palestinos en Hebrn, algo que hice notar en este mismo peridico apenas unas horas antes de que el sargento enloqueciera de pronto en la provincia de Kandahar.

Al parecer enloqueci, anunciaron periodistas. Un hombre que probablemente haba sufrido algn colapso (The Guardian), un soldado rufin (Financial Times) cuyo disturbio (The New York Times) fue sin duda (sic) perpetrado en un rapto de locura (Le Figaro).

De veras? Se supone que creamos eso? Claro, si hubiera estado loco por completo, nuestro sargento habra matado a 16 de sus compaeros estadunidenses. Habra asesinado a sus camaradas y despus prendido fuego a los cuerpos. Pero no, no mat a estadunidenses; escogi matar a afganos. Hubo una eleccin. Por qu, entonces, mat a afganos?

Existe una pista interesante en todo esto, la cual no hubiera aparecido en los informes de los medios. De hecho, la narracin de los hechos ha sido curiosamente lobotomizada censurada, incluso por quienes han tratado de explicar la atroz masacre en Kandahar. Recordaron la quema de ejemplares del Corn cuando soldados estadunidenses en Bagram los arrojaron a una hoguera y las muertes de seis soldados de la OTAN, dos de ellos estadunidenses, que vinieron despus. Pero vulenme en pedazos si no olvidaron y esto se aplica a todas las notas informativas sobre la reciente matanza una declaracin notable y sumamente significativa del comandante en jefe del ejrcito estadunidense en Afganistn, el general John Allen, hace exactamente 22 das. De hecho, fue una declaracin tan inusitada que recort las palabras en mi peridico matutino y puse el recorte en mi maletn para referencia futura.

Allen dijo a sus hombres: sta no es la hora de la venganza por las muertes de los soldados estadunidenses muertos en los disturbios del jueves. Les advirti que deban resistir cualquier urgencia que sientan de devolver el golpe, luego de que un soldado afgano dio muerte a los dos estadunidenses. Habr momentos como ste en que estarn ustedes buscando el significado de estas muertes continu. Momentos como ste, en que sus emociones sern gobernadas por la rabia y el deseo de desquite. sta no es la hora de la venganza; es la hora de mirar al fondo de su alma, de recordar su misin, recordar su disciplina, recordar quines son ustedes.

Fue un llamado extraordinario, viniendo del comandante en jefe de Estados Unidos en Afganistn. El general se vio precisado a decir a su ejrcito, supuestamente bien disciplinado, profesional, de lite, que no cobrara venganza en los afganos a los que supuestamente est ayudando/protegiendo/educando/adiestrando, etc. Tuvo que decir a sus soldados que no cometieran asesinatos.

S que los generales decan esas cosas en Vietnam. Pero, en Afganistn? Han llegado las cosas a ese extremo? Me temo que s. Porque, por mucho que me disgustan los generales, he tratado con muchos de ellos en persona y, en general, tienen una idea bastante acertada de lo que ocurre en sus filas. Y sospecho que el general John Allen ya haba sido advertido por sus oficiales de que sus soldados estaban furiosos por las muertes que vinieron despus de la quema de los ejemplares del Corn y tal vez haban decidido emprender una escalada de venganza. Por eso trat de un modo tan desesperado en una declaracin tan impactante como reveladora de prevenir una masacre exactamente como la que ocurri el domingo pasado.

Sin embargo, ese mensaje fue borrado por completo de la memoria de los expertos cuando analizaron esa matanza. No se permiti en sus relatos ninguna alusin a las palabras del general Allen, ninguna referencia, porque, desde luego, eso habra sacado a nuestro sargento del grupo de los enloquecidos y le habra dado un posible motivo para la masacre. Como de costumbre, los periodistas tuvieron que meterse a la cama con los militares para procrear un demente y no un asesino. Pobre tipo: andaba mal de la cabeza. No saba lo que haca. No es extrao que lo hayan sacado de Afganistn tan rpido.

Todos hemos tenido nuestras masacres. Ah est My Lai, y nuestro propio My Lai britnico, en una aldea malaya llamada Batang Kali, donde los guardias escoceses envueltos en un conflicto contra despiadados insurgentes comunistas asesinaron a 24 indefensos trabajadores del hule, en 1948. Claro, se puede aducir que los franceses en Argelia fueron peores que los estadunidenses en Afganistn se dice que una unidad francesa de artillera desapareci a 2 mil argelinos en seis meses, pero eso es tanto como decir que somos mejores que Saddam Hussein. Cierto, pero vaya parmetro de moralidad.

De eso se trata todo esto. Disciplina. Moralidad. Valor. El valor de no matar en venganza. Pero cuando uno va perdiendo una guerra que finge estar ganando me refiero a Afganistn, por supuesto, supongo que eso es esperar demasiado. Parece que el general Allen perdi su tiempo.

The Independent

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2012/03/18/opinion/024a1mun

Traduccin: Jorge Anaya



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