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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-03-2012

Obama, en la senda de Bush

Alberto Piris
Ceipaz


Podra atribuirse a los apuros electorales, por los que Obama seguramente habr de pasar en los prximos meses, o a ciertas presiones intensas a las que est sometido, pero sus ms recientes declaraciones sobre las relaciones entre EE.UU. e Irn hacen pensar que el presidente ha abandonado el camino que pareca ms apropiado para un premio Nobel de la Paz -si alguna vez lleg a marchar por l- y est avanzando a tambor batiente por el sendero de la guerra que con entusiasmo abri su predecesor en la Casa Blanca.

Si el nefasto Bush II despe al mundo por los precipicios de su "guerra global contra el terror", de los que todava no ha logrado recobrarse, todo parece indicar que Obama est planteando, muy imprudentemente, una nueva ecuacin para la defensa de EE.UU. Proclama que est dispuesto a iniciar una guerra, simplemente para evitar que un remoto pas, desde el que es imposible atacar a EE.UU., ni con sus medios actuales ni con los que previsiblemente pueda disponer en muchos aos, prosiga su programa de desarrollo de energa nuclear.

Adems, para mostrar su disposicin a la guerra, no ha vacilado en recurrir a declaraciones que benvolamente podran tacharse de bravuconadas, si no fuera porque expresan la opinin del Comandante en Jefe de las ms poderosas fuerzas armadas del mundo: "Creo que hay que reconocer que en los ltimos tres aos he mostrado mi clara disposicin a emprender acciones militares cuando creo que es a favor de los intereses esenciales de EE.UU., incluso aunque impliquen enormes peligros".

Hacindose eco de las opiniones de su jefe, el Secretario de Defensa se expres as poco despus: "No existe mayor amenaza para Israel, para toda esa regin y naturalmente para EE.UU., que un Irn con armas nucleares. La respuesta militar es la ltima opcin si todo lo dems fracasa. Pero que nadie se equivoque: si todo lo dems fracasa, actuaremos".

Obama est ya actuando como Bush, cuando acus a Sadam Husein de disponer de armas nucleares, exagerando sin lmites la amenaza que stas representaban; y est parodiando a la Secretaria de Estado del anterior presidente, que asust un poco ms a sus conciudadanos al decir: "Nuestro problema es que no estamos seguros de la rapidez con la que [Sadam] obtendr esas armas. Pero no deseamos que los indicios se conviertan en el hongo de una explosin nuclear".

Es sorprendente, por otro lado, y deja al descubierto la manipulacin desarrollada en torno a este asunto, que ningn rgano internacional ni ninguna agencia implicada en la defensa de EE.UU. hayan podido confirmar fehacientemente la voluntad iran de hacerse con el arma nuclear, y que no puedan aducirse pruebas concretas de que el rgimen de Tehern est en camino de lograrlo. Adems de otras suposiciones, no conviene pasar por alto la opinin del ayatol Al Jameini, el denominado "lder supremo" del pas, que ha afirmado repetidamente que la posesin de armas nucleares es un grave pecado. En ese atrabiliario rgimen teocrtico, no se trata de algo balad.

Todo esto recuerda a la campaa de desinformacin y engaos que precedi al desencadenamiento de la guerra contra el terror en Afganistn y en Iraq. El presidente Bush anunci ante el Congreso que mediante aviones teledirigidos Sadam podra arrojar sobre las ciudades costeras de EE.UU. agentes agresivos qumicos o incluso biolgicos (cit el ntrax). Con esto y algunas otras mentiras bien elaboradas, se decidi iniciar una guerra basndose en conjeturas que luego resultaron ser no solo falsas, sino en gran parte absurdas.

La alusin de Bush a los aviones sin piloto como medio de ataque a un enemigo fue como el precedente de lo que ahora se ha convertido en la guerra favorita de Obama. Estos instrumentos areos de ataque, junto con las operaciones encubiertas de las fuerzas especiales, parecen haberse convertido en el eje de la nueva estrategia universal de Washington, la frmula mgica para hacer sentir la voluntad de EE.UU. en todo el orbe.

Como tambin hizo Bush, Obama ha buscado la cobertura legal para sus desafueros: los asesinatos selectivos ejecutados a distancia desde las ms de sesenta bases donde operan los drones de la CIA en todo el mundo. El fiscal general de EE.UU. ha declarado que el presidente "dispone de autoridad para matar a cualquier ciudadano americano, si l dictamina unilateralmente que es un peligro para la nacin".

Esta resbaladiza deriva de la Casa Blanca hacia el presidencialismo blico no est muy lejos del modo personal y autoritario con el que en la 2 Guerra Mundial dirigieron sus ejrcitos Stalin o Hitler (Churchill y Roosevelt tuvieron que esforzarse por convencer a los rganos polticos de las democracias que gobernaban), y aunque la comparacin sea a todas luces exagerada, muestra un peligroso camino en el uso indiscriminado de la fuerza militar que anuncia un futuro cuajado de conflictos.

Fuente: http://www.ceipaz.org/



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