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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-03-2012

Resea histrica 1968-2012
De qu hablamos cuando hablamos de abolicionismo penal?

Maximiliano E. Postay
Rebelin


I.

No sera desacertado decir que en los sesenta la concrecin de ciertas utopas pareci estar ms cerca que de costumbre. El fin de la historia no haba sido an ni remotamente predicho. Frases como la imaginacin al poder, hagamos el amor y no la guerra o seamos realistas, exijamos lo imposible sobrevolaban el ambiente en cada uno de los rincones del planeta, desde Tierra del Fuego hasta Alaska y desde Centroamrica hasta Vietnam, Camboya o China.

La familia y los hogares cambiaron sus hbitos y fisonomas drsticamente,2 la mujer empez a atreverse a participar en cuestiones otrora emparentadas nicamente al sexo masculino, la diversidad sexual comenz tmidamente y no tanto- a dejar de ser vista como un peligroso tab; y no obstante la aptica ceguera de las autoridades de los pases dominantes un importante sector de la sociedad empez a darse cuenta que capitalistas y comunistas no eran demasiado diferentes y que alinearse a unos u otros supona, inevitablemente, la inminente prdida de la libertad de obrar y pensar.

La sdica y para nada sutil dictadura estalinista y la hipcrita doble moral capitalista -pan y circo, banalizacin, frivolidad, imposicin permanente de pseudo necesidades,3 y utilizacin sistemtica de lo que Guy de Bord denominara alguna vez dominacin espectacular4- quedaron hermanadas imprevistamente como destino comn de la crtica despiadada de tericos de las ms diversas procedencias,5 movimientos sociales cada vez ms fuertes y organizados, principalmente en Latinoamrica-6 y sectores sociales pluriformes, de relativa influencia, tal es el caso de los estudiantes,7 las minoras raciales,8 el proletariado disidente,9 etc.

Acercarse al otro y generar un lazo humano en esencia y existencia era para muchos- la mejor manera de cuestionar el aparato burocrtico que pro-soviticos y pro-estadounidenses reverenciaban idlicamente. Lo burocrtico se asoci a lo anti-humano. La estructura de poder a las mquinas y la relacin entre el poder y el no poder a la cosificacin de los sujetos.

Lo pequeo es bello. Lo cercano, lo prximo. Mirarse a la cara y construir espacios de debate y discusin, sin intermediarios que poco saben acerca de nuestras realidades individuales. En este tan pero tan particular contexto nace en la pennsula escandinava el abolicionismo penal contemporneo.

II.

Influenciados por los movimientos abolicionistas de la esclavitud que desde fines del siglo XVIII y durante todo el siglo XIX haban constituido un maravilloso antecedente de transformacin social a partir de la erradicacin definitiva de una prctica de poder determinada;10 desde Noruega, Suecia, Finlandia y Dinamarca un grupo de organizaciones sociales integradas por intelectuales, estudiantes, presos, ex presos, familiares de personas privadas de la libertad y vctimas de lo que comnmente suele denominarse delitos empezaron a hilvanar como posibilidad cierta la hiptesis fctica de un mundo donde hombres y mujeres pudieran resolver sus problemticas cotidianas sin necesidad de recurrir al sistema penal.

La primera de las organizaciones escandinavas en ser fundada fue KRUM (Asociacin Nacional Sueca para la Reforma Penal) en Estocolmo, Suecia, en 1966.11Mejorar las condiciones carcelarias de los detenidos en las penitenciaras suecas; generar vas idneas de contacto entre el exterior y la vida intra-muros; y, desde el punto de vista poltico, constituirse en un grupo de presin -siempre incmodo para las autoridades de turno- fueron desde un principio sus tres objetivos ms trascendentes. De todas maneras, y so pena de su carcter inocultablemente crtico, desde el punto de vista conceptual KRUM nunca pudo separarse de la archi cuestionada tesis del tratamiento penitenciario lo que le supuso objeciones incluso provenientes de otros sectores del abolicionismo penal escandinavo.12

Un ao ms tarde fueron creadas KRIM en Dinamarca (Asociacin para una Humana Poltica Criminal) y KRIM (Asociacin de Prisioneros) y el Movimiento Noviembre en Finlandia, siendo sta ltima la ms intrascendente y fugaz de las organizaciones mencionadas, ya que materialmente dej de existir en 1971.13

Finalmente durante la primavera de 1968, en Oslo, Noruega, fue fundada KROM (Asociacin Noruega para la Reforma Penal), paradigma referencial terico-prctico por excelencia del anti-punitivismo.14 Desde all se formularon, reformularon y debatieron las ideas centrales del abolicionismo penal contemporneo que aos ms tarde erigiran a esta lnea de pensamiento en un movimiento ideolgico-social discutido no slo en la Pennsula Escandinava, sino tambin en el resto de Europa y buena parte del mundo occidental, como bastin fundacional de lo que en trminos ms amplios suele denominarse Criminologa Crtica.15

III.

Desde el punto de vista individual la figura ms destacada del abolicionismo penal escandinavo es Thomas Mathiesen, Doctor en Filosofa y profesor de Sociologa del Derecho en el Instituto de Sociologa del Derecho de la Universidad de Oslo desde 1972 hasta la actualidad.

Definido por muchos como el estratega del abolicionismo penal Thomas Mathiesen es el autor de la primera gran obra abolicionista: The politics of abolition. Publicado en 1974, simultneamente en noruego e ingls y jams traducido al espaol- este libro, de obligatoria lectura si de desentraar la filosofa y la praxis no punitiva contempornea se trata, resume en poco ms de doscientas pginas la historia, objetivos, actividades y proyectos de KROM, destacando enfticamente la importancia tctica de la generacin permanente de reformas negativas que tiendan a reducir en forma progresiva el rea de influencia del sistema penal, sin que esto signifique, de modo alguno, su eventual legitimacin.

Este camino inacabado e inacabable debe tener como objetivo final la abolicin total del sistema penal, pero no por ello debemos dejar que la ansiedad y la desesperacin nos jueguen una mala pasada. Muchas veces apresurar el trnsito hacia un determinado ideal termina atentando contra su concrecin. Un paso en falso o una mala decisin poltica pueden tirar por la borda, en un abrir y cerrar de ojos, todo lo que con muchsimo esfuerzo, tiempo y voluntad pudo haber sido construido hasta entonces. Previo a cualquier revolucin, hay etapas que cumplir con paciencia y calma.

En la prctica, todo hombre, que no sea l mismo un doctor Pangloss, y todo movimiento social estn sometidos a las presiones tanto del reformismo como del nimo revolucionario, y ello con una intensidad que vara con el tiempo. Salvo en los escasos momentos que preceden inmediatamente a crisis y revoluciones profundas, o durante ellas, los ms extremistas de los revolucionarios necesitan una poltica acerca del mundo existente en que se ven obligados a vivir. Si quieren hacerlo ms llevadero mientras preparan una revolucin, o an si es que quieren prepararla eficazmente, necesitan tambin ser reformistas, como no estn dispuestos a abandonar el mundo por las buenas, construyendo algn Sin comunista en el desierto o en la pradera, o como hacen muchas organizaciones religiosas- a transferir sus esperanzas todas al ms all, sin ms propsito que el de atravesar este valle de lgrimas sin quejarse hasta que llegue la muerte liberadora. (En cuyo caso dejan de ser revolucionarios o reformistas y se vuelven conservadores).1617

Por otro lado, vale destacarse, no es lo mismo reformar en sentido positivo, es decir intentando mejorar el objeto de la reforma para como consecuencia de ello concluir voluntaria o involuntariamente en su legitimacin y/o reivindicacin; que reformar en sentido negativo, con el propsito de achicar, debilitar y/o acortar aquello que pretendemos erradicar. La reforma como medio difiere notablemente de la reforma como fin.

Dicho desde un ejemplo relacionado al sistema penal, no es lo mismo construir crceles con habitaciones cinco estrellas para que los presos estn ms cmodos y puedan mirar televisin en LCDs de 42 pulgadas, que generar un plan de descriminalizacin progresiva de ciertas conductas tipificadas como delitos en el Cdigo Penal vigente en un determinado espacio territorial. No es lo mismo intentar reducir la rbita operacional del sistema penal porque creemos que el poder punitivo debe presentarse slo como alternativa ltima y en casos excepcionales, que intentar reducirla con el objetivo de acercarnos paulatinamente a su definitiva desaparicin.

IV.

Paralelamente a lo realizado por Thomas Mathiesen, merece ser resaltada la labor de otro histrico abolicionista penal noruego: Nils Christie profesor de criminologa en la Universidad de Oslo desde 1966, autor de obras tales como Los lmites del dolor,18 La industria del Control del Delito19 y Una Sensata Cantidad de delito-.20

Para l la tendencia del sistema penal a cuantificar el sufrimiento de los seres humanos recurriendo a inaceptables tablas aritmticas normativizadas en voluminosos cdigos penales o leyes complementarias y la peculiar costumbre de ciertos autores y/u operarios del aparato represivo del Estado a describir la historia del sistema penal como una serie de etapas en progreso, olvidando tendenciosamente que resulta imposible dictaminar y/o comprobar el mayor sufrimiento de los azotados en plazas pblicas en comparacin con lo padecido por los afortunados clientes de la penitenciara moderna son elementos harto cuestionables.

Asimismo, con destacada precisin, Christie fue el primero en alertar sobre el brutal crecimiento de la industria carcelaria en pleno auge del modelo poltico-econmico neoliberal, a travs de la privatizacin de la administracin de las crceles y las fuerzas de seguridad21 y la multiplicacin de la cantidad de empresas dedicadas a la construccin de unidades carcelarias y produccin de equipamiento para crceles,22 principalmente en los Estados Unidos, pero con la concreta pretensin de lograr expandirse globalmente.

No obstante lo dicho, previo a toda aquella copiosa produccin, fue en el ao 1976, cuando desde su ultra citado artculo Los conflictos como pertenencia Nils Christie empezara a realizar sus aportes ms destacados en relacin al abolicionismo penal contemporneo.

All explica con notable capacidad pedaggica cmo los conflicto sociales, otrora pertenecientes a los directamente involucrados en ellos, haban sido por completo expropiados por el Monarca, el Prncipe y/o el Estado desde que el sistema penal se haba extendido como prctica habitual e institucionalizada de resolucin de conflictos.23

Sobre ciertas cuestiones elegidas arbitrariamente por la autoridad y denominadas tambin arbitrariamente delitos los directamente involucrados pasaran a tener un protagonismo relativo, menor. Las vicisitudes de la revuelta privada consagradas expresamente cuestiones de orden pblico- pasaran a incumbirnos a todos. Si alguien le roba un plato de comida a otro la vctima no es slo aquel que se vio privado de su almuerzo, sino el Estado en su conjunto, y desde l toda la sociedad. En consecuencia ya no ha de ser importante la reaccin de los particulares frente al conflicto. No son sujetos, son objetos. Sin razn ni emocin. No importa si se perdonan, si se devuelven la comida robada, si deciden abrir un restaurante en sociedad o si, incluso, se vuelven amigos inseparables. La maquinaria estatal en movimiento no puede ser jams interrumpida.

Teniendo en cuenta lo explicado por Christie, el resto de las reflexiones de los abolicionistas escandinavos -compartidas unnimemente por sus seguidores forneos- son bastante ms fciles de comprender:

El delito como tal no existe, slo existen los actos. El delito carece de ontologa propia y/o contenido esencial definitorio. Los delitos son meros conflictos entre particulares. La autoridad dominante, coloca sobre determinadas conductas la etiqueta delito, slo a los fines de tener el control absoluto de su destino, desde la potencial puesta en marcha del aparato represivo. Lo que es delito hoy puede dejar de serlo maana. Lo que es delito en Espaa, puede no serlo en Argentina o viceversa. Todo depender del nimo de los poderosos de turno.

Si el delito no existe, los delincuentes tampoco. Son simples personas en conflicto. La categora delincuente representa una construccin poltica estatuida maquiavlicamente desde la autoridad, con el nico propsito de generar enemigos sociales que justifiquen la vigencia del aparato represivo del Estado. En consecuencia se impone tomar con pinzas la visin agonal schmittiana amigo-enemigo,24 vctima-delincuente. No hay buenos ni malos. Hroes ni villanos. Normales ni anormales. Slo sectores con mayor poder de definicin que otros.

V.

Fuera de la pennsula escandinava tambin fueron de suma importancia los aportes generados por los intelectuales de los Pases Bajos: Hermann Bianchi, Louk Hulsman, y en menor medida John Blad.25

Influenciados por una histrica tradicin social, cultural y poltica -emparentada a la utilizacin pragmtica de la tolerancia y el humanismo- las reflexiones y el activismo de los profesores holandeses citados fueron determinantes a los fines de motorizar la dorada poca de apogeo26 que el abolicionismo penal contemporneo vivi durante la dcada del ochenta.

Apuntalados por sus pares escandinavos;27 influenciados eclcticamente por la fenomenologa husserliana, el interaccionismo simblico, las teoras crticas frankfurtianas, el anarquismo, el marxismo, el funcionalismo, el liberalismo y/o el cristianismo; y con el antecedente prctico de la Liga Coornhert fundada en 1971 -organizacin abolicionista similar a las mencionadas KROM, KRUM y KRIM- y los movimientos an ms radicalizados BWO y D&S, compuestos ntegramente por presos,28 el abolicionismo penal holands incorpor al imaginario de la filosofa anti-represiva -con singular fuerza y discutible moralismo- conceptos tales como: el perdn, la solidaridad, la vergenza, la culpa, el arrepentimiento y el auto-control.29

Tambin a la actividad abolicionista holandesa, principalmente aquella protagonizada por Louk Hulsman, se debe el arribo del abolicionismo penal a Latinoamrica. Su ensayo-entrevista Peines Perdues realizado en forma conjunta con Jacqueline Bernat de Celis fue especialmente atractivo para buena parte de los criminlogos crticos de Argentina, Brasil y el resto del sub-continente, quines no obstante adherir o no a sus postulados se vieron tentados en estudiar reflexivamente la filosofa y la praxis de la no pena como nunca antes lo haban hecho.

En este sentido ha destacarse el homenaje que Eugenio Ral Zaffaroni le realizara al profesor de la Universidad de Rotterdam, desde su trabajo En busca de las penas perdidas,30 la fuerte influencia de Hulsman en el abolicionismo penal que paulatinamente fue adquiriendo peso propio en Brasil,31 y/o la aparicin de una importante cantidad de trabajos y/o investigaciones latinoamericanas hispano-parlantes sobre abolicionismo penal durante la dcada del ochenta y los primeros aos de la dcada del noventa, provenientes de la pluma de: Mauricio Martnez Snchez, lvaro Prez Pinzn, Emilio Garca Mndez, Alejandro Alagia, Mariano Ciafardini, Alberto Bovino, entre otros.

Signado por un pasado turbulento -colocado en colegios de internos durante su niez y testigo presencial de los campos de concentracin instalados en Holanda durante la ocupacin nazi en el marco de la segunda guerra mundial-32 Louk Hulsman sola recurrir a sus vivencias personales para explicar sus ideas ms elementales. Su desprecio por las discusiones tericas inabarcables y los postulados acadmicos excesivamente tcnicos, su carisma comunicacional y verborragia lo llevaron durante toda su extensa carrera a priorizar la transmisin oral cuasi panfletaria, a la elaboracin puntillosa de manuales, tratados y/o artculos de doctrina. En este sentido no es para nada casual que la mayora de las aportaciones tericas hulsmanianas surjan de entrevistas realizadas por colegas, periodistas o estudiantes o intervenciones del propio Hulsman en congresos, seminarios, charlas-debate, etc. siempre improvisadas en el mejor sentido del trmino-, pedaggicas y con un alto margen de interlocucin con el auditorio presente.

A travs de estas experiencias pudo trascender -entre otras cuestiones-: a) que Hulsman le daba al lenguaje y su faz definitoria una importancia superlativa; b) que segn el profesor holands- para superar la lgica del sistema penal hay que empezar por rechazar el vocabulario especfico que le sirve de base,33 incentivando la capacidad creativa de los directamente involucrados en el conflicto en cuestin, en detrimento de las mximas axiomticas del Estado;34 c) que no era del todo cierto aquello que nos queran inculcar los medios de comunicacin, en relacin a que todas las vctimas de situaciones conflictivas catalogadas poltica y socialmente como delitos sienten odio, repulsin violenta y/o nimos de venganza para con el supuesto responsable del dao padecido;35 d) que una vez superada la burocracia del sistema penal el desarrollo de un sentimiento global de solidaridad y proximidad se haca indispensable;36e) que slo un pequeo remanente de los conflictos interpersonales son regulados dentro del sistema penal, y que si esto es as, no queda otra que concluir fehacientemente que existen alternativas concretas que nos permiten creer en la total prescindencia del sistema penal.37

Desde su activa participacin en el Common Study Programme -fundado conjuntamente con Alessandro Baratta y Massimo Pavarini- Louk Hulsman consolid el papel protagnico del abolicionismo penal en el amplio margen de las discusiones criminolgicas y/o sociolgico-jurdicas contrarias al statu quo, pro violencia poltica y pro crecimiento de la red represiva del Estado, alentado por los diferentes sectores del realismo de derecha.38

VI.

Durante el primer lustro de los aos ochenta Hulsman propici los primeros acercamientos activos no slo a partir de meros intercambios de lecturas- con el abolicionismo penal escandinavo de Thomas Mathiesen y Nils Christie.

El trabajo conjunto de los profesores mencionados logr multiplicar a pasos agigantados el peso especfico del abolicionismo penal, hasta alcanzar un altsimo protagonismo en el Noveno Congreso Mundial de Criminologa, desarrollado en Viena en 1983.39

Tal cual lo destaca Ignacio Anitua, a pesar de la supuesta debilidad terica del abolicionismo penal contemporneo todos los criminlogos mundiales se vieron obligados entonces a aceptar confrontar las ideas sencillas de estos pensadores que tienen ms de agitadores culturales desde parmetros morales, que de tcnicos.40

Tambin en 1983, en Toronto, Canad, tuvo lugar la primera International Conference on Penal Abolition (ICOPA); nico evento de dimensin universal en el que -desde entonces hasta nuestros das- intelectuales de la no pena, activistas sociales, ex presidiarios y/o familiares de presos se renen cada dos aos en diferentes ciudades del mundo a intercambiar experiencias, planificar proyectos conjuntos y/o debatir diferentes posiciones tericas.

Gracias al aporte econmico de la Howard League agrupacin religiosa de origen cuquero- y la eficaz labor logstica de los canadienses Ruth y Ray Morris, ICOPA ha logrado llevar la discusin abolicionista a: msterdam, Holanda, en 1985 con la especial colaboracin organizativa de Hermann Bianchi-; Montreal, Canad, en 1987 conferencia en la que, resulta relevante mencionarlo, se decidi radicalizar posiciones y pasar de cuestionar nicamente la crcel a poner en tela de juicio el sistema penal en su conjunto-; Polonia, en 1989 gracias a la slida contribucin de Mnica Platek-; Indiana, Estados Unidos, en 1991; Costa Rica, en 1993 en lo que signific la primera gran experiencia del abolicionismo penal en Latinoamrica (co-organizacin a cargo de Elas Carranza)-; Barcelona, Espaa, en 1995 donde fue determinante la intervencin de la especialista en mediacin comunitaria y justicia restaurativa Mara Teresa Snchez Concheira-; Toronto, por segunda vez, en 1999; Nigeria, en 2002; Tasmania, Australia, en 2006; Londres, Inglaterra, en 2008; y finalmente Belfast, Irlanda del Norte, en 2010;41 sin olvidar por supuesto la ICOPA LATINOAMERICANA realizada en Paran, Argentina, en 1994.

VI.

Finalmente algunas brevsimas referencias al aqu y ahora abolicionista penal. En estos primeros aos del siglo XXI, la realidad indica que el abolicionismo penal se encuentra notablemente distorsionado e invisibilizado. No debemos engaarnos al respecto. Asumir la coyuntura tempo-espacial y hacer de la consciencia de lo adverso un acto de liberacin y militancia se impone con urgencia, sin dilacin ni eufemismos.

Nadie o casi nadie sabe a ciencia cierta qu es lo que realmente significa y/o representa esto de ser abolicionista y cules son las principales ideas fuerza de esta corriente -tanto en su gnesis como de cara al presente socio-jurdico penal y el escenario poltico global actual-.

Lo expuesto prrafos atrs es completamente desconocido no slo para el gran pblico, sino tambin para la inmensa mayora de la lite universitaria especializada en las ciencias penales, la sociologa y/o la criminologa.

A su vez, la renovacin generacional indispensable a los fines de apuntalar la supervivencia de los postulados abolicionistas- brilla por su ausencia. Salvo contadas excepciones, muy pocos estudiosos se avocaron en la ltima dcada a profundizar el legado de los maestros abolicionistas42 referenciados. La biblioteca abolicionista no ha sido actualizada, siendo esta -sin dudas- una grosera falencia que en el corto plazo ha de ser corregida.

De no hacerlo, aquellos que creemos en la importancia -terica y prctica- del abolicionismo como ejercicio de superacin y rebelda frente al estruendoso fracaso del sistema penal, deberemos conformarnos con la intrascendencia y la marginalidad, o lo que es an peor deberemos tolerar, sin derecho a rplica, que algn portavoz del discurso de la seguridad ciudadana -punitivismo meditico y militarizacin de la vida cotidiana mediante- se atribuya sin ms- la potestad de delinear incluso nuestra propia identidad.43

Maximiliano E. Postay es abogado. Universidad de Buenos Aires; Mster en Criminologa y Sociologa Jurdico Penal. Universitat de Barcelona. Coordinador General de LTF. Espacio de Libre Expresin, Arte y Militancia por ms inclusin social y en contra del encierro.

Blog del autor: locostumberosyfaloperos.blogspot.com

FB: Maxi Postay; TW: @maxipostay

Notas:

2 HOBSBAWM, E., Historia del siglo XX, Crtica, Buenos Aires, 2008, pp. 322 y sigs. (Traduccin a cargo de J. Faci, C. Castells y J. Ainudy).

3 Vase en este sentido DE BORD, G., La societ dello spettacolo, Agalev, Bologna, 1990 (versin original, 1967), pp. 31, 33, 36 y cs.

4 DE BORD, G., Comentarios sobre la sociedad del espectculo, Anagrama, Barcelona, 1990, p. 107 (Traduccin a cargo de C. Lpez y J. Capella).

5 Entre los que merecen ser destacados Theodor Adorno, Max Horckheimer, Herbert Marcuse, Walter Benjamin o Erich Fromm -en el marco de lo que la historia de la filosofa ha dado en llamar Escuela de Frankfurt (A los fines de conocer en detalle el proceso de formacin y desarrollo terico prctico de este movimiento vase: JAY, M. La imaginacin dialctica. Historia de la Escuela de Frankfurt y el Instituto de Investigacin Social, Taurus, Madrid, 1974)-; Jean Paul Sartre, Albert Camus o Simones de Beauvoir en el seno del existencialismo francs surgido entre las dcadas del cuarenta y cincuenta y consolidado en los sesenta-; gnes Heller o Georg Lukcs como mximos referentes de la Escuela de Budapest-; etc.

6 Cfr. LOPEZ MAYA, M. y SEOANE, J. (Coordinadores), Movimientos sociales y conflicto en Amrica Latina, CLACSO, Buenos Aires, 2003

7 Protagonistas excluyentes de histricas revueltas sociales (entre 1964 en California, Estados Unidos- y los ltimos aos de la dcada del sesenta), entre las cuales ameritan una particular mencin los incidentes acaecidos en la Universidad Libre de Berln en 1967 y el mayo parisino de 1968.

8 Vase a ttulo de ejemplo La Marcha sobre Washington por el Trabajo y la Libertad, liderada por Martin Luther King Jr., en 1963; en la cual el clebre pastor estadounidense pronunci su recordado discurso I have a dream.

9 Aquel no cooptado por la ortodoxia comunista ni seducido por las prerrogativas sociales reconocidas desde la instauracin del Welfare State en los Estados Unidos y buena parte del resto de los pases occidentales.

10 GARCA MENDEZ, E., Il movimento e la teoria per la abolizione del sistema penale e la discussione recente, en Dei delitti e delle penne, 3/85, ESI, Bari, p. 591

11 MATHIESEN, T., The politics of abolition , Martin Robertson, Londres, 1974, p. 40

12 Ibdem, p. 41

13 Ibdem, p. 44

14 Ibdem, pp. 45 y cs.

15 MARTNEZ SNCHEZ, M., La abolicin del sistema penal. Inconvenientes en Latinoamrica, Temis, Bogot, 1990, p. 13; ANITUA, G., Historias de los pensamientos criminolgicos, Ed. Del Puerto, Buenos Aires, 2005, p. 431

16 HOBSBAWM, E., Rebeldes primitivos. Estudios sobre las formas arcaicas de los movimientos sociales en los siglos XIX y XX, Ariel, Barcelona, 1968, p. 25 (Traduccin a cargo de J. Romero Maura).

17 En congruente orientacin, y recordando las repercusiones generadas en Noruega principalmente entre las autoridades del servicio penitenciario local- poco despus de la publicacin, como artculo independiente, de la primera parte de The Politics of Abolition, The Unfinished, en 1971, el propio Thomas Mathiesen supo decir lo siguiente: Dnde terminara todo? Cules eran, en realidad, las verdaderas intenciones del autor y su movimiento? Hacia dnde se dirigan, queran la reforma o la revolucin? Nuestra respuesta fue que queramos las dos cosas, y eso precisamente preocup a los directores. No podan ubicarnos. (MATHIESEN, T., La poltica del abolicionismo, en Abolicionismo Penal, AA.VV., EDIAR, Buenos Aires, 1989, p. 111).

18 CHRISTIE, N., Los lmites del dolor, FCE, Mxico D.F., 1984

19CHRISTIE, N., La industria del control del delito. La nueva forma del holocausto?, Ed. Del Puerto, Buenos Aires, 2007

20 CHRISTIE, N., Una sensata cantidad de delito, Ed. Del Puerto, Buenos Aires, 2004

21 CHRISTIE, N., La industria del control del delito. La nueva forma del holocausto?, op. cit., pp. 107 y 111

22 Ibdem, pp. 101-104

23 CHRISTIE, N., Los conflictos como pertenencia, en De los delitos y de las vctimas, Ad Hoc, Buenos Aires, 1992, pp. 157-182 (Conferencia pronunciada originalmente el 31 de marzo de 1976. Acto inaugural del Centro de Estudios Criminolgicos de la Universidad de Sheffield).

24 SCHMITT, C., El concepto de lo Poltico, Alianza, Madrid, 1999

25 Autor, ste ltimo, que no obstante su formacin original ciento por ciento abolicionista, se ha inclinado en los ltimos aos hacia el estudio, anlisis y propaganda de los postulados de la justicia restaurativa.

26 Dicho esto en trminos absolutamente relativos.

27 Mi primer artculo sobre abolicionismo penal es de 1975. Pero ya para esas fechas haba ocupado puestos en el Ministerio de Justicia, en conferencias comunitarias pero debo confesar algo: mis ideas (an vagas) sobre lo que quera decir y hacer con el abolicionismo, se consolidaron cuando conoc y le la obra cumbre de Thomas Mathiesen, The Politics of Abolition, y en concreto su idea del unfinished. All concebimos algo as como un programa hacia la abolicin, una praxis que no deba tener fin. El norte estaba marcado (En los albores de la criminologa crtica. Entrevista a Louk Hulsman, en Revista Anthropos, N 204, Barcelona, 2004, p. 208).

28 ANITUA, G., Historias de los pensamientos criminolgicos, Ed. del Puerto, Buenos Aires, 2005, p. 405

29 Vase especialmente el libro conjuntamente editado por Hermann Bianchi y Ren Van Swaaningen, Abolitionism-Towards a non repressive approach to crime (msterdam, 1986).

30 ZAFFARONI, E., En busca de las penas perdidas. Deslegitimacin y dogmtica jurdico-penal, EDIAR, Buenos Aires, 2009, Dedicatoria. (Versin original, 1989).

31 Fenmeno reconocido unnimemente por los principales exponentes del abolicionismo penal brasileo Edson Passetti, Claudio Guimaraes, Mara Luca Karam, etc. En este sentido en una entrevista que recientemente tuve la posibilidad de realizarle, la nombrada Karam, afirm lo siguiente: La idea abolicionista lleg a Brasil en la dcada del ochenta, simultneamente con el proceso de re-democratizacin del pas y la reactivacin de la discusin en torno al sistema penal que aquello trajo consigo. Fue en esa poca que se iniciaron diversas visitas de Louk Hulsman a Brasil, participando en conferencias, reuniones, seminarios y conversaciones, principalmente con profesionales del derecho que actuaban en el marco del sistema penal. Tuve el placer y la honra de publicar sus Peines Perdues, publicado en Brasil en 1993, por la Editora Luam. Poco antes escrib De crmenes, penas y fantasas, igualmente publicado por la Editora Luam en 1991. Ese, mi primer libro, en gran parte fue el resultado del contacto con Louk y una inicial asimilacin de las ideas abolicionistas por l propuestas. (Mayo, 2009).

32 HULSMAN, L. y BERNAT DE CELIS, J., Sistema Penal y Seguridad Ciudadana: Hacia una alternativa, Ariel, Barcelona, 1984, pp. 19 y sigs. (Traduccin a cargo de S. Politoff). Editado originalmente en Pars en el ao 1982, con el nombre Peines Perdues. Le Systeme pnal en question.

33 Ibdem, p. 84

34 Son las personas directamente involucradas, los dueos del evento, los que continuamente deben estar posibilitados de dar las definiciones que crean convenientes cada vez que alguno de ellos deba intervenir o actuar sobre dicha situacin. Esto permite que el evento no sea congelado como ocurre en el sistema penal. (Entrevista a Louk Hulsman, realizada por Enrique Andrs Font, en Delito y Sociedad, Ao I, N 2, Segundo Semestre de 1992, Marcelo Kohan, Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, p. 136).

35 HULSMAN, L. y BERNAT DE CELIS, J., Sistema penal y Seguridad Ciudadana. Hacia una alternativa, op. cit., pp. 73 y 106

36 Ibdem, p. 124

37 Ibdem, p. 62. En idntico sentido vase tambin HULSMAN, L y BERNAT DE CELIS, J., La apuesta por una teora de la abolicin del sistema penal, en El lenguaje libertario II (FERRER, C., compilador y editor), Nordan-Comunidad, Montevideo, 1991, pp. 190 y 191.

38 Labor que, con igual ahnco, an realiza Thomas Mathiesen desde el similar Grupo Europeo para el estudio de la desviacin y el control social, heredero natural en Europa de la primigenia National Deviance Conference, creada en 1968; y de la an ms antigua Unin de Criminlogos Radicales, formada en 1964 en el seno de la Universidad de Berkeley, California, Estados Unidos.

39 Los avances abolicionistas fueron una gran sorpresa en el Noveno Congreso Internacional de Criminologa que tuvo lugar en Viena, en 1983. As se vio demostrado en el titular que dio a la conferencia el diario francs Le Monde (4 de octubre de 1983). Mientras el ttulo rezaba Debemos quemar el Cdigo Penal?, el autor cerraba su artculo con una nota escptica, preguntndose por las alternativas constructivas que podran ofrecer los abolicionistas: pero cmo podemos sustituir los efectos del derecho penal en una situacin social que se caracteriza por el desempleo, la desintegracin social, y consecuentemente- por el auge de la delincuencia? (SCHEERER, S., Hacia el abolicionismo, en Abolicionismo penal, AA.VV., EDIAR, Buenos Aires, 1989, p. 17). Ms all de la valoracin compartible o no- del periodista, el slo hecho que uno de los principales medios de comunicacin de Europa dedique tamaa atencin al movimiento abolicionista penal resulta un dato para nada despreciable.

40 ANITUA, G., Historias de los pensamientos criminolgicos, op. cit.   p. 435

41 MORRIS, R., The international conference on penal abolition, en: http://www.justiceaction.org.au/index.php?Itemid=43&id=43&option=com_content&task=view

42 Alejandro Gmez Jaramillo, Cecilia Snchez Romero, Claudio Guimaraes, Edson Passetti y no mucho ms.

43 Se estn repitiendo con alarmante frecuencia, y de manera creciente, aquellos casos en que los jueces sueltan de la prisin a criminales que, no bien se ven libres, vuelven a atacar y hasta a matar a vctimas inocentes. Podran atribuirse estas aberraciones judiciales a diversas causas, entre ellas que los tribunales no dan abasto para procesar el aluvin de casos que los abruman, que los cdigos de procedimientos son anticuados o, incluso, que el Estado no ha construido un nmero suficiente de crceles. Todas estas causas, que existen, son en todo caso incidentales porque, por encima de la lenidad de la Justicia con los delincuentes peligrosos y reincidentes, que escandaliza a sus vctimas actuales o potenciales, sobrevuela una ideologa que, habindose hecho carne en numerosos juzgados, recibe el nombre de abolicionismo http://www.lanacion.com.ar/1457527-los-jueces-los-liberan-y-ellos-vuelven-a-matar

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