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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-03-2012

La pelea del 29M

Jos Antonio Errejn
Rebelin


1. La Reforma y el ataque sobre el sistema de relaciones laborales en Espaa

La reforma laboral opera sobre un cuadro de situacin al comienzo de 2012 en el que apenas se registra actividad negocial. De los 749 convenios registrados, ms del 95% son revisiones, solo hay nuevos 39 que afectan a 29 mil trabajadores. Parece claro que las patronales han mandado un mensaje a sus afiliados y a la patronal en general para suspender toda actividad en espera de que saliera la reforma, obviamente un regalo para ellos. En tal sentido, la promulgacin del Real Decreto ley que aprueba la reforma laboralLha sido una decisin orgnica a los intereses y propsitos de toda la burguesa, desde los ms conspicuos de sus intelectuales orgnicos al ltimo de los pequeos empresarios, que acarician desde hace tiempo la idea de un nuevo comienzo de las relaciones laborales y de la negociacin colectiva, desprendido de las molestias adherencias del alma socializante/fordista de la Constitucin del 78.

Esa paralizacin de la actividad negocial hace que a los ojos de los trabajadores, la nica imagen que se perciba de los sindicatos es la de Toxo y Mndez haciendo declaraciones, imgenes cupulares, espectaculares, sin conexin con su actividad y realidad cotidiana de las empresas y centros de trabajo. Es difcil exagerar la importancia de las imgenes en sociedades como la nuestra. Existe una diferencia abismal entre la capacidad de influir y formar opinin de la gente trabajadora entre los sindicatos y los medios de comunicacin, la mayora de ellos en manos de la derecha y la extrema derecha. La opinin de una buena parte de los trabajadores, carentes d esa identidad proletaria de antao que hiciera de contrapeso, puede verse decisivamente influida por estos medios que machacan de forma insistentemente un mensaje de hostilidad antisindical que cala hasta en medios alternativos (ver las fotos de los relojes de Cndido Mndez). Las direcciones sindicales deberan iniciar una reflexin orientada a cambiar las bases de su implantacin, en la direccin de una vuelta al taller. El modelo de implantacin vigente, ha servido para una etapa de paz social y coincidencia en los aspectos bsicos con la patronal y el Gobierno. Cuando como ahora, estos ltimos no respetan los roles establecidos y se propone ganar la opinin de los trabajadores desatando esta hostilidad antisindical, una buena implantacin al interior de las empresas sera una ayuda decisiva para contrarrestar tal ofensiva.

En cuanto al contenido de la reforma y sin abandonar la negociacin colectiva, hay que decir que plantea a los sindicatos un reto para el que, hay que decirlo con claridad, no parece que estn preparados. La descentralizacin del mbito de los convenios exige a las estructuras sindicales una vuelta al taller y centro de trabajo que no les ser fcil improvisar, habida cuenta su estructura productiva de las empresas espaolas, la de la implantacin sindical en la misma y la cultura sindical dominante desde la legalizacin de los sindicatos, que ha tendido a primar la centralizacin de la accin sindical a travs de los acuerdos sectoriales y nacionales (fruto, a su vez, en buena medida, de la asuncin por las cpulas sindicales, de su responsabilidad para con la estabilidad de la democracia, reclamada desde los inicios mismos de la transicin.

La atribucin de un mximo poder al empresario en el interior de la empresa es el rasgo ms definitorio de esta (contra) reforma. Entre sus mltiples manifestaciones, quiero destacar aqu la absoluta y omnmodo poder de disposicin en lo que concierne a los resultados de la empresa, especialmente con ocasin de la cada en las ventas (ni siquiera es necesario la existencia de resultados negativos) durante tres trimestres consecutivos y a los efectos de la puesta en marcha del proceso de extincin del contrato de trabajo, sin autorizacin administrativa previa, de la movilidad geogrfica, etc. Se trata del dominio puro y simple del derecho mercantil, derecho burgus por excelencia, sobre los instrumentos de negociacin del Derecho del trabajo, el derecho socialdemcrata por antonomasia. Representa la consagracin del dominio absoluto de los derechos del empresario sobre los trabajadores que son as equiparados a la condicin del resto de insumos cuya aplicacin y ordenacin a los objetivos de la produccin son de la exclusiva competencia del empresario. Ningn derecho corresponde al trabajador distinto de la retribucin pactada, siempre que la misma sea compatible con el mantenimiento de los resultados positivos en la cuenta de explotacin de la empresa. Se terminaron las veleidades corporatistas y los discursos sobre la empresa como una familia una comunidad. El trabajo no capitaliza, es una simple variable, un coste de explotacin a minimizar cunto se pueda.

2. La convocatoria de Huelga General

Contra esta (contra)reforma laboral se ha convocado por las direcciones de CCOO y UGT una huelga general para el prximo 29 de marzo. A pesar de la advertencia de Toxo de que Rajoy no decidira la fecha de la Huelga General, parece que la intencin de influir en la tramitacin del proyecto de ley en sede parlamentaria ha resultado determinante para convocarla con un escaso tiempo para su preparacin. Si es as, el argumento es escasamente convincente. Precisamente a causa de la gravedad de las amenazas que enfrenta, hubiera sido necesaria una preparacin muy cuidadosa en sectores diversos as como el aprovechamiento de las luchas ya lanzadas que han alcanzado un buen nivel y disfrutan de simpatas evidentes entre la poblacin como la marea verde y la lucha contra la privatizacin del Canal de Isabel II en Madrid.

Existen, por el contrario, otras razones como la previsin de algn resquicio negociador, siquiera sea en temas adjetivos de la RL, para el que las direcciones sindicales hubieran valorado de utilidad hacer una medida fuerte de presin como la convocatoria de la Huelga General? Es posible pero entonces hay que decir que las direcciones sindicales cometen un error de apreciacin. La envergadura y dimensin de la ofensiva reaccionaria pueden ayudar a comprender las limitaciones de una Huelga General de un da, convocada con el estilo y la liturgia de tiempos de paz, estando cmo estamos en otros tiempos. Los dirigentes de CCOO han reiterado que esta puede ser la primera por lo que hay que dejarles el beneficio de la duda que han pensado y programado todo un ciclo de luchas y movilizaciones en continuidad con el 29M. Parece evidente que las Huelgas Generales de un da convocadas a los gobiernos del PSOE con la conviccin de que al da siguiente estaran sentados a la mesa de negociacin han pasado a la historia. Para los gobernantes del PP la paz social no cotiza tanto como para los del PSOE y parecen dispuestos a enfrentar las movilizaciones exclusivamente como un problema de orden pblico, en el que el nico interlocutor de los trabajadores ser la polica, una polica que acaba de ver convalidada sus brutalidad por el Ministro del ramo al que deber agradecer, adems, que sea el nico servicio pblico que no ve congelada su oferta pblica de empleo. Las direcciones sindicales no parecen haber valorado bien a qu se enfrentan con esta reforma laboral y han activado su medida mxima del repertorio clsico de los tiempos del fordismo y la paz social. No son tiempos estos, sin embargo, de paz social.

Sin nimo alguno de tremendismo, creo que la guerra de los de arriba contra los de bajo ha sido declarada y las llamadas a la concordia y la negociacin hechas por las direcciones sindicales o hacen sino trasladar desconfianza y miedo entre los de abajo. En una lucha de esta envergadura, este tipo de llamadas harn pensar a muchos trabajadores que dudan en hacer la huelga que las direcciones sindicales no estn dispuestas a poner toda la carne en el asador y que los pueden utilizar como simple instrumento de presin para conseguir ser llamados a la negociacin.

Que esta huelga puede ser especialmente dura es algo que parece fuera de duda. Al argumento de la escasa cotizacin de la paz social para el gobierno del PP y la patronal, que confan en ganar la batalla meditica y presentar a los huelguistas cmo antipatriotas y alteradores del orden pblico, hay que sumarle el envalentonamiento de la patronal detectable por las amenazas abiertas e despido a quines hagan la huelga. Una huelga muy dura en la que no podr participar la mayora de la generacin 20-30 aos, la generacin que tradicionalmente ha estado en la vanguardia de las luchas obreras. Esa generacin o no se ha podido incorporar al mercado de trabajo, o su incorporacin es precaria y dificulta su integracin conos trabajadores fijos sin sentirse representados por los sindicatos de clase, que organizan otro trabajador y que no han sabido entrar en el trabajador social colectivo.

3. Una Huelga donde quepan muchas huelgas

Sea como fuere, esa generacin era la que debiera estar preparando y dirigiendo la respuesta de los trabajadores a la reforma laboral. Que no lo haga, que una nueva generacin altamente preparada y no determinada por los temores de las anteriores no pueda acudir a su cita con la historia y asumir sus responsabilidades, es la consecuencia, en primer lugar, del devenir del capitalismo en las tres ltimas dcadas. En efecto, la economa espaola ha ido reduciendo su capacidad de incorporacin de fuerza de trabajo cualificada en favor de una creciente demanda de empleos poco y mal calificados como consecuencia de la asignacin de funciones en el reparto internacional del trabajo. As, la demanda de mano de obra cualificada y tecnificada del fordismo a la espaola de los sesenta ha sido sustituida por una demanda de empleos terciarios, especialmente colocados en el sector de la construccin, desde hace decenios operando como motor de la economa espaola.

Otro factor ms subjetivo que explica esta no comparecencia de la generacin de los 20 a los 30 es el alejamiento producido con el mundo sindical, percibido ya por varias generaciones como una parte de las instituciones y a los sindicalistas como una parte del personal del aparato del Estado. Por injustas que sean todas las generalizaciones y esta lo es, este prejuicio se basa en un hecho real que est asociado con el modelo sindical imperante en Espaa desde la transicin. Los sindicatos se han sentido durante estas dcadas parte esencial del rgimen democrtico lo que ha llevado a sus cuadros dirigentes a alejarse de la evolucin real del mundo del trabajo y de las subjetividades colectivas emergentes como consecuencia de esta evolucin.

En este punto reproduzco ntegro el contenido de un pequeo artculo [1] que describe con precisin la naturaleza de la pelea que afrontamos el da 29.

"Esta Huelga General la vamos a tener que librar [email protected] dos contingentes poltica y biolgicamente muy diferentes, y hasta ahora con escasas experiencias de convergencia: Por una parte, un ejrcito envejecido y a la defensiva de trabajadores sindicalizados; por otra, uno en formacin, recin nacido y an poco articulado, generado fundamentalmente en la ola de movilizacin del 15M, y compuesto mayoritariamente por gentes que no hemos conocido el rgimen laboral del pacto social fordista.  

La contienda se desarrolla adems en el terreno sindical-laboral, all donde este ltimo no tiene apenas presencia, en contraste con el uso del espacio pblico y la defensa de contenidos democrtico-radicales que le caracterizan. No obstante, los subalternos rara vez eligen el terreno y las condiciones del enfrentamiento. Parece claro que ste se libra cuando y cmo quera el Gobierno de la Patronal, que busca un golpe disciplinante de la mayora empobrecida que va a soportar el programa de ajuste que impone la Troika.

Ese es el sentido del ataque a los sindicatos: no slo la agresin a la posibilidad misma de agruparse en los lugares de trabajo, sino como una reestructuracin hacia la derecha de los aparatos del Estado que elimine la mnima capacidad de contrapeso de las instituciones del trabajo dentro del Rgimen. Una verdadera transformacin oligrquica de la constitucin material del Estado espaol, con la que los de arriba buscan un efecto ejemplarizante.

Seguramente los motivos de ambos contingentes para concurrir a la Huelga General tienen diferentes contenidos particulares ([email protected] la defensa de unas condiciones laborales que parecen en peligro de extincin, [email protected] la revuelta contra un presente bloqueado por los recortes y la precariedad) pero hay que anudar un sentido general compartido: la construccin de un pueblo contra el chantaje de la deuda y las medidas de ajuste estructural.

Con lo que no termina de morir y lo que no termina de nacer, tenemos que comparecer en una batalla cuyos trminos no hemos escogido, pero que no podemos esquivar, en la que hay que batirse. Como un hito fundamental en un enfrentamiento prolongado con la ofensiva que las lites han desatado contra los trabajadores y las capas subalternas, para modificar unilateralmente el pacto social fundante del Rgimen, en beneficio de una redistribucin an ms regresiva de la riqueza de abajo hacia arriba. Una ofensiva directa y esencialmente poltica, que como tal debe ser enfrentada
"

Si se verdad quieren comprometer a la mayora de la gente trabajadora en un ciclo sostenido de luchas contra esta y el resto de las agresiones contenidas en la agenda oculta del Gobierno, las direcciones sindicales debern abandonar cualquier actitud desdeosa en relacin con la participacin en las mismas del resto de los movimientos sociales y, en particular, del 15M. Toxo y Mndez tienen que reconocer que ellos no son los nicos representantes del mundo del trabajo, por mucho que el ordenamiento jurdico del rgimen les conceda este trato. Incluso deberan ir pensando en una dimensin irrepresentable (que no nos representan) del mundo del trabajo con laque, si de verdad quieren enfrentar la actual ofensiva del capital, debern convivir. En justa reciprocidad, estos movimientos estn obligados a asumir que una parte de la sociedad trabajadora est representada por estos sindicatos y que en la lucha contra las polticas de los mercados financieros y sus vicarios es mejor unir todo lo que se les pueda oponer, aprovechando para hacer un camino comn que ayude a disolver todos los prejuicios que han ido sembrando todos estos aos de discurso nico. [email protected] anticapitalistas estamos obligados a desempear la en ocasiones ingrata tarea de servir de nexo de unin entre ambas realidades, sin garanta alguna de xito y menos an de reconocimiento en la tarea.

Algunas declaraciones hechas desde el 15M, adems de revelar un fondo ideolgico ambiguo (hacia el cambio social reza una proclama de una asamblea frente al tacticismo de la convocatoria sindical), son una pura insensatez que hace temer por la suerte de quienes sigan estas consignas. Hace tiempo seal lo escasamente preparado que est el 15M para afrontar luchas duras cmo la presente. Un vago y confuso autonomismo parece haberse apoderado de las asambleas del 15M que parece abocado a lidiar una pelea con los sindicatos para escenificar las diferencias culturales que le separan. El empeo es, sencillamente, una insensatez de la que se deben estar alegrando todos los medios de la patronal y del Gobierno, y sus costes los pueden pagar todos los trabajadores.

Las luchas, todas las luchas, contienen componentes antiguas y nuevas en el accionar de las clases subalternas, no son la aplicacin mecnica de formulaciones tericas por acertadas y brillantes que sean. Oponer las luchas del precariado y el cognitariado a la de los asalariados fijos es sencillamente una estupidez si no algo peor. Entre otras cosas porque esta huelga es eminentemente defensiva, se convoca en respuesta a una agresin especfica del Gobierno a las condiciones de trabajo y los medios de que disponen los trabajadores para defender sus derechos. Y no es, en absoluto, la lucha de los asalariados fijos, es la lucha de cuantos tenemos que vivir del trabajo asalariado contra los intentos oligrquicos de reenviarnos a un rgimen de neoservidumbre laboral. El cognitariado y el precariado tienen intereses comunes (de clase?) con los asalariados fijos en hacer retroceder la Reforma Laboral y necesitan esta victoria para reagrupar sus respectivas fuerzas.

S i perdemos las condiciones de derechos e instituciones en que se ha materializado los avances de las luchas obreras y populares a lo largo del siglo XX, estaremos en mucho peores condiciones para afrontar una ofensiva del capital no causada solo por recuperar la tasa de ganancia sino por desplazar a su favor el equilibrio de fuerzas con los trabajadores y la poblacin en general; y, desde luego, en muchas peores condiciones para afrontar el reto de configurar unas relaciones sociales libres de la dominacin de la mercanca y el valor de cambio.

Nota:

[1] 29M: Dos contingentes para una batalla, de igo Errejn. Disponible aqu: http://www.kaosenlared.net/component/k2/item/11665-29m-dos-contingentes-para-una-batalla.html. He respetado ntegramente el contenido citado a pesar de mi desasosiego con el uso de determinadas categoras como pueblo, por el acuerdo que considero ms relevante con el fondo del anlisis que contiene.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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