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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-03-2012

Indignados no, rabiosos

Miquel Casals Roma
Rebelin


El poder aspira a perpetuarse y detesta los cambios. Forma parte de su propia naturaleza, es una cualidad intrnseca de los que mandan: no ceder ninguna de las prerrogativas de su status. Para seguir moviendo los hilos, las cosas deben continuar como estn. Ante cualquier tentativa por transformar la sociedad, tradicionalmente el poder ha reaccionado con violencia. La historia ha sido testigo de mltiples represiones y revoluciones sanguinarias: 1789, 1830, 1848, 1917 Pero la brutalidad ha sido estigmatizada y ya no es un mtodo tolerable. El poder no puede justificarse con la fuerza bruta y necesita otros procedimientos ms refinados para conseguir su objetivo de perpetuacin. Frente a los indignados, polticos y medios de comunicacin han puesto en funcionamiento una alternativa ms suave a la violencia. Es lo que me atrevo a llamar como dialogo unvoco. Me explico:

Hace aproximadamente un ao, surgi el movimiento del 15-M por accin de las redes sociales e improvisadas convocatorias en plazas pblicas. Este despliegue humano tuvo eco en los medios de comunicacin, que le imprimieron connotaciones romnticas, con guios al 68. Algunos polticos, de los que se autollaman de izquierdas, expresaron afinidades con el movimiento (pero respetando las distancias,). Las reuniones fructificaron en una serie de reclamaciones, que se colgaron en las plazas o circularon por Internet. La mayora de puntos tratados eran de ndole poltico (eliminar el senado, suprimir las pensiones vitalicias que los polticos obtienen tras ocho aos ocupando el cargo, un sistema electoral ms abierto, eliminar las injerencias del gobierno en la justicia, mayor transparencia en la gestin pblica), pero tambin haba sociales (mantener el estado del bienestar), culturales (medios de comunicacin verdaderamente abiertos que reflejen todos los puntos de vista) y econmicas (una de muy importante: conocer el montante de dinero que los poderes pblicos han entregado a los bancos y revelar cul es la escandalosa diferencia entre el bajo tipo de inters con el que se les ha beneficiado y el ms alto que sufren los Estados para cubrir su deuda soberana).

Si las multitudinarias reuniones del 15-M tuvieron eco en los medios de comunicacin, no sucedi lo mismo con las cuestiones de fondo.

Un ao ms tarde, podemos afirmar que TODAS las peticiones de los indignados han cado en pozo vaco. El problema es grave, porque no es que se haya cambiado nada (que no se ha cambiado nada), es que ni tan siquiera los polticos han dado respuestas, ni tienen la intencin de hacerlo. Ellos, que son servidores pagados por la poblacin (y para ello viajan en mercedes o en primera clase), no han dedicado ni un segundo a estas peticiones. Quizs no seamos mayora, pero merecemos, al menos, un mnimo de atencin. Alguien ha escuchado al presidente Mas, que tanto se enfureci cuando una muchedumbre le asedi en la puerta del Parlament, referirse de la pensin vitalicia que cobran? Ha explicado el do calvicie (ministros economa y hacienda) cuanto dinero han entregado a los bancos, a qu tipo de inters y cundo stos lo devolvern? Por qu no culpan a las entidades financieras de la crisis de la deuda soberana, cuando el principal motivo de que los Estados estn empeados hasta las cejas es a causa del dinero que tuvieron que entregar a los bancos? Hay alguna intencin de eliminar el senado, una institucin cuya nica funcin es la de entorpecer el desarrollo legislativo? Van a crear una estructura judicial verdaderamente independiente, cuando la envejecida Constitucin permite que los polticos designen a los miembros del Constitucional o del CGPJ? Ellos no van a responder a ninguna de estas preguntas. No lo duden. No lo van hacer porque abordar estas cuestiones significara afrontar cambios profundos. Ellos son el poder y su misin ms importante es conservarlo. Bloquearn cualquier protesta y se escudarn tras un obsesivo mensaje: estamos en crisis y para enfrentarnos a ella hay que llevar a cabo recortes (amplios para el gobierno, menores para la oposicin). Todo, absolutamente todo, se justifica dentro de las leyes del ciclo econmico.

En ejercicio de un descarado cinismo dicen que comprenden los motivos, pero evitan cualquier comentario sobre los mismos. Esto es lo que llamo el modelo del dilogo unvoco: el dialogante A (indignados) pide reformas pblicamente para profundizar en la democracia y en la justicia, mientras que el dialogante B (poder) dice que comprende pero no responde. Nunca haba habido tantos peridicos y canales de TDT y nunca la versin de la realidad poltica haba sido tan montona e insulsa. Periodismo de anestesia. Los indignados, arrinconados como disidentes clandestinos, se enfrentan a un dilogo injusto, pues sus oponentes disponen de un apabullante despliegue de mass media. Ambas partes pretenden o aparentan conversar, se dirigen una a la otra, pero lo hacen de forma unvoca, sin feed-back, es como relacionarse con una pared. Una pared de polticos y entidades unidos por la misma argamasa: el dinero. Porque detrs del poder, no lo olviden, est el dinero. Este dinero que fluye por la economa como las sangre en nuestras venas y que siempre pasa por el mismo corazn: los bancos. Sindicatos, partidos polticos, empresas, medios de comunicacin, todos van a morir al mismo destino: los prstamos bancarios. Nunca muerdas a la mano que te da de comer. Pero los indignados no tienen ninguna mano que les de de comer. Y lo que es an ms digno, la mayora no la quieren. De lo que piden, puede resumirse en tres conceptos clave: democracia real, transparencia y justicia. Democracia real, porque la democracia sigue en crisis. Una verdadera democracia debera permitir el cambio, cuando ste sea necesario, con un gobierno abierto a las nuevas exigencias de la realidad y no obstinado en mantenerse a toda costa. Pero seguimos dirigidos por una institucin arcaica, rgida y refractaria.

El poder pretende anestesiar el movimiento. Desalojan las plazas con la excusa de la suciedad, nos exigen que seamos pacficos y a la mnima sueltan sus perros guardianes, sin ofrecer nada a cambio. Saben que el tiempo juega a su favor, es cuestin de esperar la llegada del analgsico ms potente: el elixir del crecimiento econmico, que reducir el paro e insuflar de dinero nuestros bolsillos. Con el respaldo de esa gran mentira que son las estadsticas, podrn mantener su status.

Todo esto no sera posible sin la colaboracin de una parte de la poblacin: la que calla a cambio de futbol o chismorreo televisivo, que contempla el mundo desde el sof, que vota cada cuatro aos al candidato de la oposicin para echar al que gobierna, que cree que marcar una equis cada cuatro aos es ejercer la democracia, que piensa que los rabiosos indignados son una camarilla minoritaria de delincuentes, que compr tamiflu, que aplaudi a Bush cuando bombarde Bagdad, que vot a Gil y a Camps. Esta parte flotante de la sociedad es la materia oscura de los fsicos, aquellos que Delacroix olvid mientras pintaba La libertad guiando al pueblo, en definitiva, un gigantesco agujero negro que engulle Historia.

Y el movimiento indignado, en una verdadera encrucijada, consciente de que ha expirado el plazo para dialogar. Slo quedan dos caminos: sof o cctel. Resignacin o rabia. El tercero, la justicia, ha sido sepultado una y otra vez, impunemente, por magistrados decrpitos elegidos a dedo. Con jueces vendidos queda completado el crculo del poder.

Las crisis implican cambios. El poder slo tiene una forma de mantenerse intacto: modificndonos a nosotros. Su supervivencia pasa por reducir prestaciones sociales, derechos laborales, salarios de trabajadores pblicos Ellos mantendrn su status si nosotros lo perdemos.

Miquel Casals Roma. Escritor y profesor de geografa y historia

E-mail: [email protected]

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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