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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-03-2012

Las barricadas de la esperanza

Fernando Rodrigo Soto
Rebelin


Estos dos ltimos aos, hemos visto y protagonizado histricas luchas en nuestro pas. El movimiento estudiantil remeci nuestra sociedad, sacndola del letargo que por aos mantuvo al pueblo sumido en una barbarie de injusticias y derechos vulnerados.

Pero este 2012, es cuando desde el sur de Chile, desde la tierra austral, desde las zonas extremas, la ciudadana se ha levantado digna y firme en Aysn. Si bien las demandas son sectoriales y circunscritas a la dura realidad que viven los habitantes en aquella regin, sus causas son comunes a muchas otras reivindicaciones que se evidencian en amplios segmentos sociales. Contienen, entonces, un potente mensaje de hartazgo y rebelda. La motivacin necesaria para validar un levantamiento an mayor, que permita impulsar los cambios necesarios en el sistema poltico, postergados convenientemente durante tantos aos, por los mismos representantes populares en los gobiernos y el parlamento.

Ah est la raz de la situacin. Hace un buen tiempo que la casta poltica chilena se ha sido sobrepasada por una ciudadana cada vez ms consciente de los abusos que los poderosos (polticos y empresarios) han cometido con miles de compatriotas. Desde la dictadura en adelante han diseado un sistema institucional destinado a perpetuar la concentracin del poder econmico y poltico, cercenando la participacin e influencia ciudadana en la conduccin del pas. Por ese motivo Aysn es importante. Ya en alguna medida lo vivi Magallanes hace un ao, pero por todo lo acontecido en estos meses, esta vez hay una posibilidad nica de proyeccin nacional. As se vislumbran jornadas desde el norte, donde tambin se encuentran voluntades unitarias.

Tan poco han entendido en el gobierno los alcances de este movimiento, que antes de ocuparse de las demandas y las soluciones que les corresponde por mandato, estn algunos ms preocupados y denunciando el dao a la imagen del pas. Ms all de anuncios, dilogos interrumpidos maniobras mediante, acusaciones y la incomprensible invocacin de la Ley de Seguridad, sorprende la actitud belicosa de la conduccin interior, al desplegar un enorme e implacable aparataje represivo en el sur.

Tan ensimismados estn los partidos polticos, en especial los opositores, que en esta misma poca siguen negociando cupos electorales, y algunos incluso proclamando candidaturas presidenciales, antes que haciendo valer, junto a la gente, transformaciones de fondo al sistema poltico.

Todo ello da cuenta de que el mundo poltico sigue actuando con la misma lgica de hace veinte o treinta aos. La represin, el debilitamiento del tejido social, el descrdito a los dirigentes comunitarios, la provocacin, son algunos de los mtodos con que se manejan las autoridades. Los partidos y los parlamentarios, por su parte, aferrados a las instituciones, al statu quo, a las dinmicas tradicionales, al verse desplazados de las nuevas formas de expresin ciudadana.

Sin duda que se configura un escenario incierto, que acenta la distancia entre la incapacidad del sistema poltico institucional y las nuevas demandas de una sociedad distinta. Paralelamente, se incuba un espacio promisorio, que abre amplias posibilidades de avances hacia una relacin de redes ciudadanas capaces de proponer y conducir.

Y no es casual que este signo de impulso colectivo se plasme desde la patagonia. Sus caractersticas, su idiosincrasia, su geografa, su historia, les aade un arrojo distintivo que les permite la unidad ejemplar que hemos observado, pese a las legtimas diferencias. Conmueve e impresiona, y tambin entusiasma, escuchar por las ondas radiales locales, a tanta mujer, tanto joven y hombre comprometidos y decididos a enfrentar cualquier accin o amenaza de las autoridades. El coraje de los dirigentes de la Mesa es reflejo de que el pueblo, los ciudadanos, cuentan con lderes y representantes capaces y comprometidos, que trabajan como iguales con sus bases, lo que no se observa en otros crculos del pas.

Cada barricada, que da y noche los ayseninos han defendido y resistido, es un smbolo de esperanza en un pas distinto. La posibilidad y el futuro del cambio institucional en Chile se est jugando en Aysn. Sabemos, a ciencia ms que cierta, que ese cambio no vendr del mbito poltico. Es la hora del pueblo, donde no se debe pedir permiso para protestar ni para levantarse ante la injusticia.

Artistas chilenos y extranjeros han solicitado en sus presentaciones al Presidente de la Repblica que escuche al pueblo... pero la indiferencia y la incapacidad de comprensin est instalada en las autoridades. Las instituciones no responden a las demandas sociales. La ciudadana debe tomar en sus manos la iniciativa de los cambios definitivos. As lo demanda el sacrificio de tanto compatriota, en las barricadas de la esperanza de la Patagonia.



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