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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-03-2012

Huelga general... y qu ms?

Manuel Martnez Llaneza
Rebelin


Los sindicatos UGT y CCOO han convocado una huelga general contra la barbarie legislativa del PP y sus asociados para el prximo da 29, y otros sindicatos, y fuerzas polticas y sociales, la apoyan. Tal como estn las cosas, parece obvio para cualquiera con una mnima sensibilidad social o un mnimo sentido comn o, incluso, propio que hay que hacer todo lo posible para que esta huelga, que est pidiendo hace tiempo la parte ms consciente y activa de la ciudadana, se convierta en una manifestacin multitudinaria de protesta contra las polticas antipopulares del capitalismo especulador internacional valga el doble pleonasmo, los polticos candidatos a futuro consejo de administracin que las ejecutan y los diazferranes que las jalean. Sentado esto, habra que discutir algunas cuestiones relativas a su contenido.

Las huelgas nacieron con el desarrollo del capitalismo como acciones de lucha obrera por la mejora de los salarios y las condiciones de trabajo; eran ilegales, por lo que no estaban reguladas, ya que incluso el asociacionismo obrero estaba prohibido y era fuertemente reprimido. Se trataba de enfrentamientos desnudos que se daban en una empresa y tenan en principio carcter indefinido; al parar la produccin se perjudicaba al patrono que tena que ceder o afrontar grandes prdidas si duraba mucho tiempo el paro, siempre que los obreros pudieran soportar el hambre que significaba perder el escaso salario y salvo que se lo solucionara la polica o consiguiera el apoyo de clase de sus pares contra su enemigo comn: la clase obrera. Ah nacieron las cajas de resistencia, las huelgas de solidaridad y los sindicatos clandestinos, pero tambin las brutales represiones masivas y las mafias patronales.

Con la incipiente conciencia de clase aparecieron las huelgas generales: por la jornada de diez horas, contra el trabajo de los nios, por el reconocimiento legal del derecho de asociacin; eran asuntos que afectaban al conjunto de la clase obrera y para los que se peda la intervencin de los poderes pblicos que supuestamente deban regular la vida social y tutelar los derechos de todos los ciudadanos, por supuesto, en los pases en los que haba ciudadanos, porque en la mayor parte slo haba sbditos y amigos del rey. Las luchas eran ofensivas, por la adquisicin de derechos, hace treinta aos que son defensivas, para que nos quiten menos.

Las huelgas estrictamente polticas porque en algn sentido todas son polticas, como todas las actividades humanas que no sean muy ntimas se consideraron por amplios sectores anarquistas como la forma de paralizar y hacer caer el estado burgus y el PCE teoriz la Huelga General Poltica y la Huelga Nacional como la forma de hacer caer el franquismo, un planteamiento alejado de la realidad, pero no incoherente en cuanto tomaba esas huelgas en un sentido propio, ciudadano, de lucha por las libertades.

Un tipo particular de huelga es el que tiene al sector pblico como patronal, se trate de industrias o de servicios. Los polticos en el poder tiran entonces con plvora del rey; las prdidas producidas son sufragadas por los ciudadanos y slo se vern afectados los responsables si sus jefes los ponen en cuestin por razones electorales, de opinin pblica. Desde Thatcher, que no dud en arrasar todo lo que se le puso por delante en la terrible huelga de la minera britnica, las cosas han cambiado mucho, las tcnicas goebbelsianas de descrdito de los que protestan son ms importantes que las razones por las que lo hacen: el ciudadano no tiene nunca razn, ni siquiera hay que recibirlo para ver qu quiere, en realidad eso de ciudadano es algo antiguo e ineficiente. Por eso el desprecio y las campaas miserables, risitas incluidas, de las representantes ms rancias de la extrema derecha teocon, Esperanza Aguirre y Luca Figar su dios las coja confesadas ante la importante, justificada y masiva protesta de los enseantes y la sociedad madrileos, en la misma onda de insolencia que el conseller Puig ante el apaleamiento de los manifestantes catalanes o el ministro Fernndez ante el de los estudiantes valencianos.

Las huelgas, todas las huelgas, han sido siempre difciles de sacar adelante, por ms que lo nieguen los voceros de la patronal aludiendo a la tendencia natural de los trabajadores a escaquearse. Siempre ha habido miedo a perder el empleo, a quedar sealado con el jefe, a perder parte del escaso sueldo, a quedar en las listas negras de la patronal, cuando no a sufrir los ataques de sus matones, en unos casos con toda la razn y en otros con la cobarda del que sabe que lo que se gane con la huelga lo beneficiar aunque no haya participado. Slo el esfuerzo personal, organizativo y pedaggico de los elementos ms conscientes, y su aceptacin por el resto, las ha hecho posible.

Del sucinto recorrido anterior surgen algunas preguntas cuyas respuestas obligaran a tener en cuenta factores antes esbozados y avanzar objetivos que no estn en la discusin de la calle ni en los documentos emitidos. Se ha difundido mucho el contenido de la ley que se cuestiona y eso est bien, pero, cules son los objetivos de esta huelga general?, cmo se caracteriza?, es de contenido estrictamente sindical?, cmo se van a articular las fuerzas que la apoyan?, cmo se va a continuar el da 30?, no es hora de que se plantee una lucha internacional, puesto que es internacional la conspiracin neoliberal o la lgica capitalista, si se prefiere?

Hay mucho miedo, por la forma en que se ha convocado y explicado, de que esta huelga se limite a cubrir un expediente por lo que deberan haber dicho los convocantes qu se espera alcanzar y cmo se va a continuar hasta conseguirlo. No es previsible, ni en caso de gran xito, ni se plantea por los convocantes, la retirada por el gobierno de la ley del Parlamento, ni siquiera una promesa de cambios concretos. Una simple presin sobre el debate parlamentario parece poca cosa ante el tamao del desafuero cometido y, en todo caso, requerira objetivos explcitos, acuerdos pblicos con los grupos parlamentarios que han manifestado su desacuerdo y el mantenimiento de la presin durante el debate en las Cortes, es decir, una movilizacin continuada.

Si el objetivo es que el gobierno abra una mesa de dilogo con los sindicatos mayoritarios aparte del trmite parlamentario, el recelo es an mayor, visto el resultado de la negociacin de la ltima reforma. Llega a temerse que estn buscando conseguir su inclusin como agentes de la propia reforma, por ejemplo, recogiendo las migajas del INEM como agentes privados de colocacin. Los sindicatos no pasan por momento de mayor prestigio y slo una exposicin clara de sus planteamientos y un compromiso con su defensa y explicacin, podran hacerles recobrar parte del crdito perdido. No vale decir que lo harn lo mejor posible, deberan proponer medidas ms audaces y compromisos ms explcitos como puedan ser la realizacin de consultas pblicas o la constitucin de un comit de seguimiento de las negociaciones que incluyera a las fuerzas polticas y sociales comprometidas en la misma lucha. No slo la poblacin, ni siquiera muchos de los afiliados estamos en disposicin de dar un cheque en blanco a las direcciones sindicales.

Como ltima cuestin, si sabemos la magnitud y mbito del reto que tenemos, hemos de poner en marcha cuanto antes la dimensin internacional de la lucha, desde hace mucho internacionalizada por el enemigo de clase; no podemos dejar que los griegos hagan solos el trabajo para ellos y para nosotros. Los sindicatos y partidos ya tienen esas relaciones y no es necesario que se pongan de acuerdo todos, podramos empezar los del Mediterrneo con Portugal; alguien ha de hacerlo. Hemos de prepararnos para una lucha muy larga.

Hay que ir a la huelga, pero con la cabeza muy clara y los dientes muy apretados.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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