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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-03-2012

Siria y Santiago Alba Rico (I/II)
El precedente libio

JF-Cordura
Rebelin


A causa de otras noticias, como los extraos sucesos de Toulouse, Siria lleva unos das en un relativo segundo plano. Pero la dinmica de fondo es la misma y la trama occidental contra ese pas no cesa. Por ello, y por la confusin que impera en el campo alternativo, abordamos aqu el conflicto sirio aunque ello suponga recuperar una costumbre que desebamos abandonar.

Slo la verdad y la justicia social son realmente anti-imperialistas.
(Santiago Alba Rico)

El escritor Santiago Alba Rico (SAR), ya lo dijimos aqu, tiene una reconocida trayectoria en los medios alternativos. Al margen de las serias diferencias ideolgicas que podamos tener con l, son de agradecer sus aportaciones desde hace aos a la lucha por un mundo mejor. Especialmente su crtica filosfica al capitalismo (ejemplo de ella es Condicin humana, derecho a la rebelin y alternativas post-capitalistas, texto del cual citaremos seguidamente; ver tambin).

Vaya, pues, por delante que respetamos su derecho a tener su propia teora sobre lo que pasa en Siria. Este no es un artculo contra SAR, hombre comprometido, sino un cuestionamiento de sus posturas. Procurando evitar, por delicado que sea el asunto involucrado, cualquier tergiversacin o juicio de intenciones (lejos de nosotros el deseo de acentuarle un sufrimiento que l mismo confes).

Pero, por qu nos centramos en las posiciones de SAR? Porque es indudable que vienen provocando serias discrepancias, incluso bandos enfrentados, en el mbito antiimperialista espaol. Polmica de la que l mismo asume haber sido de alguna manera el causante o el detonante.

Hay otra razn: en los ltimos tiempos, SAR viene acusando explcita y reiteradamente de mentir no solo de sostener falsedades a quienes, dentro de ese mbito, se niegan a aceptar su visin de los conflictos libio y sirio (ver 1 y 2). Es decir, aunque seguramente sin mala fe, tiende a deslegitimar a los discrepantes con l. Entendemos que eso implica un salto cualitativo que merece respuesta e incluso involucra el derecho a ella. Trataremos de drsela aqu sin acusarle a l de lo mismo.

Pero, como es natural, nuestro propsito es ir ms all de SAR. Nuestra preocupacin es Siria y la presente deriva del mundo.

Antecedentes: Libia

Con el fin de comprender la confusin (y la consiguiente pasividad relativa) ante lo que ocurre en Siria, es relevante conocer la visin de Santiago Alba, paradigmtica de un sector de la llamada izquierda radical. Pero para conocerla, resulta obligado remontarse a la todava reciente controversia sobre Libia, por ser donde aquella cuaj.

SAR, quien de acuerdo con los datos disponibles lleva ms de veinte aos viviendo en el norte de frica (Egipto y Tnez), sostiene que existe efectivamente una primavera rabe y que las revueltas en Tnez, Egipto, Libia y Siria (as como otros pases rabes) son en todos los casos populares y espontneas. Por tanto, merecen ser apoyadas por quienes desean el avance de los pueblos.

Lo peor no es que esta teora parezca calcada, siquiera a grandes rasgos, de la que difunden los medios sistmicos (los cuales, aunque con un sentido diferente al de SAR, tambin saludan las experiencias tunecina y egipcia). Lo peor es el modo en que este escritor defiende su teora (y lo es, sobre todo, por los efectos que produce en el campo alternativo).

En ese modo hay detalles alarmantes que iremos mencionando. Empezaremos por el hecho de que, pese a los resultados ya conocidos del conflicto libio, SAR mantenga ahora respecto a Siria exactamente la misma lnea que sigui durante el apogeo (meditico) de aquel. Parece como si no debiera importarnos que los rebeldes libios fueran aupados al poder que ahora detentan por los bombardeos de la OTAN. O que, como es ya pblico y notorio (ver 1 y 2) y lo han reconocido desde Ban Ki Moon, el servil secretario general de la ONU, hasta las ONG que tambin contribuyeron a la guerra contra Libia (1 y 2), el nuevo gobierno libio est violando los derechos humanos. (Por supuesto, no afirmamos que SAR est a favor de todo ello. Lo que decimos es que tales resultados deberan llevarle a recapacitar sobre su empeo de seguir la misma estrategia en el caso sirio). Con imposicin de la sharia (ver 1 y 2) en lo que antes era un pas bastante laico.

Pero es que, como ya documentamos aqu, adems SAR cometi respecto a Libia errores analticos clamorosos. Los cuales, hasta donde sabemos, no ha reconocido pese a ser actualmente incuestionables.

No es la OTAN quien est bombardeando a los libios sino Gadafi. Esto lo afirm en un texto aparecido en Rebelin el 24.2.2011. O sea, cuando, en efecto, an la OTAN no haba empezado a arrojar bombas sobre Libia. Pero es obvio que lo deca replicando a quienes se teman la agresin atlantista. Adems, daba crdito a la propaganda meditica sobre los supuestos bombardeos de Gadafi sobre su pueblo, pese a no estar en absoluto probados. Cuando el desmentido empez a circular, SAR pudo tenerlo en cuenta, pero no disponemos de noticias de que lo hiciera. Ni siquiera una vez que altos cargos del Pentgono, como Robert Gates (a la sazn ministro de Defensa) y el almirante Mike Mullen, negasen semanas despus tener evidencias de dichos bombardeos.

En el mismo artculo, como para transmitir la idea de que su nfasis pro rebeldes no implicaba demasiados riesgos de favorecer la postura del Imperio, Santiago Alba afirmaba: No creo, sinceramente, que la OTAN vaya a invadir Libia. Pero ya entonces los signos ms evidentes apuntaban a lo contrario. [Ver, por las mismas fechas: sntomas de orquestacin preblica (19.2.11), y Libia, seriamente amenazada (26.2.11).]

Todava ocho das despus, el 4 de marzo de 2011, SAR se empeaba en apuntarse a la opinin general entre la izquierda y la poblacin del mundo rabe segn la cual no habr invasin. A las dos semanas, la OTAN ya estaba invadiendo y machacando Libia.

An peor: en septiembre pasado, con la OTAN y sus esbirros del CNT haciendo estragos en Libia, SAR segua con la misma tnica (ver tambin). Defendiendo, en su artculo Libia, el caos y nosotros, a unos rebeldes que avanzaban en su toma de Libia bajo el paraguas imperial. Pero, cmo es posible que alguien pueda creer que la OTAN vaya a amparar o facilitar jams la llegada al poder de unos revolucionarios verdaderos?

Arriesgados equilibrios

En dicho artculo, Alba iba an ms lejos. Aunque no sin todo tipo de matices ms propios de un equilibrista para dejar clara su postura contraria al Imperio, dejaba caer perlas como: La intervencin de la OTAN salv vidas. [La OTAN] ha bombardeado muy poco Libia con el propsito de alargar la guerra y tratar de gestionar una derrota del rgimen sin verdadera ruptura con l (algo ms de un mes despus, los medios convencionales hablaban de 26.000 operaciones de la Alianza; un promedio de muchos ms de cien al da). Nos guste o no, aun tratndose de una de las zonas ms anti-imperialistas del mundo, no ha habido ninguna protesta contra la intervencin de la OTAN (desdeaba as, para empezar, las masivas manifestaciones de ese signo que haba habido en la propia Libia: ejemplo).

No es menos llamativo que, ya en noviembre pasado, comentase: Vemos en qu se est convirtiendo ya el CNT; hemos asistido al linchamiento ignominioso de Gadafi, que espero que conduzca a sus autores -que son no solamente los ejecutores directos en Sirte, sino obviamente, todos aquellos que la han apoyado con bombardeos y declaraciones- ante un tribunal. Y si no, como hay pocas esperanzas de que sean juzgados, habr que hacer como estamos haciendo en el caso de Jos Couso y en otros, habr que presionar para que as ocurra.

Un momento... Es que para entonces el CNT no llevaba ya mucho tiempo desenmascarado a ojos de cualquier mente crtica? No era evidente desde haca meses, si no desde el principio, su complicidad con la OTAN? No haban sido denunciados, hasta por la organizacin humanitaria (y pro Imperio) HRW, sus crmenes de guerra? No haba exaltado su lder, Abdel Jalil, el colonialismo? No haba pedido, incluso, el mismo CNT la continuidad de la presencia de la OTAN en Libia incluso una vez expirado el (supuesto) mandato de la ONU?

SAR utiliza, nada menos que en el mes de noviembre!, el presente continuo (se est convirtiendo), cuando parece obvio que lo correcto sera emplear, suponiendo que hubiese habido conversin alguna, un pasado rotundo. De hecho, l mismo dice, no muchas lneas ms abajo en ese mismo texto, que esa revuelta popular fue inmediatamente infiltrada por oportunistas del antiguo rgimen, por liberales que volvieron de Estados Unidos, y luego tambin por islamistas entrenados en Afganistn (cursiva aadida). Recordemos que dicha revuelta popular habra empezado en febrero de 2011. Pasado rotundo, pues. Y que el CNT ya haba quedado constituido el 27 de ese mes...

Habr que preguntarse si tanto equilibrismo no lleva necesariamente a caerse. O sea, a contradecirse e incluso a defender, en la prctica, lo ms claramente indefendible. (Por cierto, ha puesto en prctica SAR esas presiones de las que hablaba para que los asesinos de Gadafi acaben en la crcel? Tngase en cuenta su propia contribucin a ese crimen; o ms bien, a su justificacin).

Lo cierto es que, al repasar los dichos de SAR sobre el caso libio, resultan comprensibles las reacciones de rechazo que ha suscitado (ejemplos: 1 y 2), por ms que en algunas ocasiones hayan traspasado los lmites de lo que ha de ser una crtica intelectual y poltica.

En ese mismo artculo incurre en otro notable error analtico cuando afirma: La OTAN no es una instancia de poder homognea. Hay nuevos actores regionales, como Arabia Saud, como Qatar, como Turqua. Estados Unidos ha tenido un papel muy perifrico en la intervencin de la OTAN en Libia, mientras que ha habido otros actores que han aprovechado, como Sarkozy, para re-prestigiarse en una zona del mundo muy convulsa donde haba perdido todo su prestigio despus de haber apoyado a Mubarak y a Ben Al hasta el final.

Una descripcin que no desentona con la que durante meses lemos en la prensa convencional. Tambin SAR result engaado por el smart power (poder astuto: ver 1 y 2)? Sin duda que, respecto a casos previos (Afganistn, Irak...), el gobierno estadounidense opt por mostrar un perfil bajo. Pero que nadie se engae:

1. Recordemos que la intervencin militar del Imperio contra Libia se conoci inicialmente con el nombre dado al operativo estadounidense en la misma (Amanecer de la Odisea).

2. Incluso en la fase siguiente, en la que se entreg la coordinacin de las operaciones a la OTAN, el mando militar global estuvo en manos del comandante supremo aliado en Europa (SACEUR, por sus siglas en ingls), y por tanto como siempre de un general estadounidense (en concreto, del almirante James G. Stavridis).

3. El hecho de que, no obstante, Estados Unidos adoptase el citado perfil bajo seguramente refleja, ms que una prdida de poder relativo en el seno de la OTAN (como parece insinuar SAR), una confirmacin de su inmenso poder: la superpotencia logr lo que buscaba con menos desgaste directo de sus propias tropas.

4. Como prueba de que el gobierno estadounidense estaba plenamente interesado en la macabra operacin, recurdese que el presidente Obama meti a su pas en la guerra sin autorizacin del Congreso. Y tampoco olvidemos, entre otros detalles, cmo a la hora de la verdad (una vez asesinado Gadafi), la ministra de Defensa imperial, entre risas diablicas, no dud en anotarse el tanto para su pas.

5. En cuanto al afn de re-prestigio de Sarkozy en lo que podemos estar de acuerdo, el dato ms bien evoca cmo lo haba perdido muy pocos meses antes: precisamente, entre otras razones, porque se top con la oposicin estadounidense. Esta, ms hbil (smart), y desde luego ms poderosa, ya estaba ordenando la salida del dspota tunecino, Ben Al, cuando el gobierno francs an le estaba apoyando. Y ya sabemos qu postura prevaleci.

6. Arabia Saud y Catar no son ms que peones del Imperio en la zona. Sorprende que nadie pueda creer otra cosa. Sus canales internacionales de cabecera, Al Arabiya que emite desde Dubi y Al Yasira, estn continuamente emitiendo informacin favorable a los intereses occidentales frente a Siria, como hicieron antes frente a Libia. Que Estados Unidos es el capo indiscutible sobre los pases que forman parte del Consejo de Cooperacin del Golfo lo vemos no solo en cmo sus miembros (sobre todo, los dos citados) manejan la Liga rabe al servicio del Imperio, sino tambin en cmo algn otro de ellos en concreto, Emiratos rabes Unidos implora al gobierno estadounidense que no le obligue a romper sus intercambios comerciales con Irn, en el marco de las sanciones impuestas por aquel. Turqua? Basta recordar que el gobierno de este pas miembro de la OTAN ha aceptado la instalacin en su suelo de partes del escudo antimisiles (para intranquilidad de su ex amigo? Irn).

Gadafi, un simple tirano inocuo para el Imperio?

Antes de concluir esta primera parte de nuestro anlisis, abordemos otro asunto recurrente en la visin de SAR sobre Libia (y que, como veremos en la segunda entrega, trasplanta luego casi tal cual al caso de Asad en Siria): se trata de reducir a Gadafi a un tirano que adems no tena nada de antiimperialista (ver 1, 2 y 3). Por nuestra parte, en su momento reiteramos que no nos movan especiales simpatas hacia ese dictador (1, 2 y 3). Pero, a cada cual lo suyo, aadamos que eso no justificaba la demonizacin a la que estaba siendo sometido (y menos, en general, desde fuentes que ticamente en modo alguno son mejores que l).

A este afn demonizador otro detalle coincidente entre SAR y los grandes poderes poltico-mediticos volveremos a referirnos, ms ampliamente, en la segunda parte de este artculo. Pero de momento recordemos que s haba razones, como no poda ser de otro modo, para que el Imperio quisiera deshacerse de Gadafi. Es cierto que este haba seguido una trayectoria aparentemente errtica en su relacin con las potencias occidentales. No en vano vio durante aos muy de cerca las orejas al lobo, lo que ayuda a comprender que l tambin actuase como un autntico equilibrista (pero de un trapecio ms peligroso que el de SAR). Ahora bien, no es menos cierto que hay motivos de sobra para que los dictadores del mundo lo tuviesen en el punto de mira. Para empezar, su afn de renacionalizar el petrleo libio al menos desde 2009, con expreso deseo de que los ingresos petroleros llegasen ms directamente al pueblo, para lo cual se enfrent con el Congreso de su pas (no es raro que hombres de su rgimen, aliados con las potencias extranjeras, le traicionasen; y que varios de ellos, incluido su ex ministro de Justicia, Mustaf Abdel Jalil hoy jefe del estado libio, pasasen a liderar el siniestro Consejo Nacional de Transicin).

Otro detalle no menor es el discurso que en septiembre del mismo ao pronunci Gadafi ante la Asamblea General de las Naciones Unidas (ver desde pg. 17). Es difcil leerlo actualmente y no pensar que el lder libio se estaba cavando la tumba... Se trata de una crtica de fondo, no ya a las superpotencias, sino al sistema mismo de la ONU que permite su desptico predominio. Con argumentos bien expuestos, transmitiendo una conviccin que parece genuinamente idealista, Gadafi atac duramente el poder de veto y pidi, de hecho, una reforma radical de ese organismo mundial. Un mal ejemplo para otras naciones, como muchas de frica a las que por ese tiempo empezaba a liderar (adems era entonces el presidente de turno de la Unin Africana, cuya fundacin haba impulsado diez aos antes). Y rociando su intervencin de un mensaje subversivo tras otro (hasta invoc la necesidad de reabrir el expediente sobre el asesinato de Kennedy).

En aquel discurso, Muamar no se olvid de los palestinos, a los que siempre reivindic. All, de hecho, defendi la solucin al sempiterno conflicto abogando por un solo estado, al que llamaba Isratina (o Isratin, en ingls), basndose en una propuesta de su hijo Saif. He ah un tercer motivo para que los imperialsionistas quisieran quitarlo de en medio.

No, tampoco parece que SAR acierte cuando se empea en negar absurdamente, visto lo visto que Gadafi fuera molesto para el Imperio.

Sobre la base de esta manera de pensar, en la segunda y ltima parte de este anlisis nos centraremos ya en el enfoque de Santiago Alba sobre Siria y, particularmente, en las evidencias que lo desmienten o, cuando menos, cuestionan en grado importante.

Concluyamos esta primera entrega evocando la mxima de SAR citada al principio: Slo la verdad y la justicia social son realmente anti-imperialistas. No dudamos de que l cree sinceramente en estos valores. Pero entonces quiz va siendo hora de que reexamine sus posiciones en los temas aqu tratados para ver si hacen honor a ellos.

Blog del autor: http://lacomunidad.elpais.com/periferia06/2012/3/24/siria-y-santiago-alba-rico-i-ii-precedente-libio

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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