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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-03-2012

La huelga o la vida

Pedro Luis Angosto
Rebelin


A lo largo de todo el siglo XIX se sucedieron motines, huelgas y movimientos revolucionarios para reivindicar el derecho de los trabajadores a una vida ms digna. Si En Europa, las revoluciones de 1830, 1848 y 1871 quisieron cambiar el orden establecido por la burguesa liberal, en Estados Unidos, tras la guerra civil, el movimiento obrero se encaminara a implantar en todo el pas la jornada de ocho horas: Ocho horas para el trabajo, ocho horas para la familia, ocho horas para dormir. Hasta entonces mayo de 1886- el horario laboral ms normal entre los trabajadores iba desde las cuatro de la maana hasta las siete de la tarde, sin que el salario diese mucho ms que para comprar un chusco de pan.

El 1 de mayo de 1886 cristalizaron en Nueva York, Chicago y otras muchas ciudades de la costa Este de Estados Unidos multitud de huelgas que venan gestndose desde muchos aos atrs. Los trabajadores demandaban mejoras en sus condiciones de trabajo, pero haba un grito unnime que corra de un lado a otro de la Unin: Jornada de ocho horas. Se haba legislado al respecto y en algunos Estados se haba puesto el tope legal en las diez horas, pero nadie lo cumpla. Las manifestaciones fueron multitudinarias y la afluencia de trabajadores creca conforme lo haca el da de modo pacfico. Sin embargo, en la textil McCormik el patrn, con el apoyo de la polica, de la Agencia Pinkerton y del Gobierno, decidi contratar esquiroles para minimizar el efecto de la huelga. Los trabajadores tomaron la fbrica para desalojar a los esquiroles, hasta que la polica, siguiendo rdenes del Gobernador, decidi disparar a diestro y siniestro, ocasionando diez muertes y cientos de heridos. En los das siguientes se sucedieron los enfrentamientos entre las fuerzas de orden pblico y los trabajadores, culminando el da 5 de mayo cuando en mitad de un mitin, una bomba casera estall dejando sin vida un polica e hiriendo a varios ms. La represin fue brutal y los presuntos organizadores detenidos bajo la acusacin de sedicin y traicin. En un simulacro de juicio con Jurado, amaado, se conden a muerte a seis trabajadores. Uno de ellos, August Spies, en su alegacin final dej estas palabras para la Historia:Al dirigirme a este Tribunal lo hago como representante de una clase social enfrente de los de otra clase enemiga, y empezar con las mismas palabras que un personaje veneciano pronunci hace cinco siglos en ocasin semejante: "Mi defensa es vuestra acusacin; mis pretendidos crmenes son vuestra historia". El 11 de noviembre de 1887, entre las burlas del New York Times y el Herald Tribune, entre otros muchos, los condenados fueron ahorcados hasta la muerte. En 1893, un tribunal de Illinois sentenci que los ahorcados no haban cometido ningn crimen.

Desde aquellos das de mayo de 1886, las huelgas y manifestaciones en pro de la jornada laboral de ocho horas, de la limitacin del trabajo a mujeres y nios, en demanda de Educacin, Sanidad y pensiones para los trabajadores inundaron las calles de Estados Unidos y Europa. Sin embargo, en Estados Unidos nunca se celebrara el 1 de mayo, sino el da del trabajador cada primer lunes de septiembre, dentro de una estrategia planificada y exitosa que pretenda eliminar las influencias de la Primera y Segunda Internacional sobre los obreros yanquis. En Europa, gracias a la Revolucin rusa y a la accin decidida de Alexandra Kollontai infatigable luchadora junto a Rosa Luxemburgo y tantas otras mujeres indomables por la igualdad y la insercin de la mujer en todos los mbitos de la vida poltica, social y econmica- el 8 de marzo de 1917 fue declarado da internacional de la mujer trabajadora, celebracin reivindicativa y no ldica que se extendi a buena parte de las grandes ciudades del mundo. En Espaa, coincidiendo con los hechos revolucionarios rusos y alemanes, los sindicatos UGT y CNT firmaron, tambin en marzo de 1917, un acuerdo para convocar una huelga general revolucionaria para acabar con la explotacin y la opresin. En uno de los prrafos de la convocatoria se poda leer lo siguiente: Con el fin de obligar a las clases dominantes a aquellos cambios fundamentales del sistema que garanticen al pueblo el mnimo de condiciones decorosas de vida y de desarrollo de sus actividades emancipadoras, se impone que el proletariado espaol emplee la huelga general, sin plazo definido de terminacin, como el arma ms poderosa que posee para reivindicar sus derechos. Firmaban el manifiesto, Salvador Segu y ngel Pestaa, por la CNT, y Julin Besteiro y Largo Caballero, por la UGT. Aquella huelga, como tantas otras sucedidas en otros lugares del mundo, fue protagonizada por miles de trabajadores que ni siquiera haban ido a la escuela, que no tenan ms derecho que el de obedecer al patrn, a la polica y al Gobierno de turno. Sin embargo salieron a las calles a pecho descubierto para mejorar sus condiciones de vida y las de quienes venamos detrs de ellos. Trabajaban en la industria textil, en la siderurgia, en las minas, en las imprentas, en los campos, sin lmite de jornada, desde hasta cuando el patrn decida, sin lmites, sin la mnima decencia a que tiene derecho cualquier persona por simple hecho de serlo, como los trabajadores chinos que hoy minan la economa mundial con su resignacin, pero sin esa resignacin. Murieron decenas de ellos y otros muchos fueron heridos, pero el 3 de abril de 1919, el Conde de Romanones, ministro catlico y terrateniente de Su Majestad, se vio obligado a firmar el decreto que estableca en nuestro pas la jornada laboral de ocho horas.

Hoy, gracias a las luchas de nuestros antepasados y a los efectos que la Revolucin Rusa tuvo sobre los trabajadores, los gobiernos y los empresarios de la parte ms desarrollada de Europa, vivimos como no podan imaginar aquellos que hace un siglo lo dieron todo por nosotros, por nuestras libertades, por nuestros derechos, por nuestro presente y nuestro futuro. Pero como ocurre con las leyes de la naturaleza, sucede tambin con los derechos, y miembro que no se usa, se atrofia. Alguien pudo pensar inocentemente que los derechos conquistados, arrebatados por la fuerza a los poderosos que siempre pensaron, piensan y pensarn que los nicos derechos que existen son los suyos- eran eternos. Y eso, claro, fue un inmenso error. Los derechos polticos, sociales, laborales y culturales fueron impuestos a las clases dominantes gracias a las luchas de los trabajadores y se abran seguido ampliando cosa que ocurrir ms bien pronto que tarde- si esas luchas hubiesen continuado, porque la democracia no es una estacin trmino sino un modelo de organizacin en constante cambio y necesariamente susceptible de ser mejorado. Nunca se llega al final, cuando se da atisbamos una estacin, ya hay que estar preparados para la prxima. Y nos olvidamos de eso, aburguesados, narcotizados, ensimismados, engaados y autoengaados, cremos que todo haba sido igual y sera igual para siempre.

Desentendidos de los asuntos que slo a nosotros, como individuos y como ciudadanos miembros de una colectividad, nos atae cuidar y mejorar, hoy vemos como las fuerzas del pasado quieren anular todos los logros que deberamos haber exportado al resto del mundo en vez de la explotacin. No estamos ante un retroceso coyuntural debido a la crisis, sino ante una ofensiva global en toda regla de los poderosos para acabar con las libertades y derechos que costaron millones de muertos a lo largo de la Historia. El da 29 de marzo tenemos la ineludible obligacin de decirles a los seores de las torres de marfil que no vamos a retroceder ni un paso, que su contrareforma laboral se la metan por donde les quepa, que no vamos a ser esclavos, que vamos a avanzar como ordena nuestra dignidad, por nosotros, por nuestros hijos, por aquellos que viven en el otro lado del mundo y no conocemos, cueste lo que cueste, al precio que sea. La huelga o la vida.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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