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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-03-2012

El inspector de Trabajo y miembro de Socialismo 21, Hctor Illueca, analiza las claves de la nueva reforma laboral
El gran objetivo de la reforma laboral es una rebaja generalizada de salarios

Enric Llopis
Rebelin


En trminos muy simples, la economa espaola se asemeja a un motor averiado. Tradicionalmente se reparaba mediante una devaluacin de la peseta, lo que permita aumentar las ventas en el exterior. Pero hoy, con el cors del euro, slo queda una salida dentro del marco neoliberal: la que pasa por los ajustes, los recortes salariales y todo tipo de contrarreformas para ganar competitividad. Segn el Inspector de Trabajo, Doctor en Derecho y miembro de Socialismo 21, Hctor Illueca, es ste precisamente el objetivo de la nueva reforma laboral: un brutal ajuste del salario directo de los ciudadanos, es decir, el que perciben a travs de sus nminas.

Illueca ha impartido una conferencia sobre la reforma laboral en la Escola del Cabanyal de Valencia, organizada por la Associaci de Vens i Venes Cabanyal-Canyamelar y el 15-M de Pobles del Mar. Actualmente ultima con la profesora de Derecho del Trabajo de la Universitat de Valncia, Adoracin Guamn, el libro La involucin laboral en Espaa.

A la hora de apuntar hiptesis sobre el fin de la reforma impulsada por el gobierno de Rajoy, suele citarse una como nuclear, el abaratamiento del despido. Pero esto no es exacto, segn Hctor Illueca, que tras analizar con detalle el texto considera que abaratar los costes del despido no es sino un instrumento para meter el miedo en el cuerpo a la gente, ya que as consideran que es ms fcil que trague con la reduccin de nminas. Que lo esencial es la merma de los salarios es algo que ya puede apreciarse en Grecia. Segn los inspectores del Ministerio de Trabajo heleno, la supresin de la negociacin colectiva ha supuesto, en algo ms de un mes, una reduccin media de los salarios del 20% en el sector privado.

El marco de relaciones laborales vigente en Espaa cambiar sustancialmente con el Decreto-Ley aprobado por el Gobierno el 10 de febrero. Todo un cambio de paradigma. En este punto coinciden los expertos. A juicio de Hctor Illueca, la mengua salarial se producir por diferentes vas. En primer lugar, mediante los acuerdos de descuelgue, es decir, podrn aplicarse acuerdos de empresa en lugar de los convenios sectoriales si, por ejemplo, una empresa tiene prdidas de ingresos durante dos trimestres consecutivos. Esta medida es de suma importancia, explica Illueca. En la dcada de los 50 del siglo pasado el sector ya constitua la unidad de fijacin de los salarios; ahora, con el descuelgue , se le da la vuelta al modelo; se abre la puerta a que los salarios a la baja se conviertan en un mecanismo de competitividad entre las empresas; es, en definitiva, el dumping salarial.

Tradicionalmente, adems, primaba siempre el convenio sectorial de mbito superior (en primer lugar, el estatal; despus el provincial); el convenio de empresa contaba con una rango muy inferior al de stos. Ahora cambian las tornas: el empresario y los representantes de los trabajadores podrn pactar, en el convenio de empresa, cuestiones como la cuanta del salario o la jornada laboral, al margen de lo que diga el convenio del sector. El problema, segn el inspector de Trabajo y Seguridad Social, es que en numerosas pequeas y medianas empresas los comits de trabajadores y delegados de personal estn controlados directamente por los empresarios.

Otro punto muy criticado por los sindicatos es el lmite de dos aos que establece el Decreto para la ultraactividad de los convenios. En el Derecho del Trabajo se consideraba histricamente que el convenio colectivo deba mantenerse en los mismos trminos si, una vez agotado, no se alcanzaba un acuerdo entre empresas y representantes de los trabajadores para firmar uno nuevo. Ahora no slo se fija un plazo de dos aos, sino que en el Ministerio de Trabajo estn evaluando la posibilidad de reducirlo a uno, adelanta Hctor Illueca. Es una medida expresamente prevista para las grandes empresas con representacin sindical fuerte. As las cosas, la merma en las nminas va a impactar sobre la clase trabajadora en su conjunto: nadie se libra, desde el trabajador indefinido con antigedad consolidada, hasta el joven con un contrato en precario. Aunque presenta lagunas tcnicas, la reforma est hecha a conciencia y muy bien calculada, remata el inspector de Trabajo.

A qu nuevo marco de relaciones laborales nos dirigimos? En cuestin de meses se generalizar el salario mnimo interprofesional, vaticina Hctor Illueca. Y explica que se generar una feroz competitividad entre las empresas, forzando los salarios a la baja, y una situacin muy dura que derivar en una gran conflictividad social; ah est el ejemplo de la huelga general del 29 de marzo. Para atajar la respuesta sindical, la reforma laboral introduce un arma demoledora: la amenaza de despido, que se abarata sensiblemente (se generaliza en la prctica la indemnizacin de 20 das por ao trabajado y, en los despidos improcedentes, se pasa de 45 das a 33).

Tambin se elimina la autorizacin administrativa en los Expedientes de Regulacin de Empleo (ERE), que podrn plantear las empresas que acrediten una merma de ingresos durante tres trimestres consecutivos, es decir, todas las empresas de Espaa podrn acogerse a esta clusula, apunta Hctor Illueca. Antes de la reforma, el hecho de que la Administracin tuviera la decisin final, forzaba negociaciones entre la empresa y los trabajadores que permitan indemnizaciones superiores a los 20 das fijados legalmente para los ERE. As el empresario esquivaba una posible negativa al expediente de despido por parte de la Administracin. Pero la estocada final del Decreto llega en el captulo de otros. En este apartado se habilita el denominado contrato para emprendedores, que establece, para empresas de menos de 50 trabajadores, la posibilidad de despido libre y sin indemnizacin durante el primer ao, considerado periodo de prueba.

De salvaje, inhumana e inmoral tilda el autor de La involucin laboral en Espaa esta batera de medidas. Hace una dcada hubiera sido impensable una contrarreforma as, asegura. Por qu es posible ahora? Porque nos ha cogido en un momento de gran debilidad poltica, organizativa, ideolgica y sobre todo, cultural, responde. Pero, principalmente, porque las clases populares hemos perdido algo que nos acompa durante siglos, el imaginario de revolucin; eso, que ni la dictadura logr arrancar a las clases populares, se nos ha arrebatado con slo 20 aos de burbuja inmobiliaria, de sueo e ilusin de progreso indefinido; pensbamos que haba llegado el fin de las contradicciones sociales, que nos igualbamos por fin a Europa y nos sacudamos la caspa del franquismo. Mucha gente, incluso, piensa que se trata de apretarse dos o tres aos el cinturn para luego regresar a la fantasa anterior; no se acepta la realidad.

La cuestin es mucho ms grave y los clsicos aportan luz para entender el calibre de la crisis. Marx ya distingua en su obra magna, El Capital, dos tipos de acumulacin capitalista: por la va de la explotacin o extraccin directa de la plusvala al obrero; y por acumulacin originaria o desposesin, fase en la que segn Hctor Illueca- nos encontramos. Lo que realmente est ocurriendo es un expolio de poblaciones laborales completas por la va del terror y la violencia; es un fenmeno propio del imperialismo colonial, que tambin se dio en las dcadas de los 80 y 90 en Amrica Latina, y de la que ahora participan pases como Portugal, Grecia o Espaa; el objetivo, y lo estn consiguiendo, es poner en manos privadas la riqueza colectiva acumulada durante generaciones. Estamos ahora mismo en un escenario de guerra, remata el inspector de Trabajo.

Sin embargo, un anlisis de la coyuntura en trminos estrictamente econmicos peca de alicorto. La cosa va mucho ms all. De hecho, el gran riesgo es que la crisis se lleve por delante tambin los derechos polticos de los ciudadanos, la libertad y la democracia; si la cuerda de la igualdad se rompe, la libertad se esfuma. Para evitarlo, Hctor Illueca plantea tres alternativas: la movilizacin constante que agrupe a todos los sectores sociales damnificados por la crisis, con una premisa: identificar ntidamente al enemigo , como hicieron recientemente los estudiantes valencianos o el 15-M; desmentir de modo radical el mito sobre el que se funda la sociedad espaola de hoy, la transicin, y, para ello, hemos de caminar hacia un nuevo proceso constituyente; adems, hay que romper con el mito de Europa y recuperar lo que somos, nuestro imaginario. Porque nuestros abuelos nos ensearon a no ser esclavos y cmo se hace una revolucin. Se trata de escucharlos.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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