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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-03-2012

Huelga, slo en conciencia?

Paco Roda
Rebelin


Lo siento, siento alejarme de la corriente de reflexin que est llevando a muchos analistas a concebir la huelga como una cuestin de voluntad individual. Y siento que se interprete como una trasgresin del sagrado derecho de eleccin y decisin personal. Me explico. Creo que el posicionamiento ante la huelga del 29M no puede ser privado. O no solo privado. Porque pesa, y mucho, el actual contexto social y de tensin pblica existente. Con el debido respeto a las voluntades personales, creo que la decisin de hacer huelga o no, no debe surgir del eco interno o de la racionalizacin tamizada de nuestra posicin individual. Es decir, no creo que sea oportuno responder solo ante el tribunal de nuestra propia patronal. Hacerlo as es oxigenar, movilizar, ms an, el bestial y nocivo individualismo con que resolvemos asuntos pblicos que requieren una respuesta publica y social. Porque es en el territorio pblico y poltico, y no en el privado, donde se generan las tensiones que nos afectan socialmente. Por tanto, hay una parte de la decisin que debe reconectarnos con lo que est ah afuera, con ese nosotros fulminado por el capital. Otra cosa es que el discurso dominante nos obligue a sopesar unas razones privadas- ms que otras y que nos lleve a una posicin racional que solo tenga en cuenta nuestro yo descolectivizado y desocializado. Y esta huelga tiene ese peligro. Que prioricemos el miedo individual, las particularidades de cada uno, la posicin laboral que tengamos o la propia idealizacin de esta huelga muy expuesta a la contaminacin.

Y es que la crisis no es otra cosa que la rotura brutal de la confianza. Incluso en los dems. Porque hay una absoluta individualizacin de todas las condiciones, de la vida cotidiana y social, del trabajo, de la pena y la desdicha, del ocio o de la salud. Se instaura lentamente una esquizofrenia difusa que genera una depresin servil autoculpabilizadora de todos los conflictos sociales ya no nombrados porque han sido asumidos como defectos propios de nuestra voluntad.

As que, la huelga del 29M no ser nunca, aunque la secunde el cien por cien de la poblacin activa, una huelga que impacte directamente sobre su objetivo y explote en su interior. Porque la huelga histrica, aquella que redefini las relaciones de poder entre obreros y capital, no se puede repetir. Porque ni los obreros, ni los empresarios son los mismos. Porque la centralidad social, el empoderamiento histrico que la clase obrera tuvo en los siglos XIX y XX, se ha difuminado. Hoy esa clase no tiene capacidad de tensionar la historia porque hay una descolectivizacin absoluta de las relaciones de trabajo y de la propia vida. Sabiendo esto, la huelga del 29M debe tener necesariamente otra lectura. No aquella que nos encasquilla en nuestras exclusivistas razones privadas que buscan proteger e inmunizar nuestro yo ante las inclemencias del exterior, sino aquella que posibilite reinventar ese nosotros invalidado. Y tendr que tener otro propsito. La reforma laboral, adems de crear un estado de excepcin laboral, tambin es un estado de sitio social y personal. Por eso la crisis, la ruptura del contrato social, la quiebra del Estado del Bienestar y la previsible supresin de la condicin ciudadana por viejas servidumbres, requieren un posicionamiento social.

Que la huelga importe poco a Rajoy o que no atemorice a la CEOE, o que no obligue a retirar la ley de reforma laboral, siendo verdad, no puede servir como inflexin reflexiva. Y menos como refugio y excusa de la conciencia privada secuestrada polticamente.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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