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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-03-2012

Entrevista a Manuel Caada, educador social, sobre la huelga general del 29-M
La contra-reforma laboral: todo el poder para el capital, nueva acumulacin de capital a partir de la desposesin de derechos laborales

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


Manuel Caada trabaja actualmente de educador social en un IES de Extremadura. Forma parte, en condicin de afiliado, del PCE, IU y CGT, aunque su tiempo de militancia, como l mismo seala, lo dedica fundamentalmente a un colectivo por los derechos sociales que lleva el nombre de La Trastienda.

La huelga del 29-M toma como motivo ms inmediato la agresin contra los trabajadores que significa la denominada reforma laboral de febrero de 2012. Qu piensas de esa nueva contrarreforma?

No es reforma laboral, es lucha de clases, podramos decir parafraseando el aforismo del 15M. La reforma laboral agresiva que susurraba De Guindos al odo de los capataces del Banco Central Europeo expresa a la perfeccin el tiempo que vivimos y el que viene. La burguesa s tiene una ntida conciencia de clase, de la situacin y de la correlacin de fuerzas. Mientras que la izquierda y el sindicalismo mayoritario llevan aos recitando la letana del Estado del bienestar, el gran capital recuenta las fuerzas de cada uno y toma la iniciativa. La lucha de clases no se rige por criterios de caridad o compasin. La globalizacin feliz y el capitalismo popular se han terminado. La crisis sistmica (econmica, ecolgica, urbana, de equilibrios geopolticos) obliga al capital a una reorganizacin que pasa, ineludiblemente por eliminar el poder real o latente de los antagonistas, por disciplinar la mercanca llamada trabajo, de dnde emana la valorizacin del capital. Por qu habramos de mantener el contrato social por el que suspiris todava si vosotros no tenis la fuerza suficiente para sostener el pulso? Lo queremos todo y lo queremos ahora, vienen a decir.

No es la reforma laboral, es el capitalismo. All por 2002, algunos compaeros definan la globalizacin capitalista como el desbocamiento del capital. El desbocamiento de verdad lo estamos empezando a ver en los ltimos aos. Cuanto ms alto quieras llegar ms cadveres tendrs que dejar en la cuneta. Y es justo que sea as. La ley es la de los que son leones. Son palabras de Terri de Niccol, una de las prostitutas que participaba en las fiestas poltico-empresariales de Berlusconi, que expresa con una metfora la filosofa mundana del capitalismo naturaleza. Caballos desbocados y leones que reclaman su derecho a comerse la gacela. Ese es el trasfondo de la contra-reforma laboral: todo el poder para el capital, nueva acumulacin de capital a partir de la desposesin de derechos laborales.

Los sindicatos mayoritarios, UGT y CCOO, sus direcciones quiero decir, hablan, lo han hecho en algn momento si no ando errado, de modificar los aspectos ms lesivos de la ley. Este debera ser uno de los objetivos centrales de la movilizacin del 29M?

Muchas veces sonroja escuchar a los dirigentes del sindicalismo de concertacin. Frente a una contrarreforma que no deja ttere con cabeza y arrambla contra todos los derechos, dicen que quieren corregir (Mndez) y enmendar (Toxo) la reforma laboral. Tienen bastante ms miedo que vergenza. A pesar de la brutalidad de la agresin, siguen afiliados al virgencita que me quede como estoy y a la nostalgia del pacto social permanente.

La extendida desconfianza hacia las direcciones sindicales no es el producto de una conspiracin de El Mundo. Basta con recordar el papeln que han hecho en tres de los momentos cruciales desde que se inici la crisis. Callaron -y cuando hablaron fue para justificarlo- mientras se saqueaban los fondos pblicos para rescatar a los bancos. El segundo gran episodio que demostr la falta de firmeza fue el pensionazo: cuatro meses despus de la huelga general del 29 de septiembre, dispusieron, junto al gobierno, que tendremos que trabajar dos aos ms para cobrar una pensin ms exigua. Y la tercera cantada fue la meliflua protesta frente a la reforma constitucional que blind el cobro de la deuda para los bancos.

Y ahora, es una insensatez situar la huelga general como respuesta nicamente a la contrarreforma laboral, aunque sta sea gravsima. En un pas con casi 6 millones de parados, tres veces ms personas acogidos a los programas de alimentos de Critas que en el 2008, la degradacin sistemtica de los servicios pblicos y con 150 desahucios y 10 suicidios diarios, la huelga debe desbordar el timorato planteamiento de las centrales sindicales mayoritarias. Uno de las fuentes de deslegitimacin sindical es precisamente su empecinamiento corporativo, su economicismo de bajo vuelo. La huelga ha de ser general, es decir, radical, abarcadora, poltica.

Se habla la CEOE por ejemplo- de que el mercado laboral espaol es poco flexible, que hay que flexibilizarlo ms, que as no pueden surgir nuevos emprendedores y no se crea empleo. Toda esta jerga poltico-economicista, qu significa para ti?

Las jergas casi siempre buscan o producen una zanja entre el experto y el lego. Para empezar, esa jerga convierte la economa en un lenguaje indescifrable. Es el pensamiento mgico de nuestros das: los brujos dicen que es as y as debe ser.

Y despus est el propsito deliberado de edulcoracin. Son las nuevas maneras de ocultar la explotacin; es el capitalismo disfrazado de inters general. La palabra emprendedor, sustituyendo a la de empresario, resume bien el camaleonismo, la capacidad del capital para integrar los valores antagonistas. La palabra emprendedor toma el relevo de otra palabra prestigiada en su momento, la de autnomo. Frecuentemente, con ese trmino se ha puesto en pie la ficcin de una figura hbrida, mezcla de empresario y trabajador que disfrazaba, en muchas ocasiones una relacin salarial encubierta. Como entonces, el capital transforma los aspectos ms superficiales de la crtica a la fbrica, a la extenuacin laboral o a la rutina, en los atributos con los que caracterizar a la empresa. La empresa como emprendimiento, exploracin, iniciativa

Algo parecido es lo que ha hecho Mario Monti, el primer ministro italiano para referirse a la precariedad: "Los jvenes tienen que acostumbrarse a la idea de que no tendrn un puesto fijo de trabajo para toda la vida. Por otra parte, digamos la verdad, qu monotona tener un puesto fijo para toda la vida. Es ms bonito cambiar y tener desafos". La precariedad, que es justamente una crcel mvil para el trabajo, es transformada en aventura, en libertad, frente a la monotona de la estabilidad laboral.

Ves algn punto de ruptura entre la poltica laboral de PP y la que abonaron e impulsaron los ltimos gobiernos del PSOE? Estos ltimos afirman que ellos no cruzaron determinadas lneas rojas que siguen siendo sagradas.

Me parece que tanto la poltica laboral como el conjunto de la poltica econmica del PP y del PSOE comparten la misma lgica neoliberal y obedecen a los mismos amos. Las diferencias entre ambos son de ritmo, no de rumbo; de intensidad, pero en modo alguno de orientacin. Si comparamos las reformas laborales de 2010 y 2012 comprobaremos que el despido y la negociacin colectiva son dos piezas preciadas en ambas caceras. Pero, sin duda, la reforma laboral de 2012 supone un salto cualitativo. Es una estrategia elaborada, un ataque articulado, un nuevo marco de relaciones laborales.

Por otra parte, la esquizofrenia del PSOE es ya proverbial: ortodoxos neoliberales en el gobierno y fervientes socialdemcratas al da siguiente de perder las elecciones. Este enrojecimiento sbito es ya una historia cansina, slo apta para aparateros y chusqueros desesperados.

Creo que el 15M se sumar a las movilizaciones. Debera el movimiento obrero componer o recomponer sus relaciones con ese movimiento? No siempre, segn creo, sus relaciones son las organizaciones clsicas de los trabajadores son fluidas.

Es lamentable el desprecio con el que los sindicatos oficiales han tratado la movilizacin del 15M. En lugar de buscar una convocatoria que entroncase con la gran movilizacin de las plazas, se ha dedicado a tildar de infantil y ambiguo al movimiento indignado. Bastara con recordar algunos de los lemas que se exhiban en las plazas y acampadas para darse cuenta de que el 15M no se puede despachar con la etiqueta de interclasista: Manos arriba, esto es un contrato; Sin curro, sin casa, sin pensin, sin futuro; Violencia es cobrar 600 euros; No somos mercancas en manos de polticos y banqueros.

Se ha utilizado reiteradamente como metfora del 15M el cuento del emperador desnudo. El problema es que el insolente nio que ha ocupado las plazas durante 2011 no slo ha sealado la desnudez y corrupcin del poder poltico, sino que tambin ha interpelado, aunque no se lo propusiera, al sindicalismo de concertacin. Sealaba su complicidad en los aos de crisis, indicaba las limitaciones del sindicalismo mayoritario en relacin a amplios sectores de trabajadores precarizados, jvenes y no tan jvenes.

Hace unos das Iaki Gabilondo presentaba su colaboracin en El Pas con un significativo ttulo: Precariato. La precariedad toca ya la puerta de los que an conservan algn derecho. Se conmueven y tocan a rebato. Pero desde hace ms de 10 aos el debate sobre la precariedad era materia cotidiana en el movimiento antiglobalizacin o en el sindicalismo crtico. Bertinotti, el dirigente de Rifondazione Comunista de Italia, lleg a hablar del movimiento antiglobalizacin como el nuevo movimiento obrero, expresin del precariado. Al final, hasta los que soaban con desempear tan ricamente su papel de clase media-colchn social de por vida, hasta esa fantasiosa nueva clase trabajadora propietaria acaba entendiendo a qu nos referamos cuando hablbamos de tiempos precarios, de rgimen precario.

Claro que tampoco en el 15M es oro todo lo que reluce. Claro que hay, a veces, demasiado ciudadanismo, demasiada fe en el performance, demasiado Keynes y demasiado Punset. No, todo no se arregla con abrazos colectivos e inteligencia emocional. Se dio un giro social, de la exigencia de reforma electoral a los desahucios y las expulsiones de inmigrantes. Pero hay que profundizar esa orientacin.

Hace falta una nueva alianza que sea capaz de unir las plazas, las empresas y los barrios; los precarios, los bastiones de trabajadores con derechos y los pobres. Hace falta un nuevo movimiento obrero, capaz de integrar los indignados, el sindicalismo crtico y la rabia de los barrios excluidos.

Refuta este argumento: en Grecia han hecho en estos dos ltimos aos ms de 15 huelgas generales y mira lo que han conseguido: nada. As que: a currar o a asaltar los cielos en serio.

Para empezar, en lugar de esperar a que los griegos nos saquen las castaas del fuego, arrimemos el hombro. Es como el esquirol que, en lugar de hacer huelga, te echa en cara que no has conseguido nada hacindola t.

La situacin griega viene de camino. Y no quedar ms remedio que plantar cara. La lucha siempre rinde frutos, aunque a veces no sean visibles. Los cuatro derechos que tenemos se han conseguido mediante la lucha obrera, no son la regala de ningn poltico. Y, como deca mil veces Marcelino Camacho, los derechos que no se defienden, se pierden.

Luchemos como si estuvisemos preparndonos para asaltar los cielos. Y sobre todo, escribamos en las paredes y en los blogs la advertencia certera: Si luchamos podemos perder, si no luchamos estamos perdidos.

Cmo deberamos continuar? Qu hacer tras el 29-M?

La lucha va a ser muy larga y hace falta una estrategia de alcance. La huelga general ha de ser un instrumento de acumulacin de fuerzas, tanto si consigue derrotar la reforma laboral como si no lo consigue. Hay que trabajar por un frente amplio, por una conjuncin de fuerzas, por la construccin de un movimiento socio-poltico, es decir de un desafo consciente y sostenido al neoliberalismo.

El 15M, el sindicalismo crtico, los movimientos sociales alternativos, la izquierda anticapitalista, los movimientos de los barrios, son algunos de los componentes llamados a jugar un papel importante en la construccin de ese movimiento.

La huelga general ha de tener continuidad. Las huelgas de consumo, las acciones de desobediencia y boicot, las acciones de deslegitimacin del poder poltico y econmico, deben ir acompaados de la construccin de espacios comunitarios alternativos. Luchar en lo grande y en lo pequeo. Por la huelga general europea o la auditora de la deuda, pero al mismo tiempo por la creacin de grupos de autoconsumo o economatos sociales. Por la revuelta general y por la poltica entendida no como representacin sino como comunidad.

No basta con defenderse, hay que pasar al contraataque. La renta bsica como derecho ciudadano puede ser una propuesta que una plazas y barrios, precarios y excluidos, austeridad y justicia.

Salvador Lpez Arnal es nieto de Jos Arnal Cerezuelo, un delincuente reo de rebelin militar, cenetista aragons asesinado en Barcelona en mayo de 1939 por un pelotn de la Benemrita.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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