Portada :: Colombia
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-03-2012

El doble juego

Camilo de los Milagros
Rebelin


El enero del 2012 fue el ms violento de los ltimos 8 aos. Se desmoron el mito del gobierno anterior del apogeo triunfal de la seguridad democrtica y la pacificacin de los sepulcros.

Continuando la ofensiva que desarrollaban desde la muerte de Alfonso Cano en Noviembre, las FARC realizaron 156 incursiones y ataques durante el primer mes del ao. Volaron las comisaras de polica de Villarica (Cauca) y Tumaco (Nario). Realizaron ataques muy fuertes en el Catatumbo. Al mismo tiempo hicieron un atentado en Cajamarca (Tolima), hostigaron dos veces la estacin de polica de Puerto Concordia (Meta) y causaron numerosas bajas militares en Putumayo, Nario, Huila, Tolima, Arauca y Norte de Santander. Las obvias reacciones institucionales desviaron el tema central -el recrudecimiento del conflicto- hacia una minimizacin del tamao de las acciones subversivas argumentando que se trataba de atentados con explosivos que lograban llamar la atencin pero no representaban una considerable fuerza militar. Sin embargo, desde el 19 de enero una columna de ms de 100 guerrilleros atac y destruy una base de telecomunicaciones militares ubicada en un cerro del Tambo (Cauca), cercando por varios das a 17 policas y matando a su comandante. El 23 de enero las tropas no haban logrado penetrar al lugar, repelidas por los insurgentes, mientras la aviacin se encontraba varada gracias al mal tiempo. Los rebeldes, en una escena que pareca de los aos 90, se dieron el lujo de aparecer con sus uniformes limpios para entregarle a la Cruz Roja un polica herido que estaba en su poder, frente a las cmaras de los periodistas. El mensaje no poda ser ms contundente: la supremaca en la regin no est en poder de las Fuerzas Militares.

La ofensiva se prolong durante todo el mes de febrero con decenas de ataques en el sur del pas y el Presidente dispuso la llegada de 300 soldados ms para el departamento del Cauca, epicentro de la actividad guerrillera. Igualmente el Ministro de la Guerra Juan Carlos Pinzn anunci un cambio de estrategia supuestamente encaminado a la desarticulacin definitiva de la subversin. Se llama operacin Espada de honor y concentrar sus esfuerzos en los objetivos de alto valor, es decir los lderes de la guerrilla.

Al tanto que la Fuerza Pblica arrojaba toda la atencin sobre el Cauca y el Catatumbo, la insurgencia dilua sus acciones por el resto del pas. Atac prcticamente todos los das las caravanas cargadas de petrleo de los pozos que explotan las multinacionales en el Caquet, logrando paralizar a mediados de marzo la produccin y exportacin de 140.000 barriles diarios, aproximadamente el 10% de la produccin de crudo del pas [1] . El 9 de marzo atacaron un batalln en Puerto Ass (Putumayo) causando un soldado muerto y cuatro heridos. Al da siguiente bombardearon y averiaron la torre de control del aeropuerto de San Vicente del Cagun (Caquet) y tres das despus activaron un carro bomba en Aguachica (Cesar) hiriendo dos policas.

El 1 de marzo la guerrilla decret un paro armado en el Choc, la regin ms pobre del pas. Bloque el acceso por carreteras, ros y aire a una gigantesca rea de varios cientos de miles de habitantes. En Santa Cecilia (Risaralda) cortaron la va de acceso al Choc dos veces y quemaron camiones. En el ro Atrato, arteria fluvial de la zona, interrumpieron completamente la navegacin y mantuvieron el paro durante 15 das. En la va Medelln Quibd y en los aeropuertos lograron que los transportadores acataran su orden an contra las amenazas del gobierno de ejercer represalias a quienes se negaran a viajar al Choc. Otra vez el mensaje qued bastante claro.

El 19 la guerrilla propinaba un duro golpe al Ejrcito en Arauca causando la baja de 11 militares y el 20 de marzo el poltico lvaro Leyva propuso un declogo para humanizar el conflicto, en una clara gestin para abrir puertas al dilogo; mientras la ex-senadora Piedad Crdoba adelantaba gestiones para la liberacin de los ltimos militares en poder de la insurgencia. El 23 de marzo el Presidente no se daba por entendido y amenazaba, como amenazan todos los presidentes colombianos desde hace medio siglo, con la rendicin o la tumba para los rebeldes.

Al da siguiente medio millar de presos polticos, la mayora de ellos combatientes de la insurgencia en las crceles, comenzaban una huelga de hambre en varias penitenciarias del pas exigiendo una auditora de las organizaciones de derechos humanos para denunciar las condiciones de barbarie en las que se encuentran recluidos. Todava habr quien se atreva a negar que Colombia es un pas en guerra?

El que conozca la geografa nacional podr advertir varias cosas evidentes: que la ofensiva guerrillera copa prcticamente todo el sur y parte del occidente colombiano, que mantiene la supremaca militar en departamentos rurales como el Cauca y el Choc, que conserva la iniciativa de accin en zonas del norte como el Catatumbo y del oriente como Arauca. En ningn caso parece coherente la versin oficial que habla de reductos aislados.

El eplogo de esta demostracin de fuerza todava no llega. Ser el 30 de marzo cuando los guerrilleros entreguen unilateralmente a los 10 militares que tienen en su poder desde hace una dcada. Entonces a la puja militar de los ltimos meses por recuperar terreno se sumar otra, la puja poltica por el reconocimiento de la insurgencia como una fuerza latente que quiere que la escuchen. Esta es una batalla ms dura, ms compleja que la primera.

Los subversivos representan las aspiraciones de un sector importante de la poblacin rural colombiana, y eso no es una hereja terrorista sino una conclusin que puede extraerse de la estrategia Espada de honor que disearon las Fuerzas Armadas al mando del Ministro Pinzn. Lase bien, asombrosamente los militares reconocen pblicamente que la guerrilla tiene una base social y poblacional:

adems de los planes puramente militares, las Fuerzas Armadas creen que la poltica de seguridad democrtica, que aport notables xitos durante la primera dcada del siglo XXI y que bsicamente estuvo orientada a recuperar para el Estado territorios donde la guerrilla haba logrado cierta hegemona, necesita un nuevo aire. Ahora busca ganarse a la gente en las reas de conflicto. En palabras de un alto mando: Tomarse la poblacin civil y conquistar el corazn de los colombianos [2]

El eufemismo ganarse a la gente en las reas de conflicto significa llanamente acabar con el apoyo y simpata que las comunidades campesinas tienen hacia la guerrilla, a la que sostienen y colaboran hace dcadas. La estrategia de fumigaciones y tierra arrasada que el Ejrcito practica tuvo el efecto contrario, como era de esperarse: fortalecer a los rebeldes. Si los militares necesitaron medio siglo para enterarse que la insurgencia es un fenmeno de races sociales e histricas profundas y no producto de la malvada voluntad de unos cuantos viejos testarudos, seguramente necesitarn otro medio siglo para extraer la conclusin lgica de aquella premisa: que la solucin del conflicto no es la aniquilacin ni el aplastamiento del enemigo. La estrategia de la aniquilacin prolonga indefinidamente el desangre. Un desangre que le cost al Estado cerca de 6.000 bajas en los ltimos 3 aos [3] . Jvenes soldados y policas provenientes de los estratos ms pobres, porque los hijos de los ricos nunca van a la guerra.

El pas se convulsiona a las puertas de un nuevo dilogo que se cocina en secreto. Cmo saben todos los buenos estrategas, no se gana nada en las negociaciones que no se haya ganado antes en el campo de batalla. Este doble juego del recrudecimiento de la guerra nace del imperativo de los contrincantes por imponer sus condiciones, sus ventajas y hegemonas. Mientras, quienes no creemos en la paz de los sepulcros seguiremos afirmando, por ms impopular que esto sea en Colombia, lo que hasta el ltimo frailejn de las montaas susurra en silencio con la brisa: que a la guerrilla tarde o temprano habr que escucharla.


NOTAS DEL AUTOR:

[1] El Espectador, Ataques contra petroleras tienen en alerta mercados extranjeros, 15 de marzo de 2012.

[2] El Espectador, Operacin Espada de honor, 18 de febrero de 2012.

[3] Len Valencia, Los dilemas de Santos, Informe Anual de la Corporacin Nuevo Arco Iris, Bogot, 2012.


(*) Camilo de los Milagros es un joven activista y estudiante universitario colombiano quecolabora con frecuencia en algunos mediosde comunicacin alternativos como Kaos enla red, Rebelin e Iniciativa Debate.


Este artculo ha sido publicado por Rebelin con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter