Paul Schäfer y sus amiguitos de la UDI
Relaciones Incestuosas
Punto Final
El 23 de octubre de 1977, con múltiples puñaladas fue encontrado el
cadáver de Juan René Muñoz Alarcón, 34 años, ex militante del Partido
Socialista quien tras el golpe militar de 1973 se había transformado en
colaborador de los aparatos represivos de la dictadura.
Pocos meses antes, Muñoz Alarcón había tratado infructuosamente de ser
escuchado por el sacerdote Cristián Precht, en la Vicaría de la
Solidaridad. Deseaba entregar un culpable testimonio de su paso por la
Dina.
En las semanas siguientes al golpe de Estado, había sido conducido
encapuchado al Estadio Nacional para reconocer a militantes y
dirigentes del PS y de otros partidos de la Unidad Popular. Más tarde
cumplió ese mismo papel en las calles, a bordo de camionetas de las
brigadas operativas del coronel Manuel Contreras.
Mucha gente había sido torturada y asesinada por su culpa.
En la Vicaría de la Solidaridad lo escucharon, pero no le creyeron.
Dejó entonces una grabación donde, con voz trémula, relataba detalles
del funcionamiento de los aparatos represivos y afirmaba que en la
Colonia Dignidad permanecían detenidas 112 personas, las que eran
sometidas cotidianamente a crueles torturas.
En su testimonio, Muñoz Alarcón aseguraba que en el fundo El Lavadero
existía una central de comunicaciones para enlazarse con todos los
agentes y colaboradores que la Dina mantenía en el exterior.
EL FUNDO DE
“LOS ALEMANES”
Hasta entonces, los chilenos sólo conocían de algunas fugas, denuncias
de malos tratos y de ciertos extraños hábitos de vida de los colonos
alemanes avecindados desde comienzos de los años 60 en la zona de
Parral, dirigidos por un enigmático pastor bautista llamado Paul
Schäfer.
Nada sabían, en cambio, sobre el papel que Colonia Dignidad había
desempeñado durante el régimen de la UP como centro de apoyo logístico
de Patria y Libertad (PyL) y de otros conjurados en contra del gobierno
del presidente Salvador Allende. Allí se refugió Roberto Thieme, el
jefe operativo del movimiento, tras simular que la avioneta que
conducía rumbo a Argentina se había estrellado. Allí aterrizaban
también los despachos de armas y explosivos que los miembros del frente
exterior de PyL, distribuidos al otro lado de la cordillera, enviaban a
territorio nacional para intentar derrocar a la UP.
Por aquellos años los dirigentes de la Colonia se esforzaron por
mantener un perfil muy bajo. Incluso no pocos dirigentes de Izquierda
los miraban con cierta simpatía, convencidos que en las más de 15 mil
hectáreas que habitaban se practicaba una especie de socialismo
comunitario, con innovadoras relaciones de trabajo.
En el gobierno de Eduardo Frei Montalva (1964-1970), en tanto, algunos
fervientes partidarios de la reforma agraria reclamaron por los
privilegios que tenían los colonos alemanes, a quienes se les permitía
importar todo tipo de maquinarias e insumos sin pagar impuestos y,
además, se les entregaba apoyo del Estado para su manutención.
Schäfer y sus colaboradores más cercanos empezaron a tejer desde esos
años un manto de protección para ocultar sus actividades secretas.
Empresarios agrícolas, políticos de derecha, inmigrantes alemanes,
miembros del Poder Judicial, periodistas y oficiales del ejército,
entre otros, fueron contactados, halagados, agasajados y favorecidos
por los colonos alemanes.
COLABORADOR ENTUSIASTA
Tras producirse el golpe militar, Schäfer vio la oportunidad de
consolidar definitivamente su bastión y decidió prestar toda su ayuda a
las faenas represivas de la Dina. Puso a disposición de Manuel
Contreras todos sus contactos en Alemania y en otros países de Europa y
Sudamérica.
En la década de los 80, varios medios de prensa alemanes y las revistas
opositoras chilenas empezaron a dar cuenta poco a poco de las sospechas
que recaían sobre Colonia Dignidad. Los rumores daban cuenta de la
existencia de sofisticados laboratorios para experimentos militares, de
una búsqueda casi frenética de materiales radioactivos, de insólitas
prospecciones en los ríos vecinos al fundo y en los contrafuertes
cordilleranos, de comunidades mapuche que lucían el pelo blanco
producto de la contaminación con uranio...
Cualquier intento de desconocidos por acercarse a los terrenos del
fundo era reprimido por sus moradores. Modernos equipos de vigilancia
electrónica, así como una férrea red de protección organizada entre los
lugareños, impedían aproximarse al vasto territorio ocupado por los
alemanes. Poco a poco, sin embargo, comenzaron a surgir los datos
reales de lo que allí acontecía.
LA DETENCION DEL
“LORO MATIAS”
El caso que entreabrió las puertas de la verdad fue la detención de un
parralino, estudiante de medicina de la Universidad de Chile y
militante del MIR, identificado como Alvaro Vallejos Villagrán, apodado
“loro Matías”. En la clandestinidad trabajaba con Augusto Carmona,
miembro del comité central del MIR.
Un piquete de agentes de la Dina, encabezado por Osvaldo Romo, llegó a
su casa el 20 de mayo de 1974 llevándoselo con rumbo desconocido. En
los días siguientes fue visto por otros detenidos en Londres 38 y en
Cuatro Alamos, pero su rastro se perdió definitivamente tras ser
conducido a Colonia Dignidad.
Nueve meses después, el 2 de febrero de 1975, agentes de la Dina
secuestraron desde la base naval de Talcahuano, donde se encontraba
detenido, a Enrique Peebles, alumno del último año de medicina de la
Universidad de Concepción, militante del MIR. Lo subieron a una
camioneta donde viajaba amarrado Erick Zott, otro mirista, y una mujer
que no logró identificar, pero que años después reconocería como Marcia
Merino, la “flaca Alejandra”.
Los dos hombres fueron conducidos a la Colonia Dignidad, donde se les
sometió a tortura con electricidad. Pocos días después fueron
liberados, viajaron a Europa y en 1986 entregaron sus testimonios a
Amnistía Internacional (AI), entidad que los dio a conocer a la revista
germana Stern. Los dirigentes de Colonia Dignidad decidieron
querellarse contra AI y el semanario germano, aumentando el interés
sobre el caso.
“Recibimos al ‘loro Matías’ esposado, en Cuatro Alamos. El quería
llevarse algunas cosas personales, pero el mayor que lo conducía, que
se llamaba Fernando o Fernández, o algo semejante, le dijo: ‘Eso no
será necesario. Ya no lo necesitarás’”. Así contó, el 30 de septiembre
de 1979, ante un tribunal en Bonn, Alemania, el ex agente de la Dina
Samuel Fuenzalida el momento en que Vallejos Villagrán fue llevado a la
Colonia Dignidad.
Fuenzalida ingresó al ejército en 1973 y fue destinado al regimiento de
Calama. Según su testimonio, pronto se le indicó que iría a trabajar
bajo las órdenes del coronel Manuel Contreras en la formación de la
Dina.
Fue destinado a la Brigada de Inteligencia Metropolitana (BIM) donde
permaneció hasta comienzos de 1975. Luego le correspondió colaborar en
labores de soplonaje hasta septiembre de ese año. Viajó a Argentina y
de ahí a Europa, donde reapareció para declarar en Bonn en la disputa
legal que sostenían Colonia Dignidad y Amnistía Internacional.
“Vamos a llevar al ‘loro Matías’ donde los alemanes”, le dijo el mayor
a quien Fuenzalida recordaba con el nombre de Fernando, y a quien
individualizó como jefe de la Dina para la zona de Ñuble. A la entrada
del fundo El Lavadero la delegación de la Dina y su detenido era
esperada por dos alemanes que estaban en un automóvil Mercedes Benz
azul, en el cual el joven mirista fue conducido al interior del predio.
Samuel Fuenzalida no olvidó el rostro de uno de los alemanes, a quien
el oficial de la Dina llamaba “profesor”. En el tribunal de Bonn lo
reconoció, años más tarde, como Paul Schäfer.
El testimonio del ex agente señala que desde que Vallejos fue subido al
Mercedes Benz no lo volvió a ver. Contó que él y el ordenanza del
oficial fueron llevados a un comedor. Luego llegaron a ese lugar el
oficial y Schäfer. Recuerda que éste último, que ingresó con un perro
ovejero alemán negro, hizo un gesto con sus manos “que no podía indicar
sino que el detenido estaba muerto”.
En su declaración, Fuenzalida agregó que en la Dina se sabía que
quienes morían en Colonia Dignidad eran sepultados cerca de la
cordillera.
CASI 20 AÑOS DESPUES
A fines de 1992, tras conocerse algunas declaraciones proporcionadas a
la Comisión Rettig, los familiares de Alvaro Vallejos Villagrán
presentaron una querella por secuestro ante el Séptimo Juzgado del
Crimen de Santiago. Su titular, el juez Lientur Escobar, avanzó
rápidamente en las investigaciones.
En diciembre, el magistrado ordenó detener y someter a proceso al ex
jefe de la Dina en la zona sur, coronel (r) Fernando Gómez Segovia,
egresado de la Escuela Militar en 1958 como oficial de infantería y que
en 1970 hizo un curso en radio, televisión y electrónica. También
agregó a su currículum un curso de administración de personal en la
Academia de Guerra. Más tarde realizó un postgrado en Inteligencia, en
Brasil, y un seminario sobre satélites en el Comando de
Telecomunicaciones.
Alentado por las diligencias del juez Lientur Escobar, el Comité de
Defensa de los Derechos del Pueblo (Codepu) presentó en el mismo
juzgado una denuncia por 21 desapariciones en Parral, entre 1973 y
1974, casos que estaban radicados en el Juzgado de Letras de esa ciudad
y que no habían avanzado. Los casos de desaparecidos en la zona
llegaban a la treintena y se habían originado inmediatamente después
del golpe.
Entre el 12 y el 20 de septiembre de 1973 cuatro hombres fueron
detenidos por carabineros de Parral y conducidos a la cárcel de la
ciudad. Se trataba de Hugo Soto Campos, 18 años, estudiante; Aurelio
Peñailillo Sepúlveda, 32 años, jubilado por invalidez; Oscar Saldías
Daza, 22 años, estudiante y, Luis Evangelista Aguayo Fernández, 21
años, inspector del liceo.
El 26 de septiembre de 1973 el libro de novedades del recinto penal
señalaba que por orden del gobernador departamental, Hugo Cardemil,
fueron entregados a personal del ejército los cuatro detenidos y un
quinto que luego fue devuelto al centro de reclusión.
Entre septiembre y octubre las desapariciones prosiguieron. El 23 de
octubre siete detenidos fueron llevados por una patrulla a “declarar” a
la fiscalía militar. De ellos no se volvió a saber. Los nombres
consignados en los registros de la cárcel de Parral son: Claudio Jesús
Escanilla Tobar, 16 años, lustrabotas; Raúl Alfonso Díaz Mesa, 23 años,
obrero; Ireneo Alberto Méndez Hernández, 22 años, socialista; José
Ignacio Bustos Fuentes, 52 años, comerciante comunista; Manuel Eduardo
Bascuñán Aravena, 23 años, estudiante socialista; Oscar Abdón Retamal
Pérez, 19 años, estudiante socialista y, Roberto del Carmen Romero
Muñoz, 23 años, obrero.
ORDENES DEL GOBERNADOR
También en octubre de 1973 desaparecieron desde la cárcel de Parral
otras cuatro personas: Luis Alberto Yáñez Vásquez,19 años, estudiante,
militante del MIR; José Hernán Riveros Chávez, 27 años, obrero de la
construcción; Víctor Julio Vivanco Vásquez, 19 años, estudiante,
miembro del MIR y, Luis Enrique Riveros Cofré, 21 años, socialista.
Las órdenes del gobernador para trasladar presos a recintos militares,
que significaron la desaparición de los detenidos, se repitieron en la
localidad de Catillo. Ahí las víctimas fueron Roberto Torres Aravena,
58 años, ingeniero químico; Miguel Rojas Rojas, 52 años, obrero
agrícola, socialista; Gilberto Rojas Vásquez, 28 años, carpintero,
militante comunista y, Ramiro Romero González, 28 años, dirigente
campesino, socialista.
La represión en Parral siguió en 1974. El 28 de julio, Carabineros
detuvo a Hernán Sarmiento Sabater y Arnoldo Vivian Laurie Luengo,
quienes fueron traslados a Londres 38, donde se les perdió el rastro.
Más tarde corrieron la misma suerte José Luis Morales y Juan Francisco
Ponce González. Entre el 18 y el 25 de octubre desaparecieron los
obreros agrícolas José Apolinario Muñoz, 33 años; Edelmiro Valdés
Sepúlveda, 42 años; Alcibíades Valenzuela Retamal, 23 años; Benedicto
de la Rosa Sepúlveda Valenzuela, 64 años; Armando Arnoldo Pereira
Merino, 49 años; Luis Alcibíades Pereira Hernández, 31 años y, Rolando
Antonio Ibarra Ortega, de 32 años.
Todos los indicios apuntan a que fueron conducidos a Colonia Dignidad, donde habrían sido ejecutados tras someterlos a torturas.
LOS PRIMEROS IDENTIFICADOS
A comienzos de 1993, el juez Lientur Escobar encargó reos a Hugo
Cardemil Valenzuela, coronel de ejército en retiro y gobernador de
Parral en 1973; a Pablo Caulier Grant, coronel de Carabineros en retiro
y gobernador de la misma ciudad en 1973 y 1974; y a los ex sargentos de
Carabineros Diógenes Toledo Pérez y Luis Alberto Hidalgo, acusados de
ser autores de secuestro y asociación ilícita.
De Fernando Gómez Segovia, en tanto, el magistrado señaló que “en su
calidad de jefe de la Dina, facilitó los medios, ya sea información o
recintos de detención para personas contrarias al gobierno establecido
de la época, como asimismo se vinculó con residentes de Colonia
Dignidad, lo que permite al tribunal atribuirle una calidad de cómplice
en los delitos de secuestro y desaparición de Arnoldo Laurie Luengo y
Hernán Sarmiento Sabater, y además autor del delito de asociación
ilícita, por cuanto reconoce que sus subordinados actuaban con chapas,
e ignora sus identidades, y porque Colonia Dignidad ha sido señalada
por los habitantes de Parral y organismos internacionales como centro
de detención y tortura de la Dina, de la cual Gómez Segovia era el
jefe”.
La Dina ocupaba en Parral una casa ubicada en calle Carrera Pinto 262,
cedida por la Colonia Dignidad. En sus dependencias vivían Gómez
Segovia y uno de sus lugartenientes, el oficial de ejército Eduardo Guy
Neckelmann S., compañero de promoción en la Escuela Militar de Rolf
Wenderoth Pozo, Augusto Deichler Guzmán y Nelson Luvvece Massera,
oficiales que tras el golpe militar se incorporaron a la Dina.
Neckelmann hablaba alemán y había cumplido algunas tareas financieras
encargadas por Manuel Contreras. También realizaba misiones de
hostigamiento a representantes de la Iglesia Católica.
La casa que la Dina tenía en calle Carrera Pinto, en Parral, desde
comienzos de los años 90 fue ocupada como sede de la Asociación
Nacional de Amigos de la Colonia Dignidad.
EL HOMBRE
DE LAS MALETAS
Al finalizar febrero de 1993 llegó hasta el despacho del juez Lientur
Escobar uno de los colaboradores de la Dina en Alemania. Se trataba de
Wolf Von Arnswaldt, ex cadete de la Escuela Militar que había
abandonado Chile en 1971 y que se encontraba trabajando para LAN, en
Francfort. Arnswaldt relató que en 1974 se apersonó en las oficinas de
LAN uno de sus ex compañeros en la Escuela Militar, Christopher
Willike, quien le dijo que trabajaba para el gobierno militar. Poco
tiempo después ese antiguo camarada le presentó a Alfred Schaak,
representante legal de Colonia Dignidad en Alemania y muy cercano a
Paul Schäfer.
En los tres años siguientes, Arnswaldt recibió periódicamente unas
maletas que le entregaba Schaak para ser enviadas a Chile, a Colonia
Dignidad. En Santiago las maletas eran recibidas por Alfred Matus, uno
de los encargados de Dignidad en la Región Metropolitana, quien tenía
oficinas en una casona en la calle Campos de Deportes.
Luego, la Dina encargó a Arnswaldt la creación de una “oficina
periodística” en Francfort, desde la cual se recogía información sobre
los exiliados chilenos en Alemania. A cargo de esa empresa de pantalla
quedó Angélica Radman, hermana de otro hombre que también trabajaba
para Paul Schäfer.
SUS AMORES CON LA UDI
Y TRIBUNALES
Hoy parece claro que el ex líder de la Colonia Dignidad, detenido
después de nueve años de búsqueda acusado también de abusar sexualmente
de niños confiados a su cuidado, fue un entusiasta colaborador de la
Dina y facilitó las instalaciones de Colonia Dignidad para la práctica
de la tortura y la desaparición de personas.
Manuel Contreras llevó a su hijo al fundo El Lavadero para que fuera
protegido por los colonos alemanes mientras él se dedicaba a cazar
partidarios del gobierno de Allende. Hasta allí también llegaron los
más diversos personeros del régimen militar, para conocer los
“talentos” de los colonos y agradecerles sus servicios en la “cruzada”
contra el marxismo.
Esos contactos les permitieron no ser molestados durante casi dos
décadas, hasta que tras el retorno a la democracia, en 1990, las
autoridades decidieron investigar las tropelías ocurridas al interior
del fundo El Lavadero. El 23 de octubre de 1977, con múltiples
puñaladas fue encontrado el cadáver de Juan René Muñoz Alarcón, 34
años, ex militante del Partido Socialista quien tras el golpe militar
de 1973 se había transformado en colaborador de los aparatos represivos
de la dictadura.
Pocos meses antes, Muñoz Alarcón había tratado infructuosamente de ser
escuchado por el sacerdote Cristián Precht, en la Vicaría de la
Solidaridad. Deseaba entregar un culpable testimonio de su paso por la
Dina.
En las semanas siguientes al golpe de Estado, había sido conducido
encapuchado al Estadio Nacional para reconocer a militantes y
dirigentes del PS y de otros partidos de la Unidad Popular. Más tarde
cumplió ese mismo papel en las calles, a bordo de camionetas de las
brigadas operativas del coronel Manuel Contreras.
Mucha gente había sido torturada y asesinada por su culpa.
En la Vicaría de la Solidaridad lo escucharon, pero no le creyeron.
Dejó entonces una grabación donde, con voz trémula, relataba detalles
del funcionamiento de los aparatos represivos y afirmaba que en la
Colonia Dignidad permanecían detenidas 112 personas, las que eran
sometidas cotidianamente a crueles torturas.
En su testimonio, Muñoz Alarcón aseguraba que en el fundo El Lavadero
existía una central de comunicaciones para enlazarse con todos los
agentes y colaboradores que la Dina mantenía en el exterior.
EL FUNDO DE
“LOS ALEMANES”
Hasta entonces, los chilenos sólo conocían de algunas fugas, denuncias
de malos tratos y de ciertos extraños hábitos de vida de los colonos
alemanes avecindados desde comienzos de los años 60 en la zona de
Parral, dirigidos por un enigmático pastor bautista llamado Paul
Schäfer.
Nada sabían, en cambio, sobre el papel que Colonia Dignidad había
desempeñado durante el régimen de la UP como centro de apoyo logístico
de Patria y Libertad (PyL) y de otros conjurados en contra del gobierno
del presidente Salvador Allende. Allí se refugió Roberto Thieme, el
jefe operativo del movimiento, tras simular que la avioneta que
conducía rumbo a Argentina se había estrellado. Allí aterrizaban
también los despachos de armas y explosivos que los miembros del frente
exterior de PyL, distribuidos al otro lado de la cordillera, enviaban a
territorio nacional para intentar derrocar a la UP.
Por aquellos años los dirigentes de la Colonia se esforzaron por
mantener un perfil muy bajo. Incluso no pocos dirigentes de Izquierda
los miraban con cierta simpatía, convencidos que en las más de 15 mil
hectáreas que habitaban se practicaba una especie de socialismo
comunitario, con innovadoras relaciones de trabajo.
En el gobierno de Eduardo Frei Montalva (1964-1970), en tanto, algunos
fervientes partidarios de la reforma agraria reclamaron por los
privilegios que tenían los colonos alemanes, a quienes se les permitía
importar todo tipo de maquinarias e insumos sin pagar impuestos y,
además, se les entregaba apoyo del Estado para su manutención.
Schäfer y sus colaboradores más cercanos empezaron a tejer desde esos
años un manto de protección para ocultar sus actividades secretas.
Empresarios agrícolas, políticos de derecha, inmigrantes alemanes,
miembros del Poder Judicial, periodistas y oficiales del ejército,
entre otros, fueron contactados, halagados, agasajados y favorecidos
por los colonos alemanes.
COLABORADOR ENTUSIASTA
Tras producirse el golpe militar, Schäfer vio la oportunidad de
consolidar definitivamente su bastión y decidió prestar toda su ayuda a
las faenas represivas de la Dina. Puso a disposición de Manuel
Contreras todos sus contactos en Alemania y en otros países de Europa y
Sudamérica.
En la década de los 80, varios medios de prensa alemanes y las revistas
opositoras chilenas empezaron a dar cuenta poco a poco de las sospechas
que recaían sobre Colonia Dignidad. Los rumores daban cuenta de la
existencia de sofisticados laboratorios para experimentos militares, de
una búsqueda casi frenética de materiales radioactivos, de insólitas
prospecciones en los ríos vecinos al fundo y en los contrafuertes
cordilleranos, de comunidades mapuche que lucían el pelo blanco
producto de la contaminación con uranio...
Cualquier intento de desconocidos por acercarse a los terrenos del
fundo era reprimido por sus moradores. Modernos equipos de vigilancia
electrónica, así como una férrea red de protección organizada entre los
lugareños, impedían aproximarse al vasto territorio ocupado por los
alemanes. Poco a poco, sin embargo, comenzaron a surgir los datos
reales de lo que allí acontecía.
LA DETENCION DEL
“LORO MATIAS”
El caso que entreabrió las puertas de la verdad fue la detención de un
parralino, estudiante de medicina de la Universidad de Chile y
militante del MIR, identificado como Alvaro Vallejos Villagrán, apodado
“loro Matías”. En la clandestinidad trabajaba con Augusto Carmona,
miembro del comité central del MIR.
Un piquete de agentes de la Dina, encabezado por Osvaldo Romo, llegó a
su casa el 20 de mayo de 1974 llevándoselo con rumbo desconocido. En
los días siguientes fue visto por otros detenidos en Londres 38 y en
Cuatro Alamos, pero su rastro se perdió definitivamente tras ser
conducido a Colonia Dignidad.
Nueve meses después, el 2 de febrero de 1975, agentes de la Dina
secuestraron desde la base naval de Talcahuano, donde se encontraba
detenido, a Enrique Peebles, alumno del último año de medicina de la
Universidad de Concepción, militante del MIR. Lo subieron a una
camioneta donde viajaba amarrado Erick Zott, otro mirista, y una mujer
que no logró identificar, pero que años después reconocería como Marcia
Merino, la “flaca Alejandra”.
Los dos hombres fueron conducidos a la Colonia Dignidad, donde se les
sometió a tortura con electricidad. Pocos días después fueron
liberados, viajaron a Europa y en 1986 entregaron sus testimonios a
Amnistía Internacional (AI), entidad que los dio a conocer a la revista
germana Stern. Los dirigentes de Colonia Dignidad decidieron
querellarse contra AI y el semanario germano, aumentando el interés
sobre el caso.
“Recibimos al ‘loro Matías’ esposado, en Cuatro Alamos. El quería
llevarse algunas cosas personales, pero el mayor que lo conducía, que
se llamaba Fernando o Fernández, o algo semejante, le dijo: ‘Eso no
será necesario. Ya no lo necesitarás’”. Así contó, el 30 de septiembre
de 1979, ante un tribunal en Bonn, Alemania, el ex agente de la Dina
Samuel Fuenzalida el momento en que Vallejos Villagrán fue llevado a la
Colonia Dignidad.
Fuenzalida ingresó al ejército en 1973 y fue destinado al regimiento de
Calama. Según su testimonio, pronto se le indicó que iría a trabajar
bajo las órdenes del coronel Manuel Contreras en la formación de la
Dina.
Fue destinado a la Brigada de Inteligencia Metropolitana (BIM) donde
permaneció hasta comienzos de 1975. Luego le correspondió colaborar en
labores de soplonaje hasta septiembre de ese año. Viajó a Argentina y
de ahí a Europa, donde reapareció para declarar en Bonn en la disputa
legal que sostenían Colonia Dignidad y Amnistía Internacional.
“Vamos a llevar al ‘loro Matías’ donde los alemanes”, le dijo el mayor
a quien Fuenzalida recordaba con el nombre de Fernando, y a quien
individualizó como jefe de la Dina para la zona de Ñuble. A la entrada
del fundo El Lavadero la delegación de la Dina y su detenido era
esperada por dos alemanes que estaban en un automóvil Mercedes Benz
azul, en el cual el joven mirista fue conducido al interior del predio.
Samuel Fuenzalida no olvidó el rostro de uno de los alemanes, a quien
el oficial de la Dina llamaba “profesor”. En el tribunal de Bonn lo
reconoció, años más tarde, como Paul Schäfer.
El testimonio del ex agente señala que desde que Vallejos fue subido al
Mercedes Benz no lo volvió a ver. Contó que él y el ordenanza del
oficial fueron llevados a un comedor. Luego llegaron a ese lugar el
oficial y Schäfer. Recuerda que éste último, que ingresó con un perro
ovejero alemán negro, hizo un gesto con sus manos “que no podía indicar
sino que el detenido estaba muerto”.
En su declaración, Fuenzalida agregó que en la Dina se sabía que
quienes morían en Colonia Dignidad eran sepultados cerca de la
cordillera.
CASI 20 AÑOS DESPUES
A fines de 1992, tras conocerse algunas declaraciones proporcionadas a
la Comisión Rettig, los familiares de Alvaro Vallejos Villagrán
presentaron una querella por secuestro ante el Séptimo Juzgado del
Crimen de Santiago. Su titular, el juez Lientur Escobar, avanzó
rápidamente en las investigaciones.
En diciembre, el magistrado ordenó detener y someter a proceso al ex
jefe de la Dina en la zona sur, coronel (r) Fernando Gómez Segovia,
egresado de la Escuela Militar en 1958 como oficial de infantería y que
en 1970 hizo un curso en radio, televisión y electrónica. También
agregó a su currículum un curso de administración de personal en la
Academia de Guerra. Más tarde realizó un postgrado en Inteligencia, en
Brasil, y un seminario sobre satélites en el Comando de
Telecomunicaciones.
Alentado por las diligencias del juez Lientur Escobar, el Comité de
Defensa de los Derechos del Pueblo (Codepu) presentó en el mismo
juzgado una denuncia por 21 desapariciones en Parral, entre 1973 y
1974, casos que estaban radicados en el Juzgado de Letras de esa ciudad
y que no habían avanzado. Los casos de desaparecidos en la zona
llegaban a la treintena y se habían originado inmediatamente después
del golpe.
Entre el 12 y el 20 de septiembre de 1973 cuatro hombres fueron
detenidos por carabineros de Parral y conducidos a la cárcel de la
ciudad. Se trataba de Hugo Soto Campos, 18 años, estudiante; Aurelio
Peñailillo Sepúlveda, 32 años, jubilado por invalidez; Oscar Saldías
Daza, 22 años, estudiante y, Luis Evangelista Aguayo Fernández, 21
años, inspector del liceo.
El 26 de septiembre de 1973 el libro de novedades del recinto penal
señalaba que por orden del gobernador departamental, Hugo Cardemil,
fueron entregados a personal del ejército los cuatro detenidos y un
quinto que luego fue devuelto al centro de reclusión.
Entre septiembre y octubre las desapariciones prosiguieron. El 23 de
octubre siete detenidos fueron llevados por una patrulla a “declarar” a
la fiscalía militar. De ellos no se volvió a saber. Los nombres
consignados en los registros de la cárcel de Parral son: Claudio Jesús
Escanilla Tobar, 16 años, lustrabotas; Raúl Alfonso Díaz Mesa, 23 años,
obrero; Ireneo Alberto Méndez Hernández, 22 años, socialista; José
Ignacio Bustos Fuentes, 52 años, comerciante comunista; Manuel Eduardo
Bascuñán Aravena, 23 años, estudiante socialista; Oscar Abdón Retamal
Pérez, 19 años, estudiante socialista y, Roberto del Carmen Romero
Muñoz, 23 años, obrero.
ORDENES DEL GOBERNADOR
También en octubre de 1973 desaparecieron desde la cárcel de Parral
otras cuatro personas: Luis Alberto Yáñez Vásquez,19 años, estudiante,
militante del MIR; José Hernán Riveros Chávez, 27 años, obrero de la
construcción; Víctor Julio Vivanco Vásquez, 19 años, estudiante,
miembro del MIR y, Luis Enrique Riveros Cofré, 21 años, socialista.
Las órdenes del gobernador para trasladar presos a recintos militares,
que significaron la desaparición de los detenidos, se repitieron en la
localidad de Catillo. Ahí las víctimas fueron Roberto Torres Aravena,
58 años, ingeniero químico; Miguel Rojas Rojas, 52 años, obrero
agrícola, socialista; Gilberto Rojas Vásquez, 28 años, carpintero,
militante comunista y, Ramiro Romero González, 28 años, dirigente
campesino, socialista.
La represión en Parral siguió en 1974. El 28 de julio, Carabineros
detuvo a Hernán Sarmiento Sabater y Arnoldo Vivian Laurie Luengo,
quienes fueron traslados a Londres 38, donde se les perdió el rastro.
Más tarde corrieron la misma suerte José Luis Morales y Juan Francisco
Ponce González. Entre el 18 y el 25 de octubre desaparecieron los
obreros agrícolas José Apolinario Muñoz, 33 años; Edelmiro Valdés
Sepúlveda, 42 años; Alcibíades Valenzuela Retamal, 23 años; Benedicto
de la Rosa Sepúlveda Valenzuela, 64 años; Armando Arnoldo Pereira
Merino, 49 años; Luis Alcibíades Pereira Hernández, 31 años y, Rolando
Antonio Ibarra Ortega, de 32 años.
Todos los indicios apuntan a que fueron conducidos a Colonia Dignidad, donde habrían sido ejecutados tras someterlos a torturas.
LOS PRIMEROS IDENTIFICADOS
A comienzos de 1993, el juez Lientur Escobar encargó reos a Hugo
Cardemil Valenzuela, coronel de ejército en retiro y gobernador de
Parral en 1973; a Pablo Caulier Grant, coronel de Carabineros en retiro
y gobernador de la misma ciudad en 1973 y 1974; y a los ex sargentos de
Carabineros Diógenes Toledo Pérez y Luis Alberto Hidalgo, acusados de
ser autores de secuestro y asociación ilícita.
De Fernando Gómez Segovia, en tanto, el magistrado señaló que “en su
calidad de jefe de la Dina, facilitó los medios, ya sea información o
recintos de detención para personas contrarias al gobierno establecido
de la época, como asimismo se vinculó con residentes de Colonia
Dignidad, lo que permite al tribunal atribuirle una calidad de cómplice
en los delitos de secuestro y desaparición de Arnoldo Laurie Luengo y
Hernán Sarmiento Sabater, y además autor del delito de asociación
ilícita, por cuanto reconoce que sus subordinados actuaban con chapas,
e ignora sus identidades, y porque Colonia Dignidad ha sido señalada
por los habitantes de Parral y organismos internacionales como centro
de detención y tortura de la Dina, de la cual Gómez Segovia era el
jefe”. La Dina ocupaba en Parral una casa ubicada en calle Carrera
Pinto 262, cedida por la Colonia Dignidad. En sus dependencias vivían
Gómez Segovia y uno de sus lugartenientes, el oficial de ejército
Eduardo Guy Neckelmann S., compañero de promoción en la Escuela Militar
de Rolf Wenderoth Pozo, Augusto Deichler Guzmán y Nelson Luvvece
Massera, oficiales que tras el golpe militar se incorporaron a la Dina.
Neckelmann hablaba alemán y había cumplido algunas tareas financieras
encargadas por Manuel Contreras. También realizaba misiones de
hostigamiento a representantes de la Iglesia Católica.
La casa que la Dina tenía en calle Carrera Pinto, en Parral, desde
comienzos de los años 90 fue ocupada como sede de la Asociación
Nacional de Amigos de la Colonia Dignidad.
EL HOMBRE
DE LAS MALETAS
Al finalizar febrero de 1993 llegó hasta el despacho del juez Lientur
Escobar uno de los colaboradores de la Dina en Alemania. Se trataba de
Wolf Von Arnswaldt, ex cadete de la Escuela Militar que había
abandonado Chile en 1971 y que se encontraba trabajando para LAN, en
Francfort. Arnswaldt relató que en 1974 se apersonó en las oficinas de
LAN uno de sus ex compañeros en la Escuela Militar, Christopher
Willike, quien le dijo que trabajaba para el gobierno militar. Poco
tiempo después ese antiguo camarada le presentó a Alfred Schaak,
representante legal de Colonia Dignidad en Alemania y muy cercano a
Paul Schäfer.
En los tres años siguientes, Arnswaldt recibió periódicamente unas
maletas que le entregaba Schaak para ser enviadas a Chile, a Colonia
Dignidad. En Santiago las maletas eran recibidas por Alfred Matus, uno
de los encargados de Dignidad en la Región Metropolitana, quien tenía
oficinas en una casona en la calle Campos de Deportes.
Luego, la Dina encargó a Arnswaldt la creación de una “oficina
periodística” en Francfort, desde la cual se recogía información sobre
los exiliados chilenos en Alemania. A cargo de esa empresa de pantalla
quedó Angélica Radman, hermana de otro hombre que también trabajaba
para Paul Schäfer.
SUS AMORES CON LA UDI
Y TRIBUNALES
Hoy parece claro que el ex líder de la Colonia Dignidad, detenido
después de nueve años de búsqueda acusado también de abusar sexualmente
de niños confiados a su cuidado, fue un entusiasta colaborador de la
Dina y facilitó las instalaciones de Colonia Dignidad para la práctica
de la tortura y la desaparición de personas.
Manuel Contreras llevó a su hijo al fundo El Lavadero para que fuera
protegido por los colonos alemanes mientras él se dedicaba a cazar
partidarios del gobierno de Allende. Hasta allí también llegaron los
más diversos personeros del régimen militar, para conocer los
“talentos” de los colonos y agradecerles sus servicios en la “cruzada”
contra el marxismo.
Esos contactos les permitieron no ser molestados durante casi dos
décadas, hasta que tras el retorno a la democracia, en 1990, las
autoridades decidieron investigar las tropelías ocurridas al interior
del fundo El Lavadero.
Surgieron entonces las redes de protección durante tanto tiempo tejidas.
En 1991, todos los senadores de la derecha, excepto Sebastián Piñera,
acudieron en ayuda de Paul Schäfer para impedir que se revocara la
personalidad jurídica de Colonia Dignidad. Ellos fueron Sergio Onofre
Jarpa, Beltrán Urenda, Sergio Diez, Ignacio Pérez Walker, Sergio
Romero, Francisco Prat, Mario Ríos, Hugo Ortiz de Filippi, Bruno
Siebert, Jaime Guzmán, Arturo Alessandri, Ricardo Martin, Olga Feliú,
Sergio Fernández, Santiago Sinclair y William Thayer.
En septiembre de 1993, diez miembros de la Corte Suprema fueron
recusados para fallar en un asunto que afectaba a la Colonia, debido a
sus reiteradas opiniones a favor del reducto alemán. Ellos eran
Servando Jordán, Enrique Zurita, Roberto Dávila, Lionel Beraud, Arnaldo
Toro, Efrén Araya, Marco Aurelio Perales, Germán Valenzuela Erazo,
Hernán Alvarez y Oscar Carrasco.
En 1997, La Nación reveló que la senadora designada Olga Feliú, casada
con el abogado Waldo Ortúzar, ex abogado integrante de la Corte
Suprema, había realizado labores profesionales en defensa de los
jerarcas de Villa Baviera. Incluso aparecía gestionando la entrega de
un niño chileno dado en adopción al entonces segundo hombre de la
colonia, el doctor Hartmut Hopp. Y así sumaban y seguían.
Ministros de la dictadura militar como Sergio Fernández, Mónica
Madariaga y Jaime del Valle, se transformaron en abogados o consejeros
legales de Schäfer y sus hombres; parlamentarios de la UDI, como Hernán
Larraín, actual presidente del Senado, y de RN acudían presurosos a
defender a los colonos, intentado transformarlos en víctimas cuando en
verdad habían sido implacables victimarios. Un ex trabajador de Colonia
Dignidad, José Vedder Veuhoff, secuestrado desde los nueve años en el
fundo de los alemanes, denunció que el senador Hernán Larraín era uno
de los políticos que prestaba ayuda a Schäfer. En una oportunidad, dijo
Vedder quien consiguió escapar, Larraín y el entonces senador Bruno
Siebert -también de la UDI- se hicieron presentes en la colonia para
pedir que los colonos depusieran una huelga de hambre en protesta por
los allanamientos policiales, pero que renovaran su juramento de
lealtad a Schäfer y a los nuevos jerarcas de la colonia (ver PF 564).
El arresto de Paul Schäfer en Argentina abre ahora una oportunidad para
aclarar numerosas interrogantes sobre lo ocurrido durante casi cuarenta
años en las misteriosas comarcas del fundo El Lavadero. Ello, no
obstante las numerosas dudas que surgen sobre la operación
periodístico-policial que permitió su ubicación y captura. Dudas que se
acrecientan al observar que los nuevos dirigentes de Colonia Dignidad
son los mismos que durante muchos años fueron incondicionales
colaboradores del hoy anciano y enfermo ex jerarca detenido