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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-03-2012

El uso sexista del lenguaje

Atenea Acevedo
Rebelin


Le con inters de feminista, traductora y docente de talleres sobre lenguaje incluyente el informe de Ignacio Bosque titulado Sexismo lingstico y visibilidad de la mujer, cuya publicacin a principios de este mes puso nuevamente sobre la mesa un debate que se esperara rancio por innecesario en sociedades encaminadas hacia una autntica democracia, y segu con curiosidad sus repercusiones en distintos medios. Si bien la reaccin ms ostentosa es el llamado Manifiesto de apoyo al lingista que ya cuenta con ms de 500 firmas, los comentarios en blogs y peridicos, as como en listas de correo de profesionales de la lengua obligan a una reflexin crucial para atender la desigualdad y el uso del lenguaje para perpetrarla y perpetuarla.

Lo primero que se advierte es la escasa capacidad de disentir con respeto y cortesa; la descalificacin y la diatriba, expresadas de manera culta o vulgar, marcan el tono de la mayora de los intercambios. El segundo hecho que llama la atencin es el desconocimiento generalizado de nociones clave para sostener un debate productivo. Es comn encontrar expresiones como yo no soy machista ni feminista o se insiste en confundir sexo y gnero. Aprovechemos la renovada controversia para puntualizar brevemente algunos conceptos.

El feminismo no es la contraparte del machismo

El feminismo es un movimiento social de larga data cuyo principal objetivo ha sido promover la valoracin de lo considerado femenino por oposicin a la exaltacin de lo considerado masculino. El feminismo, como todos los grandes movimientos de la historia de la humanidad, ha evolucionado con el tiempo y sus demandas o reivindicaciones han cambiado o se han reformulado, y el debate en su seno est vivo, lo que habla de su buena salud.

El motor del feminismo no es propugnar la superioridad de las mujeres sobre los hombres, sino fomentar la igualdad en el acceso a las oportunidades en todos los mbitos de la vida y construir sociedades donde la diferencia sexual no se traduzca en desigualdad. La lucha feminista cuestiona todo el entramado socioeconmico porque desarticula los atributos tradicionalmente adjudicados a los seres humanos a partir de su genitalidad, al tiempo que abre un abanico de posibilidades para el desarrollo de todas las personas en la esfera pblica y en el mbito privado. Algunas conquistas del feminismo son tan obvias que muchas mujeres, sobre todo las que gozan de un mnimo bienestar material, se benefician de ellas sin detenerse por un momento en la complejidad de su historia: participan activamente en la vida poltica, tienen acceso a la educacin formal, eligen casarse o divorciarse o vivir solas o en pareja, optan por la maternidad o renuncian a ella, reciben un sueldo por el trabajo realizado fuera de casa, adquieren y heredan bienes, viajan solas o con quien ellas prefieren, expresan sus opiniones, se vinculan afectiva y sexualmente por eleccin y no por necesidad. Gracias al feminismo hay hombres con derecho a una licencia de paternidad, hombres que disfrutan de la crianza de sus hijos y dejan lentamente el mandato social de ser proveedores intachables o amantes incansables so pena del cuestionamiento de su masculinidad. En sntesis, mujeres y hombres ejercen derechos que han naturalizado e incluso afirman que ser feminista hoy es anacrnico, como si viviramos en plena equidad. Sin embargo, el feminismo sigue planteando la urgente necesidad de continuar modificando un sistema social y econmico basado en el trabajo gratuito de las mujeres, un sistema que no las dota de la infraestructura para realizarse laboralmente y como personas sin sentirse culpables por parejas o familias rotas, pero que tambin aprisiona a los hombres en el estereotipo de la violencia, la sexualidad que sigue el modelo aprendido de la pornografa, la fortaleza inquebrantable y la insensibilidad.

Por el contrario, el machismo s sostiene la superioridad de los hombres sobre las mujeres y su contraparte es la androfobia, no el feminismo. El machismo, cobijado con el disfraz de la galantera y la proteccin, o difano en su prepotencia y control, coloca a poco ms de media humanidad en situaciones de desventaja econmica y condiciona sus posibilidades de elegir con libertad. No deja de sorprender, por cierto, la cantidad de personas an convencidas de que son solo las madres quienes cran a los machos, cuando una mirada mnimamente atenta y seria evidencia que la plaga del machismo es responsabilidad de toda una sociedad que forma y educa a partir de valores discriminatorios en el hogar (incluido el padre presente o ausente), la escuela, la televisin, los medios electrnicos y la publicidad. Es tambin inaudito constatar cunta gente todava seala por qu las mujeres no buscan la igualdad laboral hacia abajo, a saber, por qu no luchan por empleos en los sectores predominantemente masculinos que se distinguen por la precariedad. Quizs la respuesta radique en que la mayor parte de la poblacin pobre del planeta ya est conformada por mujeres, y en que son ellas quienes llevan siglos limpiando la mierda propia y ajena.

Sexo y gnero


El sexo es biolgico y se determina a partir de tener pene o vagina y el aparato reproductor correspondiente. La categora sexual es esa primera etiqueta (nio o nia) que nos colocan al nacer. A diferencia de lo que sostienen muchos lingistas, la palabra gnero es mucho ms que una categora gramatical: este vocablo es de uso comn desde hace decenios en disciplinas como la antropologa y la sociologa para referirse a la construccin cultural de la diferencia sexual, es decir, los atributos socioculturales que se otorgan a quienes nacen con sexo de hombre y a quienes nacen con sexo de mujer. Qu significa culturalmente ser hombre o ser mujer? Cmo determina nuestra sexualidad las relaciones de poder que se establecen en el entorno social? Por ejemplo, en la cultura de los pases de habla hispana se supone que los hombres son proveedores; un varn desempleado puede caer en una depresin clnica aterradora, no solo porque no dispone de ingresos, sino sobre todo porque no est cumpliendo con la funcin social que se le ha impuesto. Seguramente se le escuchar decir soy un fracasado si cuenta con la contencin necesaria para expresar sus emociones. Por desgracia, lo comn ser que recurra al alcohol, un medio culturalmente fomentado y considerado masculino para evadir la realidad.

Desde luego, sexo y gnero no son palabras intercambiables, pues sus significados son claramente diferentes: sexo es genitalidad, en tanto gnero es la identidad que se adopta por un proceso de socializacin en determinada cultura, en otras palabras, la asuncin de comportamientos conforme a lo que se supone femenino o masculino.

El lenguaje incluyente


En lo que respecta a las crticas hacia los manuales para un uso no sexista del lenguaje, lamento que gran parte del debate caiga en el reduccionismo al centrarse en el desdoblamiento de sustantivos o la nefasta arroba, e ignorar otras propuestas viables para la comunicacin escrita entre las organizaciones y la sociedad, por ejemplo la preferencia de sustantivos colectivos incluyentes como profesorado o cuerpo docente, niez o infancia, poblacin, personal mdico; la preferencia de sustantivos abstractos (por ejemplo, en lugar de decir el director o el gerente si no sabemos el sexo de la persona en el cargo o se trata de un texto general, decir la direccin o la gerencia), y las propuestas fcilmente adoptables tanto en la escritura como en la expresin oral, como la eliminacin del supuestamente genrico universal hombre y la adopcin de humanidad, ser humano, persona o gente segn el contexto, y el uso del femenino en las profesiones y puestos que, sabemos, estn ocupados o pertenecen a mujeres. Es revelador que an se cuestione la feminizacin de las profesiones u ocupaciones, particularmente en casos en los que no hay argumento gramatical que valga (arquitecta, mdica, ingeniera). La razn detrs de ese masculino presuntamente universal no es otra que la mayora masculina en esas profesiones u ocupaciones. No olvidemos que cuando los varones incursionan en mbitos tradicionalmente femeninos se masculiniza el sustantivo o se inventan nombres nuevos. Nadie dice el enfermera, el nana, el costurera o el modista, el cocinera ni el azafata o el aeromoza. Por qu? Pues porque el camino ms corto para insultar a un hombre es feminizarlo, por eso se prefiere enfermero, cuidador o niero, cocinero (o chef... aunque no siempre lo sea), sastre, sobrecargo o comisario a bordo.

Quisiera resumir mi postura sobre el sexismo lingstico y la visibilidad de las mujeres con el siguiente fragmento, tomado de un texto que publiqu en 2009 sobre la necesidad de un periodismo con perspectiva de gnero:

Demasiada tinta se ha perdido en chistes fciles y laboriosos cuestionamientos por igual que pretenden (y muchas veces consiguen) echar por tierra un debate capaz de ser fructfero y motivarnos a reflexionar sobre el porqu de nuestros decires. Hoy se dedican pginas enteras a discutir si la palabra presidenta rasgua la semntica, en tanto las mismas personas que dicen defender una lengua a la que, contra viento y marea, quisieran preservar inmaculada, nunca antes cuestionaron el uso de palabras como sirvienta o asistenta. Hoy se dedican horas a discutir si la nocin violencia de gnero es lingsticamente correcta (y lo es en tanto se refiere a actos de agresin verbal, fsica, psicolgica o sexual cometidos en la esfera domstica o pblica, ya sea por un hombre o una mujer, en contra de otra persona, tambin varn o mujer, so pretexto de que no cumple con las expectativas socioculturales adjudicadas a su sexo biolgico), mientras miles de seres humanos la padecen en todos los rincones del planeta. Las grandes plumas publican diatribas centradas en el poco afortunado desdoblamiento o duplicacin de sustantivos como estrategia para evitar el masculino genrico, pero ni siquiera mencionan la multiplicidad de recursos viables que plantean otras propuestas. Se dice que queremos cambiar la realidad a partir del lenguaje, no que creemos en la necesidad de nombrar nuevas dinmicas sociales, y nuestros crticos se pierden en polmicas bizantinas en lugar de colaborar con el cambio social desde todas las trincheras, incluida la de la palabra. Aportar al genuino debate requiere de reconocer el valor de conceptos que delimitan un objeto de estudio y nos permiten avanzar en la reflexin de temas fundamentales para el bienestar de todas las personas. No sorprende que aquello que antao se consideraba chismero, aquelarre y escasa capacidad de articulacin de las mujeres, y fuera motivo de mofa entre la mayora de los hombres, sea hoy el motor de la descalificacin automtica y gratuita. Es que, para decirlo sin eufemismos, resulta ms polticamente correcto intelectualizar el machismo que reconocerlo en el espejo.

Ms all de las anteojeras acadmicas


Dnde est, pues, el sexismo en el uso del lenguaje? Adems de atender las estrategias lingsticas incluyentes ya citadas, es necesario reconocer y combatir las numerosas expresiones sexistas que persisten en todos los pases de habla hispana, por ejemplo:

Feminizar ofende. Quiere usted agraviar, ridiculizar o degradar a un varn? Es muy sencillo: femincelo. Recurra directamente al femenino del insulto o dgale que llora o baila como nia, se queja o fastidia como mujer, es un mantenido o parece maricn. No olvidemos que la homofobia es prima hermana de la misoginia y que en nuestras culturas prevalece el mito de que todos los hombres homosexuales en el fondo son o quisieran ser mujeres.

Licencias lingsticas masculinas. Si usted es mujer, ha notado que en distintas situaciones cotidianas hay hombres que se arrogan el derecho de hablarle con una familiaridad que no usaran con uno de sus pares, usar palabras cariosas o de clara referencia a su fsico, sin conocerla en absoluto? Un empleado en un aeropuerto o banco la llama nena si usted es joven o linda si ya no lo es tanto, pero conserva cierto atractivo; un camarero la llama damita o usa otro diminutivo que no viene al caso. Si usted es la camarera o la empleada y l es el cliente, peor ser.

Imposibilidad de expresarse acerca de una mujer sin mencionar su fsico o su relacin con un hombre. Una constante en conversaciones, reportajes periodsticos, editoriales, noticias y prensa rosa es que cuando se habla de una mujer, aun cuando se destaque su talento, carcter, actitud profesional o determinacin para afrontar la vida, se aade alguna observacin sobre su belleza o falta de ella, su atractivo sexual gracias o a pesar de su edad, delgadez o gordura. Tambin es comn definirnos a partir de nuestra relacin ertica o afectiva con un hombre: es la mujer de Fulano o la ex amante de Sutano. Asimismo, cuando se seala el machismo o la misoginia en el comportamiento o la actitud de un hombre es comn que ste responda aludiendo a entes supuestamente universales y exclusivamente femeninos, como la belleza o la ternura, para justificar o eliminar del intercambio dicho comportamiento o actitud. Pensemos en respuestas tipo Cmo pueden tacharme de misgino, si me encantan las mujeres!, Machista, yo? Si lo primero que reconozco es su belleza, mucho hacen con alegrarnos con su presencia o Qu guapa te ves enojada!.

El cuerpo de las mujeres como bien pblico. El cuerpo de las mujeres no es suyo, pertenece y sirve a las televisoras, las agencias de publicidad, los medios electrnicos, las empresas que organizan concursos de belleza para nias de 5 aos hasta mujeres de veintitantos, los rotativos que adornan las pginas deportivas con semidesnudos femeninos, las instituciones religiosas, el Estado y sus polticas de control o fomento de la natalidad o los ejrcitos que han hecho de la violacin un arma de guerra. El vnculo entre estos usos del cuerpo de las mujeres y la violencia verbal, psicolgica, econmica, sexual y fsica que se ejerce contra ellas se explica por un continuo que parte del cuerpo de las mujeres como el principal elemento que las define en el contexto social, un cuerpo que es propiedad de una sociedad patriarcal que califica y descalifica conforme a su imagen, se apropia y desprecia con base en lo meramente visual, premia y castiga principalmente por cmo nos vemos, qu edad tenemos y qu tan sexuales somos o parecemos. Son incontables los programas de televisin de habla hispana donde las mujeres son fundamentalmente atractivo visual o blanco de toda clase de bromas de mal gusto, programas que forman opiniones y modelos de comportamiento. La publicidad no solo contina perpetuando los estereotipos del xito masculino (dinero y sexo) y el xito femenino (casa impecable, ropa sin grmenes, nios sanos y comida rica); adems, el cuerpo de las mujeres sigue siendo el objeto publicitario ms rentable y funciona para vender prcticamente cualquier idea, producto o servicio. Se trata de un cuerpo que no es un espacio ntimo del que solo dispone su duea, por eso en nuestras culturas tantos hombres se viven con el derecho de violentarnos por la calle con los mal llamados piropos, de invadir nuestra intimidad o interrumpir nuestros pensamientos cuando caminamos solas por la calle, y se transforman en corderitos cuando vamos acompaadas de un hombre, al que no solo consideran como un par, sino como dueo de nuestro cuerpo y entonces nos convertimos en propiedad ajena. Por eso es posible fotografiarlo, dibujarlo, tocarlo, mirarlo o gozarlo sin permiso, transformarlo en herramienta de marketing, violarlo, golpearlo o mutilarlo.

Visto el panorama, casi dan ganas de dar la razn parcialmente a los acadmicos y sus inoportunos informes. Reflexionemos sobre el lenguaje periodstico, cmico, publicitario, empresarial, militar y poltico, pero tambin sobre nuestro lenguaje cotidiano, casi siempre plagado de expresiones que denotan una doble moral, fomentan estereotipos y legitiman la violencia sutil o descarnada.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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