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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-03-2012

Entrevista a Frderic Lordon, director de investigacin del CNRS e investigador del Centro de Sociologa Europeo (CSE)
Estamos asistiendo al hundimiento de un mundo, estn a punto de desatarse fuerzas inmensas

www.revuedeslivres.fr

Traducido para Rebelin por Caty R. y Beatriz Morales Bastos


Frderic Lordon es economista, director de investigacin del CNRS e investigador del Centro de Sociologa Europeo (CSE). Sus ltimas obras son Dun retournement lautre. Comdie srieuse sur la crise financiare. En Quatre actes, et en alexandrins (Seuil, 2011), Capitalisme, dsir et servitude. Marx et Spinoza (la Fabrique, 2010) y LIntrt souverain. Essai danthropologie conomique (La Dcouverte, 2011).


La versin original (en francs) de este texto ha sido publicada en RdL, la Revue des Livres n 3 (enero-febrero de 2012) y es accesible en www.revuedeslivres.fr

En esta gran entrevista, Frderic Lordon expone sus comentarios y anlisis de la actual crisis econmica y sus orgenes. Con tono mordaz y una visin rigurosa repasa las causas y efectos de la crisis y adems comenta el tratamiento de la Economa por parte de los medios de comunicacin, el lugar que ocupa en el mbito universitario y la eventual salida del euro. Mientras doblan las campanas por el proyecto neoliberal, nos dice, la actualidad es una oportunidad nica de un cambio profundo: un mundo se derrumba ante nuestros ojos.

Qu pasa? Qu est ocurriendo ante nuestros ojos desde hace treinta aos, desde 2008, desde hace unos meses, desde hace unas semanas?

Es una leccin histrica. Debemos abrir bien los ojos, no suele darse la oportunidad de ver algo parecido. Asistimos al derrumbamiento de un mundo que se convertir en escombros.

La historia econmica, en particular la que ha optado por no dejarse limitar totalmente hablo de autores como Kindleberger, Minsky o Galbraith- ha reflexionado desde hace mucho tiempo sobre el inmenso poder destructivo de la finanza liberal que necesitaba poderosos intereses obviamente fabricados- de ceguera histrica para colocar en los rales ese tren de las finanzas que ya ha causado tantos desastres; como sabemos, en Francia fue la izquierda que gobern la que se encarg. De modo que a la vista de las lecciones de la historia, desde el primer momento de la desregulacin se poda anunciar la perspectiva de una inmensa catstrofe, aunque sin saber dnde, cundo o cmo se producira exactamente. Dicha catstrofe ha tardado 20 aos en sobrevenir. Pero aqu est. Sin embargo hay que sealar que un escenario que algunos haban previsto a largo plazo consideraba la hiptesis de una sucesin de crisis financieras graves, que se recuperaran pero sin resolver ninguna de las contradicciones fundamentales del mercado de las finanzas, en un orden de gravedad creciente hasta llegar a la madre de todas las crisis.

Segn ese esquema, la primera crisis de la serie no tard ni un ao en manifestarse ya que el gran crac burstil se produjo en 1987 despus del big bang de 1986. Luego las crisis se sucedieron con una frecuencia media de tres aos. Y llegamos a 2007. No fue 2007 y tampoco en 2010. Es ahora cuando el discurso liberal no hace ms que presionar para hacernos tragar la idea de una crisis de las deudas pblicas totalmente autnoma, en principio europea, imputable a una fatalidad esencial de la indigencia del Estado. Pero obviamente el hecho generador fue la crisis de las finanzas privadas que se desencaden en Estados Unidos, que por otra parte fue una expresin tpica de las contradicciones de lo que podramos denominar, simplemente, el capitalismo de baja presin salarial en el que la doble limitacin de la rentabilidad accionarial y de la competencia del libre cambio lleva a los salarios a una compresin continua y no deja otra solucin a la solvencia de la demanda final que el sobreendeudamiento de los hogares.

Esa configuracin es la que explot en el sector particular de los crditos hipotecarios (ms conocidos como subprimes) y en un ao desestabiliz todo el sistema financiero estadounidense y despus, interconexiones bancarias obligan, el europeo, hasta el momento Lehman, donde llegamos al borde del precipicio y hubo que salvar a los bancos. Y digo que hubo que salvar a los bancos porque la ruina completa del sistema bancario nos habra llevado en cinco das, en el aspecto econmico, al estado de naturaleza. Pero no se trataba de de salvarlos y despus nada! Sin embargo es lo que han hecho todos los gobiernos conformndose, a partir de 2009, con anunciar proyectos de volver a la regulacin en los que el tono marcial disputa con la inocuidad. Tres aos despus la vuelta a la regulacin financiera no ha pasado de una etapa vacilante lo cual es muy lamentable, ya que el sistema financiero es todava ms vulnerable que en 2007 y tenemos una crisis muy superior Mientras tanto los banqueros rescatados juran que no deben nada a la sociedad con el pretexto de que la mayora de ellos han reembolsado las ayudas de emergencia que recibieron en el otoo de 2008. Naturalmente, para restablecer su conciencia al mismo tiempo que sus balances financieros, fingen ignorar la amplitud de la recesin que el choque financiero dejo tras l. Un choque financiero del que vinieron, en una primera etapa, el hundimiento de los ingresos fiscales, el recorte automtico de los gastos sociales, el crecimiento del dficit y la explosin de las deudas. Y despus, en una segunda etapa, los planes de austeridad Exigidos por los mismos financieros a los que se acababa de rescatar a costa del Estado!

As pues, desde 2010 y el estallido de la crisis griega, las finanzas supervivientes masacran los ttulos soberanos en los mercados mientras que elmundo financiero habra fallecido si los Estados no se hubieran sangrado para rescatarlo de la nada. Es tan colosal que casi es hermoso Para rematar la faena, los mercados exigen a los Estados y por supuesto lo consiguen- polticas restrictivas coordinadas que tienen el mrito de llevar a un resultado exactamente opuesto al que presuntamente se busca: la restriccin generalizada es tal que los ingresos fiscales se hunden tan rpido como se recortan los gastos, y finalmente las deudas crecen Pero la austeridad no es mala para todo el mundo: su excusa perfecta el problema de las deudas pblicas permite a la agenda neoliberal acumular progresos espectaculares impensables en cualquiera otra circunstancia.

Ya lo hemos entendido, la leccin no es tanto econmica como poltica. Por otra parte es tan sustanciosa que no se sabe por dnde agarrarla. Por una parte tenemos la extraordinaria posicin de poder conquistada por la industria financiera, que puede obligar a los poderes pblicos a socorrerla y despus puede volverse contra dichos poderes pblicos especulando con las deudas soberanas, y para remate rechazar cualquier tipo de regulacin seria. Por otra parte est la fuerza de la agenda neoliberal que, inflexible, sigue su camino en medio de las ruinas que ha producido: El neoliberalismo nunca ha conocido un avance tan prodigioso como este gracias a su crisis histrica, el estallido de las deudas pblicas que ha creado una oportunidad formidable y sin precedentes para desmantelar el Estado social por medio de los planes de austeridad y el pacto del euro. Por todas partes solo se ven grandes regresiones. Finalmente, y quiz sobre todo, est la crisis histrica de la soberana, atacada por dos flancos. Por un lado por los mercados financieros, porque ahora ya es obvio que las polticas pblicas no se conducen (solo) segn los intereses legtimos del cuerpo social, sino segn las conminaciones de los acreedores internacionales convertidos en un cuerpo social competidor, tercer intruso del contrato social que ha eliminado de manera espectacular a una de las partes. Y por otro lado el ataque de la construccin europea, porque en buena lgica es necesario reconducir y profundizar en eso que ya se ha demostrado convenientemente txico: un tipo de modelo europeo que somete las polticas econmicas nacionales por una parte a la tutela de los mercados de capitales y por otro lado a un mecanismo de reglas cuyo endurecimiento est conduciendo al despojo absoluto de las soberanas en beneficio de un cuerpo de controladores (la Comisin) u obligaciones constitucionales (reglas de oro) de las que solo hay que ver la depresin en la que nos han hundido desde que se vienen aplicando en 2008 y en la que nos seguimos hundiendo sin remedio

Pero quiz la autntica leccin empiece ahora que estn a punto de desencadenarse fuerzas enormes. Si como se poda presentir desde 2010 cuando se lanzaron los planes de austeridad coordinados, el fracaso macroeconmico anunciado conduce a una oleada de bancarrotas soberanas, el hundimiento bancario que seguir inmediatamente (o que preceder, por un efecto de anticipacin de los inversores) ser, al contrario del de 2008, irrecuperable, en cualquier caso para los Estados, que financieramente ya estn rendidos; solo quedar la alternativa de una emisin monetaria masiva o el estallido de la Eurozona si el Banco Central Europeo (y Alemania) rechazan la primera solucin, En una semana cambiaremos literalmente de mundo y podran ocurrir cosas inslitas: restauracin de los controles de capitales, nacionalizaciones inmediatas e incluso expropiacin de los bancos, restablecimiento de los bancos centrales nacionales esta ltima medida firmara, por s misma, la desaparicin de la moneda nica-, la salida de Alemania (seguida por algunos satlites), la constitucin de un eventual bloque sureuropeo, o bien el regreso de las monedas nacionales.

Cundo sobrevendr esta conflagracin? Nadie puede decirlo con certeza. No podemos excluir que una cumbre europea consiga por fin golpear lo suficiente para calmar por un momento la especulacin. Pero el tiempo ganado no impedir que la macroeconoma haga su trabajo: cuando se imponga, de aqu a seis o doce meses, la evidencia de una recesin general como resultado de la austeridad generalizada y los inversores vean que sube sin parar la marea de las deudas pblicas que presuntamente deberan frenar las polticas restrictivas, la conciencia del atolladero absoluto que aparecer en ese momento conducir a los propios operadores a declarar una capitulacin, es decir, una avalancha masiva fuera de los compartimentos obligatorios y, por efecto del mecanismo de propagacin cuyo secreto posee la finanza liberalizada, una dislocacin total de los mercados de capitales en todos los sectores.

Y durante ese tiempo las tensiones polticas se acumularn, hasta un punto de ruptura? Como en el caso de todos los umbrales crticos del mundo social histrico, no sabemos previamente dnde se encuentra ni qu es lo que determinar que lo franqueemos. Lo nico cierto es que el despojo generalizado de la soberana (por parte del mundo financiero y de la Europa neoliberal) acta profundamente en los cuerpos sociales y necesariamente sobrevendr algo, no sabemos qu. Lo mejor o lo peor. Percibimos claramente que habra material para reescribir una versin actualizada de La gran transformacin de Karl Polanyi, recuperando la idea de que los cuerpos sociales atacados por el liberalismo siempre acaban reaccionando, y a veces de forma brutal, en proporcin a lo que previamente han padecido y acumulado. En este caso no se trata tanto de la descomposicin individualista derivada de la mercantilizacin de la tierra, el trabajo y la moneda lo que podra suscitar esa reaccin violenta, como del insulto repetido al principio de soberana como elemento fundamental de la poltica moderna. No se puede dejar a los pueblos de forma permanente sin su soberana, nacional u otra, porque la recuperarn por la fuerza y de una forma poco agradable a la vista.

La crisis de la deuda en primer lugar es una crisis de la Eurozona, en la que los desequilibrios se acumulaban, y que la crisis financiera ha desestabilizado. Por lo tanto se trata de una crisis monetaria an latente (ya que el euro todava no se ha dividido ni ha estallado) pero obvia. El probable hundimiento del euro podra tomar diversas formas: una forma atenuada con la creacin de dos zonas monetarias segn un reparto entre el norte y el sur (incluida Francia) o entre el centro (incluida Francia) y la periferia- o una forma ms dramtica, con la pulverizacin del euro y la vuelta a diecisiete monedas nacionales. Al ser la moneda una construccin poltica, la cuestin que se plantea es de orden poltico: en qu condiciones (polticas) ese hundimiento podra evitar el triunfo de los sentimientos nacionalistas y xenfobos y, al contrario, favorecer el acercamiento de los pueblos (o algunos de ellos) para crear nuevas construcciones (monetarias, financieras, presupuestarias, polticas) solidarias? Si en la actualidad es probable la salida del euro, cmo salir bien?

En primer lugar me siento muy tentado a repetir los propios trminos de la cuestin para sealar la paradoja de que lo que se denomina concretamente crisis del euro no es en primer lugar una crisis monetaria. Una de las particularidades de los sucesos actuales es el hecho de que la moneda europea no es objeto de ningn rechazo, ni por parte de los residentes de la zona ni de los inversores internacionales, como lo demuestra el hecho de que la paridad entre el euro y el dlar se mantiene sin apenas fluctuaciones. En cualquier caso tenemos el hecho de que (de momento) no existe una huida hacia delante del euro, ni interna ni externa. Y si se diera solo sera el desarrollo terminal de una crisis cuya naturaleza real es otra. Perosi no es una crisis estrictamente monetaria, entonces qu es?

La respuesta es que se trata de una crisis institucional. Es el marco institucional de la moneda nica, como una comunidad de polticas econmicas, el que corre el riesgo de volar en pedazos tras las crisis financieras que tienen como epicentros las deudas pblicas y los bancos. Si explota el euro, ser a continuacin de bancarrotas soberanas tales que arrastrarn inmediatamente a un hundimiento bancario a menos que este se produzca en solitario por pura y simple anticipacin de los primeros-. En cualquier caso, el centro del asunto ser una vez ms el sistema bancario y la imposibilidad de dejarlo que se arruine sin emprender el proceso de otra forma, una propuesta en la que hay que repetir sin descanso que el rescate no puede equivaler a encarrilarlos y ponerlos en marcha para que sigan andando; aprovecho para aadir que despus de haberme dado mucho miedo durante mucho tiempo, la perspectiva de este hundimiento cada vez me parece ms agradable, ya que por fin creara la oportunidad en primer lugar de nacionalizar ntegramente el sector bancario, simplemente hacindose cargo de l, y despus reconvertirlo en el sentido de un sistema de crdito socializado (1).

As, si nos ubicamos en la hiptesis del hundimiento bancario, la cuestin es saber cul es, en ausencia de los Estados arruinados, la institucin capaz de organizar la recuperacin financiera de los bancos para que recobren su actividad de suministradores de crdito. En esta configuracin, solo tenemos una: el Banco Central Europeo, que no solo deber garantizar un apoyo de liquidez (que ya es el caso) sino tambin desembarazar a las entidades de sus activos desvalorizados, recapitalizarlas y finalmente garantizar los depsitos y los ahorros. No hace falta decir que a escala de todo el sector bancario es una operacin de creacin monetaria masiva que habra que aceptar. Est preparado el BCE? Bajo la influencia alemana es de temer que no. Sin embargo la urgencia extrema de restaurar ntegramente los fondos pblicos y de restablecer el sistema de pagos exigir una actuacin inmediata. Es decir, que dar largas al asunto con las conversaciones con nuestros amigos alemanes o volver a negociar un tratado hace mucho tiempo que han desaparecido de la lista de las soluciones pertinentes.

Frente a lo que debemos identificar claramente como retos vitales para el cuerpo social, un Estado enfrentado a una negativa del BCE tomara inmediatamente la decisin de recuperar su propio banco central nacional para que emitiera moneda en cantidad suficiente y reconstruir rpidamente un pedazo del sistema bancario en condiciones de operar. Al surgir entonces en el corazn de la Eurozona una o varias fuentes de emisin de moneda fuera de control, es decir, la creacin de euros impuros susceptibles de corromper los euros puros que solo el BCE tiene el privilegio de emitir, Alemania, con el Tribunal Constitucional de Karlsruhe al frente, decretara inmediatamente la imposibilidad de permanecer en semejante unin monetaria convertida en una anarqua y la abandonara a su suerte, probablemente para rehacer un bloque con algunos seguidores seleccionados escrupulosamente (Austria, Pases Bajos, Finlandia, Luxemburgo). En cuanto a las dems naciones, tendran que elegir entre reconstruir un bloque alternativo o bien regresar cada una a su propio destino monetario, Francia, por su parte, removiendo cielo y tierra para embarcarse con Alemania sin la menor garanta de que la aceptase a bordo

Ese estallido podra desatar el resurgimiento de los nacionalismos? Este es el eterno argumento de los amigos de la Europa liberal y de la globalizacin: la situacin actual o la guerra. Se podra empezar hacindoles observar que la situacin del continente entre 1945 y 1985, que cualquier prueba a ciegas les hara considerarla como el infierno econmico en la tierra (proteccionismo, monedas nacionales, soberanas independientes, nacionalizaciones en particular de los bancos-) fue de las ms pacficas con respecto a las inquietudes por las que fingen preocuparse. Siguiendo esta vertiente, tambin se podra sealar, con un argumento contrario, que los nacionalismos, separatismos y extremismos de derecha nunca se han llevado tan bien como desde que los pases estn sometidos a la frula de la globalizacin liberal.

Lo que quiero decir en realidad es muy simple: hay ciertas formas de internacionalismo que son las peores enemigas del internacionalismo autntico. Porque es innegable que el hecho de maltratar, bajo la ensea de la gran integracin econmica mundial, a los cuerpos sociales como lo ha hecho la globalizacin actual, en primer lugar con el discurso de la evidencia cosmopolita de la nueva oligarqua, acompaada de su desprecio moralizador por los tibios y replegados sobre s mismos, es la manera ms segura de enfurecer a la gente. Cuando objetivamente se ubica a los trabajadores de un pas en situacin de antagonismo, por ejemplo por la ferocidad de las diversas formas de la competitividad (comercial o de los territorios por los estndares sociales), realmente hace falta un candor internacionalista (por no decir una estupidez supina) por parte de los intelectuales para impartir lecciones sobre los esplendorosos horizontes del cosmopolitismo. Y es intil apelar al sentido de la solidaridad internacional cuando las condiciones concretas del internacionalismo actual han destruido metdicamente dicha solidaridad. Como todo lo dems, el internacionalismo y la superacin de los nacionalismos necesitan sus posibilidades que son, en primer lugar, materiales. Por los menos tu pregunta plantea el problema en sus trminos pertinentes: los trminos de la constitucin y la composicin (positiva o negativa) de las afinidades. Existen sentimientos comunes de pertenencia nacional, y a ese respecto es mejor atenerse a la leccin de Spinoza: ni lamentar ni detestar, sino comprender. Y tambin existen posibles sentimientos comunes de clase. Siempre se trata de la misma cuestin, la de las divisiones, por sectores o transversales, segn los cuales se constituyen las agrupaciones. Cuando los ltimos prevalecieron sobre los primeros pudo aparecer, en efecto, la Primera Internacional.

Pero cules son las condiciones de esa prevalencia? Creo que no hay una respuesta general a esa pregunta. Hablo solo de las afinidades presentes en la coyuntura considerada. Si por ejemplo observamos la cuestin en el mbito general de la globalizacin, podramos decir que la dinmica laboral ascendente de los chinos suscita en los trabajadores mucho inters en la continuacin de un rgimen de crecimiento dependiente por ahora de las exportaciones. Y ms ampliamente, por lo tanto, los empuja a un rgimen no cooperativo del comercio internacional.

Para que el sentimiento comn supere el arrastre de las afinidades nacionales y nazca el sentimiento de una solidaridad de clase que pueda agrupar a los trabajadores de diversos pases, sin duda ser necesario sacarlos de la relacin de antagonismo objetivamente configurada por las estructuras econmicas presentes que las fija a los intereses respectivos sin ninguna perspectiva de su superacin espontnea. En primer lugar porque los agentes siempre siguen nicamente sus lneas de inters, y pedirles que se salgan de ellas es una quimera si no se les proponen intereses de sustitucin.

Solidaridad solo es otro nombre de un alineamiento o una compatibilidad de intereses donde la nocin amplia de inters no se refiere exclusivamente a los intereses materiales, aunque tambin los incluye- As, tiendo a pensar que un rgimen de proteccionismo moderado que creara en la economa china incitaciones a caminar ms deprisa hacia un rgimen de crecimiento autocentrado, arrastrado por la creacin de un mercado interior, hara mucho ms por los trabajadores chinos y por la posibilidad de solidaridades salariales internacionales que todos los llamamientos moralistas a las virtudes del nacionalismo abstracto. Porque ese es el drama de esa idea internacionalista: me pregunto si se puede decir lo que deca Deleuze de los Derechos Humanos: Es un gran concepto, tan grande como un solar!. Su carcter abstracto le condena a la categora de lo que Spinoza denomina ideas generales, un ente imaginario que flota en el aire sin ningn anclaje en situaciones histricas concretas. Y cada vez ms, la discusin internacionalista separada las afinidades particulares me parece un perfecto sinsentido.

Qu seala entonces el diagnstico europeo actual? Que nada impide a priori pensar en la creacin de una unin monetaria siempre que no se le de la peor configuracin posible, la de Maastricht-Lisboa! Para todas las convulsiones que seguirn, el estallido del euro al menos tendr el mrito de librarnos de ese flagelo institucional y volver a crear las condiciones de una construccin alternativa. Se aprovechar la oportunidad? Y si es as, quin la aprovechar? Lo nico que se puede decir es que la salida de Alemania eliminara la dificultad principal, la que procede de haber sometido todo a la construccin de las obsesiones idiosincrsicas de uno solo otra vez una cuestin de sentimientos colectivos y su compatibilidad-, a la que siguieron la independencia del Banco Central, la exposicin por principio de las polticas econmicas a los mercados de capitales y su encuadre en normas automticas antidemocrticas. Hoy vemos que en ese marco institucional la moneda europea, no la idea de una moneda europea en s misma, ha terminado resultando trgicamente odiosa a los pueblos, con razn! Por poco que se proponga un encuadre institucional que evite el maltrato econmico y poltico del euro, una nueva moneda europea podra nacer, en principio en la propia estela de la anterior. Si se piensa, la tarea es muy simple se deduce de la inversin radical de las caractersticas del euro actual- y que tenga como nica directriz el respeto escrupuloso al principio de soberana. En resumen:

1) Excluir a los mercados financieros de la financiacin de los dficit pblicos, es decir, su intrusismo en el contrato social y su capacidad de fracturarlo.

2) Eliminacin de las reglas automticas de las polticas econmicas y restitucin de las instituciones polticas unificadas completamente soberanas.

3) Anular el estatuto de independencia del Banco Central y restituirlo al permetro de la soberana democrtica.

Y si no encontramos la voluntad poltica para semejante reconstruccin ni dinmicas comunes para apoyarla? Entonces obviamente volveremos a las monedas nacionales, hecho que hay que calificar justamente: no como una catstrofe nacionalista real, sino como una ocasin perdida. Se puede, es mi caso, encontrar preferibles los proyectos de superacin de las naciones actuales porque, con un buen encuadre institucional, crece el poder individual y se amplan las oportunidades de paz. Pero si solo se puede elegir entre los encuadres que generan violencia econmica y los que niegan la soberana poltica por un lado, o las soluciones nacionales por otra parte, personalmente no dudara ni un momento.Con la condicin de ver, por lo menos, que las empresas de superacin finalmente son proyectos de reconstruccin nacional pero a una escala ampliada. Por poco que se tome como gua absoluta el principio de soberana, es decir, admitindolo intrnsecamente, se puede denominar nacin a cualquier conjunto que se propone desplegarlo y por lo tanto llegar mejor a la idea de que la nacin as redefinida es un principio abstracto pero insuperable, incluso para quienes piensan en su evolucin: la nacin-mundo, pero con la condicin de pretender hacer poltica nicamente en la coyuntura actual.

Cmo ha reconfigurado la crisis el campo de los (pocos) economistas franceses de izquierda?

Por primera vez se ha organizado, es un acontecimiento! Se ha organizado en dos planos. En primer lugar en el sentido de la intervencin en el debate pblico respecto a la poltica econmica: esos son los economistas aterrorizados. Por supuesto existen economistas crticos que participan en el debate pblico, aisladamente o en organizaciones como Attac o la Fondation Copernic, pero es la primera vez que un grupo se constituye en calidad de economistas y para nosotros adems es una manera de decir que la profesin, muy justamente cuestionada por sus increbles errores cuando no por sus compromisos de todo tipo, no est totalmente infectada. Despus los economistas de izquierda tambin se han organizado acadmicamente creando la AFEP (Asociacin Francesa de Economa Poltica) desmarcada, de forma totalmente deliberada, de la oficial AFSE (Asociacin Francesa de Ciencia Econmica), donde de paso vemos que las diversas formas de nombrar una disciplina son cualquier cosa menos neutras. Todava ms que los aterrorizados la AFEP seala, en un registro ms legitimador, que no existe una nica comunidad de economistas. Tambin indica que existe un vnculo entre las opciones intelectuales dominantes en el campo de los economistas y la debacle general que se desarrolla ante nuestros ojos. Denuncia la tremenda falta de pluralismo de un universo cientfico que sin embargo como tal se le supone abierto al debate intercrtico.

S que todas estas pueden parecer consideraciones sofisticadas hechas nicamente para interesar a los pertenecientes al sector, pero al mismo tiempo hay que ver con claridad cules son las consecuencias muy concretas y muy devastadoras- en el exterior: la ciencia econmica dominante ha contribuido considerablemente a crear el mundo financiero contemporneo y los mercados de las finanzas, tambin es esa ciencia la que informa las polticas econmicas de austeridad; su papel en el desastre histrico es abrumador.

El encarnizamiento con el que los economistas ortodoxos han emprendido la erradicacin, hay que hablar en estos trminos, de cualquier diferencia heterodoxa y cualquier pensamiento crtico, es impresionante. Son asuntos totalmente concretos, muy mezquinos vistos desde fuera, pequeas y siniestras historias de puestos, becas de doctorado, coloquios y publicaciones. Y hay que decir, por ejemplo, que no aparece ni un solo heterodoxo como agregado de Ciencia Econmica, ni uno solo promocionado al grado de director de investigacin entre los heterodoxos del CNRS, y que incluso despus de la crisis est poltica de erradicacin contina con ms fuerza.

Obviamente esos hechos solos no bastan para organizar la desaparicin de la heterodoxia por puro y simple desgaste demogrfico. Aunque alguien pueda poner lmites a los estudiantes de doctorado, no puede hacerlos desaparecer! Pero las condiciones de entrada en las instituciones acadmicas son atrozmente adversas para los jvenes doctores heterodoxos que necesitan ser santos o locos- para lanzarse. Sin embargo hay que informar de todo esto a ese veredicto intelectual que va a aparecer inevitablemente y no dudar ni un momento en declarar que todo es exacto en el pensamiento heterodoxo y todo falso en el ortodoxo. Y buena suerte a los que siguen creyendo que la Ciencia (en cualquier caso la Econmica) es un universo de espritus puros.

Aqu se ve que la autonoma y el repliegue sobre s mismo del sector, cosas que generalmente se cuentan entre sus virtudes, se vuelven contra l: el enorme impacto de la crisis casi no ha producido ningn efecto. Ah tenemos incluso a la reina de Inglaterra!, que al menos se muestra majestuosamente sorprendida de que ninguno de los distinguidos y acomodados economistas con los que cuenta el reino (sus heterodoxos, como los nuestros, viven en bodegas) viese venir y el golpe y anunciara el terremoto. Y los economistas de la Royal Academy se han visto obligados responder. No se puede decir que haya salido gran cosa, pero al menos han tenido que explicarse un poco. En Francia nada de nada! Los mismos siguen con sus coloquios de que no cambie nada en sus pequeos modelos y la caza a los heterodoxos contina a toda mquina.

Me dirn que exagero un poco al sostener que no pasa nada, y eso no es totalmente inexacto, antes, en estas mismas columnas, he previsto el derrocamiento de la hegemona de la teora neoclsica y su sustitucin por el paradigma de la neuroeconoma del comportamiento (2). Sin embargo sera un error creer que se producira un cambio intelectual o poltico Y como me resulta imposible explicar con detalle aqu el porqu, me contento con una gran elipse invitando a las personas a descubrir la Allianz Global Investors Center for Behavioural Finance. Ah vern a los ms famosos neuroeconomistas ocultos tras los ms importantes inversores institucionales del mundo y por lo tanto debern, por anticipacin, saber a qu atenerse. S, los viejos ortodoxos colaboraron con el mundo financiero que ha acabado hundindose, pero los nuevos solo tienen que ocupar su lugar!

Es til y apropiado el trmino neoliberalismo para designar lo que conforma la singularidad de todas o parte de las transformaciones contemporneas del capitalismo? Qu caracteriza al neoliberalismo y qu papel desempean las finanzas y la deuda en su propia lgica? Curiosamente, como puso de relieve Maurizio Lazzarato (3), en su genealoga del pensamiento neoliberal que contribuy a entender mejor la novedad del neoliberalismo, a no ver ya en l solo una vuelta al laisser-faire del siglo XIX, Michel Foucault no otorga ningn papel a la cuestin de las finanzas y de la deuda

Nunca me ha parecido muy pertinente juzgar una declaracin por lo que deja de lado, salvo si es evidente que la ausencia tiene un claro valor de sntoma o bien perjudica de forma decisiva la intencin demostrativa del autor. Por consiguiente, no se podr reprochar a Foucault que no haya analizado exhaustivamente el neoliberalismo, con ms motivo en la poca en la que se public el Nacimiento de la biopoltica, mientras que ahora todava estamos en el inicio del proceso y habra sido necesaria una enorme clarividencia para anticipar todas sus repercusiones futuras. Recuerdo, por ejemplo, que el desmoronamiento de la tasa de ahorro de los hogares estadounidenses y el aumento de su tasa de endeudamiento, hecho caracterstico por excelencia del capitalismo neoliberal, solo se produjeron a partir de 1984-1985, y en Francia hubo que esperar hasta mediados de la dcada de 1990, momento de la instalacin en un rgimen de franca globalizacin. Sin embargo, es indudable que Maurizio Lazzarato tiene razn en una cosa: si el neoliberalismo se comprende no como una simple configuracin de amplias licencias sino como un rgimen de normalizacin positiva, entonces, evidentemente, hay que incluir en l todos los efectos de la deuda. Va a parecer que caigo en el ecumenismo fcil (y sin embargo, lo pienso de verdad!): hay que reprochar menos a Foucault haber olvidado la deuda y las finanzas que agradecer a Lazzarato haberlas aadido al cuadro de conjunto. Queda la cuestin de si el perodo actual cae completa y exclusivamente bajo el concepto de neoliberalismo tal como lo ofrece el pensamiento de Foucault. Ser un poco ms reservado sobre este punto.

Es cierto que la insistencia de Foucault en deshacer una visin de las instituciones a las que solo conoce bajo el prisma de la negatividad, para hacerlas aparecer finalmente en el positivismo de su produccin normativa permite captar una caracterstica muy profunda del periodo actual (los sectores de la sociedad sometidos al azote del poder normalizador de la evaluacin saben algo de ello). Sin duda era til percibir esta productividad de las instituciones, sobre todo estatales, para no cometer el error de asimilar el neoliberalismo a un liberalismo clsico simplemente intensificado (ultra como han dicho muchos). Por consiguiente, no hay duda de que hay novedad en este liberalismo, lo que justifica plenamente el prefijo, y aunque al principio probablemente era necesario retorcer el palo en el otro sentido, tampoco habra que olvidar todo lo que el rgimen actual ha conservado del liberalismo clsico entendido como eliminacin de los dispositivos de contencin que permiten retener el impulso de los poderes privados. As pues, no comparto la idea de que era un total contrasentido la lectura liberalista del neoliberalismo. Evidentemente, carece del positivismo normalizador de lo neo y de la instauracin de un rgimen disciplinario muy particular, pero a pesar de todo capta la prolongacin y profundizacin de los rasgos del liberalismo ms clsico: el hecho de deshacer los marcos institucionales, reglamentarios y legales que constrean las acciones de los agentes y los frenaban (en todo caso a los ms poderosos) de llevar su beneficio ms all de un determinado lmite afecta decisivamente a la distribucin de los recursos de poder en la sociedad y, sobre todo, a la relacin de fuerza capital-trabajo.

Est muy claro que esta relacin cambia por completo segn se pase de una economa en la que los derechos de aduana hacen que reine un proteccionismo moderado, donde el rgimen de inversiones directas est bajo un control estricto, las finanzas rigurosamente encuadradas y compartimentadas en unos espacios reglamentarios nacionales, los bancos vigilados y (a menudo) nacionalizados, la Bolsa y el poder accionarial son casi inexistentes, a una economa en la que el libre comercio hace que acte con la mayor violencia posible la competencia entre espacios con estndares socioproductivos abismalmente diferentes, en la que el rgimen de inversiones directas totalmente liberalizado desencadena el chantaje de las deslocalizaciones, en la que las finanzas estn desreguladas (hay necesidad de alargarse al respecto?), y en la que el poder accionarial es el amo de las empresas.

Ahora bien, las dinmicas econmicas-polticas que se establecen debido a estas transformaciones estructurales proceden en primer lugar, muy clsicamente, de la liberacin de los arranques de fuerza privados, debido al descenso de las retenciones institucionales. Para decirlo ms simplemente: de una extensin del laisser-faire y ello incluso si esta extensin no se opera sponta sua sino que supone la intervencin desreguladora, exgena, de las polticas pblicas, nacionalmente o por medio de tratados europeos, acuerdos y organismos internacionales interpuestos (OMC, AGCS, etc.). Sin embargo, en todo caso muchos de los fenmenos del perodo actual dependen en primer lugar de este efecto de ampliacin del conjunto estratgico de los agentes (cul es la libertad de las acciones lcitas que se les ofrecen?) de tal modo que, evidentemente, solo beneficia a los ms poderosos. Una vez que estos ltimos pueden hacer cosas que les estaban prohibidas, las harn si pueden obtener beneficio. Si deslocalizar (o amenazar con hacerlo) ayuda a ganar en los salarios y en las condiciones de trabajo, deslocalizarn; si la conminacin de extraer cada vez ms rentabilidad de los propios capitales permite intensificar la productividad, conminarn a hacerlo, y as sucesivamente.

Con todo, ms que oponer los efectos de lo neo y de lo veterano hay que articularlos: el efecto laisser-faire es lo que mantiene el efecto normalizacin. Primero hay que rebajar la negatividad de los cuadros institucionales preexistentes y que los dominantes hayan extendido su conjunto estratgico para poder instaurar nuevos positivismos normalizadores. Las normas de evaluacin que destrozan tantos sectores de la sociedad tienen sin duda su origen en la revolucin financiera que ha impuesto y difundido por todas partes sus propios esquemas normativos (rating, reporting, benchmarking). El paradigma de la evaluacin permanente es las finanzas liberalizadas que, como su nombre indica, han sido liberalizadas! Para que aparecieran estos esquemas, primero hubo que eliminar unas barreras que restringan la libertad estratgica de los inversores. Descompartimentar, desregular, desintermediar o desnacionalizar han sido los requisitos previos del nuevo positivismo normalizador de las finanzas y todas estas cuestiones tienen que ver con la cuestin (negativa) de los lmites. As que quiz habra que dotarse de un nuevo concepto de la actual configuracin del capitalismo: no se trata simplemente del neoliberalismo en el sentido foucaultiano que ha adquirido a partir de ahora el trmino, sino de (torciendo y luego enderezando el palo) algo que sera a partes iguales neo y ultra.

Hay algo dedemente, de asombroso en todo esto, en nuestra incapacidad colectiva para detener la catstrofe en curso. Es apropiado el calificativo de suicidas aplicado a las lites polticas y econmicas? Cmo es posible sociolgicamente semejante hybris*? Cmo se fabrican unas lites tan dementes?

En general es un buen mtodo recurrir lo ms tarde posible, e incluso no hacerlo, a las categoras de la psicopatologa para dar cuenta de un fenmeno social, aunque hay que reconocer que en este caso no se puede evitar pensarlo Entre consternado y sarcstico Marx ya subrayaba en El 18 Brumario de Luis Bonaparte la incapacidad de la burguesa desuperar sus intereses ms mezquinos e indecentes. Siglo y medio despus seguimos sin poder afirmar que la racionalidad, aunque sea la de los intereses particulares de los dominantes, sea el motor de la historia. En cierto modo, hay que quedarse con la mejor parte: a fin de cuentas, como la catstrofe es sin lugar a dudas el modo histrico ms eficaz de destruccin de los sistemas de dominacin, la acumulacin de los errores de las lites actuales, incapaces de ver que sus racionalidades a corto plazo sustentan una gigantesca irracionalidad a largo plazo es lo que nos permite que esperemos ver que este sistema se desmorona en su conjunto.

Es cierto que la hiptesis de la hybris, entendida como principio de ilimitacin, no carece de valor explicativo. Adems, es una manera de volver a la discusin precedente sobre el neoliberalismo o, ms bien, sobre lo que subsiste en l de veterano e incluso de ultra. Y es que, efectivamente, es la destruccin de los dispositivos institucionales de contencin de fuerzas lo que empuja irresistiblemente a las fuerzas a propulsar su impulso y retomar la marcha para empujar ms todo lo lejos que sea posible. Y, en efecto, hay algo similar a una embriaguez del avance para hacer perder toda medida y volver a instaurar la primaca de lo indecente y de lo mezquino en la racionalidad de los dominantes. As, un capitalista que tuviera una visin a largo plazo no habra tenido dificultades en identificar al Estado del bienestar como el coste final y relativamente moderado de la estabilizacin social y de la consolidacin de la adhesin al capitalismo, es decir, un elemento institucional til para preservar el dominio capitalista (del que, sobre todo, no hay que deshacerse!). Evidentemente, en cuanto sintieron que se debilitaba la relacin histrica de fuerzas (la cual tras la Segunda Guerra Mundial les haba impuesto la Seguridad Social), lo que, sin embargo, era lo mejor que les poda pasar adems de contribuir a garantizar treinta aos de crecimiento ininterrumpido, los capitalistas se apresuraron a recuperar todas las concesiones que haban tenido que hacer. En Estados Unidos los conservadores, que no tienen miedo a mostrarse como son, dieron el nombre ms claro a esta perspectiva de reconquista: a roll back agenda [Una agenda de anulacin].

Con todo, habra que preguntarse por los mecanismos que en la mente de los dominantes convierten unos enunciados que de entrada estnburdamente tallados segn sus intereses particulares en objetos de adhesin sincera, asumidos de manera generalizada. Y puede que para ello haya que volver a leer la proposicin 12 de la III parte de la tica de Spinoza segn la cual el espritu se esfuerza por imaginar qu aumenta la capacidad de actuar de su cuerpo, que ms explcitamente se traducira por nos gusta pensar lo que nos alegra (lo que nos conviene, lo que es adecuado a nuestra posicin en el mundo, etc.). No cabe duda de que existe un placer intelectual del capitalismo en pensar segn la teora neoclsica que la reduccin del paro pasa por la flexibilizacin del mercado del trabajo. Lo mismo que hay uno del financiero en creer en la misma teora neoclsica segn la cual el libre desarrollo de la innovacin financiera favorece el crecimiento. El endurecimiento en enunciados de validez completamente general de ideas de entrada manifiestamente formadas junto a los intereses particulares ms groseros sin duda encuentra en esta tendencia su ayuda ms poderosa. Por ello cada vez es ms difcil distinguir entre imbciles y cnicos ya que los primeros mutan casi fatalmente para adoptar forma de los segundos. Si se observa con atencin, no se encuentran individuos tan limpios (habra que decir tan ntegros) como Patrick Le Lay de TF1 [la cadena de la televisin nacional francesa] que, poco decidido a complicarse la vida con las doctrinas intiles y falsamente democrticas de la televisin popular, declaraba sin ambages que no tena otro objetivo que vender a los anunciantes tiempo de cerebro disponible; ruda franqueza que quiz tengamos que agradecerle: al menos sabemos a quin tenemos ante nosotros y es una forma de claridad que no deja de tener mrito.

Por lo dems, hay resistencias doctrinales fciles de entender. Las finanzas, por ejemplo, no se rendirn nunca. Dirn y harn cuanto puedan para desbaratar los ms mnimos intentos de re-regularizacin. De hecho, lo hacen muy bien! Para convencerse de ello no hay ms que ver la espantosa indigencia de las veleidades reguladoras, como atestigua el hecho de que desde 2009 se ha hecho tan poco que la crisis de las deudas soberanas vuelve a amenazar con acabar en un desmoronamiento de las finanzas internacionales. Nada es ms fcil de entender: un sistema de dominacin nunca entregar las armas por s mismo y buscar perpetuarse por todos los medios. Es fcil pensar que los hombres de las finanzas relancen el sistema que les permite embolsarse los astronmicos beneficios de la burbuja y dejar los costes de la crisis a todo el cuerpo social, obligado por los poderes pblicos interpuestos a socorrer a las instituciones financieras, a no ser que perezca l mismo por el desmoronamiento bancario. Simplemente, hay que ponerse en su lugar! Quin aceptara renunciar? Incluso habra que decir ms: es una forma de vida lo que defienden estas personas, una forma de vida en la que entran tanto la perspectiva de unos inauditos beneficios monetarios como la embriaguez de operar a escala planetaria, de mover cantidades colosales de capital, por no hablar de los extras ms caricaturescos pero muy reales del modo de vida de los hombres de los mercados: chicas, cochazos, drogas. Todas estas personas no abandonarn as como as este mundo maravilloso que es el suyo, habr que actuar para que lo suelten.

En realidad, donde el misterio se oscurece verdaderamente es en el papel del Estado. Encargado de la socializacin de las prdidas bancarias y de la limpieza de los costes de la recesin, literalmente rehn de las finanzas cuyos riesgos sistmicos est obligado a reparar, no debera ser el ms interesado en cerrar de una vez por todas la leonera de los mercados? Parece que plantear as la pregunta sea responderla, pero solo lgicamente, es decir, desconociendo sociolgicamente la forma de Estado colonizado que es la propia del bloque hegemnico neoliberal: los representantes de las finanzas se encuentran en ella como en casa. La interaccin, hasta la completa confusin, de las elites polticas, administrativas, financieras, y a veces mediticas, ha llegado a tal grado que la circulacin de todas estas personas de una esfera a otra, de una posicin a otra, homogeneiza completamente, salvo diferencias mnimas, la visin del mundo compartida por este confuso bloque. La fusin oligrquica y casi habra que entender la palabra en su sentido ruso ha llevado a la anulacin de la diferenciacin de los compartimentos del campo del poder y a la desaparicin de los efectos de la regulacin que vena del encuentro, a veces de la confrontacin, de gramticas heterogneas o antagonistas. As, sin duda con la ayuda de un mecanismo de atricin demogrfica, se ha visto, por ejemplo, la desaparicin del hbito del hombre de Estado en la forma que adopt tras la Segunda Guerra Mundial, ya que la expresin hombre de Estado ya no hay que comprenderla en el sentido usual de gran hombre sino de aquellos individuos portadores de las lgicas propias de la fuerza pblica, de su gramtica de accin y de sus intereses especficos. Los altos funcionarios, que antao eran hombres de Estado porque estaban consagrados a las lgicas del Estado y determinados a hacerlas valer frente a las lgicas heterogneas (como, por ejemplo, las del capital o de las finanzas), son una especie en vas de extincin y los que hoy entran en la carrera no tienen ms horizonte intelectual que replicar de forma servil (y absurda) los mtodos de lo privado (de ah, por ejemplo las monstruosidades tipo RGPP, Revisin General de las Polticas Pblicas), ni ms horizonte personal que abandonar el servicio al Estado para pasarse a lo privado, lo que les permitir integrarse encantados en la casta de las lites indiferenciadas de la globalizacin. As, los dirigentes nombrados a la cabeza de lo que queda de empresas pblicas no tienen nada ms urgente que hacer que cargarse el estatuto de estas empresas y llevarlas a la privatizacin para reunirse por fin con sus camaradas y retozar a su vez en los mercados mundiales, de las finanzas de las fusiones-adquisiciones y, accesoriamente, de los bonos y de las stock-options.

Este es el drama de nuestros das, que a nivel de estas personas a las que seguimos llamando lites (nos preguntamos por qu dado lo abrumador que es su balance histrico) ya no hay en ninguna parte ninguna fuerza de llamada intelectual susceptible de crear un discurso contrario. Y el desastre es completo cuando los propios medios de comunicacin han sido arrastrados, y desde hace tanto tiempo, por el corrimiento de tierras neoliberal; lo ms extravagante pretende reconducir a los editorialistas, cronistas, expertos semivendidos y toda esta banda que se presenta como los preceptores ilustrados de un pueblo obtuso por naturaleza eilustrable por vocacin. Se habra podido imaginar que el cataclismo del otoo de 2008 y el desmoronamiento espectacular de las finanzas llevara a una gran limpieza de todos estos locutores que emergan harapientos de las humeantes ruinas, pero No hubo nada de eso! Ninguno se movi! Alain Duhamel sigue pontificando en Libration; este mismo peridico, en un intento desesperado de hacer olvidar sus dcadas liberales, sigue confiando una de sus secciones ms decisivas, la seccin europea, a Jean Quatremer que ha llenado metdicamente de mierda a todas las personas que denunciaban las taras, ahora visibles para todos, de la construccin neoliberal de Europa. En France Inter, Bernard Guetta sobrepasa por la maana todos los rcords de incoherencia (habra que ponerle delante lo que dijo hace cinco aos escasos, no digo ya en 2005, famoso ao del tratado constitucional europeo). El programa semanal de economa de France Culture oscila entre lo hilarante y lo desolador al insistir en dar la voz a quienes han sido los ms fervientes apoyos doctrinales del mundo que se est desmoronando, como por ejemplo Nicols Baverez, que sin duda es el ms gracioso de todos y que se ha apresurado a sermonear a los gobiernos europeos y a conminarles al rigor ms extremo antes de darse cuenta de que era otra burrada. Y todas estas personas sacan pecho con la impunidad ms perfecta, sin que sus jefes les retiren jams una crnica, ni el micro, ni siquiera les pidan que se expliquen o den cuenta de sus discursos pasados. Este es el mundo en el que vivimos, el mundo del autoblanqueamiento colectivo de losdeslices.

Cmo entender tambin que lo que ocurre no produzca una indignacin o una clera an mayor, ms decidida, ms organizada? Funciona algo parecido a una fbrica de impotencia, cuya eficacia supera por el momento nuestra capacidad de transformar nuestra indignacin en capacidad de actuar colectivamente. Cules son los resortes de esta fbrica de impotencia?

En efecto, este es un misterio que tendra que aclarar la sociologa o la ciencia poltica Pero si se me permite aventurar algunas intuiciones, para empezar me pregunto si no habra que plantear el problema justo al revs: lo que hay que comprender no es que no haya un movimiento de indignacin, sino que a veces se produzca! Temo que deplorar la inercia o la apata de las masas no procede de un sociocentrismo tpico de la skhole intelectual o militante, es decir, de personas que tienen tiempo libre, para unos de adoptar el punto de vista de Sirius y para otros depensar sistemticamente en el paso a la accin puesto que el paso a la accin es por definicin la esencia misma de su actividad. Podr parecer que es un argumento rampln, pero tiene las slidas propiedades de un materialismo rstico: en qu tiene posibilidad la gente de ocupar su tiempo? Aparte de las minoras intelectuales y militantes, el mundo se divide entre los gobernantes cuya actividad a tiempo completo es dirigir la vida de los dems y los gobernados que dedican lo esencial de su tiempo a ocuparse de su reproduccin material y de hecho se remiten en todo lo dems a la pasividad de aquellos que les rigen. Esta elemental asimetra temporal entre organizadores, delegados y pagados a tiempo completo para organizar, y los organizados, acaparados oportunamente por las necesidades de su propia supervivencia, es la garanta ms segura de la estabilidad del poder por medio de un simple efecto de saturacin temporal. Los militantes, en todo caso aquellos que no son activistas profesionales, remunerados como tales por una organizacin, saben bien lo que cuesta en fatigas suplementarias o en poner en tensin su vida personal el hecho de salir de la pasividad a la que normalmente les condenara su condicin material: despus de ocho horas diarias de trabajo, los organizados solo tienen intersticios (la ltima hora de la tarde, a veces las noches, los fines de semana) para encontrar peros a los organizadores, los cuales, despus de haber organizado, se van a dormir. La fuerza de gravedad resultante de esta divisin del trabajo es el segundo plano que hay que tener en mente para darse cuenta en primer lugar de hasta qu punto es milagroso el que surja un movimiento social de cierta magnitud, en todo caso para darse cuenta de todos los obstculos, temporales, es decir, materiales, que ha tenido que vencer.

Por si fuera poco, hay que contar con muchas otras dificultades. Y, sobre todo, con todas las que se podran incluir en la categora general de la traicin de los mediadores. Para empezar, la de los mediadores mediticos, que trabajan para que pasen por normales (conformes al orden de las cosas o a las instrucciones de la razn) las situaciones ms anormales. Pero habra que tomarse el tiempo de hacer un anlisis completo de los mecanismos que llevan a los mediadores mediticos a no mediatizar nada ya, es decir, a mantener en la invisibilidad las situaciones sociales y sus verdaderos determinantes (cuya sola exhibicin bastara para alimentar furores legtimos) y hacer que los anlisis crticos sean inaudibles (excepto algunas excepciones sistemticamente subrepresentadas, cuando no se declaran excluidas por principio a menos que se les ofrezcan unos formatos tan pobres que no tienen la menor oportunidad de tener efecto). Debido a ello los medios de comunicacin son gestores del bien colectivo del acceso necesariamente enrarecido a la arena pblica y por ello se deben a una obligacin de diversidad, incluso habra que decir a una obligacin de asimetra de la que se debera beneficiar la crtica puesto que el orden social se beneficia ya de toda la asimetra contraria de las fuerzas de la dominacin.

Pero en cierto modo han privatizado este bien colectivo en beneficio de una nfima minora de preceptores que, excepto algunas diferencias insignificantes, tienen todos ellos el mismo lenguaje, y por medio de suhomogeneidad aaden la dominacin simblica a la dominacin material. De modo que, a travs de los medios de comunicacin supuestamente mediadores pero definitivamente olvidadizos por su vocacin, ya no ocurre nada sino solo aquello que celebra, anima o bien rehabilita sin cesar al orden neoliberal, y ello, hoy de forma muy espectacular, en contra incluso de las crisis ms estrepitosas de este ltimo. Debo confesar que a veces pienso que un despido masivo de la pandilla editorialista y experta presente podra producir al instante unas consecuencias polticas importantes: imaginen los efectos posibles de la denuncia repetida del carcter odioso del poder accionarial, de su responsabilidad directa en los sufrimientos de los trabajadores (hasta llevar al suicidio), la demostracininsistente de la inanidad de las polticas de austeridad o incluso el cuestionamiento sistemtico de determinados partidos (de izquierda) que se niegan obstinadamente a incluir seriamente en su agenda problemas como la Europa liberal o la globalizacin. Pero igualmente confieso que probablemente esta sea una experiencia de pensamiento ociosa y a varios ttulos.

En el orden de las traiciones mediticas (lato sensu), sin embargo, la peor es sin duda la de los mediadores polticos: partidos de oposicin que ya no se oponen a nada o burocracias sindicales que se han convertido en expertas en perder en las arenas las cleras populares. Es til consagrar un cuarto de hora de ms a la anatoma patolgica del Partido Socialista? Se puede evitar difcilmente aunque sea en la perspectiva de las elecciones presidenciales y para constatar que para esta edicin el candidato Hollande se pone a ello no ocho das antes de la segunda vuelta, como exiga hasta ahora un ligero reflejo de vergenza, sino ocho meses antes de la primera para ofrecer una alianza con los centristas, peripecia anecdtica a primera vista, pero de hecho un atajo fulgurante que seala todo o casi todo lo que se puede esperar de una hipottica presidencia socialista en materia de transformacin econmica y social: nada. Ya se ha dicho todo sobre el compromiso histrico de la socialdemocracia, especialmente francesa, con el neoliberalismo, pero para cerrar lo ms rpidamente posible este lamentable captulo se puede medir el grado de fracaso histrico de un partido que todava osa llamarse socialista por su incapacidad para poner en tela de juicio al capitalismo neoliberal en el momento en el que su crisis apopltica abre una ventana de oportunidad histrica sin parangn (y uno acaba por preguntarse qu tipo de acontecimiento, qu grado de devastacin se necesitara ahora para que en esta materia el encefalograma socialista emita un nuevo un bip).

Por consiguiente, el drama actual del perodo se debe a la ausencia de cualquier fuerza poltica en torno a la cual hacer que se precipiten los efectos comunes de clera e indignacin. Y este es el problema: no hay que sobrevalorar la capacidad de las multitudes para auto-organizarse a gran escala. El periodo actual lo demuestra a contrario puesto que ninguno de los cuerpos sociales maltratados por las polticas de austeridad ha superado todava el estadio de las manifestaciones espordicas y sin continuidad para entrar en un movimiento de sedicin generalizado. Sin duda se enfadarn conmigo los amigos de la multitud libre sujeto de la historia, pero me pregunto si para manifestar su propia fuerza poltica este no necesita un polo que focalice y condense y que la haga coherente. Salvo que siga siendo difusa, la multitud necesita unos puntos focales en los que las cosas se precipiten, por medio de los cuales adquiera consistencia y conciencia de s misma, aunque no ignoro en absoluto todo lo que puede pasar a continuacin de captacin y de desposesin a partir de estos puntos focales pero, a fin de cuentas, no es aqu donde se va a solucionar el problema de la horizontalidad democrtica, aunque al menos se pueda decir que, precisamente, esta ltima es un problema y no una evidencia. Por el momento, a falta de auto-organizacin constatada y de fuerza poltica susceptible de crear un polo constituyente o agregador, solo quedan las cleras difusas, no coordinadas, incapaces de unirse a falta de lugar.

Y no es con las direcciones sindicales con las que hay que contar. O si hay que contar con ellas es ms bien para producir los resultados exactamente inversos, es decir, devolver al polvo los grmenes de clera en vas de fusin. Y es que es necesario un cierto talento en el orden la negatividad para haber volatilizado tan artsticamente la energa de las movilizaciones masivas [en Francia] de enero-marzo de 2009 y de las jubilaciones en otoo de 2010. No se sabe si hay que invocar el dogma (absurdo) de la separacin de lo sindical y de lo poltico (como si la accin en las cuestiones sociales no tuviera un carcter profundamente poltico) o bien (sobre todo) el compromiso de las instituciones sindicales, como tales integradas orgnicamente en el juego institucional general y que se han vuelto incapaces de salir de l para ponerlo en tela de juicio. Pero el hecho est ah: la formidable efervescencia de clera que hizo salir a la calle a millones de personas en 2009 y 2010 y que ms all, por ejemplo, de la ocasin formal de las jubilaciones tena el mvil manifiesto del rechazo de cualquier modelo de sociedad, no solo no ha encontrado ningn lder sindical (o poltico) para verbalizar su verdad, sino que ha sido dilapidado conscientemente por las vas habituales de la deambulacin tan ritual como inofensiva por barrios cuidadosamente elegidos para no albergar ningn punto caliente simblico (quin ha visto en el trayectoRpublique - Nation el menor ministerio, una sede de banco o de un gran medio de comunicacin?).Me digo a m mismo que, siguiendo por este bonito camino, pronto no habr ms que acercarse al Bosque de Vincennes: se habr molestado a algunas ardillas y se volver de la manifestacin con la sensacin de haber tomado el aire

Qu es lo que permitir detener esta fbrica de impotencia? Cmo reconstituir, en la situacin actual, una capacidad de actuar colectiva, transformadora y emancipadora?

Como carezco completamente de toda experiencia y de todo talento de empresario poltico, no tengo la menor idea de las vas por medio de las cuales se reconstituyen las capacidades de actuar colectivamente, a falta de lo cual no tengo otra solucin que volver a mi postura escolstica y a su punto de vista exterior. La multitud se pone en movimiento cuando pasa ciertos duelos afectivos. Pero, son estos duelos los mismos para todo el mundo? No! Dnde estn exactamente? No se sabe ex ante. Las condiciones materiales, tal como determinan el impacto diferencial de la crisis a travs de la estratificacin social, la distribucin desigual de las disposiciones a la aceptacin o a la movilizacin, son otros tantos datos que heterogeneizan a la multitud, categora cuya homogeneidad engaosa es un puro efecto nominal. Por qu el movimiento de los Indignados cuaj tan bien en Espaa, incluso en Estados Unidos, y tan poco en Francia donde somos dados a regodearnos en nuestra tradicin manifestante y reivindicativa? En el caso de Espaa, nos preguntamos si la respuesta no est en una cifra: 40% de paro entre los jvenes, es decir, en particular una produccin masiva de licenciados que ven sus esperanzas profesionales naturales negadas brutalmente por la exclusin del empleo del que son vctimas. Son los hijos de la burguesa, bien dotados de capital cultural y escolar, pero que se descubren frustrados con respecto a lo que consideraban sus legtimas aspiraciones (Acaso el sistema no las haba validado hasta entonces?), las cuales se dan la vuelta y basculan. Respecto a los estudiantes estadounidenses, quiz sea el peso de la deuda, en un momento en el que las relaciones con las instituciones financieras estn profundamente deterioradas, lo que desempea el papel equivalente y hace traspasar los umbrales de lo intolerable. Pero se dir que poco importa de dnde parte el movimiento y por qu razones particulares: al fin de cuentas, no existen acciones desinteresadas (al menos en un sentido del concepto de inters un poco interesante). Lo que cuenta, independientemente de sus orgenes (pudenda origo, se podra decir a la manera de Nietzsche: los orgenes raramente son bellos de ver), es lo que produce: tiene gancho, induce a continuar? Esas son las preguntas pertinentes. En esta medida, el juicio sigue siendo contrastado. A todas luces los Indignados espaoles sacaron a una enorme cantidad de personas a la calle pero, con qu resultado electoral? Habra que volver a leer el artculo Elecciones, trampa para gilipollas de Sartre, que parece escrito la semana pasada y expresamente para la situacin actual: en l deploraba el abismo que separa los movimientos sociales como dinmicas creadoras profundamente colectivas y la artificialidad serial del escrutinioque asla y disuelve radicalmente toda la fuerza propia, autnticamente poltica de lo en comn. As que, he aqu: los Indignados espaoles salen a la calle y se encuentran con el Partido Popular de Rajoy. Es para llorar.

Con indignados o sin ellos, en Francia ser la misma tarifa En este caso es ms bien sin y aqu tambin hay un misterio. Una vez ms, la diferencia se debe en parte a la tasa de paro de los jvenes, considerablemente ms baja que en Espaa, lo mismo que la tasa de paro global. Con un 10% de tasa de paro global los hijos de la burguesa todava no sufren, sus posturas son bastante slidas, sus accesos se mantienen lo suficiente para que la crisis no les maltrate demasiado. Recuerdo la breve pero violenta recesin de 1993, la tasa de paro haba ascendido a ms del 12% y, algo inaudito, se haba odo a notorios representantes del capital empezar a preocuparse por los estragos que padeca la sociedad francesa! Mi conjetura entonces era que en el entorno de Claude Bbar, puesto que se trataba de l, un hijo de familia bien licenciado haba tenido que quedarse en la estacada y esto haba sido un trauma al descubrir la injusticia del mundo. Pero un 12% no est tan lejos, podra llegar muy rpido teniendo en cuenta lo que se anuncia. Bourdieu, muy spinozista aqu, dio una ruda leccin de realismo poltico recordando que en el msterdam del siglo XVII los burgueses se haban decidido a financiar unas infraestructuras que enviaba las aguas residuales al alcantarillado porque el clera, que no tiene en cuenta las barreras sociales, haba empezado a llevarse a sus hijos. As que probablemente ocurra lo mismo con las aguas del paro que con las aguas cargadas de miasmas: es necesario que el nivel suba lo suficiente para ir a importunar a los dominantes y hacer que se decidan a cuestionar su propio sistema, desde el momento en que este empieza a atentar demasiado contra sus propios intereses Y luego, para su desgracia, los Indignados franceses tienen contra ellos otras dos idiosincrasias muy nuestras. La primera, visible por contraste con el caso estadounidense, se debe a la antipata espontnea de las confederaciones sindicales por cualquier forma de movimiento dotada de dos odiosas propiedades, la de ser espontnea y la de que en gran parte se les escapa. Al contrario, los Occupy han recibido el apoyo discreto pero real, logstico y poltico, de los sindicatos estadounidenses, poco habituados a los movimientos de ciertas dimensiones y ms bien contentos de encontrar aqu una oportunidad al menos de participar en una demostracin a escala (casi) nacional.

Es de esperar que las confederaciones francesas no den el menor apoyo a los Indignados de La Dfense Adems, si lo dieran estos ltimos desconfiaran como de la peste al presentir la recuperacin de poca monta. La segunda tara francesa es, por supuesto, las elecciones presidenciales y su mitologa inoxidable que sigue haciendo creer a muchas personas que es el momento poltico por excelencia, que es ah donde las cosas se deciden verdaderamente, y precisamente vienen bien, la cita es en mayo Actualmente hay burlas del hbrido Merkozy, pero quiz se reir menos la gente al descubrir a Sarkollande En este paisaje en el que todo est fiscalizado, en el que la captura elitista ha aniquilado toda fuerza de llamada, acabo por decirme que solo hay dos soluciones para reiniciar el movimiento: un deterioro continuo de la situacin social, que llevar a que una parte mayoritaria del cuerpo social franquee unos umbrales, es decir, a una fusin de las cleras sectoriales y a un movimiento colectivo incontrolable, potencialmente insurreccional; o bien a un desmoronamiento crtico del sistema bajo el fardo de sus propias contradicciones (evidentemente, a partir de la cuestin de las deudas pblicas) y de un encadenamiento que lleve de una serie de fallos soberanos a un colapso bancario, aunque esta vez diferente de la opereta Lehman Digamos claramente que la segunda hiptesis es infinitamente ms probable que la primera aunque a cambio quiz tenga la propiedad de desencadenarla acto seguido. En todos los casos habr que apretarse extraordinariamente el cinturn. Y, sobre todo, seguir reflexionando sobre las formas polticas de un movimiento social capaz de evitar todas las derivas de tipo fascista.

Al comprobar el grado de bloqueo de instituciones polticas que se han vuelto completamente autistas y prohben ahora todo proceso de transformacin social en fro, tambin me digo a veces que quiz haya que volver a pensar la cuestin ultra tab de la violencia en poltica, aunque solo sea para recordar a los polticos esta evidencia conocida por todos los estrategas militares de que un enemigo nunca est tan dispuesto a todo como cuando se le ha llevado a un callejn sin salida. Ahora bien, parece por un lado que los gobiernos, totalmente sometidos a la calificacin financiera y consagrados a la satisfaccin de los inversores, se estn volviendo tendencialmente enemigos de sus pueblos y, por otra parte, que si a fuerza de haber cerrado metdicamente todas las soluciones de deliberacin democrtica, solo queda la solucin insurreccional, no habr que extraarse de que la poblacin, llevada un da ms all de sus puntos de exasperacin, decida adoptarla, precisamente porque ser la nica.

Notas:

* Hybris es una palabra del griego clsico que significa orgullo o confianza desmedidos en uno mismo (N. de T.)

(1) Frederic Lordon, La Crise de trop, Pars, Fayard, 2009.

(2) Yves Citton y Frderic Lordon, la Crise, Keynes et les esprits animaux, Revue interrnationale des livres et des ides, n 12, julio-agosto de 2009.

(3) Maurizio Lazzarato, La Fabrique de lhomme endent, Pars, Ed. Amsterdam, 2011.


Fuente: http://www.revuedeslivres.fr/%C2%AB-nous-assistons-a-l%E2%80%99ecroulement-d%E2%80%99un-monde-des-forces-immenses-sont-sur-le-point-d%E2%80%99etre-dechainees-%C2%BB-entretien-avec-frederic-lordon/



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