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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-03-2012

El derecho de huelga contra el derecho al trabajo
Coactivos frente a esquiroles

Feliciano Mayorga Tarrio
Rebelin


No hace falta ser marxista para entender lo que es un trabajador en la sociedad actual: una mercanca un coste como la luz, el agua o las materias primas, cuyo precio es el salario. Tampoco para comprender que el sentido de la reforma laboral es abaratar el precio de esa mercanca y flexibilizar su uso por parte de la empresa, bajo el supuesto de que sta ser as ms competitiva y ello incentivar la contratacin. Idntica lgica por la que un abaratamiento del crudo o la bajada de los tipos de inters aumenta las expectativas de beneficio empresarial y estimula la inversin.

Lo que ocurre es que esta mercanca tiene un serio inconveniente, su portador es una persona. Con lo que el problema no solo es de ndole econmica sino tambin poltica. Se necesita su consentimiento. De ah que el objetivo oculto de la reforma, ms all del abaratamiento del precio de la fuerza de trabajo, sea crear las condiciones para disminuir el poder de los trabajadores a la hora de negociar su propio precio en el mercado. Y es que la mercanca humana, a diferencia del agua y la luz, no puede ser abaratada sin ser simultneamente sometida.

En este contexto, cuyas premisas son difcilmente discutibles, se inscribe el conflicto entre el derecho al trabajo y el derecho a la huelga. Los defensores de lo polticamente correcto, del buen rollito liberal, insisten en que ambos derechos deben ser equiparados en importancia -en contra de la primaca que la propia constitucin espaola reconoce al segundo-, con lo que la accin de los llamados piquetes informativos debera ser desautorizada como violenta y antidemocrtica, la obstruccin inadmisible a un derecho constitucional.

Como por fortuna a m me importa un bledo el buen rollito y no pretendo sino alcanzar cierto grado de honestidad intelectual en mis conclusiones, defender la para m evidente superioridad del derecho de huelga sobre el derecho al trabajo.

1. En primer lugar, y en el caso que nos ocupa, una reforma que abarata y facilita el despido, que penaliza al trabajador incluso por sus ausencias justificadas, que da preferencia a los acuerdos en el seno de la empresa -donde el poder de los interlocutores es completamente asimtrico-, sobre los convenios colectivos, vuelve incompatibles ambos derechos. El derecho a ir a trabajar el da 29 supone colaborar en la devaluacin del precio general del obrero, por lo que quien decida trabajar ser cmplice de la depreciacin laboral de sus compaeros, mientras que quien secunda la huelga preserva el valor general del trabajo, inclusive el del que ha decidido no secundarla.

2. El derecho a la huelga es un verdadero derecho mientras que el derecho a trabajar no existe, es tan solo un eufemismo para expresar el cuestionable derecho del empresario a su beneficio del da 29. Quiero decir con ello que para un asalariado su empleo es tan solo una necesidad material derivada de la carencia de medios productivos para ganarse la vida. Necesidad vital a la que en no pocas ocasiones se aade la coaccin expresa de su empleador. Trabajar solo podra ser considerado un verdadero derecho cuando estuviera garantizada por ley la subsistencia. Dicho de otro modo, cuando no trabajar fuera una opcin.

3. Si la accin colectiva de la huelga triunfa, quien decidi trabajar ese da obtendr los beneficios de la misma sin soportar ninguna de sus cargas, mientras que quien ejerce el derecho a la huelga ha de asumir la seguridad de sus costes: prdida de salario y riesgo de despido, a cambio de sus ms que hipotticos beneficios. Inversin que probablemente fracasar por culpa de quienes decidieron trabajar ese da. Si el primer derecho es, por tanto, mezquino y egocntrico, el segundo es valiente y altruista.

4. Dificultar el derecho al trabajo supone como mucho una falta menor: el dao puntual de un da y a un individuo el que puedan ser muchos sumados no niega su carcter individual. No ejercer el derecho a la huelga es por el contrario una omisin grave, lesiva para los intereses legtimos de una clase social en su conjunto que integra numricamente a la mayora de los ciudadanos, sus efectos son prolongados en el tiempo, devastadores en trminos de derechos y dignidad, y difcilmente reversibles.

Acabar con un ejemplo patritico, que har mucho ms claros mis argumentos a cierto tipo de sensibilidad. Supongamos que Espaa est siendo ocupada por un gobierno extranjero y los representantes del pueblo espaol han prescrito una accin eficaz de resistencia. Qu pensaramos de quien reivindica como un contenido de su libertad el derecho a no movilizarse en favor de su nacin, a no defender la soberana de su pueblo, a ser leal a las instituciones del gobierno invasor?, lo juzgaramos como un liberal o como un traidor? Pues la comparacin con la situacin actual no me parece ni un pice forzada. En un sistema que obliga a la mayor parte de sus ciudadanos a venderse como mercancas, porque los medios productivos son acaparados por una pequea parte de la poblacin, resistir al incremento abusivo del poder de esa minora es un deber absoluto y preferente; mientras que soportar su abuso solo puede ser calificado de cobarde y desleal, si es voluntario, y digno de compasin si no lo es.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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