Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-04-2012

El viejo can
Un diagnstico de la indignacin popular

Alberto Piris
Repblica.com


El impacto de la indignacin popular, que se reflej en alborotos urbanos de distinta naturaleza en varios pases europeos, no ha sido el mismo en todos ellos. Si desde Atenas hasta Londres, o desde Madrid y Barcelona hasta Pars, la voz de los indignados se alz sonoramente con distintas reclamaciones expresadas en varios idiomas, el anlisis de este fenmeno social, que con tanta rapidez se propag, llegando incluso al corazn financiero de EE.UU., se ha ido limitando a crculos ms restringidos -acadmicos, intelectuales, organizaciones juveniles, etc.- cuando no acab extinguindose o siendo acallado por la presin del poder.

Es cierto que las revueltas callejeras que el pasado verano incendiaron -tanto en sentido figurado como abrasadoramente real- la capital del Reino Unido y otras ciudades del pas, fueron las que ms inquietud causaron en todo el mundo, por la violencia y amplitud de los estallidos populares. Esto fue lo que indujo al Gobierno de Londres a crear una comisin de anlisis (Riots Communities and Victims Panel) con la finalidad de examinar y comprender por qu se produjeron los disturbios populares de agosto de 2011″.

El pasado mircoles vio la luz pblica el informe redactado con tal finalidad. Previamente se haba elaborado un avance a finales de noviembre pasado, con las medidas ms urgentes a adoptar, pero el documento ahora difundido ha sido tambin puesto en manos del Gobierno y la oposicin. Los miembros de la comisin visitaron una veintena de comunidades y entrevistaron a varios miles de personas, para establecer sus conclusiones. stas incluyen algunos aspectos peculiares del Reino Unido, pero otros aplicables tambin a cualquier pas.

De un modo general, se atribuyen los disturbios a la falta de participacin en la sociedad de muchos ciudadanos, y se sealan aspectos ms concretos, como la carencia de oportunidades para los jvenes, una defectuosa educacin familiar, la incapacidad del sistema judicial para rehabilitar a los delincuentes y las desabridas actuaciones policiales para identificar a las personas, entre otros; para todos ellos se ha recomendado al Gobierno la adopcin de medidas correctivas.

El coordinador de la comisin declar: Cuando la gente no cree que tiene razones para no meterse en los, las consecuencias que esto trae a las comunidades pueden ser devastadoras, como se vio en agosto pasado. Y aadi: Tenemos que dar a cada uno su parte en la sociedad. Hay personas hundidas en el fondo, incapaces de cambiar su vida. El informe detecta la existencia de medio milln de familias olvidadas y distribuye la responsabilidad del fracaso tanto en el mbito personal y familiar, como en el de los servicios sociales, sean estatales o sean de las organizaciones humanitarias.

Escuelas y profesores reciben un suave varapalo y amenazas de multa si rechazan alumnos sin causa justificada. Se les urge a formar el carcter de los jvenes para que sean capaces de rechazar las llamadas a la revuelta y puedan decidir lo mejor en los momentos de tensin. Para ello se recomienda autodisciplina, aplicacin y fortaleza para posponer el placer personal y recuperarse de los fracasos.

El informe no vacila en acusar al consumismo desaforado de los numerosos saqueos producidos en establecimientos comerciales de productos de gama alta, ropas de marca y aparatos electrnicos, y sugiere proteger a los jvenes de la excesiva mercadotecnia (marketing) y ensearles a defenderse ante la publicidad agresiva, para lo que se designa un representante oficial que dialogar con las empresas productoras de las marcas ms importantes.

Una parlamentaria miembro de la comisin declar: Lo que hemos visto refleja el fracaso para mejorar la educacin en ciertas zonas. Muchas comunidades ven que no tienen ningn control sobre sus vidas. Viven hostigadas por la polica, marginadas en la bsqueda de trabajo y bombardeadas sin parar con imgenes de un tipo de vida que nunca tendrn. Observan el despilfarro de los poderosos y de muchos polticos, y no se creen las proclamas oficiales de que todos estamos embarcados en la misma nave.

Son muchos en todo el mundo los que opinan que educar el carcter juvenil no es el remedio para evitar futuras explosiones de ira callejera. La falta de recursos, el desempleo, la pobreza y la desesperanza son las brasas que incendian las barriadas miserables donde viven los que ya no pueden perder nada, porque carecen de todo.

No todo lo anterior es aplicable a los movimientos de indignados en Espaa, donde la noviolencia ha sido mayoritariamente asumida. Pero conviene tener presente que una indignacin inicialmente de tipo poltico, causada por la sensacin de que el poder no tiene en cuenta a muchos ciudadanos y con exigencias de mayor participacin democrtica, puede propagarse y alcanzar a otros sectores sociales menos preocupados por la democracia, pero donde la miseria y la desesperanza son una vivencia diaria que alimenta el odio difuso, todo lo cual genera una mezcla explosiva de alta peligrosidad social. El Gobierno de Londres ha decidido estudiar en serio este problema, y conviene seguir muy de cerca su evolucin.


Fuente: http://www.republica.com/2012/03/29/un-diagnostico-de-la-indignacion-popular_472127/



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter