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(el Pueblo quiere la paz)
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-04-2012

Desde la dispora

Iaki Errazkin
Rebelin


En general, ver las cosas desde la lejana geogrfica proporciona una perspectiva que no se alcanza en las distancias cortas. Lgicamente, para analizar correctamente una situacin sociopoltica determinada (lase una coyuntura concreta, cualquiera que sea) hay que valorar las dos visiones. Por eso me he decidido a poner negro sobre blanco esta reflexin, porque creo que puede aportar algo nuevo al debate que en estos momentos se est produciendo en muchos sectores de Euskal Herria. Me refiero al rumbo que han elegido los comodoros del que yo siempre llamar Movimiento de Liberacin Nacional Vasco, ttulo que abarca a todas y cada una de las organizaciones de la Izquierda Abertzale, con iniciales maysculas. Es obligado comenzar sealando la contradiccin permanente que supone la mera existencia de una organizacin clandestina con una definida estrategia poltica y militar que utiliza la lucha armada tcticamente, pues si Euskadi Ta Askatasuna no hubiese existido nunca yo no estara escribiendo este artculo en este punto y hora. Lo cierto es que responder con las armas a la violencia que los Estados reivindican slo para s, tiene un altsimo precio para todas las partes implicadas en cualquier conflicto, y el que se est contendiendo en Euskal Herria no es una excepcin. Por otra parte, es lo que en Economa se conoce por coste de produccin: la suma de los gastos necesarios para la produccin de los bienes que se pretende conseguir (o recuperar). Pero la frialdad de esta definicin esconde, en este caso, que el sujeto del gasto son personas y que los bienes a lograr son derechos humanos, tanto individuales como colectivos. Esto lo han tenido clarsimo todos los militantes de ETA y todos los regidores de las Espaas y de las Francias desde los aos '60 del siglo pasado.

Socializar el sufrimiento tiene el inconveniente de que tal decisin afecta a la poblacin en general, compuesta en su inmensa mayora por hombres y mujeres que no han asumido libremente tamao coste. Los eufemsticamente denominados efectos colaterales causados por uno u otro bando, desde el mismo momento en que se produce el primero, emplazan la resolucin en un sentido u otro y ponen fecha de caducidad a una dialctica violenta que inquieta y condiciona al grueso de los ciudadanos y ciudadanas, pues todos son conscientes del lmite normal de una esperanza de vida de la que quieren disfrutar. Llegados a este punto, las presiones comienzan a hacer mella.

En este momento, se adivinan en la Izquierda Abertzale diferentes posturas, algunas de las cuales suenan a dj vu. Jugar a la ruleta olvidando que el crupier est a sueldo del casino, es un grave error, como lo es pretender paliar la esencia depredadora del capitalismo ayudando a gestionarlo amablemente. Tampoco parece adecuado revisar la historia reduciendo la importancia capital de miles de personas a las que hay que reconocer, al menos, que sin su voluntariedad, compromiso y sacrificio, hace tiempo que Euskal Herria estara compartiendo puesto con la muy digna Comunidad Autnoma de Murcia en el escalafn de expectativas de liberacin social y de soberana nacional.

Todo depender de la correlacin de fuerzas intestinas, pero la humilde opinin de este vasco emigrante es que hay que devolver la ilusin a nuestra gente, rejoneada, s, pero brava y de casta, que no ha perdido la conciencia de clase y que siempre ha tenido clara su identidad, por encima de dirigentes transentes y falibles. La clave de nuestra cohesin es la consigna Independencia y Socialismo. Son conceptos siameses y no van a llegar por separado. La dignidad de generaciones no admite regateos.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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