Portada :: Otro mundo es posible
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-05-2005

Entrevista a Samir Amin, director del Foro del Tercer Mundo y del Foro Mundial de Alternativas, en el 50 aniversario de la Conferencia de Bandung
Hacia una solidaridad renovada de los pueblos del sur?

Rmy Herrera
Rebelin

Traducido para Rebelin por Juan Vivanco


Rmy Herrera: Hace 50 aos, en 1955, los principales jefes de Estado de los pases de Asia y frica que haban recuperado su independencia poltica se reunan por primera vez en Bandung. Cul era su proyecto comn?

Samir Amin: La experiencia de los poderes nuevos que representaban era muy corta, y an no haba concluido la batalla histrica por la independencia. La primera guerra de Vitenam acababa de terminar y ya se perfilaba en el horizonte la segunda, la guerra de Corea terminaba con el statu quo, la guerra de Argelia estaba en su apogeo, la descolonizacin de frica al sur del Shara ni siquiera se planteaba y el drama palestino todava estaba en su primera poca. Los dirigentes asiticos y africanos reunidos en Bandung eran muy diferentes entre s. Las tendencias polticas e ideolgicas que representaban, su visin de las sociedades que aspiraban a construir o reconstruir, y sus relaciones con Occidente, marcaban esa diferencia. No obstante, haba un proyecto comn que les convocaba y daba sentido a su reunin. Su programa mnimo comn inclua la descolonizacin poltica de Asia y frica. Adems, todos estaban de acuerdo en que la independencia poltica recin recuperada slo era un medio para lograr el fin de la liberacin econmica, social y cultural. Sobre el modo de lograrlo, los asistentes a la reunin de Bandung se dividan en dos bandos: segn la opinin mayoritaria, el desarrollo era posible en virtud de la interdependencia en el seno de la economa mundial; por su parte, los dirigentes comunistas proponan salir del mbito capitalista para formar con la URSS, o bajo su liderazgo un campo socialista mundial. Los dirigentes del Tercer Mundo que no eran partidarios de salirse del sistema, de soltar amarras, tampoco compartan la misma visin estratgica y tctica del desarrollo. Pero todos ellos, en distinto grado, eran conscientes de que una economa y una sociedad desarrollada independientes aunque fuera en la interdependencia global implicaban algn tipo de enfrentamiento con el dominio occidental. La tendencia ms radical era partidaria de poner coto al control de la economa nacional por el capital monopolista extranjero. Adems, para mantener su recin conquistada independencia, se negaba a participar en el engranaje militar mundial y a servir de base para el cerco de los pases socialistas que pretenda imponer el dominio estadounidense. Pero tambin pensaba que negarse a formar parte del bando militar atlantista no implicaba necesariamente colocarse bajo la proteccin de su adversario, la URSS. De ah la neutralidad y no alineacin que dio nombre al grupo de pases y a la organizacin que surgira del espritu de Bandung.

P: Cmo ha evolucionado la no alineacin?

R: De cumbre en cumbre, durante los aos sesenta y setenta, la no alineacin, transformada ya en el Movimiento de Pases No Alineados que inclua a casi todos los pases de Asia y frica, fue perdiendo poco a poco su carcter de frente solidario centrado en las luchas de liberacin y el rechazo de los pactos militares, para transformarse en un sindicato que planteaba reclamaciones econmicas al Norte. Entonces los No Alineados se aliaron con los pases de Amrica Latina que, excepto Cuba, no haban osado oponerse al dominio estadounidense. El Grupo de los 77 (el conjunto del Tercer Mundo) fue la plasmacin de esta nueva y amplia alianza de pases del Sur. La batalla por un nuevo orden econmico mundial presentada en 1975 tras la guerra [rabe-israel] de octubre de 1973 y la revisin de los precios del petrleo, complet esta evolucin y marc su decadencia.

P: Cmo reaccionaron las fuerzas dominantes del capitalismo mundial?

R: Occidente no vio con buenos ojos el espritu de Bandung y la no alineacin, ni en su vertiente poltica ni en la econmica. La verdadera saa con que las potencias occidentales atacaron a los dirigentes radicales del Tercer Mundo de los aos sesenta (Nasser, Sukarno, Nkrumah, Modibo Keita), casi todos derrocados en esa poca entre 1965 y 1968, cuando tambin se produjo la agresin israel de junio de 1967 contra Egipto, Siria y Jordania, demuestra que la visin poltica de los no alineados era inaceptable para ellas. De modo que cuando se desat la crisis econmica global, a partir de 1970-1971, el bando de los no alineados estaba debilitado polticamente. As las cosas, el conflicto entre las fuerzas dominantes del capitalismo mundial y los promotores del proyecto desarrollista de Bandung fue ms o menos intenso segn el modo de entender el estatismo aplicado, bien como sustituto del capitalismo, bien como parte de l. El ala radical del movimiento, que defenda la primera postura, chocaba con los intereses inmediatos del capitalismo dominante, sobre todo por las nacionalizaciones y la exclusin de la propiedad extranjera. El ala moderada, en cambio, procuraba conciliar los intereses enfrentados, lo que aumentaba las posibilidades del ajuste. A escala internacional esta diferencia sola plantearse en los trminos del conflicto Este-Oeste entre el sovietismo y el capitalismo occidental.

P: Cmo puede definirse la ideologa del desarrollo de Bandung?

R: Lo que se ha dado en llamar ideologa del desarrollo hoy sumida en una crisis que puede serle fatal tuvo su poca dorada precisamente entre 1955 y 1975. Aunque la economa poltica del no alineamiento suele ser bastante imprecisa, podemos decir que comparte estos rasgos comunes: 1) un afn de desarrollar las fuerzas productivas, de diversificar las producciones y, sobre todo, de industrializar; 2) la atribucin al Estado nacional de la direccin y el control del proceso; 3) la creencia de que los modelos tcnicos son neutros y basta con aprenderlos y reproducirlos; 4) la creencia de que el proceso no requiere ante todo la iniciativa popular, sino nicamente el respaldo popular a las iniciativas del Estado; 5) la creencia de que el proceso no est en contradiccin radical con el hecho de participar en los intercambios del sistema capitalista mundial, aunque surjan conflictos momentneos con l. Las circunstancias de la expansin del capitalismo en los aos 1955-1970 propiciaron hasta cierto punto el xito de este proyecto.

P: Qu balance puede hacerse de la ideologa del desarrollo?

R: Despus de las cuatro dcadas de desarrollo de posguerra los resultados son tan dispares que nos llevan a replantearnos la expresin comn de Tercer Mundo para designar al conjunto de pases que en este tiempo han aplicado polticas de desarrollo. Hoy se distingue, no sin motivo, entre un Tercer Mundo de industrializacin reciente, parcialmente competitivo los llamados pases emergentes, y un Cuarto Mundo marginado los pases excluidos. Las polticas de desarrollo aplicadas en Asia, frica y Latinoamrica han sido rigurosamente idnticas en lo fundamental, ms all de los distintos planteamientos ideolgicos que las han acompaado. Se trataba, en todos los casos, de sacar adelante un proyecto nacionalista de modernizacin acelerada e industrializacin. Para comprender este denominador comn baste recordar que en 1945 casi todos los pases de Asia, excepto Japn, de frica, incluida Surfrica, y tambin de Latinoamrica (aunque con matices), carecan de una industria digna de este nombre, excepto la extraccin minera aqu y all, tenan una gran mayora de poblacin rural y sus regmenes polticos eran arcaicos (oligarquas latifundistas en Amrica, monarquas bajo protectorado en el Oriente islmico, China, etc.) o coloniales (frica, India y Sureste asitico). Pese a sus grandes diferencias, todos los movimientos de liberacin nacional tenan las mismas metas: la independencia poltica, la modernizacin del Estado y la industrializacin de la economa.

P: Pero todos estos pases aplicaron realmente la misma estrategia de desarrollo?

R: Sera incorrecto decir que no la aplicaron todos cuando estuvieron en condiciones de hacerlo. Pero las variantes son casi tan numerosas como los pases, lo cual, en principio, justificara los intentos que se han hecho de clasificarlos en grupos con arreglo a determinados modelos. Pero los criterios de clasificacin podran responder a unas preferencias ideolgicas, o por lo menos a la idea que tenemos o que se tena en su momento del desarrollo de estas experiencias, de sus posibilidades y limitaciones exteriores e interiores. Por eso, partiendo de un denominador comn, creo que es preferible distanciarse de esas clasificaciones y ver la historia a partir de hoy, volver a interpretarla a la luz de los resultados.

P: La industrializacin era el objetivo principal de las polticas de desarrollo?

R: Industrializar significaba, ante todo, crear un mercado interior y protegerlo de los ataques de la competencia que impedira su formacin. Las frmulas podan variar segn las circunstancias el tamao del mercado interior, los recursos disponibles..., cuando no respondan a unos planteamientos ms o menos tericos o ideolgicos que daban prioridad a la creacin rpida de industrias ligeras de consumo, o a la produccin de bienes que permitiran acelerar dicha creacin, como planteaba la idea de las industrias industrializantes que racionalizaba las tesis soviticas. La meta final era idntica. La tecnologa necesaria para la industrializacin slo poda ser importada, pero eso tampoco implicaba que el capital extranjero fuese propietario de las instalaciones. Dependa de la capacidad de negociacin. En cuanto al capital financiero, cuando no se facilitaba su inversin en el pas, se tomaba prestado. Tambin en este caso la frmula propiedad extranjera privada - financiacin pblica garantizada con el ahorro nacional y la ayuda exterior en donaciones y crditos poda ajustarse al clculo que se hiciera de los medios y los costes. Las importaciones que requeran estos planes de aceleracin del crecimiento slo podan hacerse, al principio, a cambio de las exportaciones tradicionales conocidas, ya fueran productos agrcolas o mineros. Se poda hacer. En una fase de crecimiento general como la de la posguerra, la demanda de toda clase de productos iba en aumento, ya se tratara de energa, materias primas minerales o productos agrcolas especficos. Las condiciones del intercambio variaban, pero no anulaban sistemticamente, con su deterioro, los efectos del crecimiento de los volmenes exportados. Aunque la modernizacin se basaba en la industrializacin, tampoco se reduca a ella. La urbanizacin, las obras de infraestructura, transportes y comunicaciones, la educacin y los servicios sociales estaban dirigidos, en parte, a proporcionar mano de obra cualificada para la industrializacin. Pero tambin tenan sus propios fines, construir un Estado nacional y modernizar los comportamientos, como se aprecia en el discurso del nacionalismo, que entonces era por naturaleza casi transtnico.

P: As que la intervencin del Estado se consideraba absolutamente decisiva para el desarrollo?

R: Desde luego. Entonces no se haca esa contraposicin, hoy tan frecuente, entre la intervencin estatal siempre negativa, contraria en esencia a la supuesta espontaneidad del mercado y el inters privado asociado a las tendencias espontneas del mercado. Ni siquiera se hablaba de ella. Al contrario, todos los gobiernos compartan el criterio de que la intervencin estatal era un elemento fundamental de la creacin de mercado y de la modernizacin. La izquierda radical, con su interpretacin ideolgica tendente al socialismo, asociaba la expansin del estatismo a la eliminacin gradual de la propiedad privada. Pero la derecha nacionalista, sin tener la misma meta, no se quedaba a la zaga en materia de intervencionismo y estatismo. La defensa de los intereses privados, segn ella, requera un estatismo vigoroso. En esa poca nadie habra hecho caso de las majaderas que se oyen en los actuales discursos dominantes.

P: De modo que el desarrollo se conceba siempre como algo opuesto al capitalismo?

R: Hoy en da existe la tentacin de interpretar esta historia como una etapa de expansin del capitalismo mundial, que habra desempeado con ms o menos acierto unas funciones propias de la acumulacin primitiva nacional, creando as las condiciones para la etapa siguiente, en la que nos encontraramos ahora, una etapa caracterizada por la apertura del mercado mundial y la competencia en este terreno. Creo que no debemos ceder a esta tentacin. Las fuerzas dominantes en el capitalismo mundial no crearon espontneamente el (o los) modelo(s) de desarrollo. Fue el desarrollo lo que se impuso, como resultado del movimiento de liberacin nacional del Tercer Mundo de la poca. La interpretacin que propongo destaca la contradiccin entre las tendencias espontneas e inmediatas del sistema capitalista, siempre guiadas por el mero clculo econmico a corto plazo caracterstico de este modo de gestin social, y la visin ms amplia de las fuerzas polticas en ascenso, que por este motivo chocaban con las primeras. No siempre es un conflicto abierto; el capitalismo sabe adaptarse a l, aunque no origina el movimiento.

P: Cul fue el papel de las burguesas nacionales en estos movimientos? Todos los movimientos de liberacin nacional fueron inspirados por burguesas?

R: No. Todos los movimientos de liberacin nacional compartieron esa visin moderna, y por eso mismo capitalista y burguesa. Lo cual no significa de ninguna manera que fueran inspirados y menos an dirigidos por una burguesa, en el sentido cabal de la palabra. Porque apenas exista una burguesa en el momento de las independencias, y treinta aos despus slo existe en estado embrionario, en el mejor de los casos. Lo que s exista, en cambio, era la ideologa de la modernizacin, que daba un sentido a la rebelin de los pueblos contra la colonizacin. Una ideologa portadora de un proyecto que me atrevera a llamar, por extrao que parezca, capitalismo sin capitalistas. Capitalismo, por el concepto que tena de la modernizacin, requisito para que apareciesen las relaciones de produccin y las relaciones sociales esenciales y propias del capitalismo: la relacin salarial, la gestin de la empresa, la urbanizacin, la educacin jerarquizada, el concepto de ciudadana nacional... Otros valores caractersticos del capitalismo evolucionado, como la democracia poltica, brillaban por su ausencia, pero esto se justificaba por la necesidad de un desarrollo inicial y previo. Todos los pases de la regin, radicales y moderados, optaban por la misma frmula del partido nico, de las farsas electorales, del padre fundador de la patria, etc. Sin capitalistas, en la medida en que, a falta de una burguesa de empresarios, el Estado (y sus tecncratas) deba reemplazarla; pero tambin, a veces, por el recelo que inspiraba la aparicin de una burguesa, que dara prioridad a sus intereses inmediatos frente a los de la construccin nacional, ms previsores. En el ala radical del movimiento de liberacin nacional este recelo se traduca en exclusin. Como esta ala radical entenda que su proyecto era la construccin del socialismo, terminaba alinendose con el discurso sovitico. Como su afn principal era alcanzar al mundo occidental desarrollado, el proyecto, por su propia dinmica, acab creando un capitalismo sin capitalistas.

P: Cules eran las tendencias principales de los movimientos de liberacin nacional?

R: Los movimientos de liberacin nacional se repartan entre las tendencias radicales, llamadas socialistas, y las tendencias moderadas. Las causas de una u otra opcin eran complejas, relacionadas con las clases sociales que apoyaban al movimiento (campesinos, mundo urbano popular, clases medias, clases privilegiadas...), y con las tradiciones de su formacin poltica y organizativa (partidos comunistas metropolitanos, sindicatos, Iglesias).

P: Segn el criterio del movimiento de liberacin nacional, es decir, la construccin nacional, cules han sido los resultados?

R: En conjunto los resultados han sido discutibles. En pocas anteriores el desarrollo del capitalismo haba propiciado la integracin nacional, pero en las periferias del sistema la mundializacin, por el contrario, desintegra las sociedades. La ideologa del movimiento nacional desconoca esta contradiccin, pues estaba atrapada en el concepto burgus de superar el retraso histrico y lo entenda como participacin en la divisin internacional del trabajo, en vez de su negacin con la consiguiente desconexin. Los caracteres especficos de las sociedades precoloniales y precapitalistas determinaron que esta desintegracin fuese ms o menos acusada. En frica, donde las fronteras coloniales artificiales no haban respetado la historia anterior de los pueblos, la desintegracin en la periferia capitalista permiti que sobreviviera la etnia, pese a los esfuerzos de la clase dirigente surgida de la liberacin nacional por superar sus manifestaciones. Cuando sobrevino la crisis y se cerr el grifo del excedente que haba servido para sufragar las polticas transtnicas del nuevo Estado, la propia clase dirigente se dividi en bandos que, al perder la legitimidad basada en los logros del desarrollo, buscaron nuevos apoyos y esto les llev a replegarse en el etnicismo.

P: Y segn el criterio (o los criterios) del socialismo, cul es el balance?

R: Segn los criterios del socialismo los resultados son an ms desiguales. Para empezar, en este caso se entiende por socialismo lo que proclamaba la ideologa populista radical. Era una visin progresista que haca hincapi en la movilidad social mxima, la reduccin de las desigualdades en los ingresos, una tendencia al pleno empleo en la zona urbana, algo as como un Estado del bienestar en versin pobre. En este sentido los logros de un pas como Tanzania, por ejemplo, contrastan vivamente con los de Zaire, Costa de Marfil o Kenia, donde las desigualdades ms extremas no han hecho ms que aumentar en los ltimos 40 aos, tanto en los momentos de crecimiento econmico acelerado como despus, con el estancamiento.

P: Y segn el criterio que acepta la lgica de la expansin capitalista, la capacidad de ser competitivo en los mercados mundiales?

R: Segn este criterio la diferencia es mxima entre el grupo de los principales pases de Asia y Latinoamrica, que han llegado a ser exportadores industriales competitivos, y el conjunto de los pases africanos, que siguen anclados en la exportacin de productos primarios. Los primeros forman el nuevo Tercer Mundo la futura periferia en mi anlisis y los segundos lo que se denomina ya Cuarto Mundo, destinado a quedar marginado en la nueva etapa de la mundializacin capitalista. Por lo tanto, el abanico de los progresos realizados por los nacionalismos populistas de Bandung y sus equivalentes latinoamericanos es muy amplio. Un hecho de esta magnitud no se puede abordar sin estudiar la influencia concreta de los factores internos y externos en cada pas, unas veces para acelerar el desarrollo y otras para frenarlo.

P: Sigue habiendo una solidaridad entre los pueblos del Sur?

R: En este momento la solidaridad entre los pases del Sur, que se haba expresado con fuerza en Bandung (1955) y Cancn (1981), tanto en el aspecto poltico, con la no alineacin, como en el econmico con las posiciones comunes de los 77 en las instancias de la ONU, especialmente en la CNUCED [Conferencia de las Naciones Unidas sobre el comercio y el desarrollo], ya no existe. Las tres instituciones internacionales que trabajan por la integracin de los pases del Sur (la OMC, el Banco Mundial y el FMI) seguramente tienen mucha responsabilidad en el debilitamiento de los 77, la extinta Tricontinental y el Movimiento de No Alineados, aunque este ltimo est dando seales de un posible renacer. Otra de las causas de esta evolucin es el aumento de las desigualdades en el Grupo de los 77: en un extremo tenemos unos pases en claro proceso de industrializacin que han optado por operar en el mercado mundial compitiendo con los pases de la trada (Estados Unidos, Europa y Japn) y los dems pases del Sur pertenecientes a su grupo, y en el otro los pases que ahora se llaman del Cuarto Mundo.

P: De modo que los pases del Sur ya no tienen unos intereses comunes que defender entre todos?

R: Eso es cierto para quienes slo ven las cosas a corto plazo y las ventajas inmediatas que unos y otros pueden obtener (supuestamente) de la mundializacin liberal. Pero no lo es a largo plazo, ya que el capitalismo real no tiene mucho que ofrecer, ni a las clases populares del Sur, ni tampoco a las naciones, pues no permite que se recuperen, es decir, que se siten como socios en las mismas condiciones que los centros (la trada) en la conformacin del sistema mundial. Y una vez ms lo poltico lleva la delantera, ya que est resurgiendo la conciencia de que es necesaria una solidaridad entre los pases del Sur. La arrogancia de Estados Unidos, con su designio de control militar del planeta mediante una sucesin interminable de guerras planeadas y decididas unilateralmente por Washington, ha provocado una fuerte reaccin en la reciente cumbre de los No Alineados celebrada en Kuala Lumpur en febrero de 2003.

P: La cumbre de Kuala Lumpur ha pillado a muchos por sorpresa, pero puede interpretarse con el verdadero renacimiento de un frente del Sur?

R: Puede que la ltima cumbre de No Alineados de Kuala Lumpur pillara por sorpresa a algunas cancilleras adormecidas que estaban convencidas de la insignificancia del Sur en la nueva mundializacin liberal. Ya no pareca que los pases del Sur, sometidos a planes devastadores de reajustes estructurales, debilitados por la sangra de la deuda externa y gobernados por burguesas compradoras, fueran capaces de cuestionar el orden capitalista internacional como lo hicieron en 1955 y 1981. Para sorpresa de todos los No Alineados condenan la estrategia imperialista de Washington, su afn desmedido y criminal de control militar del planeta mediante guerras made in USA. Los pases del Sur son conscientes de que la mundializacin neoliberal no tiene nada que ofrecerles y, por ese motivo, tiene que recurrir a la violencia militar para imponerse, conforme a los planes estadounidenses. El Movimiento, tal como se haba sugerido, ahora es de No Alineados con la mundializacin liberal y la hegemona de Estados Unidos. El derrumbe del socialismo sovitico, la senda emprendida por China y la evolucin de los regmenes populistas del Tercer Mundo haban hecho creer que ya no haba alternativa. Slo quedaba adaptarse a las exigencias del neoliberalismo mundializado, participar en el juego y tratar de sacar algn provecho. En pocos aos la experiencia ha demostrado la falsedad de la ingenua esperanza depositada en esta opcin supuestamente realista.

P: Cules seran las lneas maestras de una gran alianza que recuperase la solidaridad entre los pueblos y pases del Sur?

R: Tanto las posiciones de algunos pases del Sur como las ideas que van abrindose camino trazan esas lneas maestras de una posible reedicin del frente del Sur. Son posiciones que conciernen tanto al mbito poltico como al de la gestin econmica de la mundializacin. En lo poltico condenan la nueva doctrina estadounidense de la guerra preventiva y exigen la evacuacin de las bases militares extranjeras en Asia, frica y Latinoamrica. El espacio de las intervenciones militares de Washington, interrumpidas desde 1990, comprende el Oriente Prximo rabe (Irak y Palestina, esta ltima mediante el respaldo incondicional a Israel), los Balcanes (Yugoslavia, nuevas bases estadounidenses en Hungra, Rumania y Bulgaria), Asia Central y el Cucaso (Afganistn y las antiguas repblicas soviticas de la zona). Los objetivos de Estados Unidos son: 1) apoderarse de las regiones petroleras ms importantes del planeta y as poder presionar a Europa y Japn para reducirlos a la condicin de aliados subalternos; 2) instalar bases militares permanentes en el corazn del Viejo Mundo (Asia Central, a la misma distancia de Pars, Johannesburg, Mosc, Beijing y Singapur) que les permitan desencadenar otras guerras preventivas dirigidas, en primer lugar, contra los grandes pases que amenazan con imponerse como socios con los que hay que negociar: ante todo China, pero tambin Rusia y la India. Para lograrlo necesita instalar en los pases de la zona gobiernos tteres impuestos por las fuerzas armadas estadounidenses. Tanto Beijing como Delhi y Mosc cada vez tienen ms claro que las guerras made in USA en realidad van dirigidas contra China, Rusia y la India, y no tanto contra sus vctimas inmediatas, como Irak.

P: Entonces, la negativa de Bandung a las bases militares estadounidenses en Asia y frica vuelve a estar a la orden del da?

R: Desde luego. Aunque en las circunstancias actuales los No Alineados han aceptado guardar silencio sobre los protectorados estadounidenses del Golfo. La postura al respecto de los No Alineados ha sido semejante a la que han defendido Francia y Alemania en el Consejo de Seguridad, lo que ha acentuado el aislamiento diplomtico del agresor. A su vez, la cumbre francoafricana ha dado contenido a la alianza que se est perfilando entre Europa y el Sur. Porque la cumbre, con presencia de los pases anglfonos del continente, ya no era slo de Francfrica.

P: Y en el mbito econmico, cules seran las lneas maestras de una alternativa?

R: En el mbito de la gestin econmica del sistema mundial tambin se estn trazando las lneas maestras de una alternativa que el Sur podra defender colectivamente, porque en este caso los intereses de todos los pases que lo conforman son convergentes. Vuelve a hablarse de la necesidad de controlar las transferencias internacionales de capital. La apertura de cuentas capital, impuestas por el FMI como un dogma nuevo del liberalismo, tiene un solo fin: facilitar la transferencia masiva de capitales a Estados Unidos para enjugar el creciente dficit estadounidense (resultado, a su vez, de las deficiencias de su economa y su estrategia de control militar del planeta). Los pases del Sur no obtienen ningn provecho de esta hemorragia de sus capitales ni de las posibles devastaciones causadas por las incursiones especulativas. Para empezar, habra que revisar la sumisin a las incertidumbres del cambio flexible, consecuencia lgica de la apertura de cuentas capital. En su lugar, la creacin de sistemas regionales para garantizar una estabilidad relativa de los cambios merecera que los No Alineados y los 77 le dedicasen estudios detallados y debates sistemticos. A fin de cuentas, durante la crisis financiera asitica de 1997, Malasia decidi restablecer el control de cambios y gan la batalla. El mismsimo FMI tuvo que reconocerlo.

P: Tambin vuelve a hablarse de regular las inversiones extranjeras?

R: Hoy en da los pases del Tercer Mundo ya no se plantean, como hicieron algunos en el pasado, cerrar sus puertas a todas las inversiones extranjeras. Al contrario, hay demanda de inversiones directas. Pero el modo de acogerlas vuelve a suscitar reflexiones crticas a las que no son indiferentes algunos gobiernos del Tercer Mundo. Estrechamente relacionado con esta regulacin, tambin se discute el concepto de derechos de propiedad intelectual e industrial que quiere imponer la OMC. Se ha comprendido que este concepto, lejos de propiciar una competencia transparente en unos mercados abiertos, va dirigido a reforzar los monopolios de las transnacionales.

P: Y qu ocurre, en concreto, con la agricultura, tan importante para los pases del Sur?

R: En este mbito, son muchos los pases del Sur que han comprendido hasta qu punto es imprescindible una poltica nacional de desarrollo agrcola que, adems de asegurar la alimentacin de la nacin, tenga en cuenta la necesidad de proteger al campesinado frente a las consecuencias devastadoras de la nueva competencia promovida por la OMC, que le llevara a una disgregacin acelerada. Con la apertura de los mercados de productos agrcolas, Estados Unidos, Europa y unos pocos pases del Sur (los del Cono Sur americano) pueden exportar sus excedentes al Tercer Mundo; esto supone una amenaza para la seguridad alimentaria nacional, y sin contrapartida, pues las producciones de los campesinados del Tercer Mundo tropiezan con dificultades insuperables en los mercados del Norte. Pero la maniobra liberal, que desintegra estos campesinados y acelera la emigracin del campo a los suburbios, provoca la reaparicin de luchas campesinas que alarman a los gobiernos del Sur. Cuando se aborda la cuestin agrcola, sobre todo en el marco de la OMC, suele ser para hablar de las subvenciones que conceden Europa y Estados Unidos tanto a los productos de sus agricultores como a sus exportaciones agrcolas. Esta fijacin con el comercio mundial de productos agrcolas deja de lado los grandes problemas que acabo de mencionar. Adems da pie a curiosas ambigedades, dado que los pases del Sur acaban defendiendo posturas an ms liberales que las adoptadas, de hecho, por los gobiernos del Norte, con el beneplcito del Banco Mundial pero desde cundo el Banco Mundial ha defendido los intereses del Sur frente al Norte?. No hay nada que impida desligar las subvenciones de los gobiernos a sus agricultores al fin y al cabo, si defendemos el principio de la redistribucin de la renta en nuestros pases, los del Norte  tambin tienen ese derecho de aquellas cuyo fin es fomentar el dumping de las exportaciones agrcolas del Norte.

P: Otro asunto fundamental, la deuda externa. Es econmicamente insostenible?

R: No slo se considera econmicamente insostenible, sino que adems se empieza a cuestionar su legitimidad. Va cobrando fuerza el rechazo unilateral a las deudas odiosas e ilegtimas y la reclamacin de un derecho internacional de la deuda digno de este nombre, que hoy por hoy no existe. Si se hiciera una auditora general de las deudas externas apareceran muchas ilegtimas, odiosas o incluso indecentes. Pues bien, slo los intereses que se pagan por ellas ascienden a cantidades tan elevadas que la exigencia de su reembolso jurdicamente fundada cancelara de hecho la deuda y revelara que esta operacin es una forma burda de saqueo. Las deudas externas deberan sujetarse a una legislacin normal y civilizada, lo mismo que las internas. Esta idea podra abrirse camino en el marco de una campaa que promueva el derecho internacional y fortalezca la legitimidad. Como es sabido, cuando el derecho calla se impone la ley del ms fuerte. Por eso se consideran legtimas unas deudas internacionales que, si fuesen internas (si el acreedor y el deudor perteneciesen a la misma nacin y estuviesen sometidos a su justicia) sentaran al acreedor y al deudor en el banquillo por asociacin de malhechores.

P: En vista de las perspectivas internacionales que acabamos de analizar, es posible un nuevo Bandung?

R: Las estructuras fundamentales del sistema mundial actual difieren demasiado de las que haba al trmino de la segunda guerra mundial para que podamos pensar en una reedicin de Bandung. Los No Alineados se situaban en un mundo bipolar, con un equilibrio militar que impeda la intervencin brutal de los pases imperialistas en sus asuntos. Por otro lado, la bipolaridad juntaba a los socios de los centros capitalistas (Estados Unidos, Europa Occidental y Japn) en un bando unificado. De modo que el conflicto poltico y econmico por la liberacin y el desarrollo enfrentaba a Asia y frica con un bando imperialista unificado. Los conceptos de desarrollo autocentrado y desconexin, y las polticas inspiradas en ellos, respondan a ese reto en esas condiciones. El mundo de hoy es unipolar. Al mismo tiempo parece que estn surgiendo diferencias entre Estados Unidos y algunos pases europeos sobre la gestin del sistema mundializado, que en conjunto ha abrazado los principios del liberalismo, por lo menos en principio. Es preciso saber si estas diferencias son circunstanciales y de alcance limitado o presagian cambios duraderos. Las hiptesis en que se basan las propuestas estratgicas para uno u otro caso deben explicitarse, para facilitar la discusin de su posible validez.

P: Usted afirma que el imperialismo se ha convertido en un imperialismo colectivo, el de la trada?

R: S. Durante las fases anteriores de la mundializacin capitalista, los centros siempre se conjugaban en plural. Entre ellos haba una competencia constante y violenta, de modo que el conflicto de los imperialismos ocupaba un lugar central en la escena histrica. La vuelta al liberalismo mundializado a partir de los aos ochenta nos obliga a replantearnos la cuestin del centro del sistema y su estructura. Porque los Estados de la trada central forman un bloque aparentemente slido, por lo menos en la gestin de la mundializacin econmica liberal. La cuestin, ineludible, es saber si esta situacin responde a un cambio cualitativo duradero (el centro ya no se conjuga en plural y se ha vuelto definitivamente colectivo) o slo es circunstancial. Se podra atribuir esta evolucin a cambios en las condiciones de la competencia. Hace unas dcadas las grandes compaas solan reir sus batallas en los mercados nacionales, ya fuera el de Estados Unidos el mayor mercado nacional del mundo o incluso los de los Estados europeos, a pesar de su modesto tamao que los situaba en desventaja frente a Estados Unidos. Los vencedores de los partidos nacionales alcanzaban una buena posicin en el mercado mundial. Hoy en da el tamao del mercado que se necesita para ganar en las primeras series del torneo ronda los 500 o 600 millones de consumidores potenciales. De modo que la batalla se debe entablar de entrada en el mercado mundial, y ganar en ese terreno. Los que ganan en ese mercado son los que se imponen, por aadidura, en sus mercados nacionales. La mundializacin avanzada es el primer mbito de la actividad de las grandes empresas. Dicho de otro modo: en el par nacional-mundial, los trminos de la causalidad estn invertidos. Antes era el podero nacional lo que determinaba la presencia mundial, ahora es al revs. Por eso las compaas transnacionales, cualquiera que sea su nacionalidad, tienen intereses comunes en la gestin del mercado mundial. Dichos intereses se superponen a los conflictos permanentes y mercantiles que definen todas las formas de competencia propias del capitalismo, del tipo que sean.

P: En este sistema del imperialismo colectivo, disfruta realmente Estados Unidos de ventajas econmicas decisivas?

R: No. Existe la creencia generalizada de que el podero militar estadounidense slo es la punta del iceberg, que implica una superioridad de este pas en todos los mbitos, sobre todo econmicos, y tambin polticos y culturales. Por lo tanto sera intil resistirse a su hegemona. En realidad el sistema productivo de Estados Unidos dista mucho de ser un dechado de eficacia. Al contrario, en un mercado verdaderamente abierto, tal como lo imaginan los economistas liberales, casi ninguno de sus segmentos tendra asegurado el predominio. Prueba de ello es el dficit comercial estadounidense, que se agrava de ao en ao y ha pasado de 100.000 millones de dlares en 1989 a 450.000 millones de dlares en 2000. Un dficit que adems afecta a casi todos los segmentos del sistema productivo. Incluso el excedente de Estados Unidos en bienes de alta tecnologa, que en 1990 era de 35.000 millones, se ha convertido en dficit. La competencia entre Ariane y los cohetes de la NASA o entre Airbus y Boeing pone de manifiesto la vulnerabilidad de la ventaja estadounidense. Frente a Europa y Japn en productos de alta tecnologa, frente a China, Corea y otros pases industrializados de Asia y Latinoamrica en productos manufacturados corrientes, y frente a Europa y el Cono Sur americano en agricultura, Estados Unidos probablemente saldra perdiendo si no dispusiera de recursos extraeconmicos que vulneran los principios del liberalismo impuestos a sus competidores! En realidad Estados Unidos slo aventaja realmente a los dems en el sector de los armamentos, precisamente porque este sector no se somete a las reglas del mercado y recibe subvenciones del Estado. No cabe duda de que esta ventaja tiene sus repercusiones en el sector civil la internet es el ejemplo ms conocido, pero tambin genera distorsiones importantes, que son inconvenientes para muchos sectores productivos.

P: Quiere decir que la economa estadounidense parasita a sus socios en el sistema mundial?

R: Desde luego. El 10% del consumo industrial estadounidense depende de bienes cuya importacin no es compensada por las exportaciones de productos nacionales. El mundo produce, Estados Unidos con un ahorro nacional prcticamente nulo consume. La ventaja de Estados Unidos es la de un depredador que enjuga su dficit con la aportacin de los dems, consentida o forzosa. Para compensar sus deficiencias Washington recurre a varios medios, como la vulneracin unilateral de los principios del liberalismo, la exportacin de armamento o la obtencin de fabulosas rentas petroleras, lo que implica someter a los productores, verdadero motivo de las guerras de Asia Central e Irak. El dficit estadounidense se enjuga principalmente con capitales procedentes de Europa, Japn y el Sur (pases petroleros ricos y clases compradoras de todos los pases del Tercer Mundo, incluidos los ms pobres), a lo que hay que sumar la sangra del servicio de la deuda impuesta a casi todos los pases de la periferia mundial. La solidaridad de los segmentos dominantes del capital transnacional de todos los socios de la trada es real, y se expresa con su adhesin al neoliberalismo globalizado. Para ellos Estados Unidos es el defensor (militar, si hace falta) de sus intereses comunes. Pero Estados Unidos, lejos de compartir equitativamente los beneficios de su liderazgo, pretende avasallar a sus aliados subalternos de la trada y slo est dispuesto a hacerles algunas concesiones secundarias.

P: Estos conflictos de intereses en el capital dominante podran agravarse hasta provocar la ruptura de la alianza atlntica?

R: No es imposible, pero es poco probable. Mi hiptesis es que el proyecto de control militar del planeta est pensado para compensar las deficiencias de la economa estadounidense. Es una amenaza para los pueblos del Tercer Mundo. La hiptesis se deduce de lo que he dicho antes. La opcin estratgica de Washington de aprovechar su aplastante superioridad militar y recurrir a las guerras preventivas decididas y planeadas por l solo, lo que pretende es frustrar cualquier aspiracin de una gran nacin (como China, India, Rusia o Brasil), o una coalicin regional en el Tercer Mundo, de convertirse en un socio con el que haya que contar para conformar el sistema mundial.

P: Pero la opcin estadounidense de militarizar la mundializacin, no choca con los intereses de Europa y Japn?

R: Estados Unidos recurre a su superioridad militar para apoderarse de todos los recursos decisivos del planeta, sobre todo del petrleo, y as poder avasallar a sus socios europeos y japoneses. Las guerras estadounidenses del petrleo son guerras antieuropeas. La nica salida parcial que tiene Europa (y Japn) es arrimarse a Rusia, que puede suministrar parte del petrleo y algunas materias primas esenciales.

P: Es por eso por lo que piensa que Europa debe librarse del virus liberal?

R: Desde luego, Europa debe y puede librarse del virus liberal. Pero esta iniciativa no puede partir de los segmentos del capital dominante, sino de los pueblos. Los segmentos dominantes del capital, cuyos intereses defienden con prioridad exclusiva los gobiernos europeos, son partidarios, cmo no, del neoliberalismo mundializado, y estn dispuestos a pagar el precio de la sumisin al lder norteamericano. Los pueblos de Europa tienen una visin distinta, tanto del proyecto europeo, que debera ser social, como de sus relaciones con el resto del mundo, que deberan regirse por el derecho y la justicia, lo que les ha llevado a condenar, por mayora aplastante, la aberracin estadounidense. Si llega a prevalecer esta cultura poltica humanista y democrtica de la vieja Europa, y es posible, el acercamiento autntico entre Europa, Rusia, China, toda Asia y toda frica ser el cimiento de un mundo pluricntrico, democrtico y pacfico.

P: Entonces la contradiccin principal entre Europa y Estados Unidos no es la que enfrenta, aqu y all, los intereses del capital dominante, sino que se sita en el terreno de las culturas polticas?

R: En efecto, el conflicto prometedor se sita en ese terreno, el de las culturas polticas. En Europa sigue siendo posible una alternativa de izquierdas. Una alternativa que llevara a romper con el neoliberalismo (renunciando a la vana esperanza de domear a Estados Unidos para que el capital europeo pueda presentar batalla en el terreno sin minar de la competencia econmica) y a apartarse de las estrategias polticas estadounidenses. Los excedentes de capital que Europa se limita hoy a invertir en Estados Unidos podran emplearse para una reactivacin econmica y social, que de lo contrario seguir siendo imposible. En cuanto Europa diera prioridad, de este modo, a su desarrollo econmico y social, la salud artificial de Estados Unidos se quebrara y la clase dirigente estadounidense tendra que lidiar con sus propios problemas sociales. Ese es el sentido que doy a mi sentencia: Europa ser de izquierdas o no ser.

P: Cmo vamos a conseguir esa Europa de izquierdas?

R: Para conseguirla es preciso que los europeos se quiten de la cabeza que todos pueden jugar honradamente la carta del liberalismo, y que entonces todo ira mejor. Estados Unidos no puede renunciar a fomentar una prctica asimtrica del liberalismo porque, como dije antes, es la nica manera de compensar sus deficiencias. El precio de la prosperidad estadounidense es el estancamiento de los dems. Lo cual nos lleva a la cuestin europea. Y a la importancia de discutir en profundidad sobre lo que yo llamo las arenas movedizas del proyecto europeo. Las culturas polticas europeas son diversas, aunque en cierta medida contrastan con la de Estados Unidos. En Europa hay fuerzas polticas, sociales e ideolgicas que defienden, a menudo con lucidez, la idea de otra Europa, social y amistosa en sus relaciones con el Sur. Pero tambin est Gran Bretaa, que desde 1945 ha optado por alinearse incondicionalmente con Estados Unidos. Y las clases dirigentes de Europa del Este, acostumbradas a la cultura de la servidumbre, arrodilladas ayer ante Hitler, luego ante Stalin y hoy ante Bush. Y los populismos de derechas, como los nostlgicos del franquismo en Espaa y del fascismo en Italia, que son pronorteamericanos. Lo importante es saber si el conflicto entre estas culturas sembrar la divisin en Europa, se mantendr la alineacin con Washington o vencern las culturas humanistas y democrticas avanzadas.

P: Volviendo al Sur, cmo se puede reconstruir un amplio frente antiimperialista de los pases del Sur?

R: La reconstruccin de un frente slido del Sur requiere la participacin de sus pueblos. Los regmenes polticos de muchos pases del Sur no son democrticos, es lo menos que se puede decir, y a veces son francamente odiosos. Estas estructuras autoritarias de poder favorecen a los sectores compradores, cuyos intereses estn vinculados a la expansin del capitalismo imperialista global. La alternativa la construccin de un frente de los pueblos del Sur pasa por la democratizacin. Es un camino difcil y largo. Pero desde luego no pasa por la formacin de gobiernos tteres que entreguen las riquezas de su pas a las transnacionales estadounidenses, unos gobiernos instalados por el invasor estadounidense, an ms frgiles e ilegtimos que sus predecesores. La meta de Estados Unidos no es promover la democracia en el mundo, a pesar de sus declaraciones hipcritas.

P: Es posible un nuevo internacionalismo de los pueblos europeos, asiticos, africanos y latinoamericanos?

R: Claro que s. Hay condiciones para un acercamiento, por lo menos, de todos los pueblos del Viejo Mundo. Se concretara en el mbito de la diplomacia internacional con la formacin de un eje Pars-Berln-Mosc-Beijing, y se reforzara con las relaciones amistosas entre dicho eje y el frente afroasitico reconstruido. Cualquier avance en este sentido anulara la ambicin desmesurada y criminal de Estados Unidos, que se vera obligado a aceptar la coexistencia con unas naciones decididas a defender sus propios intereses. En este momento se trata de un objetivo absolutamente prioritario. La ejecucin de los planes estadounidenses condiciona todas las luchas: no podr haber ningn progreso social y democrtico duradero mientras no se frustren esos planes.

P: Tiene cabida la discusin sobre la diversidad cultural en el marco de esta nueva perspectiva internacional?

R: La diversidad cultural es un hecho, pero un hecho complejo y ambiguo. Las diversidades heredadas del pasado, por legtimas que sean, no tienen por qu formar una diversidad futura que no slo es admisible, sino tambin deseable. Invocar nicamente las diversidades heredadas del pasado (islam poltico, hindutva [hinduinidad], confucianismo, negritud, etnicismos chovinistas, etc.) suele ser un ejercicio demaggico de los poderes autocrticos y compradores que les permite conjurar el desafo de la universalidad cultural y, al mismo tiempo, someterse a los dictados del capital transnacional dominante. Adems, la insistencia excluyente en estas herencias divide al Tercer Mundo, pues enfrenta al islam poltico con la hindutva en Asia, a los musulmanes, los cristianos y los practicantes de otras religiones en frica... El modo de superar estas divisiones, avivadas por el imperialismo estadounidense, es volver a fundar un frente poltico unido del Sur. Es necesario un debate sobre lo que son y pueden ser los valores universales que sirvan de gua para la construccin del futuro, y sobre la promocin de conceptos autnticamente universales, enriquecidos con la aportacin de todos; pero debe evitarse la interpretacin occidentalocntrica y restrictiva de dichos valores, que justifica el desarrollo desigual, producto inmanente de la expansin capitalista mundializada de ayer y hoy.

P: Cmo puede librarse el Sur de las ilusiones liberales y buscar formas nuevas de desarrollo autocentrado?

R: Todava hay gobiernos del Sur que pelean por un neoliberalismo autntico, por un juego limpio con reglas aceptadas por todos los socios, tanto del Norte como del Sur. Tarde o temprano los pases del Sur comprobarn que esa esperanza es totalmente ilusoria. Entonces tendrn que admitir que todo desarrollo es necesariamente autocentrado. Desarrollarse es, ante todo, definir unos objetivos nacionales para modernizar los sistemas productivos y crear las condiciones internas que los pongan al servicio del progreso social; luego, someter las relaciones de la nacin con los centros capitalistas desarrollados a las exigencias de esta poltica. Esta definicin de la desconexin la ma, que no es la autarqua sita el concepto en el polo opuesto del principio liberal de ajuste estructural a las exigencias de la mundializacin, que la somete a los dictados exclusivos del capital transnacional dominante y profundiza las desigualdades a escala mundial.

P: Es decir, que para los pases del Sur la opcin del desarrollo autocentrado es ineludible.

R: El desarrollo autocentrado en ingls self-reliant ha sido histricamente el carcter especfico del proceso de acumulacin de capital en los centros capitalistas y ha determinado sus formas de desarrollo econmico, que se rige principalmente por la dinmica de las relaciones sociales internas, reforzada con relaciones externas puestas a su servicio. En las periferias, por el contrario, el proceso de acumulacin de capital deriva sobre todo de la evolucin de los centros, se incorpora a ella y de alguna manera es dependiente. El desarrollo autocentrado implica, por lo tanto, el dominio de las cinco condiciones esenciales de la acumulacin: 1) el dominio local de la reproduccin de la fuerza de trabajo, lo que supone, en una primera fase, que la poltica de Estado asegure un desarrollo agrcola capaz de producir excedentes alimentarios en cantidad suficiente y a precios compatibles con las exigencias de rentabilidad del capital, y en una segunda fase que la produccin masiva de bienes salariales siga el ritmo de la expansin del capital y la expansin de la masa salarial; 2) el dominio local de la centralizacin del excedente, lo que supone no slo la existencia formal de entidades financieras nacionales, sino tambin que estas sean relativamente autnomas de los flujos del capital transnacional, para garantizar la capacidad nacional de orientar su inversin; 3) el dominio local del mercado, ampliamente reservado a la produccin nacional, incluso cuando no existan fuertes protecciones tarifarias o de otro tipo, y la capacidad complementaria de ser competitivo en el mercado mundial, por lo menos selectivamente; 4) el dominio local de los recursos naturales, que supone, ms all de su propiedad formal, la capacidad del Estado nacional de explotarlos o reservarlos en este sentido, los pases petroleros, que de hecho no tienen libertad para cerrar el grifo en el caso de que prefieran guardar el petrleo en su subsuelo en vez de poseer unos haberes financieros fciles de expropiar, carecen de este dominio; y por ltimo 5) el dominio local de las tecnologas, inventadas en el pas o, si son importadas, que puedan reproducirse rpidamente sin tener que importar siempre los insumos esenciales (equipamientos, conocimientos, etc.).

P: Entonces el debate sobre el desarrollo autocentrado supera al que contrapone las estrategias de sustitucin de importaciones a las estrategias orientadas a la exportacin?

R: S. El concepto de desarrollo autocentrado, que se podra contraponer al concepto antinmico de desarrollo dependiente producido por el ajuste unilateral a las tendencias dominantes que acompaan a la expansin mundial del capitalismo, no puede reducirse a la antinomia estrategias de sustitucin de importaciones / estrategias orientadas a la exportacin. Estos dos conceptos son propios de la economa vulgar, desconocedora de que las estrategias econmicas siempre son obra de bloques sociales hegemnicos, a travs de los cuales se expresan los intereses dominantes de la sociedad. Despus de todo, incluso en el marco de la economa vulgar, todas las estrategias aplicadas en el mundo real combinan la sustitucin de importaciones y la orientacin exportadora en proporcin variable, segn las necesidades del momento. La dinmica del modelo de desarrollo autocentrado se basa en una articulacin fundamental: una articulacin que relaciona estrechamente el crecimiento de la produccin de bienes de produccin con la produccin de bienes de consumo masivo. Las economas autocentradas no estn cerradas, al contrario, estn agresivamente abiertas, puesto que conforman el sistema mundial con su potencial exportador. A esta articulacin le corresponde una relacin social cuyos trminos principales son los dos bloques fundamentales del sistema: la burguesa nacional y el mundo del trabajo. La dinmica del capitalismo perifrico la antinomia del capitalismo central autocentrado por definicin se basa, por el contrario, en otra articulacin fundamental, que relaciona la capacidad de exportacin con el consumo (importado o producido localmente con sustitucin de importaciones) de una minora. Este modelo define la naturaleza compradora por contraste con la nacional de las burguesas de la periferia.

P: Pero no es necesaria tambin una revisin crtica de los intentos histricos de desarrollo autocentrado, populares o socialistas?

R: En los ltimos tres cuartos de siglo prcticamente todas las grandes revoluciones populares contra el capitalismo real se han planteado la cuestin del desarrollo autocentrado y la desconexin. Lo hicieron tanto las revoluciones socialistas china y rusa como los movimientos de liberacin de los pueblos del Tercer Mundo. Dicho esto, hace falta una revisin crtica permanente de las respuestas histricas que se han dado a esta cuestin, relacionndolas con las que se han dado a todos los dems aspectos de la problemtica del desarrollo de las fuerzas productivas, de la liberacin nacional, del progreso social, de la democratizacin de la sociedad... para aprender de sus xitos y fracasos. Al mismo tiempo, dado que el capitalismo se transforma, evoluciona y se adapta constantemente al desafo de las rebeliones populares, tambin las condiciones y los trminos en que se plantean estas cuestiones evolucionan constantemente. El desarrollo autocentrado y la desconexin no deben reducirse nunca a frmulas acabadas, vlidas para todas las situaciones y todos los momentos de la evolucin histrica. Estos conceptos deben replantearse de acuerdo con las lecciones de la historia y de la evolucin de la mundializacin capitalista. La poderosa oleada de liberacin nacional que barri el Tercer Mundo en la posguerra mundial se sald con la formacin de nuevos poderes estatales, apoyados fundamentalmente en las burguesas nacionales, que haban controlado, en mayor o menor medida, los movimientos de liberacin nacional. Estas burguesas discurrieron proyectos de desarrollo una autntica ideologa del desarrollo, como se ha dado en llamar concebidos como estrategias de modernizacin, para asegurar la independencia en la interdependencia mundial. No se planteaban, pues, una verdadera desconexin, sino una adaptacin activa al sistema mundial, opcin que, entre otras, revela la naturaleza burguesa nacional de los proyectos mencionados. La historia acabara revelando el carcter utpico del proyecto que, tras un aparente xito inicial entre 1955 y 1975, se agot y condujo a una regresin compradora de las economas y sociedades de la periferia, impuesta con polticas llamadas de apertura, privatizacin y ajuste estructural unilateral dictadas por la mundializacin capitalista. En cambio las experiencias del llamado socialismo real en la URSS y China se haban desconectado realmente, en el sentido que damos al principio de la desconexin, creando un sistema de criterios econmicos independiente del que impona la lgica de la expansin capitalista mundial. Esta opcin, como otras que la acompaaban, revela las intenciones autnticamente socialistas de las fuerzas polticas y sociales que hicieron las revoluciones. Pero ante el dilema de alcanzar a cualquier precio a los centros capitalistas, con un desarrollo de las fuerzas productivas que requera sistemas de organizacin similares a los creados por dichos centros, o construir otra sociedad (socialista), las sociedades sovitica y china se inclinaron cada vez ms por la primera opcin y acabaron vaciando de contenido la segunda.

P: Se form una nueva burguesa?

R: En efecto, esta evolucin, resultado de la propia dinmica social, estuvo acompaada de la formacin progresiva de una nueva burguesa. La historia ha revelado el carcter utpico de este proyecto que pretenda ser socialista pero en realidad era de construccin de un capitalismo (de Estado) sin capitalistas. La nueva burguesa aspiraba a ocupar una posicin normal, como la que tiene en el mundo capitalista. Al mismo tiempo, como es lgico, la nueva burguesa puso un plazo a la desconexin. Pero el problema del retraso histrico de estos pases no se solucion, al contrario, la restauracin de un capitalismo normal integrado en el sistema mundial volvi a arrojar a la periferia a estas sociedades. El deterioro y el fracaso de los proyectos desarrollistas en los pases del Tercer Mundo y del mbito sovitico (el llamado socialismo real), unido a una extensin de la mundializacin capitalista en los centros dominantes de Occidente, dieron pie a un discurso unilateral dominante que impona como nica alternativa sumarse a la mundializacin capitalista. Se trata de una utopa reaccionaria, pues la sumisin a los dictados de la expansin del mercado mundial no permite superar la mundializacin y su polarizacin. El desarrollo autocentrado y la desconexin siguen siendo la respuesta ineludible a los retos de la nueva etapa de mundializacin capitalista.

P: De modo que la nueva etapa de expansin capitalista, por sus caractersticas, no elimina la necesidad de opciones autocentradas y desconectadas. Pero la inmensa mayora de las clases dirigentes del mundo asumen el proyecto de globalizacin neoliberal: no significa esto que ya no existe un capital nacional ni, por lo tanto, burguesas nacionales, y que la dimensin dominante del capital, la ms dinmica, es ya transnacional, est globalizada?

R: Esa tesis, presentada con gran profusin de escritos, es muy discutible. Aunque as fuera, el capital transnacional seguira estando controlado por la trada, que no deja entrar a los pases del Este y el Sur en su club exclusivo. Estaramos en presencia de meras burguesas compradoras, es decir, correas de transmisin del dominio del capital transnacional de la trada. Es precisamente lo que vemos hoy en muchos pases, por no decir en todos. Pero debo insistir: denota una transformacin duradera? De ser as, el mundo nuevo no sera ms que una etapa nueva de una expansin imperialista vieja y por tanto mucho ms polarizadora de lo que ha sido en etapas anteriores. Sera esto aceptable y aceptado, no slo por las clases dominadas, vctimas de un empobrecimiento masivo y agravado, sino por algunos sectores, al menos, de las clases dirigentes o las fuerzas sociales y polticas que aspiran a serlo? Hemos entrado en una fase nueva de la mundializacin capitalista, y la polarizacin se manifiesta con formas y a travs de mecanismos nuevos. Durante mucho tiempo la polarizacin se manifest en el contraste entre los pases industrializados y los pases sin industrializar. La industrializacin de las periferias, aunque es muy desigual, ha trasladado el conflicto a otros planos: el control de la tecnologa, de las finanzas, de los recursos naturales del planeta, de las comunicaciones, del armamento. Renunciar a una economa autocentrada para sustituirla por la creacin prioritaria de segmentos muy eficaces, que de entrada resultan competitivos en el mercado mundial como propone la nueva formulacin de la vieja teora de la modernizacin, seguir ese camino, lleva a perpetuar el contraste entre esos segmentos modernizados, que consumen todos los recursos locales, y unas reservas desechables mantenidas en la pobreza.

P: Cules seran, entonces, las condiciones para un desarrollo digno de este nombre?

R: Un desarrollo digno de este nombre requiere una transformacin profunda y general que despeje el camino a una revolucin agraria, y una densa trama de pequeas industrias y ciudades secundarias que ejerzan funciones imprescindibles para el progreso general de la sociedad. Por supuesto, las etapas concretas de esta transformacin general dependen del resultado de las luchas sociales e implican la formacin de alianzas nacionales, populares y democrticas capaces de transitar fuera del carril comprador. En la aplicacin concreta de las polticas por etapas deben definirse criterios de eficacia social que sustituyan al concepto capitalista, mercantil y estrecho, de competitividad. Sin perder la perspectiva amplia del universalismo planetario. Para ello se necesita cierta apertura al exterior (la importacin de tecnologas rigurosamente seleccionadas), aunque debe estar muy controlada para ponerla al servicio del progreso general en vez de obstaculizarlo. La evolucin global aconseja crear grandes conjuntos regionales, sobre todo en las zonas perifricas, pero tambin en otras, como Europa, y dar prioridad, en esos conjuntos, a las medidas que permitan una modernizacin a escala mundial y transformen su naturaleza, despojndola poco a poco de los criterios del capitalismo. Habr que superar entonces los estrechos lmites de los acuerdos estrictamente econmicos y emprender la construccin de grandes comunidades polticas, fundamento de un mundo pluricntrico. Por supuesto, la formulacin a esta escala del desarrollo autocentrado y la desconexin implica la articulacin negociada de las relaciones entre las grandes regiones, tanto en el plano de los intercambios y la determinacin de sus trminos y del control y el uso de los recursos, como en el de las finanzas y la seguridad poltica y militar. Es decir, una verdadera reconstruccin del sistema poltico internacional que, libre de hegemonismos, se encamine por la senda del pluricentrismo.

Pars, 23 de abril de 2005

 

* Samir Amin es director del Foro del Tercer Mundo (Dakar) y del Foro Mundial de Alternativas.
* Rmy Herrera es investigador del CNRS y profesor de la universidad de Paris 1 Panthon-Sorbonne.



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