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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-04-2012

Una reforma del mercado laboral para situar a Espaa en la periferia de Europa

Ramon Als y Pere Jdar
mientras tanto


La reciente reforma del mercado laboral del gobierno del PP en Espaa, con el apoyo de CiU, es una apuesta firme para destruir los derechos de los asalariados y reducir la capacidad de intervencin de los sindicatos, en lnea con la poltica defendida, descarada y abiertamente, desde los mbitos ms autoritarios y conservadores. Cuando escribimos este artculo ya han aparecido diversos anlisis rigurosos sobre dicha reforma, lo que nos permite centrarnos, aunque sea brevemente, en explicar por qu un objetivo central de la misma es limitar el poder y la capacidad de intervencin de las organizaciones legales y representativas de los asalariados. Dicho esto, nos interrogamos sobre la finalidad y las consecuencias que se derivan de una decisin de tal calibre, para terminar con una llamada a la necesaria concienciacin y movilizacin.

De entrada, podra sorprender el procedimiento de urgencia por el que se tramita la reforma (RDL 3/2012, de "medidas urgentes para la reforma del mercado laboral"), aunque sta no sea una va excepcional si se tiene presente que apenas ocho meses antes ya se aprob, tambin de forma similar, otra reforma laboral (RDL 7/2011, de "medidas urgentes para la reforma de la negociacin colectiva"), que justo un ao antes vena precedida de otra reforma urgente (RDL 10/2010, de "medidas urgentes para la reforma del mercado de trabajo"). Tan cambiante es el mercado de trabajo espaol que exige tamaa sucesin de urgencias en una lnea ininterrumpida de reformas (52 desde 1980! [1])? O, simplemente, es la voracidad de los mercados, lase los grupos de poder, la que marca la agenda econmica, poltica y social? Al fin y al cabo, estas prcticas les abren nuevas oportunidades para incrementar sus beneficios, a la vez que les permite imponer su modelo de sociedad, empobrecedor y reductor de los derechos para la mayora de los ciudadanos.

Pese a que en la exposicin de motivos del reciente del RDL 3/2012 se argumente que la reforma apuesta por el equilibrio en las relaciones de trabajo, por la empleabilidad de los trabajadores y por su seguridad en el empleo, lo cierto es que en la parte normativa estos tres objetivos brillan por su ausencia [2]. Por el contrario, se ampla notablemente la capacidad de disposicin unilateral por parte del empresario para suspender o reducir jornada, o para proceder a un despido colectivo u objetivo, as como para una modificacin sustancial de las condiciones de trabajo. Por otra parte, la reforma introduce una nueva modalidad de contrato de trabajo para empresas con menos de 50 trabajadores, que constituyen, segn recoge la exposicin de motivos del RDL, el 99,2% de las empresas espaolas; esta modalidad de contrato incorpora un periodo de prueba de hasta un ao que, como resulta obvio, sita en la mxima incertidumbre a los trabajadores contratados por esa va. Otro aspecto clave de la reforma es el captulo dedicado a la negociacin colectiva; y lo es por su contenido y por su momento. Por su contenido, en cuanto da prioridad al convenio de empresa frente a la regulacin sectorial (ser posible a partir de ahora la negociacin colectiva para el 15% de los trabajadores asalariados que trabajan en empresas de hasta 5 trabajadores?), por ampliar considerablemente las facultades empresariales de descuelgue (hasta el extremo de poder invalidar muchos convenios, segn los expertos) y por suprimir la ultraactividad, que limita a dos aos. Y por su momento, pues el RDL se aprueba cuando an no han transcurrido dos semanas desde la firma del II Acuerdo para el Empleo y la Negociacin Colectiva por parte de sindicatos y patronales, pacto que la reforma invalida en varios de sus aspectos (flexibilidad interna, condiciones para el descuelgue del convenio colectivo, etc.). Por ello, puede afirmarse que la decisin del gobierno constituye un ejercicio flagrante de autoritarismo y desprecio a las decisiones acordadas por los agentes sociales; es en este sentido que pretende acabar con una de las escasas instituciones, la negociacin colectiva, que hacen posible la libertad real, que no formal, de contratacin en las empresas [3].

Por si ello fuera poco, no acababa de anunciarse en Consejo de Ministros el RDL cuando ya los diversos promotores de las bondades de la reforma los mismos que unos meses antes anunciaban el carcter milagroso de las medidas que pergeaban comenzaron a anunciar que no se esperara un aumento del empleo, sino un nuevo incremento del desempleo en el corto y medio plazo [4]. Asimismo, sesudos miembros de los centros de opinin neoliberales, de forma displicente la calificaban de tmida e insuficiente y afirmaban que, por ello, iba a ser poco efectiva (su capacidad de pedir sacrificios a los dems, parece ilimitada). Todo en nombre de los cinco millones de desempleados, motivo bajo el cual cualquier ataque a los derechos de los asalariados parece tener justificacin. El colmo del sinsentido es que mentes tan preclaras y gobernantes tan desinteresados, atribuyan a las regulaciones que protegen a los trabajadores y a los sindicatos todas las causas y todos los orgenes de las deficiencias de nuestro mercado de trabajo. Como si ellos mismos, junto con financieros y empresarios de corto vuelo y amplios beneficios, no estuvieran detrs de la sinrazn que, poco a poco y en nombre de la libertad individual y de los mercados, reduce derechos y democracia [5].

En este sentido, cabe preguntarse: por qu y a quin molestan los sindicatos? Son los sindicatos un impedimento para la creacin de empleo en la actual etapa de crisis econmica? De entrada, las observaciones no lo confirman; por el contrario, mientras que en el tercer trimestre de 2011, segn datos de Eurostat, la tasa de paro en Espaa fue del 22,8%, en ningn pas escandinavo, que cuentan con tasas de afiliacin sindical superiores al 65% (no llega al 20% en Espaa), super el 8%, mientras que en Alemania, con sindicatos con fuerte capacidad de intervencin reconocida en la empresa bajo el sistema de codeterminacin (Mitbestimmung), la tasa de paro no llegaba al 6%. En cambio, los pases europeos con mayores tasas de paro (Espaa, Grecia, Irlanda y Portugal, de mayor a menor por este orden) estn entre los que cuentan con sindicatos con menor reconocimiento institucional en las empresas. En otras palabras, las comparaciones europeas permiten constatar una asociacin positiva entre capacidad de intervencin del sindicato y mayores tasas de empleo y menores de paro. Con todo, de ah sera errneo deducir que los sindicatos generan empleo. Sera tan engaoso como pensar que lo impiden o lo destruyen, como se han aventurado a declarar diversos dirigentes polticos conservadores o neoliberales y algunos destacados portavoces empresariales e idelogos de la reciente reforma laboral [6].

Sin embargo, la asociacin comentada existe, es innegable a partir de las estadsticas. Por ello, a nuestro juicio, encontrar el nexo entre sindicato y empleo nos da una clave para entender el alcance de la reciente reforma. Y la respuesta nos conduce al modelo de empleo y el modelo econmico, indudablemente vinculados. As, una economa potente, desarrollada, "del conocimiento" segn la jerga comunitaria, requiere un mercado laboral con formas de empleo estable, que permitan la planificacin de carreras profesionales y de la formacin, con mercados de trabajo regulados, con fuerte presencia y protagonismo de los distintos agentes sociales que en l intervienen, entre ellos los sindicatos como representantes de los trabajadores. La participacin, la confianza en las reglas, la posibilidad de desarrollar los saberes (el tan cacareado "capital humano"), son aspectos sin los cuales no se puede sustentar una economa basada en la investigacin, la innovacin y la sostenibilidad. Por el contrario, all donde los sindicatos sobran o se los limita a un papel residual, donde se debilitan o anulan las regulaciones y garantas para quienes ms las necesitan, donde el empleo se ajusta al sistema de usar y tirar, obtenemos un modelo de empleo adaptado a una economa de casino, turismo, ocio, espectculo, ladrillo y negocio empresarial fcil. Para este tipo de actividades econmicas y empresariales, el trabajo del conocimiento sobra, la estabilidad laboral es un estorbo, los sindicatos son una incongruencia y la conciliacin entre vida laboral y vida profesional es un mito ante la opcin de precarizar los empleos y reducir los costes laborales. Para este tipo de actividades es ms adecuado un entorno en el que el empresario pueda imponer sus criterios y el trabajador deambule de empleo precario en empleo precario, o del empleo al paro, sin importar el sufrimiento, la pobreza ni la exclusin, pues no son variables que impidan el funcionamiento del modelo que distribuye la riqueza slo entre unos cuantos elegidos. Una economa de bajo coste, de uso intensivo de mano de obra barata, forzando a emigrar a la juventud ms cualificada.

De este modo, consideramos que la reforma laboral es un paso decisivo, uno ms pero muy importante, en el proceso de convertir a la economa espaola en ms perifrica, si cabe, en Europa; de transformar Espaa en el destino europeo del juego, el ocio, el entretenimiento y de servicios baratos. En otras palabras, convertir a Espaa en la Florida de Europa, un estado que, como se sabe, cuenta con escasas regulaciones, sin salario mnimo entre muchas otras, y a su vez con los ndices ms elevados de delincuencia de Estados Unidos. Desde esta perspectiva no extraa, pues, la gran atencin que las autoridades polticas, estatales o de Comunidades Autnomas prestan a proyectos como el de Eurovegas u otros similares. Ello encaja con la complacencia con la que se ha llenado todo el litoral y no slo de urbanizaciones, parques temticos y proyectos faranicos de diversa ndole.

Para esta concepcin perifrica de Espaa los sindicatos son un obstculo, ya que, a pesar de sus limitaciones y defectos, hacen frente al discurso autoritario basado en la ilusin ideal de unos mercados autorregulados y se interponen en sus prcticas ms nefastas. No es nada nuevo. Es bueno recordar que, bajo el paradigma de la libre empresa, enarbolaron sus polticas Bush, Thatcher y tambin Pinochet [7]. Pero una poltica cuyo punto de partida es que los sindicatos molestan es algo que va ms all, que trasciende aspectos como la libertad de empresa; implica, en definitiva, atentar contra los derechos de ciudadana de los trabajadores y un agravamiento de las desigualdades sociales, como ponen de manifiesto nuevamente los datos contrastados. Un reciente informe de la OIT (Work Inequalities in the Crisis) destaca a Espaa como un mal ejemplo en cuanto que la mayora de los ajustes aplicados han confluido en debilitar el empleo, especialmente para jvenes y mujeres, adems de agravar las desigualdades existentes. Bajo la libertad de empresa (eufemismo bajo el que se esconden monopolios y oligopolios; es decir, poder y no mercado) se conforma, por lo tanto, un modelo de pas, de sociedad, de empresa, que en nuestro caso no hace ms que confirmar una trayectoria autoritaria que viene de lejos.

Y, como hemos dicho, todo ello conduce a un pas de crecientes desigualdades. Los datos ya recogen esta tendencia desde hace unos aos: los ricos son cada vez ms ricos (el consumo de superlujo no conoce la crisis), y para ser pobre no hace falta carecer de trabajo, aunque, evidentemente, cuando no se tiene, el riesgo de pobreza es mucho mayor. El Pas del 30/10/2011 aportaba datos sobre como la relacin entre el 20% de la poblacin que ms ingresa y el 20% que menos ingresa haba pasado de 5,4 en el ao 2008 al 6,9 en 2010, un aumento enorme, de cerca del 30%, en apenas dos aos. Con ello, Espaa se sita entre los pases europeos con mayores desigualdades, slo superado en la UE-27 por Letonia, Rumania y Lituania (Eurostat).

Solamente la movilizacin colectiva, la organizacin, la legitimacin de la voz (o de las voces) de los asalariados entre ellas tambin la de los sindicatos, de los pobres y excluidos y de los que van camino de la exclusin, podrn dar un vuelco a la situacin actual buscando un equilibrio adecuado entre poltica, mercado y sociedad. De ah que, para los defensores del modelo Florida para Espaa, una reforma laboral que no innova ni mejora sea un paso clave en sus pretensiones; pero de ah tambin la necesidad de hacer frente de modo contundente a estas polticas retrgradas y antidemocrticas.

Ramon Als es profesor titular de Sociologa del Trabajo en la Universidad Autnoma de Barcelona; Pere Jdar es profesor titular de Sociologa en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona

Notas

[1] Fundacin 1 de Mayo (2012), Las reformas laborales en Espaa y su repercusin en materia de contratacin y empleo. Cincuenta y dos reformas desde la aprobacin del Estatuto de los Trabajadores en 1980. Madrid.

[2] Una forma de gobernar que cada vez resulta ms habitual: repetir machaconamente, a travs de los medios de comunicacin, lo contrario de aquello que se va a hacer.

[3] Desde el matrimonio Webb y Otto Kahn Freud en Inglaterra, pasando por Commons, Mitchell o Veblen en Estados Unidos, las instituciones y, entre ellas, muy especialmente la negociacin colectiva se concibieron como un instrumento para equilibrar el enorme diferencial de poder entre asalariados y empresas. Un diferencial basado en la necesidad de todo asalariado y de sus familias de comer todos los das.

[4] As, la CEOE prev una destruccin superior a los 500.000 puestos de trabajo para este ao y algo menor en el prximo (http://www.ceoe.es/ceoe/contenidos.item.action?id=2455868&menuId=5436374).

[5] Es significativo que, prcticamente por las mismas fechas en que se dio a conocer la reforma laboral, Joaqun Almunia, vicepresidente de la Comisin Europea, indicara que entre 2008 y 2010 los datos del 2011 no estn an disponibles los gobiernos de la UE utilizaron 1,6 billones de euros para rescatar a sus bancos, equivalente a poco ms del 13% del PIB de la UE (http://europa.eu/rapid/pressReleasesAction.do?reference=SPEECH/12/122). Se ha interesado el gobierno para que este dinero fluya al crdito a empresas y particulares, o bien los bancos que lo reciben estn preparndose para obtener pinges beneficios de la compra de deuda del Estado, o tal vez diseando otra burbuja a base de seguros y pensiones?

[6] Durante la transicin y la democracia, no han faltado destacados representantes empresariales que han tolerado a regaadientes a los sindicatos, y que han intentado deslegitimarlos sistemticamente, al tiempo que reclamaban a los asalariados ms trabajo y menos salario y beneficios sociales. Como ejemplos recientes, y que en modo alguno cabe interpretar como manifestaciones puntuales, vase el presidente de la comisin de economa y poltica financiera de la CEOE, Jos Luis Feito, que ha declarado que los espaoles deben ser ms flexibles a la hora de aceptar un trabajo, aunque sea en Laponia; o el presidente de la cadena de supermercados Mercadona, Juan Roig, para quien los bazares chinos son el ejemplo de cmo se debera trabajar. Asimismo, una buena parte de los dirigentes de los gobiernos espaol y cataln, o del PP y CiU, previenen acerca del negativo efecto internacional de manifestaciones y huelgas; no parece importarles tanto la imagen externa y la negatividad social y poltica de los casos Grtel, Palau de la Msica y tantos otros que coronan la corrupcin en el Reino de Espaa.

[7] Karl Polanyi ya nos advirti de que, bajo la mercantilizacin extrema y la utopa del libre mercado total, se ocultaba el huevo de la serpiente fascista. Un totalitarismo legado por el siglo XX, seguramente tan nefasto como el estalinismo, pero con una diferencia: el nazismo y el fascismo estuvieron al servicio del gran capital industrial y financiero de pases democrticos, que no hicieron ascos a su conversin en dictadura.

Fuente: http://www.mientrastanto.org/boletin-101/notas/una-reforma-del-mercado-laboral-para-situar-a-espana-en-la-periferia-de-europa



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