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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-04-2012

Indignados de todos los pases

Yann Fievet
Le Grand Soir

Traducido para Rebelin por Caty R.


No es que no nos atrevamos porque las cosas son difciles. Las cosas son difciles porque no nos atrevemos (Sneca)

Donde crece el peligro tambin crece lo que nos salva de l (Holderlin)


La lista de pases en los que florecen movimientos susceptibles de declararse ms o menos abiertamente indignados se volver interminable. Pronto ser ms sencillo contar los pases totalmente ajenos a este fenmeno, el cual no se puede meter en el saco de los acontecimientos pasajeros o puramente circunstanciales. En una audaz reduccin, esos movimientos de formas sinuosas y con discursos diversos se han relacionado con la publicacin de la estimulante obra de Stphane Hessel. Indignaos!,nos ordena desde lo alto de su lucidez intacta que tantos individuos parecen haber perdido en nuestras democracias formales. Sin embargo la lucidez tambin exige que reconozcamos que la mayora de esos movimientos podran haber eclosionado sin la orden de nuestro vigilante compatriota. Le haramos un honor que en ningn momento reivindica atribuyndole una paternidad abusiva. Antes embajador de profesin, en su vejez Hessel se ha convertido en un embajador simblico de numerosas luchas contra los abusos y la creciente injusticia alimentada por la globalizacin capitalista. Es obvio que el panorama de la indignacin sobrepasa ampliamente el simptico padrinazgo de alguien que no puede resignarse al sacrificio, tan frecuente, de la dignidad humana en el altar de la ganancia voraz.

Una idea generalizada que quieren asfixiar

Los indignados no se limitan a prolongar la larga historia de la protesta contra el orden establecido por los amos de la economa dominante y sus secuaces. Al contrario, marcan una ruptura histrica en el sentido de que inscriben sus movimientos en un contexto nuevo, el del anunciado hundimiento del capitalismo y de los intentos de salvarlo, cada vez ms violentos, que claramente tratan de preservar el principal resorte del capitalismo, la generacin del beneficio mximo mediante la contratacin del coste directo mnimo, y que la economa, ahora global, destruye el tejido social a la vez que daa gravemente los ecosistemas y agota los recursos ms escasos.

Otro aspecto novedoso de la reivindicacin del cambio se encuentra precisamente en el hecho de que en la actualidad el capitalismo es planetario, una configuracin creada por la voluntad y la actuacin de poderosos protagonistas econmicos las multinacionales- y por instancias polticas no elegidas democrticamente FMI, OMC, BCE, Comisin Europea- en estrecha colusin unos con otros. Aunque los movimientos de los indignados no estn unificados y probablemente nunca lo estarn- en todas partes constatan la misma terrible morbosidad de la economa general depredadora y reivindican la instauracin de una economa de la restitucin. En este ltimo sentido -el de la nobleza!- deberan poner en marcha una vanguardia ofensiva contra la resistencia defensiva de un sistema condenado por su lgica suicida. En espera de la ampliacin del mbito de la lucha, lo esencial no reside en el nmero de combatientes, sino en la calidad de sus intervenciones.

La extensin de la indignacin se subestima

En esta poca de la informacin mercantilizada y la comunicacin invasora, los movimientos de los indignados al menos tienen un mnimo derecho a la visibilidad. Es obvio que los medios de comunicacin del gran pblico, cada vez ms sometidos a las lgicas mercantiles y financieras, no tienden a interesarse por movimientos ciudadanos que se movilizan por intereses generales y piden cuentas a los malos gobernantes. As, ridiculizaron la declaracin de los indignados espaoles de que no queran el poder y exigan finalmente que los representantes del pueblo acten por el inters general. Esto es cualquier cosa menos ridculo. Incluso es fundamental. Los indignados no tienen ningn inters en crear otro partido poltico con unos pocos representantes en un sistema sin cambios esenciales. Como dijeron: Hay que pensar en el cambio y no cambiar de pensamiento! La necesidad del cambio es un asunto muy serio para dejarlo nicamente en manos de los partidos polticos. Toda la sociedad civil debe tomar parte.

Cuando los medios de comunicacin dominantes slo ven la poltica a travs de las declaraciones tranquilizadoras de los representantes del pueblo, despreciado en sus aspiraciones profundas cuidadosamente ocultadas bajo los sondeos de opinin, llegan incluso a no comprender la realidad social ni a precisar los retos fundamentales de una construccin inteligente del mundo. Tanto es as que en el caso de la crisis griega muchos periodistas creen que la mayora de los griegos confa en que sus dirigentes actuales sacarn al pas del abismo en el que le hundieron sus predecesores. Sin embargo, ah abajo, hierve la indignacin desde hace meses para quien quiera observarla fuera de los canales habituales de la protesta controlada.

Revoluciones indignadas?

Parece que la Primavera rabe de 2011 dio alas a diversos movimientos contestatarios en otras partes del mundo. Tenemos la esperanza de que hubieran surgido sin necesidad de ese oportuno catalizador. Aunque es innegable la gran valenta demostrada por las poblaciones de varios pases rabes, sometidos durante mucho tiempo bajo la frula de dictadores corruptos y a veces sanguinarios, haba motivos para despertar a los ciudadanos aletargados en la tibieza de nuestras viejas democracias; el ejemplo se ha frenado de momento. A este respecto no podemos hablar de Revolucin, si acaso de revoluciones conservadoras. En el mundo rabe en ebullicin, las franjas progresistas de las rebeliones son minoritarias en todas partes. Es muy pronto para decir si la legtima reivindicacin de esos pueblos de un reparto diferente de las riquezas se fortalecer con la voluntad de construir una alternativa del capitalismo cuya caracterstica eminentemente depredadora denuncian por todas partes los movimientos de los indignados. Si las corrientes polticas conservadoras atrapan al movimiento en los procesos de transformacin en curso, los pases del Norte se felicitarn por haber encontrado una bicoca que les permitir posponer la llegada de la fase terminal del capitalismo. Se vender Tnez al turismo internacional como Nger malvende su uranio a Areva despreciando la salud de sus habitantes?, o como Senegal que ha arruinado la pesca artesanal, recurso vital de muchos senegaleses, al firmar con Europa un acuerdo de pesca intensiva que organiza el saqueo de su fondo marino antes rebosante de pesca?

Samir Amin augura que la primavera de los pueblos del Sur ser el otoo del capitalismo. Y necesitar el apoyo de los movimientos de protesta del Norte. Los indignados de las naciones ricas se encontrarn con sus homlogos de las sociedades recin liberadas del yugo ancestral de sus antiguos dirigentes indefectiblemente apoyados por los gobiernos occidentales? Ojal!

El variado mosaico de la indignacin

Un recuento exhaustivo de los movimientos de indignados es realmente imposible. Conocemos los que salen en los medios de comunicacin de masas, como para dejar en silencio a la mayora de ellos. Adems muchos de esos movimientos nos resultan desconocidos debido a que estn situados en pases donde la libertad de informacin est fuertemente restringida. Por ejemplo, el clima social en China es cualquier cosa menos tranquilo. El capitalismo salvaje suscita revueltas duramente reprimidas y apenas sabemos nada. Una pequea enumeracin de los movimientos de indignados nos revela, a pesar de su aparente disparidad, el rechazo a la dominacin capitalista del mundo.

Cada movimiento elige su forma original de denunciar al mismo monstruo. En Estados Unidos, el movimiento Occupy Wall Street pone el acento en primer lugar en las enormes desigualdades de rentas y patrimonios que existen en la primera potencia econmica del planeta. Su eslogan 99 contra 1 ilustra al mismo tiempo que la multitud no puede tener casi nada cuando el uno por ciento acapara casi todo, y que por lo tanto es esa centsima la que decide todo. En Japn son las consecuencias de la catstrofe de Fukushima las que movilizan a los ciudadanos, a los cuales nos presentan a menudo como unos fatalistas viscerales. El pasado 23 de diciembre fue el Viernes Amarillo. Se celebraron manifestaciones en todo el pas, sobre todo en el este, donde la mayora de los productos alimenticios estn contaminados por el cesio 137. En algunas ciudades la manifestacin agrup mayoritariamente al personal de los centros sanitarios, muy preocupado por la gran vulnerabilidad de los nios a la contaminacin interna. Las agrupaciones, entre ellas la asociacin de jvenes DYLJ (Liga de la Juventud Democrtica de Japn) denuncian la incuria de las autoridades polticas. Esas movilizaciones seguramente no son ajenas al hecho de que un ao despus de la catstrofe la mayora de las centrales nucleares japonesas siguen paradas. En Sicilia, desde principios de este ao, sopla un viento de revolucin. El hundimiento de Italia en la crisis, los sucesivos planes de austeridad, los llamamientos a nuevos sacrificios, han acabado exasperando a una poblacin golpeada por un desempleo rcord del 25%. Los agricultores y artesanos han creado el movimiento de los Forconi, (los de la Horca) que llaman a la revolucin y al rechazo de esa situacin insostenible. En la vasta Rusia los amplios movimientos que asombran al poder central se organizan para defender los bosques amenazados por proyectos industriales o de carreteras.

No podemos cerrar este breve florilegio sin hacer alusin a una lucha internacional que podra prefigurar la lucha ecolgica planetaria de los prximos 25 aos: la fuerte resistencia a la explotacin no puede ser ms devastadora- del gas y el petrleo de esquisto. En Estados Unidos, en Suecia, en Francia o en Sudfrica ese tipo de proyectos se tapan o se dejan de lado bajo la influencia de resueltos movimientos de oposicin que han mostrado de forma pertinente hasta qu punto la fracturacin hidrulica, la nica tcnica eficaz para esa explotacin, es la marca de un sistema capaz de autodestruirse por medio de la naturaleza. Est surgiendo una Internacional Ecolgica que ser el contrapunto de todas las futuras cumbres oficiales del medio ambiente y el clima. Tenemos la primera cita el prximo mes de julio en Brasil en Ro+20.

... Unos!

La indignacin dispone de mecanismos de comunicacin modernos especialmente valiosos para la difusin masiva y rpida de la nuevas ideas, los informes que se deben analizar, la convocatoria de manifestaciones urgentes o de los debates que hay que plantear. Esas son las autnticas redes sociales y medioambientales. Pueden unificar movimientos dispersos geogrficamente pero filosficamente cercanos. Pueden ganar la partida a las redes de las fras tecnocracias y las oligarquas mezquinas. Estn hechas de hombres y mujeres vivos que luchan para ser maana contra los que solo protegen el tener de hoy.

Yann Fivet es profesor de Ciencias Econmicas y Sociales en el Liceo Jean-Jacques Rousseau de Sarcelles, autor de varios libros, cronista de prensa, presidente de asociaciones y promotor de conferencias y debates.

Fuente: http://www.legrandsoir.info/indignes-de-tous-les-pays.html



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