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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-07-2004

Trgicamente inactuales

Umberto Eco
El Mundo


Y los atenienses dijeron a los melios: Vuestra amistad sera una prueba manifiesta de nuestra debilidad, mientras que vuestro odio se interpretara como una prueba de nuestra fuerza.

En la Universidad de Bolonia, en el Aula Magna, se estn celebrando una serie de encuentros sobre los clsicos de la Antigedad, donde se renen centenares de estudiantes, para escuchar conferencias y lecturas de pasajes escogidos con curiosidad y pasin. Por estas razones, aun habiendo aludido a ello en otro escrito mo reciente, quiero retomar aqu un texto de Tucdides de la Guerra del Peloponeso.

En el transcurso de su conflicto con Esparta, los atenienses quieren destruir la isla de Melos, aliada de sus enemigos, aunque sta haya permanecido neutral. El discurso que los atenienses hacen a los melios es el siguiente: no os vamos a aburrir con discursos largos convenciendoos de que nosotros tenemos el derecho de hacer lo que hacemos porque hemos ganado a los persas o intentando demostrar que nos habeis provocado. Nada de eso. Simplemente os decimos que o bien os someteis o bien os destruimos.

Los melios se niegan, pero los atenienses les contestan que los principios de justicia rigen slo entre contendientes en igualdad de fuerzas, mientras que, en caso contrario, los ms fuertes determinan lo posible y los dbiles lo aceptan.

Los melios responden con la misma lgica del adversario, y se remiten a criterios de utilidad, intentando convencer a los invasores de que si Atenas saliera derrotada de la guerra contra los espartanos, correra el riesgo de tener que soportar la dura venganza de las ciudades atacadas injustamente, como Melos.

Contestan los atenienses que asumen ese riesgo, pero que lo que ahora queremos demostraros es que estamos aqu para provecho de nuestro imperio y que os haremos unas propuestas con vistas a la salvacin de vuestra ciudad, porque queremos dominaros sin problemas y conseguir que vuestra salvacin sea de utilidad para ambas partes.

Dicen los melios: Y cmo puede resultar til para nosotros convertirnos en esclavos, del mismo modo que para vosotros lo es ejercer el dominio?. Y los atenienses: Porque vosotros, en vez de sufrir los males ms terribles, seriais sbditos nuestros y nosotros, al no destruiros, saldramos ganando.

Los melios son dignos y testarudos, pero intentan encontrar una va de salida y proponen ser amigos en lugar de enemigos, sin ser aliados de ninguno de los dos bandos. A lo que responden los atenienses: No, porque vuestra enemistad no nos perjudica tanto como vuestra amistad, que para los pueblos que estn bajo nuestro dominio sera una prueba manifiesta de debilidad, mientras que vuestro odio se interpretara como una prueba de nuestra fuerza. En otros trminos: nos tendreis que perdonar, pero es que nos conviene ms someteros que dejaros vivir, dado que as seremos temidos por todos.

Los melios dicen que no piensan resistir a su podero, pero que, a pesar de todo, tienen confianza en no sucumbir porque, siendo devotos de los dioses, se oponen a la injusticia. Los dioses?, responden los atenienses, desde luego con nuestras exigencias y nuestras acciones no hacemos nada que vaya contra la creencia de los hombres en la divinidad y, adems, estamos convencidos de que tanto el hombre como la divinidad, si se encuentran en una situacin de poder, lo ejercen, por un inexorable impulso de la naturaleza. Y no somos nosotros quienes hemos instituido esta ley ni fuimos los primeros en aplicarla una vez establecida, sino que la recibimos cuando ya exista y la dejaremos en vigor para siempre habindonos limitado a aplicarla, convencidos de que vosotros harais lo mismo de encontraros en la misma situacin de poder que nosotros.

Los melios no ceden, y los atenienses empiezan un largo asedio, vencen su resistencia, invaden la ciudad y, como escribe Tucdides, mataron a todos los melios adultos que apresaron y redujeron a la esclavitud a nios y mujeres.

Brevemente, como se deca en la conferencia de Bolonia, hay muchas formas de poner en prctica una retrica de la prevaricacin, es decir, justificar un abuso de poder aportando razones, buenas o malas. Todo empieza con la fbula del lobo y el cordero, aunque el lobo no es un genio de la persuasin y, con tal de comerse al cordero, aduce miserables pretextos como el de que el cordero, que est arroyo abajo, le enturbia el agua.

En el curso de la historia se han intentado argumentaciones ms convincentes: las podemos encontrar incluso en el Mein Kampf de Hitler o en los discursos de Mussolini. Pero lo que nos fascina en el pasaje de Tucdides es que la habilidad retrica de los atenienses se emplea con el nico objetivo de mostrar que la fuerza no necesita ser sostenida por la persuasin, y que se justifica por s misma.

Esta es la razn por la que este texto sigue siendo un pasaje sobre el que hay que meditar, y seguir teniendo siempre una modernidad triste y perturbadora. Lo que nos turba al volver a leer a los clsicos no es tanto que ellos supieran identificar de forma esencial algo verdadero y terrible, sino que nosotros, ms de 2.000 aos ms tarde, perseveremos en nuestros errores sin haber entendido su leccin.

La actualidad de los clsicos se debe a su trgica inactualidad.

Traduccin de Helena Lozano Miralles.




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