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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-04-2012

Crisis y acumulacin capitalista: construir una alternativa global

Jaime Baquero
Rebelin



En la historia del capitalismo, cada ciclo de acumulacin basado en una expansin productiva ha terminado en una crisis de sobreproduccin, que ha desencadenado en el sistema un perodo de mayor competencia, expansin financiera y el consiguiente fin de las estructuras orgnicas sobre las que se basaba la anterior expansin productiva. La crisis estalla cuando los beneficios obtenidos en la produccin no encuentran salidas suficientes en inversiones rentables. La gestin de la crisis consiste en buscar salidas que eviten la desvaloracin masiva de los excedentes de capital flotante. La mundializacin iniciada a comienzos de los 80 reposa en la crisis del rgimen de acumulacin que caracteriz la etapa 1945-1970, en el agotamiento econmico y poltico del orden mundial alcanzado tras la ltima gran guerra (basado en los acuerdos de Bretton Woods), en la exacerbacin de la competencia intercapitalista, en el avance de los movimientos de liberacin en el Tercer Mundo, y en las luchas obreras y populares de finales de los 60 .

 

La clase capitalista, para evitar la desvalorizacin de capitales y reafirmar su poder de clase, respondi con el neoliberalismo y la mundializacin, aumentando la tasa de explotacin de la fuerza de trabajo, y extendiendo e intensificando la acumulacin por desposesin. Las polticas neoliberales han sido un medio de retrasar la crisis de sobreproduccin, pero han acabado por precipitarla aumentando su fuerza, en un mundo donde las desigualdades se han multiplicado y las sociedades se distinguen por una profunda polarizacin social, y donde el modelo de desarrollo est provocando una crisis ecolgica de dimensin planetaria.  

 

No hay alternativas desde dentro del sistema que puedan revertir significativamente la tasa de ganancia y garantizar el crecimiento econmico durante un largo ciclo econmico. El desorden que amenaza al mundo pone en jaque a las fuerzas del trabajo. Si stas no irrumpen con un programa revolucionario, capaz de sumar a amplios sectores sociales, se impondr la lgica de la acumulacin capitalista, el caos y la barbarie.

 

1. Expansin financiera: Neoliberalismo y Consenso de Washigton

 

A mediados de los 60, Alemania y Japn imponen precios relativamente reducidos en el mercado de productos industriales desafiando la hegemona productiva estadounidense. La intensificacin de la competencia internacional provoc en EEUU la reduccin de precios frente a unos costos productivos que no lograron ser reducidos suficientemente, generando una cada de la tasa de ganancia y una crisis de sobrecapacidad y sobreproduccin. La reducida rentabilidad merm el crecimiento de la inversin industrial y, en consecuencia, de la produccin, lo que incidi negativamente en el crecimiento de los salarios y en el empleo, generando una cada de la demanda que agudiz a su vez la sobreproduccin y sostuvo la tendencia a la cada de la tasa de ganancia.

 

Las polticas de reduccin de salarios (en Alemania y Japn eran un 60% y un 25% de los de EEUU) y rebaja de los costes laborales (80% y 50% respectivamente de los de EEUU) para recobrar la rentabilidad, chocaron con las resistencias obreras, que impidieron que la flexibilizacin del mercado de trabajo y la disminucin de costes alcanzasen niveles que permitiesen dicha recuperacin. De manera que si la contraccin de los beneficios no fue provocada por un ascenso del poder obrero la productividad creci en el sector industrial un 3,3% entre 1965 y 1973 frente a un 2,9% entre 1950 y 1965, y el crecimiento medio de los salarios reales cay un 1,9% en el perodo 1965-1973 frente a un aumento del 2,2% entre 1958 y 1965 (Brenner, 2002)-, las fuertes organizaciones sindicales s contribuyeron a impedir la salida.

 

Si la disminucin de la competitividad de los productos industriales estadounidenses provoc un dficit de su balanza comercial, los supervits de Alemania y Japn favorecieron sus inversiones en EEUU. Este factor junto a los enormes gastos militares estadounidenses asociados a la guerra de Vietnam y a su papel de gendarme mundial-, dispararon el dficit de la balanza de pagos de EEUU y aumentaron las presiones sobre el dlar, provocando una crisis del sistema monetario nacido de Bretn Woods. En 1971, Nixon rompi la paridad entre el dlar y el oro, y puso a flotar los tipos de cambio. La ruptura del sistema monetario de la posguerra gener una asimetra entre EEUU y Alemania-Japn, dado que el petrleo y la mayora de los bienes estratgicos se hacan efectivos en dlares y que ninguna moneda poda sustituir internacionalmente a ste. El enorme poder de EEUU se manifestaba en que la bajada del dlar beneficiaba sus exportaciones, y la subida aumentaba la venta de dlares al ser moneda refugio y facilitaba los flujos financieros hacia los mercados estadounidenses. EEUU devalu el dlar bruscamente mientras el marco y el yen se revalorizaban, lo que provoc un aumento comparativo de los costes de produccin en Japn y Alemania respecto a los estadounidenses. Pero la extensin de la crisis de rentabilidad a estos pases no logr una recuperacin significativa de la misma en EEUU.

 

La crisis del petrleo de 1974-75 sumi al mundo industrializado en una profunda recesin, con cadas drsticas de los salarios y de la productividad, aumento del paro y estancamiento an mayor del crecimiento econmico. La respuesta con polticas keynesianas evit la depresin, pero gener mayores dficits presupuestarios y que fluyera el dinero fcil, favoreciendo el endeudamiento. Estas polticas impulsaron la inflacin y ayudaron a sobrevivir a los sectores y empresas de altos costes y baja ganancia, frenando la recuperacin de la rentabilidad e impidiendo una revitalizacin econmica (la denominada estanflacin).

 

El fracaso de las polticas keynesianas ampar, a finales de los 70, la vuelta al monetarismo en EEUU y Reino Unido. Reduccin del crdito y del endeudamiento pblico, desincentivacin de las inversiones en el sector productivo quebrando e l modelo de posguerra, donde la intervencin del Estado favoreca e incentivaba fuertes inversiones de capital en este sector- y reduccin de los subsidios a la demanda, perseguan la reduccin de los salarios y acabar con las empresas de baja rentabilidad para abrir el camino al restablecimiento de la tasa de ganancia. Pero la reduccin drstica de los salarios retrajo la demanda, y la r educcin del gasto pblico y del crdito aumentaron la competencia interna y dificultaron la innovacin empresarial, poniendo en riesgo a todo el tejido industrial, incluidas las empresas costoefectivas.

 

Las respuestas obreras centradas en aspectos econmicos se saldaron con el xito de Reagan sobre la huelga de controladores de 1981 y de Thatcher sobre la huelga de mineros de 1983. De manera que al fracaso de la aplicacin de polticas keynesianas para restablecer la tasa de ganancia por parte de diferentes gobiernos estadounidenses y britnicos, se sum la incapacidad de la clase trabajadora para irrumpir con un programa revolucionario. La derrota de los sindicatos supuso el fin de los incrementos salariales y la congelacin de los costes del trabajo hasta mediados de los 90, y abrieron la puerta a la ofensiva del capital apoyada en amplios sectores de las clases medias.

 

En 1981 el gobierno estadounidense redujo de manera importante el impuesto de sociedades y el tipo impositivo mximo a los sectores ms ricos de la sociedad (la tasa nominal pas del 70% al 50%, para alcanzar en 1986 tan slo el 28%), a fin de impulsar las inversiones productivas. Pero el rechazo de los capitalistas a destinar capital en la produccin para evitar los riesgos de invertir a largo plazo en plantas y equipos-, se traduca en la bsqueda de caminos alternativos para hacer dinero. A la huda de capital hacia las finanzas y actividades especulativas, se sumaron las inversiones en otras regiones que auguraban mejores rentabilidades y el aumento del sector servicios con trabajos de baja productividad y bajos salarios facilitados por el paro creciente y la mayor flexibilidad laboral-, amenazando al sector industrial estadounidense con un profundo declive, que fue corregido con una subida descomunal del gasto pblico en la industria militar. La disminucin de la recaudacin y el gigantesco gasto militar, dieron lugar a un desmedido dficit presupuestario (del 2,7% en 1980 al 6% en 1983) y de la deuda pblica.

 

Desde la crisis del 29 hasta los aos setenta, los mercados financieros internacionales de acciones y divisas estaban controlados por instituciones nacionales (bancos centrales y del tesoro), pero a comienzos de los ochenta, el gobierno estadounidense bajo l a presin de sus potentes sectores financieros- decidi financiar su enorme dficit presupuestario en el mercado internacional y profundizar la liberalizacin de los movimientos de capitales iniciada en 1974 a raz de la crisis del petrleo EEUU haba decidido que las plusvalas del petrleo rabe se reciclasen a travs de bancos privados, eludiendo las instituciones pblicas como el FMI-. La exclusin de la influencia de los bancos centrales sobre las relaciones financieras internacionales, dej stas progresivamente en manos de los agentes privados, lo que permita no slo disminuir los controles y gravmenes estatales sobre los movimientos de capitales, sino asegurar su entrada y salida masiva a travs de las fronteras. Impuestos, controles sobre los intercambios, reservas obligatorias y todo tipo de regulacin, fueron suprimidos en los mercados financieros estadounidenses y britnicos, extendindose progresivamente estas polticas al resto del mundo industrializado.

 

A su vez, las nuevas divisiones del trabajo fruto de modificaciones productivas, tcnicas y culturales-, impulsaron procesos de descentralizacin productiva y de reorganizacin y relocalizacin de la produccin . Los empleadores lograron descalificar el trabajo al desmembrarlo en sus partes ms simples, separando los trabajos de la lnea de ensamblaje, incluso geogrficamente. Los trabajadores podan realizar ms tareas, ahora simplificadas, y se poda emplear directa o indirectamente trabajadores para tareas especficas en el tiempo. Este hecho y el desplazamiento de l as vas de financiacin empresarial a los mercados financieros, que impusieron nuevas disciplinas a las empresas apoyados en la enorme fluidez que les permita la liberalizacin de los movimientos de capital, facilitaron una profundizacin del ataque a los salarios y los derechos laborales .

 

El poder financiero dict a las empresas los resultados a obtener, bajo la amenaza de perdurar o desaparecer. Los trabajadores se vieron atrapados entre el riesgo permanente de las reestructuraciones o el paro en un mercado de trabajo limitado-, si su empresa no aplicaba los ajustes y cumpla las exigencias de los accionistas. Las regulaciones laborales proteccionistas del perodo anterior fueron totalmente eliminadas y se extendi una profunda dominacin del capital sobre el trabajo. La reestructuracin barri las empresas de altos costes y baja rentabilidad en EEUU, las quiebras anuales superaron a las de la Gran Depresin y el empleo industrial en 1989 se situaba un 5% por debajo del existente en 1979-, permitiendo iniciar el camino hacia la recuperacin de la rentabilidad a costa de un aumento de las desigualdades. El nmero de estadounidenses por debajo del nivel de pobreza aument de 29,2 millones en 1980 a 31,7 en 1988, la participacin en el ingreso total del 20% ms pobre pas del 4,1% al 3,8%, y la situacin de los grupos de renta baja se vio perjudicada por la reduccin del gasto social (Brenner, 2002).

 

Las periferias activas asumieron segmentos enteros de la produccin industrial tradicional abandonados por el centro, que procuraba mantener su control gracias a su podero financiero. L a alta rentabilidad que ofertaba el sector financiero gener un efecto riqueza, actuando el aumento del precio de las acciones como motor de la economa durante un tiempo. Pero hacer frente al creciente precio de las acciones exiga un incremento constante de los beneficios en el terreno productivo.

 

A comienzos de los aos 90, los organismos financieros internacionales con sede en Washington (Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial) y los centros econmicos occidentales lanzaron un programa poltico y econmico para Latinoamrica con el objetivo de extenderlo progresivamente a todos los pases en vas de desarrollo-, bajo el pretexto de impulsar su crecimiento (Consenso de Washington): proteccin de la propiedad privada, disciplina presupuestaria, reordenamiento de las prioridades del gasto pblico, reduccin de los impuestos a las rentas ms altas y ampliacin por la base, desregulacin de los mercados, liberalizacin del comercio internacional y eliminacin de las barreras aduaneras, eliminacin de cualquier medida que dificultase las inversiones extranjeras incluso en los servicios pblicos de carcter bsico-, privatizacin de las empresas pblicas y de los servicios de carcter social, y venta de los monopolios estatales.

 

Sin embargo, lejos de producir expansiones econmicas significativas, provocaron severas crisis y la acumulacin de deuda externa en esos pases, revelndose como medidas que perseguan el mero aumento de la rentabilidad y la apertura del mercado laboral de las economas perifricas a la explotacin por parte de compaas de los centros econmicos, favoreciendo la rpida apropiacin de las riquezas de los pases de la periferia y la adaptacin de sus economas a los nuevos intereses de los Estados centrales.

 

A mediados de los 90, el capital haba logrado recuperar buena parte de la tasa de ganancia en un marco de bajo crecimiento econmico, a costa del aumento de la tasa de explotacin de la mano de obra y del expolio de los Estados perifricos, agudizando la pauperizacin de importantes sectores de la poblacin mundial y generalizando la polarizacin social . Todo ello en un clima de inestabilidad muy sensible a las crisis, que sin descanso se sucedan regionalmente bien por los riesgos de impago de la deuda , bien por quiebras de fondos especulativos .

 

La respuesta del capitalismo central a las sucesivas crisis de esos aos, ha consistido en una reiterada huda hacia delante con una deriva creciente hacia el comportamiento especulador que alejaba progresivamente el precio de los ttulos del necesario respaldo productivo-, y el impulso del consumo interno a travs del recorte continuado de los tipos de inters, del endeudamiento creciente y del enriquecimiento patrimonial originando enormes burbujas burstiles e inmobiliarias-, provocando la deuda privada un complejo mecanismo financiero esencial para generar los capitales y activos lquidos, de los que se ha beneficiado el sistema en su conjunto. Este modelo de crecimiento se ha mantenido desde mediados de los noventa con la condicin de que el dficit fuera financiado por entradas de capitales provenientes de los excedentes de los pases emergentes y de los pases productores de petrleo. El resultado ha sido un enorme dficit comercial.

 

2. Fracaso de las polticas neoliberales

 

a) Incapacidad para estimular el crecimiento econmico.

 

Si bien la disciplina fiscal ha logrado controlar en buena medida la inflacin a costa de un elevado dficit de la balanza comercial y de configurar un modelo social dual-, la estabilidad monetaria no ha sido suficiente para lograr un crecimiento econmico prolongado. La enorme concentracin de riqueza impulsada por las polticas neoliberales, no ha repercutido significativamente en la tasa de inversin en los pases donde se han aplicado. La experiencia de EEUU en los 8 aos de gobierno de Bush (2001-2009), muestra el fracaso de estas polticas. Un estudio de Richard Berstein, publicado en septiembre de 2010 en Financial Times, concluye que fue la dcada de crecimiento ms dbil de la inversin no residencial en EEUU desde la segunda guerra mundial. Lo mismo sucedi en Latinoamrica, donde el crecimiento del PIB se situ en una tasa promedio de slo el 2,8% para el perodo 1990-2001, muy lejos del 5,5% del perodo 1960-1980 (CEPAL. Estudio Econmico de Amrica Latina y el Caribe, 2003) , para recuperarse a partir de 2003 coincidiendo con el cambio de orientacin econmica en la regin, alcanzando un crecimiento promedio del 4,2% anual en el perodo 2004-2010 a pesar de la crisis mundial (CEPAL, 2010).

 

En ms de 30 aos de hegemona neoliberal, las tasas de crecimiento agregado distan mucho de las logradas en los aos 50 y 60 (Harvey, 2007). Aunque la tasa de beneficios se recuper en los 90 hasta superar la de los aos 70 y 80, an se situaba muy por debajo del perodo de posguerra, y l a tasa de crecimiento promedio en los tres centros de la economa mundial apenas llegaba a la mitad de la alcanzada en el perodo 50-60 (Katz, 1998) . Desde la recesin de 2000, el crecimiento del PIB de EEUU ha sido el ms bajo en comparacin con cualquier otro perodo desde finales de los aos 40, mientras que las inversiones productivas en equipamientos y creacin de empleo han sido un tercio y dos tercios inferiores respectivamente a las medias de posguerra (Brenner, 2008).

 

Sin embargo, las polticas neoliberales han sido una herramienta inestimable para transferir activos y canalizar la riqueza y los ingresos de la masa de la poblacin hacia las clases altas y de los pases vulnerables hacia los ms ricos mientras el 1% de la poblacin mundial posee el 44% de la riqueza, el 90% apenas cuenta con el 16%, concentrndose el 62% en Europa y EEUU (Credit Suisse. Global Welth Report, 2011 )- . Y han representado un xito para restaurar el poder de clase de las elites gobernantes en EEUU, Reino Unido y Europa, y para crear las condiciones que han configurado la nueva clase capitalista en China, India o Rusia.

 

b) La mundializacin neoliberal no ha reforzado el papel de los Estados centrales.

 

La era neoliberal ha generado a escala mundial la creacin de un espacio libre de restricciones para las operaciones del capital, para producir y realizar plusvala. Ese espacio, aunque no es homogneo, ha permitido al capital organizar a escala global el ciclo de valoracin al tiempo que ha puesto en competencia entre s a los trabajadores de todos los pases.

 

La orientacin de las inversiones y las polticas de deslocalizacin de diversas ramas de la produccin, aceleraron la formacin de potentes grupos industriales en Asia, permitiendo su rpida transformacin en la fbrica del mundo. La integracin de China e India a la economa mundial represent un arma evidente en la contencin salarial en los Estados centrales y en las perspectivas de ganancia para el capital.

 

La transformacin de esos pases ha variado el panorama econmico mundial, hasta el punto que no es concebible el proceso de acumulacin de capital sin su presencia. Aunque los Estados centrales del sistema mantienen una tasa de plusvala ms elevada, la mayor parte de la plusvala (la masa) que permite la reproduccin del capital proviene de Asia y sobre todo de China, debido a que la importacin masiva de productos muy baratos es fruto de un bajo coste de reproduccin de la fuerza de trabajo en Asia, el precio proporcional del trabajo baj a medida que al efecto de la duracin y la intensidad del trabajo, se le sum el del aumento de la productividad por la modernizacin de equipamientos-.

 

Por otra parte, el modelo macroeconmico de esos pases tiene un carcter especficamente nacional y la penetracin neoliberal no se ha traducido en la aplicacin sistemtica de sus polticas. Y e n el continente americano, aunque el impacto de las polticas neoliberales ha sido muy fuerte provocando severas crisis desde los 80 hasta los primeros aos del nuevo siglo, la reaccin de buena parte de Latinoamrica ha impulsado el desarrollo de polticas soberanistas y la creacin de mercados regionales que limitan el papel preponderante que EEUU ha jugado en la regin. Estas periferias activas tienen hoy un proyecto y una estrategia que se enfrenta a los intereses de los Estados centrales. De manera que mientras se desmantelan las barreras aduaneras a nivel nacional y se consolidan mercados globales como los monetarios- que reducen la capacidad de los Estados nacionales para regular sus propias economas, se generalizan barreras no tarifarias y se consolidan grandes bloques y territorios econmicos con lgicas eminentemente proteccionistas.

 

En la medida que cada oligarqua particular procura reforzar y avanzar sus posiciones en la jerarqua mundial en desmedro de otras, uno de los pilares elegidos por los Estados centrales para reforzar su poder se ha transformado en fuente de nuevas contradicciones. Hasta comienzos del nuevo siglo, EEUU era el centro de las relaciones jerarquizadas fruto de la mundializacin, pero l a etapa en que EEUU poda actuar como potencia mundial indiscutible, ha finalizado. La elevada dependencia de EEUU frente a China, tanto en el plano financiero en 2010 financiaron el 20% de un dficit pblico que alcanz los 4,4 billones de dlares- como en el comercial aprovisionamiento de bienes manufactureros poco complejos-, ha obligado a EEUU a mantener una relacin especial con China, creando un dilogo permanente entre ambos pases. China, India y Brasil ste como cabeza de las economas proveedoras de materia bsica-, han entrado en la configuracin econmico-poltica del sistema capitalista mundial. El G8 ha dado paso al G20, y los cambios que se estn produciendo en los derechos de voto en el FMI amenazan con el decaimiento de los pases europeos en beneficio de las nuevas potencias.

 

A su vez, en el plano financiero, los llamados Fondos Soberanos (fondos de inversin creados por gobiernos de pases que disponen de un exceso de ahorro debido a sus recursos petroleros Oriente Medio, Rusia, Noruega o Venezuela-, a excedentes presupuestarios Singapur- o a reservas de divisas de los bancos centrales China-), se han convertido en importantes puntos de centralizacin del capital bajo la forma dinero. Estos Fondos tienen estrategias y dinmicas propias q ue persiguen modificar el reparto intercapitalista de los flujos financieros a favor de los sectores rentistas que representan, introduciendo un nuevo factor de perturbacin.

 

Hoy la crisis est acelerando procesos de destruccin de capacidades productivas y con ellas puestos de trabajo- en el centro del sistema, mientras en China se est concentrando una sobreacumulacin de capital que se tornar insostenible si cae la demanda en EEUU y Europa las exportaciones netas representan la tercera parte del crecimiento chino, siendo EEUU su principal mercado- , y no logra abrir nuevos mercados o su demanda interna es incapaz de absorber la realizacin de la plusvala que se daba en EEUU. Los efectos de esa sobreacumulacin se transformaran entonces en un factor de propagacin de la crisis, como sucedi en Corea en 1997. S e producira una crisis de sobreproduccin mundial de enorme envergadura, que no slo golpeara a las fbricas mundiales de Asia, agudizando las contradicciones del sistema, tanto intercapitalistas como sociales.

 

Las profundas interconexiones econmicas mundiales ponen en evidencia los lmites de los actuales centros de poder . Comienza una nueva etapa de cambios que obliga a EEUU, junto a las potencias centrales, a renegociar sus relaciones mundiales sobre la base de compartir el poder con las nuevas potencias emergentes. En la medida que este proceso nunca se ha producido de forma pacfica en la historia del capitalismo, el riesgo de una aventura militar de impredecibles consecuencias est de nuevo presente, ms si se tiene en cuenta que EEUU perdi su superioridad productiva en la dcada de los 70 y puede estar ahora perdiendo su dominio financiero, quedndole nicamente el podero militar.

 

c) El neoliberalismo como generador de burbujas y crisis.

 

En 30 aos de polticas neoliberales, las continuas huidas hacia delante de los centros econmicos occidentales intentando superar sus lmites, se han saldado con la creacin a una escala sin precedentes de capital ficticio. Los neoliberales han propagado que los productos financieros crean valor, cuando no representan ms que expectativas de plusvalas futuras . Los productos financieros se reproducen mediante distintas operaciones especulativas, siendo la principal consecuencia la inflacin de esos productos, que acaban constituyendo burbujas financieras. El milagro que explica la aceleracin de la expansin econmica en los Estados centrales desde mediados de los 90 y la ilusin neoliberal, reposa en un crecimiento de la inversin que impuls el consumo- basado no en un aumento de los beneficios reales o potenciales, sino en el acceso de las empresas a un crdito fcil. Lo que oculta el neoliberalismo es que esa financiacin casi gratuita condujo a una sobreinversin y a un efecto riqueza, que provoc una cada de la tasa de beneficios ms all del sector industrial y nuevas recesiones.

 

Durante la etapa de liberalizacin y globalizacin financiera de los aos 80 y 90, la acumulacin de capital ficticio corri fundamentalmente a cargo de Fondos de Inversin, Fondos de Pensiones o Fondos Financieros. Y desde mediados de los 90, en forma de crditos de las entidades financieras a las empresas, al consumo y sobre todo hipotecario, para ampliar una demanda insuficiente en el centro del sistema . A partir de 1996, los precios de las acciones dejaron muy atrs a los beneficios empresariales, comenzando a hipertrofiarse la burbuja burstil. La facilidad de crdito en los mercados financieros era fomentada por los gobiernos, y las empresas se endeudaron enormemente para llevar a cabo fusiones o absorciones, o para recuperar sus propios ttulos en circulacin. El mecanismo de convertir en ttulos de valores negociables las deudas, agigant el negocio e impuls que bancos y fondos de cobertura inflaran sin medida las transacciones de los documentos financieros. A medida que el precio de los ttulos creca y aumentaba el papel, se haca evidente su sobrevaloracin. La respuesta consisti en aumentar progresivamente las operaciones de mayor riesgo con activos cada vez ms opacos, de manera que los bancos vendieron papel en tales condiciones que nadie poda saber exactamente qu estaba comprando .

 

La farsa ha sido sostenida por las sociedades financieras al mantener la circulacin de enormes masas de ttulos cuyo valor no tena sustento en la economa real y aceptarlos en sus intercambios. Su carcter ficticio se hizo visible a raz del estallido de la burbuja burstil en 2000 y de la burbuja inmobiliaria en 2006, porque todo ese papel no era ms que, en el mejor de los casos, el recuerdo de una inversin productiva lejana y su precio rebasaba en mucho el valor real de la riqueza mundial producida.

 

El colapso en 2006 de la burbuja inmobiliaria en EEUU y el estallido de las hipotecas subprime (concedidas sin seguridad de devolucin), se contagi rpidamente al sistema financiero y provoc una contraccin del crdito y una crisis de liquidez del sistema bancario intoxicado por numerosos activos contaminados-, que repercuti negativamente en la actividad econmica y en el empleo, poniendo en evidencia ese modelo de crecimiento por endeudamiento. Aunque la crisis se haya mostrado inicialmente como un colapso especulativo, ste no es ms que un sntoma. La especulacin ha sido un medio de retrasar la crisis al dar una salida temporal al mercado a la sobreproduccin, pero acaba por precipitarla y aumentar su fuerza. Cuando la crisis estalla, lo hace inicialmente en el mbito ms dbil, el especulativo.

 

3. Socializacin de las prdidas y crisis de la deuda soberana en el centro del sistema.

 

El modelo de crecimiento neoliberal no es sostenible porque el consumo interno no puede ser relanzado indefinidamente mediante el crdito que ha alcanzado niveles inmanejables-, y menos cuando el endeudamiento ya es muy alto, la burbuja inmobiliaria ha estallado y existen numerosos activos contaminados. La envergadura de la crisis financiera est en relacin con la envergadura de capital ficticio creado. El Banco de Inglaterra cifr, en octubre de 2008, en 2,8 billones de dlares las prdidas sufridas inicialmente por las instituciones financieras bancos, aseguradoras y fondos de inversin- de todo el mundo (Finanzas.com, 28/10/2008), pero las cifras reales comprometidas en este enorme fraude rebasan en mucho esas cantidades. De ah que las fusiones bancarias no evitaran la amenaza de quiebra ni activaran el crdito, y l os gobiernos de los Estados centrales optaran por evitar un colapso financiero y limitar el monto de las prdidas de las instituciones financieras a costa de agravar el endeudamiento pblico mediante la socializacin de las prdidas.

 

Para ello se pusieron en marcha planes de salvacin, hacindose cargo los Estados de prstamos dudosos, inyectando enormes masas de dinero y ofertando garantas sobre los depsitos y los prstamos interbancarios. Los recursos movilizados para hacer frente a la crisis financiera en 2008 y 2009, superaron el 25% del PIB en los pases desarrollados segn el Fondo Monetario Internacional y la Comisin Europea. A esas enormes sumas de liquidez se sumaron otras entregas encubiertas. Un informe de 21 de julio de 2011 de la Oficina Gubernamental de Rendicin de Cuentas de EEUU, revela que entre diciembre de 2007 y julio de 2010 la Reserva Federal ( banco central estadounidense) concedi en secreto 16 billones de dlares (superior al PIB anual de EEUU en 2010) en prstamos a grandes corporaciones y empresas del sector financiero mundial a un inters del 0,25%, en el mismo momento en que esos bancos prestaban dinero a pases como Grecia al 7% (Una estafa de 16 billones de dlares. Atilio Boron en Diariocolatino.com, 3/8/2011; informe completo en http://www.gao.gov/new.items/d11696.pdf ).

 

Estos desembolsos de dinero pblico para equilibrar el enorme dficit comercial y recapitalizar los bancos, se realizaron a medida que los Estados entraban en recesin, disminuyendo sus ingresos por la cada de la actividad econmica y disparando sus gastos en cobertura social por el aumento del paro. De este modo se provoc un abultado endeudamiento pblico sin que incidiese en la reactivacin econmica.

 

La ausencia de reactivacin econmica y falta de fluidez del crdito se deba a que los fondos pblicos que l os bancos reciban a intereses muy bajos (los intereses del Banco Central Europeo giraban en torno al 1%), para sanear sus finanzas, impulsar el crdito y financiar la economa real, se empleaban en nuevas prcticas especulativas, aprovechando las necesidades de financiacin de los Estados tras el enorme esfuerzo realizado para reflotar la banca. Los bancos consiguieron, con los fondos pblicos recibidos en esos aos de los Estados, rentabilidades de entre el 5% y el 12% (alcanzando el 25% en el caso griego) comprando bonos y obligaciones de esos mismos Estados.

 

Los Estados de la eurozona podran haberse financiado mediante cambios en sus polticas fiscales que no daasen a la inmensa mayora de la poblacin aumento de la presin fiscal sobre los segmentos sociales con mayores rentas y patrimonios, aumento de gravmenes a las rentas del capital, creacin de impuestos sobre el movimiento de capitales, o persecucin del enorme fraude y la evasin fiscal (procedente en su mayora de las grandes fortunas, grandes empresas y banca)-. Sin embargo, l a recaudacin de los Estados se ha orientado a hacer recaer el peso de la fiscalidad sobre los asalariados mediante el incremento de los impuestos indirectos ( principalmente el IVA), fomentando los aspectos ms regresivos fiscales al gravar de forma indiscriminada en lugar de hacerlo segn el nivel de rentas, a l tiempo que se han reducido las cotizaciones sociales de las rentas del capital en la UE-27 la media del impuesto de sociedades ha disminuido del 31,9% en 2000 al 23,2% en 2010 (Instituto de Estudios Econmicos, en El Pas, 7/12/2011)- .

 

Tambin podran haber recurrido al propio Banco Central Europeo variando el Tratado de Maastricht (ratificado en 1993 por los Estados de la UE), que impide prestar dinero a los Estados pero permite prstamos a la banca privada. La dejacin de los gobiernos europeos, fruto de la correlacin de fuerzas entre los distintos bloques sociales, abocaron a los Estados a buscar liquidez en el mercado financiero, dando lugar a partir de 2009 a una crisis de la deuda pblica que ha golpeado con especial dureza a la periferia de la eurozona (Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y Espaa los PIIGS, como se les denomina despectivamente-).

 

Esta farsa entre instituciones financieras y gobiernos europeos, coloc en dos aos a la banca en una posicin de poder, pasando de una situacin de quiebra a ser acreedora de los Estados. Los ataques especulativos contra la deuda pblica han sido una constante en este ltimo perodo, dada la complicidad entre el sector financiero y las agencias de calificacin crediticia, encargadas de evaluar el riesgo de incumplimiento de los compromisos de los Estados y cuyos principales clientes son los acreedores la banca y otras entidades financieras-. Si las agencias dictan que un Estado tiene un elevado riesgo de incumplir sus compromisos, su prima de riesgos sube y crecen los intereses de su deuda y por tanto el monto de sta, y a medida que crecen las necesidades de financiacin de los Estados se multiplican esos intereses y los acreedores exigen nuevas garantas sobre el patrimonio estatal, al tiempo que les obligan a adoptar ajustes estructurales cada vez ms drsticos. Estos ajustes estructurales se aplican en una situacin de indefensin de los Estados de la eurozona, que en el proceso de integracin en las instituciones europeas han cedido a stas el control de mecanismos esenciales que actan sobre la recuperacin econmica, como los tipos de cambio (devaluacin monetaria) o las tasas de inters.

 

Por tanto, si la deuda pblica de los Estados centrales en el perodo anterior a la crisis provena de la insuficiente contribucin fiscal de las rentas del capital y de la parte mas rica y acomodada de la poblacin, los intereses que se imponen a los Estados a la hora de otorgarles prstamos para financiar su deuda una vez que ha estallado la crisis, permite a esos sectores enriquecerse an ms mediante la apropiacin de una parte de los impuestos.

 

La poltica del eje Berln-Pars, hunde sus races en la fuerte aportacin de las exportaciones al PIB en Alemania y el gran crecimiento de las rentas del capital en los aos previos a la crisis, que gener una gran concentracin de capital que se dirigi, en buena medida, a actividades lucrativas en los Estados del sur de Europa compra de deuda externa a elevados intereses, inversiones en bancos para impulsar el endeudamiento privado o inversiones especulativas inmobiliarias-. La crisis de liquidez bancaria aument los riesgos de impagos de deuda a la banca alemana en abril de 2009, una filtracin a la prensa de un informe del organismo controlador del sistema financiero alemn, puso de manifiesto el enorme volumen de crditos y valores problemticos de los bancos alemanes, valorado en 816.000 millones de euros- . Los bancos alemanes y franceses, respaldados por los gobiernos de sus Estados, para asegurar su cobro han impulsado el traslado de la deuda privada a las arcas pblicas y se han centrado en la solvencia de la deuda pblica, imponiendo polticas de austeridad que slo persiguen que los bancos centrales recuperen los fondos invertidos y sus intereses segn el Premio Nbel de Economa Joseph Stiglitz, las supuestas ayudas de la UE y del FMI a los Estados perifricos europeos, no son ms que un prstamo para que corran con las deudas y puedan pagar a los bancos centrales-.

 

E l caso de Espaa es altamente ilustrativo de esas polticas. La enorme deuda de la economa espaola se conform fundamentalmente durante los aos de crecimiento desequilibrado 1997 a 2007-, facilitada por un crdito barato que proceda en gran medida de Alemania y Francia. La deuda total espaola ascenda en 2010 al 400% del PIB , recayendo especialmente en los bancos (32%) y empresas no financieras (31%), representando la deuda pblica apenas el 16% del endeudamiento total . Segn el informe de marzo de 2011 del Banco Internacional de Pagos, la mayor parte de la deuda externa neta est en manos de bancos alemanes y franceses, siendo muy baja su exposicin a la deuda pblica en comparacin con el riesgo de impago del sector privado (Daniel Gmez-Oliv, investigador del Observatori del Deute en la Globalitzaci en Diagonal, 21/11/2011). Sin embargo, los bancos alemanes y franceses y sus gobiernos- azuzan al resto de acreedores internacionales para que presionen sobre la deuda pblica de Espaa a fin de imponer los recortes necesarios que coloquen las cuentas pblicas en condiciones de asumir, si se producen, los i mpagos de la banca privada espaola.

 

En esas circunstancias y dada la posicin de poder de la banca para marcar las polticas econmicas, el capital ha desencadenado una guerra de clase a fin de aumentar la explotacin del trabajo y la apropiacin privada de la riqueza social (el pastel que representan los gastos sociales supera el 27% del PIB en la UE) , cuyos principios programticos estn contenidos en el Pacto del Euro aprobado en marzo de 2011 por los gobiernos de la euroz ona y otros seis Estados-, bajo el lema de mejorar la competitividad y disminuir el endeudamiento de los Estados. Pero la pretensin de elaborar estrategias de crecimiento basadas en la flexibilizacin laboral y los bajos salarios para impulsar las exportaciones, corren el riesgo de una declinacin de la participacin de los salarios en ese crecimiento, provocando cadas mayores de la demanda interna y desequilibrios mundiales. Y la excusa de poner freno al endeudamiento de los Estados no esconde ms que la imposicin de mecanismos de endeudamiento perpetuo, a travs de prstamos privados dirigidos al pago de la deuda soberana y la limitacin de la capacidad recaudatoria de los Estados sobre las rentas del capital y las grandes fortunas.

 

El coste de la recesin econmica ha recado fundamentalmente en los trabajadores y ha disparado las cifras de paro (ms de 23 millones de desempleados en la UE). Capital y Estados han utilizado y utilizan el paro y la competitividad como herramientas para rebajar los salarios, abaratar el despido y desregular la contratacin , y acabar con la negociacin colectiva y con los derechos laborales , procediendo a una brutal desvalorizacin del trabajo mientras se incrementa desproporcionadamente el consumo de lujo. E n Espaa, segn datos de la Contabilidad Nacional del INE, entre 2009 y 2011 los salarios perdieron casi tres puntos porcentuales, mientras que los beneficios empresariales ganaron dos puntos , pasando las rentas empresariales a superar a las salariales en el reparto del valor aadido por primera vez.

 

Capital y Estados han utilizado y utilizan la deuda pblica para reducir severamente el gasto pblico y descerrajar los servicios pblicos de carcter social, atacando el salario socializado bajo la forma de prestaciones (reforma de los sistemas de pensiones, recortes en sanidad, enseanza, subsidios al desempleo,...), reduciendo el empleo y los salarios pblicos, y acelerando los procesos de privatizacin de los servicios pblicos. Reducir dficit y endeudamiento pblicos retraer las inversiones pblicas y ahondar los efectos de la crisis. S egn datos de Eurostat, las restricciones del gasto pblico del ltimo trienio estn bloqueando la recuperacin econmica.

 

Estas polticas no lograrn disminuir la deuda pblica de la periferia europea debido al elevado monto de sus intereses y a la dbil recuperacin econmica, pero favorecen una nueva recesin porque van a limitar la demanda. La Comisin Europea prev que en 2012 la actividad econmica de la eurozona se contraiga un 0,3%, siendo ms acusada en Grecia (4,4%), Portugal (3,3%), Italia (1,3%) y Espaa (1%). La Fundacin de Cajas de Ahorros establece un panorama ms sombro para Espaa, situando la cada de su economa en el 1,7% que elevar la tasa de paro hasta el 24,5%-, un dficit del 5,8% que favorecer la elevacin de la prima de riesgo-, y una cada del consumo de los hogares del 1,9%. En estas circunstancias el cumplimiento del dficit exigido por la UE ( 4,4% del PIB para 2012 y 3% para 2013), se hace imposible en el sur de Europa, lo que profundizar la crisis de la deuda pblica y la recesin econmica. Recurrir a aumentos significativos en los impuestos que golpeen fundamentalmente a las clases medias como en el caso del IRPF en Espaa para 2012-, tampoco lograr ralentizar el endeudamiento de los Estados, dado que repercutir en el consumo interno hasta congelarlo y acelerar la crisis. 

 

Las consecuencias sern un aumento an mayor del desempleo y la precariedad, una acentuada tendencia a la baja en los salarios y un aumento de los rigores del ajuste presupuestario en las prestaciones pblicas. El aumento del tiempo medio de permanencia en paro y la disminucin de prestaciones, extendern la pobreza y la asistencia social, dejando claro que el caso griego no es ms que el espejo en el que contemplarse los pueblos de la periferia europea.

 

Pero esta nueva recesin surge cuando una gran parte de la deuda de los Estados est en manos de los bancos europeos, lo que sacudir de lleno a la economa real europea y la estabilidad financiera de los Estados que han actuado como garantes el Informe de Estabilidad Financiera Mundial del FMI, de 2011, avisaba del riesgo de una nueva crisis del sistema financiero, dado que su solvencia se ve comprometida por la tenencia de bonos pblicos que pierden progresivamente valor en los mercados, y en el mismo sentido se manifestaba la OCDE al situar al sector bancario como el primer riesgo para la recuperacin-. Alemania y Francia corren ahora severos riesgos fruto de sus polticas, que han acentuado las tendencias recesivas en la periferia de la UE en su aspiracin de mantener la competencia con EEUU fortaleciendo el euro para que el ahorro mundial fluya hacia sus bancos-, y de producir mercancas a precios ms baratos para frenar el empuje de naciones como China, que les disputa el mercado en varios productos industriales. EEUU y sus entidades financieras, aparte de su contribucin a la sangra del sur de Europa, presionan a su vez al eje Berln-Pars para que aumente su deuda a fin de estimular la economa, de modo que el papel moneda que imprime sin freno la Reserva Federal de EEUU encuentre tambin una salida ventajosa en la eurozona que ayude a impulsar su decada economa.

 

En definitiva, la crisis ha avivado la competencia entre los Estados centrales del sistema y les ha obligado a introducir ajustes para garantizar la acumulacin de capital y evitar su desvalorizacin, orientando sus polticas hacia un incremento de los niveles de explotacin de la clase trabajadora y el empobrecimiento de buena parte de las clases medias de sus pases, una apropiacin sustancial de l os gastos sociales y la privatizacin de servicios pblicos que posibilitan inversiones privadas rentables rpidamente-, mientras se mantienen las tendencias inversoras en pases y continentes ms competitivos, y la lucha por el control de las fuentes de energa. Es una poltica de guerra social que se llevar por delante incluso la democracia delegativa y sustitutiva de la voluntad popular de esos Estados lo sucedido en Grecia o Italia, con cambios de gobiernos no electos, o las presiones sobre Papandreu para no convocar un referndum sobre las polticas impuestas por Berln-Pars, son slo el principio-, porque cuando la democracia se equivoca y avanza contra el mercado, es preciso cancelar la democracia.

 

4. Entierro del keynesianismo en los estados centrales y nuevas perspectivas.

 

La teora keynesiana, ideada tras el crash de 1929, es una propuesta pragmtica de administrar el problema de la crisis productiva, el desempleo y la deflacin, mediante la intervencin del Estado y el aumento de l gasto presupuestario pblico (poltica fiscal) ste permitir realizar las inversiones necesarias que incrementen la demanda-. Es un planteamiento de solucin a corto plazo en las crisis, pero no resuelven el problema porque centran sus acciones en el subconsumo en lugar de en la tendencia innata del capitalismo a la crisis de sobreproduccin . El cenit del keynesianismo se alcanz tras la II Guerra Mundial con los acuerdos de Bretton Woods. Pero stos no nacieron para resolver una crisis capitalista. Fueron el resultado de una crisis no resuelta en los aos 30 y de la destruccin violenta de fuerzas productivas por la va de la guerra, en un mundo muy diferente del actual. Hoy ni se dan las necesidades de reconstruccin tras una guerra mundial, ni el mundo est dividido en bloques, ni los trabajadores disponen de potentes organizaciones, ni existe un fuerte movimiento anticolonial y de liberacin nacional.

 

Los poskeynesianos plantean, frente a la actual crisis, toda una batera de medidas orientadas a impulsar el crecimiento econmico mediante el relanzamiento del consumo : aumento de los salarios y de las polticas expansivas del gasto pblico, para estimular la economa mediante el crecimiento del empleo y el aumento de la demanda de bienes y servicios; devaluacin de la moneda, a fin de impulsar las exportaciones de productos y bienes al hacerlos ms baratos y competitivos; desincentivacin de las actividades financieras especulativas mediante el gravamen de los movimientos de capitales; refiscalizacin de las rentas del capital y la redistribucin de los ingresos; reestructuracin del pago de la deuda, dado que sin crecimiento econmico es imposible su devolucin. Tales cambios generaran enormes recursos al Estado, que se invertiran en creacin de empleo y en nuevas reas productivas.

 

Sin duda estas polticas representan, en plena crisis, un gran atractivo para determinados sectores populares, pero se sitan fuera del mundo real y olvidan que ya fueron ensayadas en buena medida en EEUU en la dcada de los 70 sin xito . A diferencia de los aos 30, hoy es ms fcil obtener fondos que estimulen la economa en el mercado privado de capitales que en los Estados. C ada ao, la economa real crea una riqueza mundial estimada en unos 45 billones de euros, mientras que en la esfera financiera los mercados mueven capitales por un valor de 3.450 billones de euros (Ramonet, I. 2011). En cualquier caso, el problema no radica en la cuanta de los fondos necesarios para relanzar el consumo sino en la recomposicin de la tasa de ganancia, de ah que el capital de los Estados centrales dirija sus inversiones a los pases y regiones que ofrecen salarios ms competitivos castigando a las compaas que derrochan trabajo social (costos superiores al promedio)-, al tiempo que impone reformas laborales que aseguran el aumento de la tasa de explotacin y aceleran la acumulacin por desposesin que adems ayuda a expandir el trabajo productivo y la explotacin por medio de las privatizaciones-.

 

Una devaluacin de la moneda que favoreciese las exportaciones tambin est fuera de la realidad, ya que para competir con los gigantes asiticos los salarios y condiciones laborales en vez de tirar al alza deberan tender a homogeneizarse con aquella regin mundial y en eso estn-. En el caso de la eurozona, dado que su tasa de apertura comercial (importaciones ms exportaciones dividido por el PIB) no es ms que del 16%, la mera devaluacin del euro sera insuficiente para combatir las tendencias recesivas.

 

Otras medidas como la refiscalizacin de las rentas del capital y la redistribucin de los ingresos, no han obtenido ni el apoyo de los partidos socialdemcratas gobernantes ni han tenido eco en el grupo socialista europeo, que adems apoya en general las medidas de austeridad. Y no tienen hoy cabida como propuesta poltica realizable dentro del sistema.

 

El problema histrico de la socialdemocracia radica en su orientacin a solucionar los problemas de las sociedades capitalistas apoyndose en las instituciones estatales, sin cuestionar el dominio de clase de esas instituciones incluso Reagan aplic polticas keynesianas en su mandato, al impulsar los gastos militares para salvar la industria estadounidense y generar empleo, y evitar el decrecimiento de la economa de EEUU-. Aparte de rehuir la conexin entre capital y Estado y los efectos de la competencia intercapitalista sobre la economa, ocultan que no es posible en el capitalismo mantener un aumento de la rentabilidad mundial del capital y simultneamente un aumento de los salarios, condiciones de vida y derechos sociales. Cuando los postulados socialdemcratas han logrado en momentos puntuales de la historia combinar ambos aspectos en una regin, lo han hecho a costa del aumento de explotacin en otras.

 

El xito del neoliberalismo, a pesar de los fracasos de sus polticas para solucionar problemas de crecimiento y de integracin social, radica en que no existe otra propuesta efectiva real para el ordenamiento de las economas capitalistas en el marco de las actuales relaciones mundiales, de ah el sometimiento de los partidos socialdemcratas en los Estados centrales a las polticas neoliberales. Este sometimiento, expresado por los gobiernos socialdemcratas en la carencia de polticas redistributivas hacia abajo, supone el entierro del keynesianismo.

 

El entierro de las polticas keynesianas representa el fin del estado de bienestar en los Estados centrales y cierra la posibilidad de desarrollar alternativas desde dentro del sistema. E l ritmo creciente de la crisis, que se manifiesta en l a nueva recesin en marcha y la previsible nueva crisis bancaria, obliga a una mayor explotacin del trabajo y a acelerar la absorcin estatal de las prdidas, que provocarn un aumento del nmero de parados ms an en la periferia europea- mientras se reducen las ayudas sociales, e incrementarn el endeudamiento pblico y las polticas de saqueo, extendiendo an ms el riesgo de pobreza en Grecia alcanza el 27,7%, en Espaa el 25,5%, en Portugal el 25,3% y en Italia el 24,5% (Eurostat, 2012)- .

 

En Grecia se est procediendo a la liquidacin masiva de las propiedades del Estado y los bancos europeos le estn endosando papeles desvalorizados a travs de los prstamos, limpiando as sus balances y reduciendo las prdidas ocasionadas por la imposibilidad de cobro. La refinanciacin de la deuda exige a cambio ms privatizaciones, recortes en los gastos sociales y las pensiones, eternizando el tributo de Grecia a los bancos y la pauperizacin de su poblacin. La refinanciacin que propone la socialdemocracia, mediante la reduccin de las tasas de inters, no tendr efecto si persisten los pagos a los acreedores, porque la deuda es de tal calibre que incluso imposibles crecimientos econmicos semejantes al de China no lograran disminuirla a los niveles de su entrada en la UE ni en varias dcadas.

 

En Irlanda, las privatizaciones y desregulaciones laborales que han aumentado el paro y disminuido los salarios- slo han logrado un gran dficit fiscal, que ahora pretende ser enjugado con subidas de los impuestos indirectos. En Portugal, que ya recibi un rescate, el endurecimiento de las polticas laborales no ha suavizado las exigencias de la banca. En Espaa, la dura reforma laboral impuesta no ha conseguido de las autoridades europeas ni la revisin del dficit presupuestario de este ao, y se encamina junto a Italia a un derrumbe fiscal semejante al de Grecia o Irlanda.

 

Tanto la deuda griega como la de los Estados de la periferia europea, se encuentran muy imbricadas con el sistema financiero europeo, en un marco de graves insolvencias empresariales y debilidad de los bancos alemanes y franceses, que arrastran un enorme lastre de ttulos incobrables. Esto significa que una suspensin de pagos fcilmente tambaleara las lneas de actuacin marcadas por Alemania y Francia. Los sufrimientos que ocasionase no seran mayores que los provocados por el cumplimiento de las exigencias de los banqueros, pero tendra la virtud de romper ese crculo vicioso y trasladar el problema a los Estados del centro de la UE y al propio sector financiero.

 

Tal opcin debera contemplar previamente la intervencin de los bancos y su nacionalizacin, y la instauracin de un control total sobre los movimientos de capitales y divisas, para impedir su fuga y asegurar las reservas. La efectividad de estas medidas exigira una accin regional de la periferia europea, para atenuar los efectos sobre la poblacin, y plantearse una nueva soberana monetaria.

 

La tarea urgente de la izquierda es preparar polticamente a los trabajadores y otros sectores sociales, para facilitar su organizacin y su insubordinacin en sus Estados de cara a facilitar un estallido social conjunto en el sur de Europa. Esa preparacin poltica exige plantear que no hay salidas sin el fin de las ayudas estatales a los bancos, su intervencin y su nacionalizacin; sin proceder al impago de la deuda pblica, como medida de justicia social y fiscal, y hacer que asuman las prdidas los acreedores financieros en compensacin de los impuestos que no han pagado durante dcadas y que han contribuido a aumentar esa deuda, y como responsables directos de la crisis, de las polticas especulativas contra la deuda pblica y de la nueva recesin; sin revertir pblicamente todos los sectores estratgicos econmica o socialmente, y establecer mecanismos de control social de los mismos; y sin derogar todas las reglamentaciones laborales dictadas al calor de una crisis provocada por los bancos y grandes corporaciones empresariales. La radicalidad depender de las variaciones que se vayan dando en la correlacin de fuerzas.

 

4. Abrir el debate que asiente las bases de una alternativa global al sistema.

 

a) Centralidad del trabajo productivo y sujeto revolucionario.

 

La base fundamental del funcionamiento del capitalismo es la explotacin del trabajo de la clase obrera, r epresentando la extraccin de plusvala como fuente de valorizacin del capital- la razn de ser de la sociedad capitalista. Y aunque tanto el trabajo como la clase obrera, han experimentado notables transformaciones en las ltimas dcadas, as como el propio proceso de acumulacin auge de la acumulacin por desposesin-, el trabajo productivo sigue jugando un papel de centralidad en un sistema de produccin y distribucin general de mercancas . Es decir, el trabajo abstracto sigue cumpliendo un papel decisivo en la creacin de valor y las mercancas en su intercambio slo conservan una cualidad, la de ser productos del trabajo, considerado ste como trabajo humano abstracto, por tanto, el valor de una mercanca se mide por la cantidad de trabajo que encierra por la duracin de ese trabajo-, consistiendo la explotacin en la apropiacin de una parte de ese trabajo.

 

Ahora bien, el trabajador productivo no puede asociarse mecnicamente al trabajador industrial, sino a todo aquel que vendiendo su fuerza de trabajo produce valor y plusvalor trabajo no retribuido-. Y esto es aplicable a los asalariados que aseguran la persistencia y continuidad del proceso de circulacin de mercancas, a los trabajadores de la limpieza y tambin a los asalariados de la educacin o de la salud, en la medida en que trabajen para empresas capitalistas y stas vendan sus servicios como mercancas . Se trata de trabajadores productivos, porque son pagados mediante la inversin de capital variable y su remuneracin es siempre inferior al valor del producto de su trabajo.

 

Las sucesivas divisiones del trabajo y el aumento de la productividad del mismo, han generado la tendencia a disminuir proporcionalmente la cantidad de trabajo manual directo, en comparacin con el enorme desarrollo de los empleados en otras reas. La reduccin de trabajo manual directo y la ampliacin del trabajo intelectualizado en la medida que el capital determina sus modos de trabajo-, tampoco niegan la ley del valor cuando se considera la totalidad del trabajo, el trabajo colectivo como expresin de mltiples actividades combinadas. La divisin del trabajo no supone una divisin de la clase social, porque estos trabajadores son productivos en el sentido que producen valor y plusvalor.

 

En cuanto a los asalariados del comercio y bancarios, si bien no producen valor, la venta de su fuerza de trabajo permite al capital ahorrar gastos necesarios para la apropiacin de la plusvala, de ah la tendencia del capital comercial o bancario a bajar el precio de la fuerza de trabajo de estos empleados. Por otra parte, se encuentran actualmente subsumidos respecto a sus condiciones de trabajo al capital, no teniendo otra alternativa que ofrecer su fuerza de trabajo en unos empleos que estn estandarizados y automatizados, con ritmos de trabajo ideados para extraer hasta la ltima gota de su tiempo disponible.

 

Los empleados comunes estatales no se incluye la cadena de mandos ni los vinculados a labores represivas-, producen servicios que no son mercancas. Aunque tienen una relacin econmica diferente a los asalariados por el capital, la introduccin en las ltimas dcadas de criterios de la esfera privada en el trabajo de los empleados pblicos ( sometimiento a criterios de eficiencia similares a los del sector privado, sobre todo en educacin y salud), y la tendencia a igualar el producto del trabajador pblico con el del trabajador de caractersticas similares del sector privado, ponen de manifiesto la realizacin de un sobretrabajo por parte de los trabajadores pblicos, aunque el tiempo de ese sobretrabajo contenido en el producto sea imposible de intercambiar. Adems, la crisis ha desatado la apropiacin de ese sobretrabajo por parte del Estado, que es destinado a valorizar el capital ficticio de las entidades financieras. Y ha impulsado los procesos de privatizacin, extendiendo la precarizacin laboral y abriendo la puerta a los despidos y al cambio de relaciones laborales, generando una tendencia a asimilar a los trabajadores pblicos con los del sector privado al disminuir progresivamente las diferencias entre ambos.

 

El trabajo productivo est muy lejos de desaparecer. Ahora bien, en ltimo trmino, las clases sociales en un momento histrico no se definen slo en el proceso de produccin, deben considerarse los factores sociales e ideolgicos que determinan la conciencia de los individuos en relacin al papel que creen desempear en la sociedad.

 

Desde 1900 el proceso de asalarizacin de la humanidad no ha hecho ms que crecer. De aproximadamente 50 millones sobre una poblacin global de 1.000 millones, a una cifra en torno a los 2.000 millones sobre una poblacin de algo ms de 6.000 millones de personas en 2000. Desde 1950 a 2002 el porcentaje mundial de trabajadores de la industria ha pasado del 15% al 20%, mientras ha disminuido en la agricultura (67% a 46%) y ha crecido en el sector servicios (18% a 34%) World Employment Report 2004-2005, Commission europenne, Employment in Europe 2004 -. Es decir, el empleo industrial ha crecido mundialmente un 33% y el de servicios un 88%. En los Estados del centro el trabajo industrial ha sufrido un descenso efectivo en los ltimos treinta aos del 35% al 26%-, pero ese descenso ha corrido parejo con un importante aumento del empleo productivo que se desempea en reas como la circulacin y el consumo. Hoy la relacin capital/trabajo est ms extendida que en cualquier otro momento de la historia y, en la medida que sigue siendo la contradiccin fundamental e irreconciliable del sistema capitalista, la clase trabajadora que slo puede definirse en oposicin al capital- sigue siendo el sujeto revolucionario potencial, en la medida que acte como clase. Porque es la nica clase con potencialidad para cambiar las relaciones de produccin capitalista .

 

Es evidente que en las sociedades capitalistas existen toda una serie de contradicciones que responden a diferenciaciones y conflictos sociales de tipo cultural, tnico, de gnero, sexual, religioso o generacional, que no se explican exclusivamente en el marco de las clases sociales. Pero mientras la supresin de las clases incidir en el resto de contradicciones, la ms que improbable resolucin de esas otras contradicciones dentro del sistema no traer consigo la eliminacin de las relaciones de propiedad capitalistas y, por tanto, de la explotacin. Liberarse del capitalismo abre la va a liberarse de mltiples formas de dominio y a construir un mundo entre iguales (No queremos la igualdad escrita en una tabla de madera, la queremos en nuestras casas, bajo nuestros techos Babeuf. La conspiracin de los iguales. 1795-).

 

b) Nuevo modelo productivo, nuevas formas de organizacin del trabajo y conciencia de clase.

 

Nunca la clase trabajadora fue tan numerosa desde una perspectiva mundial, pero ese proceso de crecimiento en el que destaca la importante incorporacin de la mujer al trabajo y la asalarizacin en masa en la periferia del sistema de poblaciones rurales-, se ha acompaado de otros que, ante la ausencia de una alternativa revolucionaria, han incidido en un aumento de su subordinacin al capital.

 

El actual modelo productivo es consecuencia fundamentalmente del desplazamiento de l as vas de financiacin empresarial a los mercados financieros, junto a una internacionalizacin productiva. Ambos factores han provocado una nueva divisin internacional del trabajo, impulsando la competencia entre los trabajadores de cada pas y entre los trabajadores de todos los pases , en un marco de inmovilidad relativa de la fuerza de trabajo sujeta por los Estados- y movimiento mundial de capitales que buscan unas condiciones ptimas de explotacin aprovechando las ventajas comparativas de las diferentes regiones mundiales y pases. La clase capitalista ha usado la mundializacin como arma en el conflicto domstico de clases, con el fin de disciplinar a la clase obrera. En los pases industrializados bajo la amenaza de mover capital y empleos a las reas perifricas, y en los pases de menor desarrollo industrial por la necesidad de atraer capital para la industrializacin que crear trabajo.

 

Las 500 mayores corporaciones transnacionales controlan una cuarta parte de la produccin mundial, y conforman un relativo espacio propio de produccin y valorizacin del capital. De ah que no deba confundirse la ampliacin progresiva del mercado mundial con una forma especfica de produccin, fruto de su internacionalizacin. La pervivencia del proteccionismo o que los mercados internos sean relevantes, no anulan la nueva realidad de corporaciones produciendo a escala mundial. Tampoco deben exagerarse esos procesos de internacionalizacin de la produccin y deducir la aparicin de un capital global centralizador de una burguesa multinacional, que acta fuera del circuito de los Estados y es capaz de regular la inversin y los mercados. La clase capitalista no puede existir ni el capital acumularse sin Estados. El capitalismo, como sistema global, se basa en la expansin universal del mercado de productos del trabajo y del mercado financiero, eludiendo la creacin de un mercado de trabajo mundial, que queda sujeto por las fronteras nacionales como forma de mantener el control y la explotacin de las fuerzas de trabajo y de los pueblos, a los que se impide un desarrollo autnomo.

 

Pero esta nueva divisin del trabajo y el nuevo modelo productivo, han generado tendencias mundiales inversas. En el perodo 1999-2009, el crecimiento acumulado de los salarios en los Estados centrales se situ en un 5,2%, siendo predominante a largo plazo y durante varios ciclos econmicos (1980-2007) la tendencia a la baja de la participacin de los salarios en el PIB, debido a que el salario medio no aument al ritmo que la productividad del trabajo. Estas cifras contrastan con los crecimientos acumulados de Europa del Este y Asia Central donde los salarios se han ms que triplicado (234%)-, Asia donde se han duplicado (109%)- o Latinoamrica (14,8%) Informe mundial sobre salarios 2010-2011. OIT, 2010-.

 

Y lo mismo sucede con la pobreza. En el perodo 1990-2005, la pobreza extrema en China e India se redujo en 455 millones de personas, y en Latinoamrica la poblacin que vive con menos de 1,25 dlares/da ha disminuido del 13% en 1998 al 8% en 2009, reducindose el porcentaje de la poblacin que vive en villas miseria del 34% en 1990 al 24% en 2010 (Objetivos de Desarrollo del Milenio. ONU, 2011). Sin embargo, la pobreza entre la poblacin censada en EEUU segn informes de la Oficina del Censo del gobierno estadounidense-, ha aumentado del 13,8% en 1995 al 15,1% en 2010, mientras que la pobreza extrema representa el 6,7% de la poblacin (27,6% entre los hispanos y 23,4% entre la poblacin afroamericana), la proporcin ms alta en los 35 aos en que la Oficina del Censo ha mantenido tales registros. En la UE la poblacin en situacin de pobreza se ha incrementado del 15% en 1999 al 17% en 2010, ascendiendo al 23,4% la poblacin en riesgo de pobreza o exclusin social y amplindose la brecha entre ricos y pobres (Informes Eurostat, 2001 y Eurostat, 2012).

 

En estas tendencias inversas respecto a salarios, paro y pobreza- entre centro y periferia del sistema, intervienen diversos factores, entre los que deben tenerse en cuenta las mayores inversiones productivas en los pases emergentes frente a una mayor actividad especulativa en el centro del sistema-, y la existencia de procesos de recomposicin de la clase trabajadora y de luchas sociales que estn madurando la conciencia antiliberal , como prueba el derrocamiento en las calles de varios presidentes latinoamericanos entre 1997 y 2003.

 

En el centro del sistema, el trabajo fijo y con derechos tiende a ser eliminado en el terreno privado y se abren vas de despido en el sector pblico, perdiendo valor la negociacin colectiva al ligarse el futuro de los trabajadores a los resultados de rentabilidad econmica comparativa entre empresas y servicios en un marco mundial, de modo que los despidos, recortes de derechos y sobreexplotacin parezcan naturales e inevitables. Los modelos de organizacin y lucha sindical propios del modelo fordista, se han manifestado incapaces de enfrentar al capital ante la prdida de poder negociador de las grandes maquinarias sindicales institucionalizadas y el nuevo marco poltico regional que excede al definido por los Estados. Pero lejos de variar su orientacin y mtodos de lucha, los grandes sindicatos han mantenido sus polticas de concertacin y paz social, atribuyendo los fracasos a una correlacin de fuerzas adversa para los trabajadores, fruto de la fragmentacin sufrida por la clase trabajadora, que obliga a mantener reivindicaciones parciales y sectoriales para hacer frente a una mayor diversidad de salarios y condiciones laborales, y reduce las posibilidades de una accin solidaria entre los diferentes colectivos .

 

Ciertamente existe una mayor diferenciacin de la mano de obra en trminos de salario y condiciones laborales, fruto de la fragmentacin de los procesos productivos desconcentracin y segmentacin de la produccin- y de formas ms flexibles de organizacin del trabajo. Pero esta diferenciacin se caracteriza por una tendencia a la polarizacin salarial, con rpidos incrementos de los salarios ms altos y el estancamiento de los salarios medios e inferiores, junto a procesos de sobreexplotacin que afectan ms a mujeres, jvenes, trabajadores con bajo nivel de educacin, minoras tnicas desfavorecidas y grupos de inmigrantes, dando lugar a un aumento del empleo de bajos salarios en los ltimos 15 aos en EEUU, incluso el 25% de los trabajadores a tiempo completo se encuentran en esta categora- (Tendencias mundiales de los salarios. Patrick Belser. OIT, 2011 ).

 

Esta polarizacin salarial junto al desarrollo de mecanismos de apropiacin de rentas del trabajo y bienes pblicos, est provocando una enorme concentracin de la riqueza. En EEUU, el 20% de la poblacin posee el 85% de la riqueza, mientras que el 40% apenas posee el 3% (G. William Domhoff. Wealth, Income, and Power. 2005 actualizado en 2011 ) . Segn datos de 2007, en Alemania, la locomotora de la UE, el 1% ms rico de la poblacin posea el 23% de la riqueza del pas y el 10% controlaba el 60%, mientras que la mitad de la poblacin posea tan slo el 2% (Poch, Rafael. El fraude del modelo alemn y el mito de su proyecto poltico. 2012 ). La tendencia al empobrecimiento general de la clase trabajadora y de las clases medias predomina sobre la tendencia a la fragmentacin de clase.

 

Tambin es cierto que las nuevas formas de organizacin del trabajo han generado una dualidad entre un ncleo altamente cualificado e integrado en las empresas que no slo reciben en pago el valor de su fuerza de trabajo sino un plus en la medida que contribuyen a la explotacin de la clase trabajadora-, y una masa perifrica inestable y fcilmente renovable. Pero este proceso se inserta en una concepcin dinmica de conformacin de la clase explotadora como grupo social definido, con capacidad de cooptar sectores en este caso constituyendo una nueva pequea burguesa no propietaria-, de manera que el distanciamiento de ingresos entre el conjunto de los asalariados y esos pequeos ncleos no responde a una fragmentacin de la clase trabajadora sino a la tendencia creciente a la polarizacin social. Y lo mismo puede aplicarse al sector pblico.

 

La nica fragmentacin importante en la clase trabajadora es el crecimiento del desempleo. Es un mecanismo tradicional para reorganizar el proceso de trabajo, que tiende a dualizar los ingresos y precarizar las condiciones laborales. Hasta el estallido de la crisis, las tendencias mundiales eran de nuevo inversas. Mientras en el perodo 2004-2007 el empleo aumentaba mundialmente un 2% anual, el desempleo creca en los Estados centrales del sistema casi en la misma proporcin (OIT, 2010). A raz de la crisis, la tasa mundial de desempleo aument de un 5,7% en 2007 a un 6,4% en 2009 ms del 6,9% si se suma la previsin de parados de larga duracin que han dejado de buscar empleo-. Las tasas de desempleo son mayores en el norte de frica, Oriente Medio, frica Subsahariana y Estados centrales del sistema, doblando o triplicando las tasas de las diferentes regiones que componen Asia ( Tendencias Mundiales del Empleo 2012. OIT ). En Europa ha crecido ms del 30% desde 2000, pasando del 8,4% al 10,7% en enero de 2012.

 

El aumento del paro conlleva asociado el crecimiento del trabajo autnomo un elevado nmero de despedidos de empresas subsisten vendiendo sus servicios-, y aunque son dueos de unos escasos medios de produccin y autodeterminan su trabajo, son parte del ejrcito de desocupados que genera el capitalismo. Proceden de las filas obreras y un buen nmero de ellos estara dispuesto a reingresar a la relacin asalariada apenas consiguieran un trabajo.

 

El paro y las nuevas formas de subsistencia derivadas de ste, exigen la apertura de cauces de lucha ms acordes con esa realidad la experiencia de los piqueteros argentinos, imposibilitando la circulacin de mercancas, da una idea del enfoque a explotar-. Y lo mismo puede aplicarse a la diversificacin laboral. Constreir las luchas de los trabajadores al mero mbito de la fbrica o el lugar de trabajo responde a una lectura interesada de la historia del movimiento obrero, al ocultar las luchas de la clase trabajadora por una vivienda digna, por el acceso a la educacin o la sanidad, por la urbanizacin de sus barrios... Hoy la prdida de poder adquisitivo general de los salarios y las nuevas condiciones laborales, junto a polticas depredadoras que empobrecen a la mayora social, generan perspectivas de ampliar los campos de lucha y superar las meras reivindicaciones salariales y laborales, as como trasladar las luchas a la calle y a los barrios, permitiendo la confluencia de masas trabajadoras y otros sectores sociales. En cada momento histrico, dependiendo de las condiciones reales, la balanza se ha inclinado en uno u otro sentido porque la lucha de clases es lucha por las condiciones de vida.

 

El conjunto de transformaciones en la composicin de las clases y en la existencia de sectores sobreexplotados, no es determinante para concluir que la clase trabajadora se ha fragmentado y perdido su potencialidad revolucionaria. Deben considerarse otras tendencias, como la asalarizacin creciente de la humanidad y el aumento global del trabajo industrial, el acercamiento salarial que se ha producido entre trabajadores manuales cualificados y profesionales asalariados, la prdida de la estabilidad absoluta que gozaba el empleado pblico y su equiparacin progresiva a condiciones similares a las del sector privado. Los procesos de proletarizacin de tcnicos, intelectuales y profesionales, genera una fuerza productiva de potencialidades transformadoras como nunca antes se dio.

 

En ltimo trmino, el crecimiento en extensin y profundidad de las relaciones capital/trabajo no implica que la clase obrera deba tener conciencia de clase. La relacin de explotacin slo da la posibilidad material de que esa conciencia se adquiera, y un componente de sta es la explicacin de la existencia objetiva de la clase obrera y de la dinmica social que se deriva de las tendencias objetivas de la acumulacin capitalista, en contraposicin a la tendencia a sustituir las contradicciones de clases por la contradiccin entre poderosos y la masa de la poblacin.

 

En la actualidad y en general, la existencia de clases sociales se refleja en la poltica pero los partidos y asociaciones polticas no estn organizados principalmente alrededor de las clases. Este aspecto favorece la dilucin de la clase trabajadora en el concepto ciudadana y la orientacin de sus luchas hacia la resistencia o espacios meramente econmicos, sin plantearse una estrategia superadora, y en ese sentido dificultar el avance del capitalismo pero no lo revertir. Sin organizaciones polticas de clase y sin cuestionar la propiedad del capital de los medios de produccin, del trabajo y de la propia vida de los seres humanos, no habr alternativa al capitalismo y las luchas reivindicativas estarn siempre recomenzando.

 

c) Acumulacin por desposesin y contradiccin capital/naturaleza.

 

En 30 aos de dominio financiero se ha generado una enorme cantidad de papel (ttulos, bonos), cuyo valor reposa en su representacin de apropiacin de plusvala futura, pero su volumen es tal, que esas expectativas de plusvala no tienen sustento en la produccin real. Igualmente se ha generado a travs del crdito tal cantidad de deuda, que la promesa de reembolso es insostenible. A medida que esas bolsas de capital ficticio se desarrollaban, se intensificaban las polticas imperialistas y depredadoras como vas de acumulacin que evitasen su desvalorizacin, de manera que la acumulacin por desposesin se ha ido extendiendo progresivamente en el mundo con la excepcin de Asia donde la expansin de la produccin real ha sido preponderante-.

 

La acumulacin por desposesin entraa el despojo de bienes comunes y derechos colectivos, a fin de incorporar a la lgica del mercado espacios y servicios que antes no lo estaban o lo estaban parcialmente, y saquear los fondos de los Estados provenientes en su inmensa mayora de las rentas del trabajo- en beneficio del capital . O dicho de otra manera, privatizar medios de produccin y espacios naturales de modo que sus propietarios puedan extender o profundizar la relacin de explotacin a sectores sociales que escapaban total o parcialmente a ella, y desarrollar polticas que reviertan las rentas del trabajo al capital.

 

Estos mecanismos abarcan desde la redistribucin que los Estados realizan de sus ingresos en beneficio de la banca y los grandes grupos empresariales y financieros, hasta la privatizacin de las infraestructuras pblicas, de los sistemas pblicos de pensiones, educacin o salud. La privatizacin de recursos naturales y la monopolizacin de su explotacin est provocando en los Estados perifricos la destruccin de relaciones sociales no capitalistas economas colectivistas indgenas, economas campesinas y familiares-, eliminando los medios de vida de un elevado porcentaje de poblacin que tiene como principal vehculo de subsistencia la agricultura, la ganadera y la pesca en pequea escala.

 

El enorme desarrollo de la acumulacin por desposesin, y la aparicin y dinamismo de todo un conjunto de movimientos opositores alejados de partidos y sindicatos, con una composicin social interclasista y orientados a todo el espectro de la sociedad civil, ha llevado a diversos sectores de la izquierda a representar a estos movimientos como el eje central de la lucha anticapitalista y a diluir la contradiccin capital/trabajo en una nueva contradiccin capital/comunidad, situando como sujeto social capaz de preservarse de la lgica del capital a la comunidad que a travs de la lucha puede expandir relaciones sociales no compatibles con la lgica mercantil y el capitalismo.

 

Pero l a existencia de movimientos interclasistas opositores no determina una identidad de clase, porque en su seno se dan diferentes formas de ser respecto a la propiedad de los medios de produccin y porque de la resolucin de sus diferentes contradicciones de clase no se deduce una alternativa global comn al capitalismo, si es que ese es el horizonte como clase de algunos de los sectores sociales implicados. Como tampoco es posible preservar espacios fuera de la lgica del capital sin acabar con la propiedad privada de los medios de produccin, porque el capitalismo en su desarrollo tiende a imponer sus relaciones sociales hasta en el ltimo rincn de la tierra. No entender esto significa no entender la lgica del sistema.

 

La acumulacin por desposesin que ha operado histricamente junto a la explotacin del trabajo, aunque no haya alcanzado el desarrollo de este momento histrico-, no anula por s misma la centralidad de la contradiccin capital/trabajo la base en que se asienta todo el edificio capitalista y sin la cual ese edificio se derrumbara-, principalmente en los Estados centrales donde trabajo productivo y trabajo asalariado han alcanzado un gran desarrollo el trabajo asalariado representa alrededor del 86% de la poblacin ocupada en las economas avanzadas, cayendo esta proporcin hasta el 35% en Asia y por debajo del 30% en frica (OIT, 2010)-, de manera que la va directa de superacin del capitalismo pasa por el desarrollo de las condiciones subjetivas que permitan la toma del poder poltico y econmico por la clase trabajadora, como representacin real de la toma del control sobre sus vidas y su futuro.

 

En la periferia del sistema, la globalizacin neoliberal y el imperialismo han ampliado y agudizado las contradicciones con amplios sectores sociales, debido fundamentalmente a la liberalizacin de la agricultura y procesos de privatizacin del agua y la energa. En Asia la poblacin rural ronda el 57% y el 60% en frica. En esas condiciones cobra una enorme relevancia la alianza de clases para que los pueblos puedan hacer frente a las polticas neoliberales y el imperialismo. Pero esto no significa el apaciguamiento de la contradiccin capital/trabajo, que a su vez se agudiza al generarse tendencias crecientes de asalarizacin . Las salidas en Asia o frica, dependern de la capacidad de la clase trabajadora para liderar las luchas contra el capital globalizado. Muy diferente es el caso de Latinoamrica, donde la poblacin rural ronda el 22% y los asalariados representan el 68% de la poblacin ocupada, si bien casi el 54% trabaja al margen de la proteccin social (Perfiles del empleo y trabajo decente en Amrica Latina y el Caribe. OIT, 2011). La alternativa socialista representa en Latinoamrica la va de liberacin.

 

En otro orden, la aceleracin y profundizacin de los mecanismos de mercantilizacin de recursos y procesos naturales vitales que alcanzan hasta la comercializacin del aire con la compra/venta de emisiones de gases-, han transformado en negocio la degradacin ambiental y la destruccin de la naturaleza, provocando una profunda crisis ecolgica. La regulacin de la poltica agropecuaria por los mercados financieros, que imponen la modificacin o anulacin de leyes de proteccin del ambiente que consideran barreras para el libre comercio, no slo est causando graves daos ambientales tala masiva de bosques y desertizacin, contaminacin de la tierra y del agua por el uso indiscriminado de agroqumicos y pesticidas-, sino que atentan contra la seguridad y soberana alimentaria.

 

No puede s ustraerse el modo de produccin capitalista de sus efectos ambientales, porque el problema ecolgico no puede encontrar soluciones en el sistema, y porque el funcionamiento del sistema introduce un desorden que no responde a los lmites del planeta, del mismo modo que no responde a las necesidades sociales . En este sentido l a contradiccin capital/naturaleza cobra una gran relevancia y adquiere un rasgo central, pero significa que lejos de solucionarse la contradiccin capital/trabajo, se ha ampliado (la produccin capitalista slo sabe desarrollar la tcnica y la combinacin del proceso social de produccin socavando al mismo tiempo las dos fuentes originales de toda riqueza: la tierra y el hombre Marx. El Capital, tomo I, captulo XIII-).

 

d) El Estado ante la mundializacin y el nuevo marco de organizacin de los trabajadores.

 

Quienes sostienen que el poder de los Estados se ha diluido en una nebulosa financiera intangible, o que su autonoma tiende a desaparecer y que el capital ya no es controlable por el Estado, omiten el fundamento clasista de ste y contribuyen a su consideracin separadamente de las relaciones entre clases y fuerzas sociales, al tiempo que sobreestiman su capacidad para controlar al capital en pocas anteriores. Son esencialmente las condiciones de la acumulacin, y las relaciones domsticas e internacionales entre las fracciones del capital y entre el trabajo y el capital, los factores que gradan el papel del Estado.

 

Que determinadas fracciones del capital se hayan integrado mundialmente variando notablemente esa integracin segn regiones-, no significa la integracin total de las clases capitalistas nacionales en una clase transnacional, con dinmicas propias y sin races en sus lugares de origen. De hecho, las formas trasnacionales de organizacin de los negocios, iniciadas por el capital de EEUU, han encontrado un creciente nmero de competidores extranjeros, dispersando el poder financiero entre un conjunto de organizaciones territoriales y no territoriales. El crecimiento del nmero de corporaciones trasnacionales se ha acompaado por una disminucin de la importancia de los Estados como fuente de inversin directa extranjera, pero por un aumento de su importancia como receptores de la misma.

 

La intervencin del Estado se ha adaptado a lo largo de la historia del capitalismo a las exigencias de reproduccin del capital, regulando mltiples esferas de actividad en cuanto ellas fueran necesarias para mantener las relaciones sociales capitalistas las relaciones de propiedad-. El papel de los Estados no ha declinado con el dominio financiero y las polticas neoliberales, sencillamente ha sido adaptado a las nuevas necesidades del sistema. Quienes argumentan que los Estados-nacin estn en crisis y que han perdido su soberana nacional, olvidan que ha habido una crisis de los Estados en cada expansin financiera y que la mayora salvo los Estados ms poderosos- fueron privados de su soberana con anterioridad a la actual mundializacin. Es ms, la mundializacin y regionalizacin econmica, han aumentado el poder de Estados y regiones de la periferia frente a los centros econmicos occidentales o en comparacin al que tenan durante el perodo de la guerra fra.

 

Lejos de ser una vctima, el Estado ha sido el principal actor en la reestructuracin de la economa y en los procesos de desregulacin, condiciones preliminares de la mundializacin, que a su vez es empujada por una poderosa coalicin de Estados, compaas transnacionales e instituciones financieras internacionales. Si los Estados poderosos no controlan el movimiento de los capitales no es porque no puedan sino porque no quieren, dado que las clases capitalistas de los Estados centrales y emergentes se benefician de los procesos de la mundializacin . Y cuando el capital internacionalizado y las grandes compaas de los Estados centrales piden menos Estado, no se refieren al ejrcito o la polica sino al Estado social y a las leyes que dificultan la penetracin de capitales y la extensin del mercado a espacios hasta ahora vedados, tanto en el centro como en la periferia del sistema.

 

El Estado ha variado algunas de sus funciones externas e internas. Ha abandonado su papel de redistribuidor de rentas hacia abajo y garante de polticas de cohesin social tanto en el centro del sistema como en la periferia, con la eliminacin de las polticas de subsidios a la agricultura y a productos de primera necesidad-, pero no ha perdido sus poderes sobre la regulacin de la economa capitalista, y sigue siendo el lugar primordial donde se desarrollan y ejecutan las estrategias de acumulacin. Su papel es clave en la organizacin poltica de las clases dominantes y la desorganizacin de las clases dominadas, en la extensin de la ideologa de las clases dominantes, en el establecimiento de reglas para organizar los intercambios capitalistas, en la socializacin de prdidas y el desarrollo de polticas de redistribucin hacia el sector financiero y las grandes empresas, en la inmovilidad relativa de la fuerza de trabajo y la competencia de los diferentes mercados mundiales de trabajo, en la organizacin del proceso laboral y la reglamentacin salarial, y en el mantenimiento del orden por medio de jueces, policas y militares- que permite las condiciones de explotacin y desposesin.

 

Por otra parte, la clase capitalista de cada formacin social necesita de sus respectivos Estados en su competencia entre ellas. Las organizaciones econmicas supraestatales FMI, BM, OMC, OCDE, G20- son dependientes de los Estados fundamentalmente de los Estados centrales y en menor medida de los emergentes-, estando su estructura de representacin construida sobre bases gubernamentales que representan en ltimo trmino los intereses de capitales nacionales.

 

Respecto a la existencia de una organizacin militar coordinada y jerarquizada mundialmente bajo la tutela de EEUU, basta observar las intervenciones occidentales en el mundo rabe por el control de recursos energticos. Es cierto que existe una mayor integracin militar fundamentalmente de los Estados centrales, que no cuentan con la oposicin de pocas pasadas, pero a su vez sus intervenciones estn limitadas en buena medida por los intereses econmicos y polticos de los bloques regionales.

 

La mundializacin se ha acompaado de procesos de regionalizacin econmica, que han respondido a los intereses de las potencias centrales o han sido la respuesta de zonas perifricas para frenar la expansin de aquellos, al disminuir su vulnerabilidad frente al capital globalizado y lograr un mayor poder de negociacin en la escena internacional. En cualquier caso, favorecen la creacin de zonas de libre comercio, la adopcin de una poltica comercial comn y, en ocasiones, la coordinacin de polticas macroeconmicas y sectoriales entre los Estados. L a coincidencia de gobiernos reformistas y de izquierdas en Latinoamrica han favorecido el freno de la expansin estadounidense a travs del ALCA reduciendo su operatividad a acuerdos bilaterales-, y el desarrollo de procesos de integracin regional con polticas ms redistributivas que en pocas anteriores MERCOSUR- y de lucha contra la pobreza y la exclusin social ALBA-. La alternativa reformista ha puesto freno al neoliberalismo en la regin, pero no ha conseguido ms que la reconstruccin de un capitalismo regional autnomo y, en consecuencia, ha fracasado a la hora de frenar la concentracin de la riqueza el 20% de la poblacin ms rica de la regin acapara el 56,9% de los ingresos, mientras que el 20% ms pobre recibe el 3,5%, segn datos de la ONU de 2010-, dando lugar a un resurgir de las luchas de los trabajadores asalariados y los estudiantes mientras disminuyen las protagonizadas por los movimientos campesinos e indgenas.

 

Las nuevas condiciones impuestas por la mundializacin y el nuevo papel que juegan los Estados, obligan a conjugar nuevos enfoques y nuevos espacios y formas de lucha. Si el poder todava est localizado en el Estado y el capital global y sus fuerzas aliadas tienen una raz estatal, el Estado contina siendo un espacio vital para las luchas. Pero a su vez, las respuestas de los trabajadores para ser efectivas deben actuar sobre los centros donde se deciden las polticas econmicas regionales. Todo movimiento de trabajadores que enfoque sus luchas exclusivamente en el plano estatal se queda corto, pero obviar ste y centrase exclusivamente en el plano regional o internacional, desenfoca el objetivo del poder real del Estado. Por tanto, un internacionalismo efectivo slo puede basarse en la solidez de las organizaciones del trabajo en cada Estado, siendo las luchas en los Estados la precondicin para las luchas internacionales.

 

Las nuevas condiciones de explotacin y el nuevo papel que juegan los Estados en la acumulacin por desposesin, han quebrado los enfoques tradicionales de unos sindicatos que han quedado aprisionados en estrechas estructuras corporativas, transformndose en un rgano del aparato del Estado a travs de la aproximacin del consenso y el compromiso economicista en torno al salario, de manera que cada vez que los trabajadores han comenzado a disputar la iniciativa poltica al Estado y a las empresas, se han encontrado confrontados con intervenciones sindicales que asentaban el orden establecido.

 

Las organizaciones de los trabajadores para ser de nuevo efectivas, deben considerar que las luchas por el salario y las condiciones laborales estn ntimamente conectadas y no pueden ser separadas de la situacin social, poltica o econmica, de las condiciones de vida y consumo. No restringir su actividad a los problemas laborales ms estrechos, permite confrontar en todas las esferas de la vida que puedan importar a los trabajadores, permitiendo abordar aspectos de la reproduccin social que haban sido dejadas de lado por la perspectiva sindical centrada en el lugar de trabajo.

 

Superar esa visin de la lucha centrada esencialmente en el lugar de trabajo y en el sector formal de la economa, genera espacios integrados de lucha y facilita la movilizacin de aquellos sectores que no son capaces de sostenerla por s mismos, sumando no slo al trabajador pblico y al privado, sino a los sectores sobreexplotados (precarios, temporales, mujeres, jvenes, inmigrantes), a los desempleados, a los jubilados, a los pobres y a las familias trabajadoras. Y permite a su vez forjar alianzas con otros movimientos sociales (vecinales, estudiantiles) y con otras clases, sobre la base de la movilizacin y la lucha. Las experiencias en Sudfrica, Latinoamrica, y ms recientemente en Tnez o el 15M, avalan su capacidad movilizadora.

 

e) Centralidad de la accin poltica.

 

La lucha de clases se manifiesta mundialmente de forma dispar. En Asia y en Amrica Latina, regiones con elevadas tasas de crecimiento y el repunte de la inflacin en los ltimos aos, se caracteriza por un enfoque econmico ofensivo. En los Estados centrales la ofensiva parte del capital, y las luchas de los trabajadores son reactivas y se distinguen por su carcter de resistencia para tratar de limitar los retrocesos. Y en el mundo rabe, devastado por las polticas neoliberales, ha adoptado la forma de movimientos democrticos espontneos y masivos a la ofensiva para hacer frente a la crisis poltica de unos regmenes autocrticos.

 

En ninguno de los casos s u desarrollo conduce mecnicamente a una transformacin social regional, a la elaboracin de programas sociales, econmicos y polticos alternativos. Para que ese salto se produzca es necesaria la accin poltica de clase y una orientacin bien definida, a fin de evitar que la movilizacin no sea ms que la mera suma de intereses particulares sin voluntad general. La funcin de la izquierda poltica consiste en articular y conjugar esos intereses, para sentar las bases de un proyecto que permita el desarrollo de programas revolucionarios, orientados a liberar a la sociedad de toda relacin de explotacin o dominio . Y para ello es preciso que el mundo del trabajo y los movimientos sociales identifiquen la raz de sus males, la clase capitalista y la propiedad privada del capital y de los medios de produccin.

 

En la medida que no se ataque el fondo del problema, se impondr la lgica de la acumulacin capitalista, y las luchas, en el mejor de los casos, slo limitarn las prdidas y la degradacin extrema de las condiciones de vida. Ese es el lmite de las luchas econmicas, sindicales o sociales sin un enfoque poltico transformador. Hoy estn en juego los mecanismos que evitan la extensin de la pobreza y la degradacin social. De ah que si los trabajadores son incapaces de irrumpir con un programa revolucionario en las diferentes regiones mundiales, el capitalismo est ms cerca del caos y la guerra, porque en ltimo trmino no hay ninguna salida a la crisis capitalista que no pase por la destruccin de capital.

 

Por otra parte, no es concebible un cambio sin la intervencin masiva de los trabajadores sin la creacin de un contrapoder-, del mismo modo que no es concebible su sostenimiento posterior sin mecanismos colectivos de decisin directa e indirecta- y control, y sin la extensin de derechos y libertades al conjunto de la poblacin . Los trabajadores no tienen posibilidad de agruparse como clase ni de establecer alianzas de clase sin la garanta de democracia y desarrollo de las libertades, sin el encuentro y la discusin de los diferentes proyectos que existen en el seno de los trabajadores y sectores populares, sin la pluralidad de sus organizaciones y la instauracin de formas democrticas y consensuadas de solucin de conflictos frente al sectarismo. Y sin impulsar una serie de valores como la igualdad frente a cualquier forma de dominio o segregacin ya sea sobre la mujer, los jvenes, los inmigrantes o por motivos de raza u orientacin sexual o religiosa-, la solidaridad en oposicin a la individualizacin de la competencia, y el derecho a asumir y decidir sobre todos los asuntos que competen a la vida, sin remitirse a instancias oficiales o burocratizadas.

 

Es evidente que la realidad actual impone la necesidad de coordinar aspectos de verticalidad y horizontalidad, tanto en la organizacin como en las luchas, pero el valor emergente de la autoorganizacin debe ser impulsado y protegido para que la conciencia pueda extenderse entre la clase trabajadora y los movimientos sociales, para que puedan asumir su futuro.

 

Las organizaciones polticas sern tiles en la medida que se alejen de actitudes doctrinarias y contribuyan al desarrollo de la conciencia de clase y al procesamiento colectivo de las experiencias de lucha. El anlisis y la crtica deben impulsar a pensar, a decidir y a promover la accin.

 

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Jaime Baquero es miembro Comisin de Sanidad de la Federacin Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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