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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-04-2012

Ruiz Gallardn y la libertad de la mujer

John Brown
Iohannes Maurus


"Was will das Weib?"
(Qu quiere la mujer?)
Sigmund Freud

ltimamente, el flamante ministro de justicia del PP, Alberto Ruiz Gallardn, ha venido afirmando en sucesivas declaraciones pblicas que "La libertad de maternidad es lo que a las mujeres les hace autnticamente mujeres", Con esta afirmacin pretende Gallardn justificar una iniciativa legislativa tendente a modificar en sentido restrictivo las leyes que garantizan el derecho al aborto. En concreto, se trata de sustituir la ley del aborto hoy vigente, que autoriza la interrupcin del embarazo dentro de determinados plazos dejando a la mujer la libertad de decidir, por otra legislacin que se base en supuestos, sometiendo la opcin de la mujer a condiciones establecidas por el legislador. Obviamente, la facultad de la mujer de interrumpir su embarazo cuando no desee llevarlo adelante quedara cercenada por ese regreso a una legislacin que pone a las mujeres bajo tutela mdica o moral.

El oportunismo del ministro resplandece en su argumentacin, pues la limitacin de un derecho legal se presenta como el desarrollo de otro derecho ms importante y ms real. El derecho al aborto se compara con el derecho a la maternidad de tal modo que el uno parece oponerse al otro. Como en todo sofisma, la argumentacin de Gallardn mezcla elementos de verdad con una mentira que los desvirta. Es perfectamente cierto que el derecho a la maternidad y a la paternidad de muchos ciudadanos espaoles est hoy fuertemente limitado por la imposicin a las nuevas generaciones de la precariedad econmica masiva, el desempleo, los bajos salarios y la imposibilidad efectiva de acceder a una vivienda. Estos elementos sitan la tasa de fertilidad de la poblacin espaola entre las ms bajas de Europa. Las medidas de austeridad que est adoptando el gobierno del que forma parte el seor Gallardn no parece tampoco que vayan a corregir esta situacin creada desde hace muchos aos por distintos gobiernos tanto del PSOE como del PP. Tampoco parece que vayan a introducirse en Espaa los subsidios por maternidad o los subsidios familiares existentes en los pases europeos desarrollados y an menos que el actual gobierno tenga entre sus planes introducir una renta bsica que d a los futuros padres y madres la establidad econmica necesaria para tener hijos. En resumen, es cierto que el derecho a la maternidad, en el sentido de la capacidad material de acceder a ella se ve fortsimamente limitado en nuestro pas en relacin con otros pases europeos vecinos. Afirma as Gallardn que " "mientras exista la ms mnima posibilidad de que una mujer no pueda en plenitud ejercer su derecho a la maternidad , este Gobierno tendr siempre la solidaridad, y no la actitud de silencio cmplice culpable que practica el Partido Socialista ". En el contexto actual estas palabras slo pueden interpretarse como una afirmacin cnica, pues obviamente, el gobierno no est dispuesto a poner los medios necesarios para que los ciudadanos puedan tener hijos en condiciones de seguridad econmica adecuadas, pero s que est dispuesto a recortar gravemente la libertad de las mujeres a disponer de su propio cuerpo.

Lo que, sin embargo, es falso y propiamente sofstico en la argumentacin del ministro es que el derecho a abortar sea contrario al derecho a la maternidad. Un derecho es una facultad que puede ejercerse o no ejercerse: un derecho que debe ejercerse obligatoriamente, deja de ser un derecho o una libertad y se convierte en una imposicin. El derecho a abortar no niega, sino que da sentido al derecho a la maternidad, del mismo modo que el derecho a la libertad de expresin se ve confirmado y no negado por el derecho a mantener silencio o la libertad de circulacin de las personas no implica que estas se conviertan obligatoriamente en nmadas. En la Rumana de Ceausescu o en la Espaa de Franco, el aborto estaba tajantemente prohibido, pues la principal funcin de la mujer era reproducir la especie, independientemente de su voluntad. Son de todos conocidas las espantosas historias de abortos ilegales realizados en condiciones pelgrossimas para la salud de las mujeres y humillantes para su dignidad. La pelcula rumana de Christian Mungiu Cuatro meses, tres semanas y dos das (2007) nos narra una de estas espantosas historias de opresin y humillacin de las mujeres, pero tambin nos habla de la corrupcin, las ilegalidades y los abusos que supone la prohibicin de un derecho elemental. La limitacin del derecho al aborto promovida por el ministro espaol de justicia nos hace regresar a estos universos totalitarios.

Un elemento fundamental de la argumentacin del ministro es la idea de que existe una "naturaleza de la mujer", algo que "hace mujer a la mujer". Gallardn cita aqu, desvindola, una frase de Manuel Azaa quien deca muy kantianamente que "la libertad no es aquello que hace felices a los hombres, pero s aquello que les hace libres". El presidente Azaa desligaba con esa frase la felicidad de la libertad, insistiendo en el hecho de que en una constitucin republicana, el objetivo del gobierno no es garantizar la felicidad (imposible tarea) sino establecer un marco para la libertad. El fundamento de esa afirmacin es que no pueden inferirse de las condiciones naturales y empricas que pueden o no hacer al hombre feliz, los fines morales en los que se despliega la libertad. En otros trminos, que el hombre no es slo un ser natural, sino sobre todo un ser moral dotado de libertad. Ningn gobierno respetuoso de la primaca de la libertad puede basarse, segn Kant o segn Azaa, en un supuesto conocimiento de la esencia natural del hombre que permita determinar cules son los medios de su felicidad. El gobierno que lo pretendiera, afirma Kant, se convertira en el ms absoluto de los despotismos. Vale la pena citar aqu el bello pasaje de Kant que se encuentra en su texto Sobre el tpico: Esto puede ser correcto en teora, pero no vale para la prctica:

Nadie puede obligarme a ser feliz a su manera (como se figure el bienestar de otros hombres), sino que cada uno puede buscar su felicidad por el camino que prefiera, siempre que no cause perjuicio alguno a la libertad de los dems para perseguir un fin semejante, la cual puede coexistir con la libertad todos segn una posible ley universal (es decir, segn el derecho del otro). Un gobierno que se estableciera segn el principio de benevolencia para con el pueblo, como un padre para con sus hijos, es decir, un gobierno paternalista (imperium paternale), en que los sbditos, como nios menores de edad, que no pueden distinguir lo que es til o nocivo, se ven forzados a comportarse de manera meramente pasiva, para aguardar del juicio del jefe del Estado el modo en que deban ser felices, y de su bondad el que ste tambin quiera que lo sean, tal gobierno es el mayor despotismo imaginable (una constitucin que suprime toda libertad de los sbditos, que carecen, por tanto, de derecho en absoluto)".

Poco atento al autntico contenido de la frase del presidente de la Repblica, el ministro de la monarqua juancarlista afirma que existe una esencia de la mujer y que el gobierno debe atenerse a ella en su actuacin. Esa esencia determina para la mujer una finalidad principal que hace que "la mujer sea mujer": tener hijos, parir. El respeto por parte del gobierno a la libertad de la mujer consiste en fijarle una esencia y un fin naturales, cuyo cumplimiento denomina Aristteles "felicidad". En otros trminos, como el dspota filantrpico kantiano, Gallardn pretende que las mujeres se vean obligadas a ser felices cumpliendo su supuesta funcin natural. Sabemos, sin embargo, desde Lucrecio y, ms tarde, Spinoza que toda afirmacin de una finalidad natural es proyeccin imaginaria de un deseo inconsciente. Ni las plantas que podemos comer estn ah para que las comamos, ni los dientes estn en nuestra boca para que mastiquemos, ni, en general, salvo en un delirio teolgico, el mundo ha sido creado con vistas a la felicidad del hombre, ni el hombre para la satisfaccin de Dios. La mujer puede tener hijos del mismo modo que tambin puede masticar con sus dientes y ver con sus ojos, pero no han sido "creados" sus dientes para la masticacin, ni sus ojos para la visin, ni su vientre para la reproduccin. La especie humana es capaz de disociarse de unas supuestas finalidades naturales y de contemplar ms all del delirio teleolgico su verdadera condicin de seres sin lugar preciso ni finalidad en la naturaleza, de seres contingentes y, en ese preciso sentido, libres. El gobernante que ignore esta libertad y pretenda regir la sociedad conforme a una supuesta esencia natural de las distintas categoras de ciudadanos no slo nos hace regresar a un delirio supersticioso, sino que nos somete al mayor despotismo imaginable.

Fuente: http://iohannesmaurus.blogspot.com.es/2012/03/ruiz-gallardon-y-la-libertad-de-la.html


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