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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-04-2012

Una entrevista a Mara Prado Esteban
Diez preguntas sobre el anarquismo (VII)

Arturo Borra
Rebelin


  1. Al menos en la Europa de la ltima dcada algunos movimientos sociales tal como ocurre con el movimiento 15-M- han reactivado de forma ms visible un cierto espritu libertario. Qu factores inciden en este retorno del anarquismo? De forma inversa: por qu ese espritu libertario no cuenta con apoyos sociales ms amplios?

El 15-M, en su sector ms autntico y popular, al plantear la cuestin del Estado y el autogobierno, puso sobre la mesa la cuestin central de toda accin revolucionaria. Sin embargo tal idea ha quedado reducida a genial intuicin no desarrollada ni materializada en un programa.

La posibilidad de superar la sociedad con Estado requiere un proyecto que tome en cuenta la excepcional complejidad de tal objetivo, pero, a da de hoy, sigue siendo un estado de nimo, una inspiracin que no se expresa en propuestas fundamentadas.

El problema es que el pensamiento libertario sigue operando con ideas elaboradas hace ms de cien aos en una realidad muy distinta de la de hoy. La sociedad actual, de la informacin y el conocimiento, en verdad del adoctrinamiento y el oscurantismo, el fidesmo religioso y la barbarie, no puede ser vencida con proyectos que ignoran la potencia excepcional de los mecanismos de dominacin puestos en marcha por los Estados desde la Segunda Guerra Mundial.

De hecho, muchas de las ideas y las luchas que hoy se presentan como anarquistas toman su referencia y sus anlisis del bagaje poltico de la socialdemocracia y aspiran a ampliar el Estado del bienestar como paradigma de la completa felicidad social. La industria de la conciencia, dominada por la izquierda desde hace casi cuarenta aos (pronto sern cuarenta aos de paz) ha matado casi por completo el pensamiento libre y ha impuesto una visin deformada de la realidad a varias generaciones.

La revista Estudios, proyecto en el que estoy comprometida, pretende precisamente, contribuir a la renovacin del pensamiento libertario, a su adecuacin al siglo XXI por la investigacin independiente, autogestionada y comprometida de las realidades del presente. Desde mi punto de vista este es el nico camino a conseguir una presencia social autntica y con futuro.


  1. Admitamos que no hay garantas para la promesa de otro mundo posible. En esas condiciones de incertidumbre, cmo movilizar a diferentes sujetos colectivos en la construccin de un porvenir deseado?

Me parece fundamental partir del reconocimiento de que existe incertidumbre e indeterminacin en el devenir humano. La concepcin de la historia como proceso sin sujeto, que toma su modelo de la mecnica, ha sido uno de los productos ideolgicos ms nocivos que hemos heredado de la Ilustracin; es profundamente desmovilizador y envilecedor pues hace confiar en que el desenvolvimiento del propio sistema contiene su negacin y anula completamente la accin del sujeto que queda reducido a nada. La historia, en los hechos comprobables, es una sucesin de encrucijadas en las que se entretejen multiplicidad de factores y permite abrir, no todas, pero s un manojo de posibilidades en cada momento histrico. De entre esos componentes las decisiones y la accin del sujeto, como sujeto social, es una condicin cardinal, por lo tanto hay una responsabilidad tanto social como individual en lo que la historia es.

El problema de la movilizacin es cuestin esencial pero olvidamos a menudo que el sujeto humano se mueve por ideas antes que por ninguna otra cuestin. No son, por s, las condiciones materiales, la pobreza o la opresin lo que alimenta las revoluciones sino la conciencia sobre el significado de esos hechos y, ante todo, la capacidad para idear otro modelo distinto. Por ello escribe Soledad Gustavo que las revoluciones no son hijas del estmago sino de la conciencia.

Es en este plano, el de la conciencia en el que el sistema tiene hoy la iniciativa de forma concluyente y definitiva. El sujeto de las sociedades de la modernidad tarda ha interiorizado el fondo esencial del Estado y el capitalismo. Est enfrentado trascendentalmente con sus iguales, es egotista y solipsista hasta la mdula, se mueve nicamente por su inters personal, todo lo espera de las instituciones en la forma de servicios del Estado, confa en que el dinero es la base de todas las libertades y por lo tanto el bien ms deseado. Adora la comodidad y deplora cualquier sacrificio. Su espritu anti-burgus, cuando existe, se funda en la envidia de las formas de vida de los ricos, por lo que solo alcanza a considerar la posibilidad del reparto de la riqueza pero no le atormenta la desaparicin de la libertad.

Nada hay que tenga menos influencia social que la idea de autogestin porque todo el mundo anhela ms y ms servicios pblicos que resuelvan sus necesidades vitales de la cuna a la tumba. En esta situacin movilizarse es, en primer lugar, crear un nuevo paradigma que supere los fundamentos de la sociedad con Estado y con capitalismo. Pero eso no es fcil porque hoy la felicidad (como tranquilidad de nimo y pequeos goces domsticos) est muy por encima de la libertad como ideal de vida.


  1. La frontera entre marxismo heterodoxo y anarquismo no siempre resulta ntida, aunque sus diferencias con respecto al estado son conocidas. En este punto, qu puede aportar ese discurso marxista al movimiento libertario?

Creo que el pensamiento libertario no debera perderse en debates ideolgicos en un momento tan complicado como el presente. Establecer sistemas de ideas generales e intemporales es la garanta de permanecer en la marginalidad a la que parece que nos abocamos. La otra posibilidad nos obliga a poner toda nuestra energa en el anlisis de los grandes cambios que han tenido lugar tanto en la esfera del poder constituido como en la naturaleza de la vida y de la conciencia de las clases populares.

Ser necesario hacer frente a problemas sociales que difieren (por la forma concreta en que existen) en mucho de las que enfrentaron el marxismo y el anarquismo en sus orgenes. El descomunal crecimiento de los Estados y la integracin del pueblo en sus proyectos, el adoctrinamiento intensivo de la poblacin en el sistema educativo, el uso de las ideologas en la forma de religiones polticas y la imposicin de las mentiras tiles al poder a travs de ellas, la obligacin universal del trabajo a salario con formas de laborar cada vez ms dirigidas, jerarquizadas, embrutecedoras y degradantes. La publicidad masiva, el consumo inmoderado y dirigido, la falsificacin de la historia, la destruccin de todas las formas de vida horizontal, la desaparicin de la vida privada, la completa segregacin entre los sexos, la desaparicin de la socialidad, la destruccin del lenguaje, la victimizacin de amplios sectores sociales y el surgimiento de leves (por el momento) vientos liquidacionistas, todo ello como parte del proceso de deshumanizacin en curso que alumbra la aparicin de un neo-siervo que ame y defienda su esclavitud.

Todo esto se produce en el contexto de la grave crisis de Occidente que presenta multiplicidad de planos de conflicto; es la crisis del imperio occidental que ha sido el director de la historia en los ltimos quinientos aos, lo es tambin de sus formas polticas y econmicas, es decir, es crisis de las elites mandantes, pero, a la vez, incluye la consuncin de la experiencia histrica, cultural, antropolgica y esttica del pueblo que ha tenido en Occidente seas de identidad claramente positivas, propias y singulares respecto al poder, constituyndose como sujeto histrico con mismidad y proyecto propio.


  1. De qu forma podra concebirse la transicin desde los actuales estados-nacin a una sociedad sin estado, dando por sentado que los grupos hegemnicos ya despliegan todos los medios disponibles sin excluir la violencia- para retener su rgimen de privilegios? Cmo se regularan los conflictos tanto en la vida pblica como privada en esa sociedad autogobernada?

El Estado surgido de las revoluciones liberales, que no es estado-nacin porque se constituye como coalicin de las elites locales que imponen a los pueblos un modelo de poder centralizado y maximizado, ha cumplido un ciclo histrico y ha obtenido victorias de orden estratgico. El sistema no solo ostenta el monopolio de la violencia sino que le pertenece la iniciativa estratgica en todos los frentes; la desaparicin del pueblo como sujeto colectivo con un proyecto ajeno al Estado y enfrentado con ste est a punto de ocurrir, con ello puede decirse que el sistema estatal-capitalista habr culminado su proyecto histrico.

An en estas condiciones es pertinente que pongamos sobre la mesa la posibilidad de una sociedad sin Estado y los complejos problemas que tal ideal plantea. La democracia no puede sustentarse sino en un sistema de asambleas pero esta reunin, cuando se convierte en pura formalidad, no es eficaz ni resolutiva como ha demostrado el 15-M.

La competencia de la asamblea requiere de unos factores previos que es necesario conseguir y que afectan en primer lugar a la calidad de las personas que conforman el grupo. La participacin poltica y la autogestin de la sociedad no es un ejercicio ldico, cmodo y relajado porque implica que toda la comunidad asuma la responsabilidad sobre los problemas comunes, es decir, se comprometa. Por ello una sociedad basada en los derechos, en recibir antes que en dar, no puede ser sin Estado, porque para superar el Estado la existencia de cada individuo debe estar volcada en los deberes y las obligaciones hacia los dems y hacia s mismo evitando que se constituya un aparato de proteccin pues, como dice Carl Schmitt el protejo ergo obligo es el cogito ergo sum de los Estados.

Asumir las tareas que implica la direccin colectiva de lo comn requiere mucho esfuerzo, por ello una sociedad hedonista no puede ser sin Estado. La convivencia ha de ser buena y plena para que las estructuras de gestin colectiva funcionen, por eso una sociedad del enfrentamiento, el individualismo gregario, el victimismo frente a los iguales y la intolerancia, no puede ser sin Estado. Para autogestionar la vida se necesita buscar soluciones creativas desde el estudio concreto y profundo de cada situacin, la reflexin tiene que ser una tarea tanto personal como colectiva, por eso una sociedad dogmatizada, cargada de consignas y axiomas y de pereza mental no puede ser sin Estado.

Una sociedad sin elites de direccin exige, por ello, cambios fundamentales en la cosmovisin que hoy domina, ha de superarse el ideario burgus que impera ampliamente y poner otros valores y aspiraciones en el centro de la vida: la o el sujeto que conforme la viabilidad del gobierno de los iguales tiene ante s una tarea pica y debe dotarse de la fuerza y energa para acometerla, cuestin que, bsicamente, ha de hacer por s mismo y no esperarla de nadie, ha de bregar por la convivencia superando la idea de que la afinidad sea el nico bien y aprendiendo a mirar con respeto y consideracin las opiniones diferentes, ha de rechazar el poder en todas las circunstancias y poner especial nfasis en no desearlo para s, tiene que desplegar todas las posibilidades del propio entendimiento a favor de la colectividad, ha de superar el concepto de la justicia para aspirar al de magnanimidad, ha de aprender a permanecer en minora con dignidad y en mayora con tolerancia. Una sociedad que desee el autogobierno tiene, necesariamente, que poner en un lugar central el amor, porque una sociedad sin amor tiene que ser, necesariamente, una sociedad con Estado.

Ms no basta con desearlo y constituir el espritu de la revolucin, habr que enfrentar una enorme cantidad de problemas, polticos, materiales, militares y econmicos. Si la asamblea es una estructura de autogobierno muy eficaz en el plano local Cmo abordar el plano global? Es necesaria la existencia de entes supralocales? Cmo se han de dirimir los conflictos entre asambleas? Cmo evitar que el germen del Estado se vuelva a desarrollar? A todas estas cuestiones habra que aadir todos los problemas derivados del inevitable choque con la violencia estatal. Son ms, en realidad, las preguntas que las respuestas lo que significa que queda mucho por hacer.


  1. Uno de los reproches ms repetidos con respecto a la izquierda es su dificultad de construir frentes de lucha en comn. Qu responsabilidades histricas tiene el anarquismo en la fragmentacin de esos movimientos que buscan activamente una transformacin social radical?

Creo que el pueblo fue y debera ser, en el caso de existir, uno. La unidad no ha de hacerse en torno a las estructuras orgnicas y los partidos. No estoy en contra de que existan agrupaciones de afinidad pero creo que no deben suplantar al pueblo como sujeto colectivo diverso, plural pero fusionado como grupo que aspira al autogobierno. Esto no se ha entendido histricamente, la organizacin de la poltica a travs de camarillas y grupos de presin como partidos, que pertenece a la tradicin de la deplorable revolucin francesa, ha contaminado la vida social y parece que nos obliga a pensar en ese paradigma.

Por otro lado yo no considero a la izquierda, en cuanto estructura orgnica, como parte de las fuerzas de la revolucin sino que ha sido, desde la transicin, el principal artfice de los proyectos del Estado y el capitalismo y agente de la destruccin de todos los movimientos de masas no dominados por sus aparatos. Sin embargo entre las bases de los partidos de izquierda o entre quienes simpatizan con ellos hay muchas personas valiosas que autoliquidan su espritu revolucionario en actividades estriles y reaccionarias.

En mi opinin no se trata de llegar a acuerdos con la izquierda sino en recuperar la unidad bsica del pueblo superando la obsesin dirigista de los partidos polticos.


  1. Por qu deberamos renunciar a abrir un frente de lucha tambin (aunque no solamente) en las instituciones del estado, considerando que sus polticas nos afectan de forma directa? Qu posibilidades reales hay de articular representacin parlamentaria y democracia directa?

Si se desea el autogobierno y la autogestin, la sociedad sin Estado y sin capitalismo no hay nada que hacer en las instituciones. Hay que tener claro que en los rganos participativos no es donde se toman las autnticas decisiones, no son, por tanto, el verdadero gobierno de la sociedad, lo sustancial se decide en las altas esferas del ente estatal y, sobre todo, en el ejrcito, cuestin que hoy se ha olvidado porque vivimos envueltos en ese halo de irrealidad que crea la sugestin propagandista del Estado.

El voto no fue una conquista del pueblo en 1890 ni de las mujeres en 1931, fue el camino a establecer la cooperacin de los de abajo en su propia esclavitud lo que sigue siendo verdad hoy. No creo, por lo tanto en la participacin institucional, ms bien considero que hemos de autogestionar el mximo posible de las cosas que nos afectan y mantenernos ajenos, tanto como sea posible, a los organismos del Estado.


  1. Una lectura habitual de la clebre expresin pasar del gobierno de los hombres a la administracin de las cosas es que ese pasaje equivale a una clausura de lo poltico, esto es, a una sociedad reconciliada, libre de antagonismos. En caso que resulte vlida esa lectura, hasta qu punto no se reintroduce un principio teolgico en la historia humana, esto es, una dimensin mesinica en la que el Otro es plenamente integrado a la comunidad?

El gobierno de los tcnicos es otra utopa reaccionaria, en ese constructo el ser humano desaparece en cuanto humano para reaparecer como ente o cosa que es administrado junto al resto de las cosas. Pertenece a ese ideario, que cobra fuerza en nuestros das, de que todo lo complejo, conflictivo, difcil y problemtico debe desaparecer para dar paso a una sociedad de lo fcil, lo ligero y, sobre todo, lo simple. La simplicidad es un rasgo comn al pensamiento utpico, el tecnoutpico y el religioso, con ello se ahoga la posibilidad de enfrentar los verdaderos problemas de la condicin humana que son extremadamente complejos e intrincados y que tienen aspectos que permanecen en el espectro de la incertidumbre. Esos problemas son la urdimbre en la que se inserta cualquier proyecto poltico superador del Estado por lo que no ponerlos en el centro nos condena a permanecer en el sistema de gobierno de las minoras y la opresin de la mayora.

Aceptar que ninguna sociedad perfecta y armnica nos espera, porque tal comunidad no sera ya humana, es la primera condicin para poder aspirar al bien social posible. Solo puede concebirse el ascenso de la libertad como libertad limitada realizable, la buena convivencia como equilibrada relacin entre lo individual y lo comunitario. Pero la relacin entre la esfera personal y la social tendr siempre un punto de contradiccin y conflicto que solo puede ser superado parcialmente comprendiendo que lo colectivo, para darse como limitacin de la opresin y no como su maximizacin (cosa que sucede por ejemplo en las sociedades orientales en el que cada individuo es, tan solo, el engranaje de la gran mquina social), ha de basarse en la mejora y excelencia de cada sujeto que har una aportacin original, nica y insustituible a la comunidad de modo que lo colectivo ser tanto ms potente cuanto ms elevada sea cada una de sus singularidades.


  1. En algunas variantes cratas, de modo similar a lo que ocurre en el liberalismo, la nocin de poder, circunscripta al estado, es concebida en trminos negativos y represivos. Ahora bien, qu implica desistir de toda forma de poder? Qu puede hacer el antipoder ante poderes imperiales globales, despreocupados de la injusticia cotidiana y de la violencia que ejercen sobre millones de seres humanos?

El aparato acadmico gusta de los debates abstractos y conceptuales. El poder no es un concepto sino un hecho real materializable en mltiples actos. No deseo definirme sobre el poder en general sino entender el fundamento de la autoridad ilegtima, en primer lugar la del Estado, que es la fuente de la mayor parte de la iniquidad social. La sociedad actual se desgarra en luchas por la supremaca, en enfrentamientos mltiples entre facciones entregadas a conseguir cuotas de poder para s frente a los otros iguales. El homo hominis lupus de Hobbes se ha hecho realidad y, con ello, la justificacin del Estado que es el rgano imprescindible para poner orden en la jaura social. Todas las corrientes que azuzan estas batallas son agentes del Estado pues ocultan el origen del mal y lo sealan donde no es sino secuela y sntoma.

Lo es, por ejemplo, el feminismo que ha urdido una guerra civil entre los sexos con el argumento de que los hombres han abusado histricamente de las mujeres, una falacia que no es verificable cuando se contrasta con los hechos de nuestra historia (que no es la historia universal, obviamente), mientras que s se puede confirmar que fue el Estado el que defini la obligacin jurdica de la prevalencia del varn a travs de sus leyes positivas (para nuestro tiempo el hito fundamental es el Cdigo Civil de 1889). Sin embargo la conflagracin entre mujeres y varones es muy positiva para el ente estatal que ha ganado a una parte de las fminas para sus planes y ha desactivado a otra gran porcin que viven en la confusin y la parlisis por causa del conflicto psquico que provocan tales construcciones que obligan a la mujer media a comulgar con ruedas de molino y reescribir su propia biografa para hacerla coincidir con la ortodoxia.

Quienes consideran, como Stirner, que el nico dios verdadero es su propio Yo, y sacralizan el individuo aislado de sus iguales, enfrentado trascendentalmente con ellos para hacer prevalecer sus deseos, opiniones y necesidades, no son sino los funcionarios del Estado encargados de liquidar a su enemigo.

La pugna entre el Estado y el pueblo (si existiera) se dara en la forma de desafo entre dos poderes de naturaleza muy distinta, mientras el poder del Estado deviene de la hegemona de la minora y la dominacin sobre la mayora, el poder del pueblo reside en el pacto entre iguales en pos de unas metas elegidas y el compromiso para, unidos en lo sustantivo, permitir la diversidad y el albedro en todo lo dems. No sabemos si podr darse tal combate singular y cmo podra manifestarse el choque con esos poderes imperiales globales. A lo largo de la historia muchas guerras asimtricas las ganaron los dbiles; el ejrcito de Napolen, el ms potente desplegado hasta entonces en Europa, con 260 mil hombres fue mantenido en jaque por unos 50 mil guerrilleros, con una participacin general del pueblo, incluidas las mujeres y con propuestas militares muy creativas y poco ortodoxas Es imbatible el poder militar actual? No lo sabemos.


  1. La abolicin de todo principio de jerarqua a menudo choca contra el reclamo de autoridad por parte de una subjetividad que con Guattari podemos denominar capitalstica. Cules seran los espacios estratgicos fundamentales para cambiar esa subjetividad dominante y qu papel deberan jugar los intelectuales en este proceso de cambio?

No creo en la funcin de los intelectuales sino en la autogestin del conocimiento. En la situacin actual la tarea ms apremiante es de orden intelectivo y a ello deberamos entregarnos todos los que aspiramos a la transformacin social positiva Porqu habramos de crear una casta intelectual? Ms bien todos y todas hemos de asumir los quehaceres necesarios para ampliar la esfera de la revolucin, sean estos del tipo que sean, poniendo las bases para crear el sujeto capaz de transformar el mundo que ser, obligatoriamente, un individuo no especializado sino que aspire a la integralidad y a desplegar sus potencialidades en todos los campos.

Ms es cierto que an rompiendo con la coraza de la especializacin cada sujeto seguir siendo limitado pues la totalidad no es alcanzable por el individuo, por lo tanto cada uno, al aportar aquello en que es mejor, ejercer una cierta autoridad sobre los dems. Este hecho, per se, no supone establecer una jerarqua social pues quien sea autoridad en una parte ser discpulo de los otros en otra. Claro que ello plantea una inquietante reflexin a tener muy en cuenta, que si una parte de la sociedad se derrumba en la comodidad y abandona sus obligaciones la jerarqua se impondr casi de forma natural. Eso significa que una sociedad sin poderes ilegtimos solo lo ser mientras mantenga a la casi totalidad de sus miembros en situaciones lmite de esfuerzo y dedicacin para sostener el ideal de la libertad y la convivencia humana y, por lo tanto, haga innecesaria la existencia de una casta intelectual, poltica o militar.


  1. La actual arremetida del capitalismo mundializado, facilitada por la institucionalizacin del estado de excepcin, parece estar conducindonos a un punto de no retorno en el que el desastre ecolgico y social es una posibilidad cierta, nada remota. Cmo reinventar las luchas libertarias en el siglo XXI, considerando esta dinmica econmico-poltica que nos enfrenta a una situacin indita en nuestra historia?

Nos hallamos, efectivamente, a las puertas de una catstrofe de dimensiones dramticas. La principal tragedia del momento presente no es la econmica o la ecolgica, ni siquiera, con ser terrible, la amenaza de guerra, lo peor es la desintegracin del ser humano que hoy se est realizando; una demolicin planificada de la interioridad del sujeto que est siendo vaciado de todo lo autoconstruido para ser rellenado con materiales elaborados directamente en los dominios del Estado.

Comprender las estructuras de la deshumanizacin y las formas como sta se produce es cardinal hoy pues solo comprendiendo este proceso es viable enmendarlo. Entre estos instrumentos estn: el Estado del bienestar que ha despojado al individuo de la autogestin de las propias necesidades vitales y las de sus cercanos, convirtindolo en un infantiloide, inepto para la supervivencia, incapacitado para tomar decisiones en torno a su propia vida y ha destruido la trama de la convivencia horizontal que, al quedar sin funciones, era ms fcilmente eliminable. El trabajo asalariado, que se organiza de tal manera que impide el acto del pensar, anula el juicio, embrutece de forma superlativa, educa en la obediencia ciega y ocupa una parte cada vez mayor del tiempo de vigilia de las personas; algunas corrientes como el feminismo han hecho del salario la bandera de la emancipacin creando una generacin de mujeres que aman sus cadenas, adoran el embrutecimiento laboral diario, se enamoran de lo repetitivo, parcializado y dirigido desde fuera y renuncian, por ello, a la vida personal y privada. El aparato de adoctrinamiento que asalta al individuo permanentemente, que incluye la publicidad, la industria del espectculo, con el cine a la cabeza, la literatura que no podra, si se examina con rigor, llamarse con tal trmino, el funcionariado estatal, las diversas ramas de la industria dedicadas a la conciencia y su modificacin (psicologa, sociologa, etc.), la Organizaciones No Gubernamentales (que viven de las subvenciones y ejercen de apstoles del Estado benfico) y, sobre todo, el sistema educativo y la universidad. El individuo del presente es as aleccionado de la cuna a la tumba y est en trance de, como el personaje de Orwell, no entender otra cosa que consignas.

La reescritura de la historia que materializa un desarraigo fenomenal del sujeto, un vaciamiento interior y una rotura con su pasado que es presentado como la suma de todo lo infame y corrompido; se complementa con la obligacin poltica impuesta de escupir sobre la cultura occidental devenida, para las clases con poder, en origen de todos los males del mundo, de ese modo la experiencia civilizada de los pueblos europeos que ha tenido una presencia real y propia en la historia de Occidente es arrojada al vertedero de la historia camuflndola entre las perversidades realizadas por los poderhabientes.

Lo que asciende en este momento es un modelo de sociedad de la barbarie, un capitalismo esclavista, que ya se ha hecho real en China y los emergentes, un modelo poltico del despotismo ilimitado; probablemente para producirse el salto cualitativo a ese nuevo paradigma ser necesaria una guerra, lo que vendr despus solo podemos intuirlo.

Ms all de preguntarnos si es posible hacer frente a una situacin de catstrofe civilizacional como la que padecemos deberamos nicamente preguntarnos si es necesario y hacerlo.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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