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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-04-2012

Siria, ltima parada de las revoluciones rabes?

Santiago Alba Rico
Diagonal

El autor, filsofo, analiza un ao despus la situacin de las revoluciones rabes y, en especial, el callejn sin salida que es Siria.


Cuando se cumple un ao del comienzo de las revueltas rabes y el optimismo inicial parece descarrilar en medio de toda clase de incertidumbres, podemos al menos sealar los dos obstculos estructurales que se han interpuesto en su camino: el hecho de que se trate de levantamientos populares extemporneos y fuera de lugar. Desencadenados a destiempo, con 200 aos de retraso o 200 de anticipo, reclaman democracia cuando la democracia est en retroceso en todo el mundo. Desencadenados en el lugar equivocado, sacuden el equilibrio de la zona del planeta donde se concentran ms tensiones y ms intereses internacionales. Su valenta y su tragedia revelan muy bien, en cualquier caso, los bastidores del nuevo orden mundial.

Tnez, pequeo y homogneo, pudo derrocar a Ben Ali con un coste relativamente bajo en vidas humanas y convertirse hoy en el laboratorio de un nuevo orden regional, con fuerzas islamistas moderadas en el gobierno que negocian con la UE y EE UU. En el otro lado, la heroica revolucin de Bahrin deba ser cortada de raz, incluso mediante una intervencin militar saud, porque Hamed Al-Khalifa es un aliado fundamental del reaccionario Consejo de Cooperacin del Golfo y alberga en sus costas la V Flota estadounidense. Entre estos dos casos extremos y contrarios, la suerte de las revoluciones en Libia, Egipto y Yemen ha estado marcada por las distintas modalidades de intervencin extranjera, segn la relacin de fuerzas internas y el rol geoestratgico de cada uno de estos pases.

El caso de Siria es el ms doloroso. Tan legtima y espontnea como la de sus hermanos rabes, su revolucin democrtica contra 40 aos de dictadura parece amenazar el orden regional y la paz mundial y resucitar el fantasma de la Guerra Fra. Su insistencia heroica frente a la represin ha activado la intervencin de toda una serie de potencias y subpotencias que tratan de explotar o anular el movimiento popular sin alterar de manera significativa el equilibrio de las ltimas dcadas. El sostn al rgimen por parte de China, Rusia, Irne Hizbul se yuxtapone ms que oponerse al inters de Israel, EE UU, la UE, Turqua y los pases del Golfo en erosionar la dictadura en su provecho, pero evitando una verdadera democratizacin del pas y una guerra a gran escala. El resultado es un callejn sin salida cuya agnica prolongacin est generando ya cinco efectos muy negativos:

1. EL AUMENTO de la represin criminal de un rgimen que se sabe impune y que est dispuesto a utilizar todos los medios militares y policiales contra la revolucin, desde los bombardeos de barrios enteros -como ha ocurrido en Homs, Idlib o Hama- hasta la tortura y ejecucin de cientos de opositores.

2. LA MILITARIZACIN creciente e inevitable de la revolucin, con el consiguiente riesgo de un conflicto civil armado en el que los automatismos de la venganza, con los crmenes que van aparejados, se antepongan a cualquier lgica de orden poltico y de integracin nacional.

3. LA SECTARIZACIN de las tensiones a escala local y global al mismo tiempo, como parte de una estrategia en la que convergen tanto el rgimen de Al-Asad en el interior como Irn y Arabia Saud en el exterior, dos dictaduras enfrentadas en una sorda guerra regional destinada a agravar el conflicto sunnismo/chismo que la comn resistencia antiisrael haba suspendido en Palestina y que la invasin estadounidense haba reactivado en Iraq. Esta sectarizacin amenaza no slo el curso de la revolucin siria, sino el impulso ecumnico y democrtico de la llamada Primavera rabe.

4. LA DIVISIN creciente en el seno de la oposicin al rgimen, con un Consejo Nacional Sirio incapaz de obtener algn xito diplomtico en el exterior ni de coordinar la lucha en el interior y que se enfrenta adems a la Coordinadora Nacional por el Cambio Democrtico, la coalicin encabezada por Haythem Manaa, ms izquierdista, contraria a toda intervencin extranjera. Esta divisin se refleja en los barrios y ciudades de Siria, cuyas Coordinadoras Locales, que siguen convocando manifestaciones pacficas todos los das, confan ya ms en el Ejrcito Libre de Siria que en las fuerzas polticas que deberan representarlas.

5. LA DIVISIN creciente en el seno de las izquierdas rabes. Lo que no ocurri con Libia, a pesar de la intervencin militar de la OTAN, es ya un hecho en relacin con Siria: el conflicto ideolgico entre un sector que considera la dictadura de Al-Asad un obstculo en el camino del imperialismo, de la ocupacin sionista de Palestina y del islamismo; y otro que denuncia esa pretensin como puramente retrica y que, en cualquier caso, apoya el derecho del pueblo sirio a luchar por la libertad, la dignidad y la justicia social, igual que los otros pases hermanos. Esta fractura prolongacin de la que se haba producido antes a nivel mundial amenaza tambin el neopanarabismo democrtico y progresista que la llamada Primavera rabe haba movilizado tras dcadas de retroceso y divisiones en el seno de la izquierda regional.

Est Siria condenada a convertirse en la ltima parada de las revoluciones rabes y en la primera de una secuencia fatal de retrocesos islamistas y sectarios, guerras regionales y derrotas antiimperialistas? Como escribe Elias Khoury, la revolucin siria no tiene vuelta atrs; no se puede recongelar Siria y la parlisis actual es el resultado, entre otros factores, de la presin heroica de un pueblo despertado a la vida al que despus de un ao no se ha podido derrotar. Si algo demostr la experiencia de Tnez y el sesmo que la sigui, es que una estabilidad basada en la humillacin de las poblaciones est siempre a punto de quebrarse; y que es justo que se quiebre, con independencia de sus resultados.

Hoy sabemos que, en Siria y en el resto del mundo rabe, el proceso ser largo, sinuoso, tormentoso, pero que cito al sindicalista jordano Hisham Bustani romper la maldicin del miedo, adquirir conciencia del poder popular, tomar las calles sin temor y derrocar a los que han sido presidentes por demasiado tiempo pagando el precio de la sangre por la liberacin, la dignidad, los derechos fundamentales, la justicia social y la participacin poltica, todo ello constituye un gran paso adelante. En contra de los que defienden el principio abstracto de no-injerencia, el hecho es que todas las fuerzas imaginables estn ya interviniendo sobre el terreno o sobre el discurso. No menos la izquierda. Y de la posicin que ella tome depender tambin el curso de los acontecimientos.

Fuente original: http://www.diagonalperiodico.net/Siria-ultima-parada-de-las.html



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