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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-04-2012

Grecia: sobre el suicidio pblico de Dimitris Christoulas, farmacutico jubilado
Entre el suicidio y la guillotina

Juan Francisco Martn Seco
Pblico


A pesar de los esfuerzos realizados por la prensa griega para silenciar el suceso, la opinin pblica de Europa se ha visto sobrecogida por el suicidio pblico del farmacutico griego Dimitris Christoulas, de 77 aos de edad, en la plaza Sintagma de Atenas. Este suicidio no es uno ms de los muchos que ocurren en Grecia como consecuencia de la crisis. Tiene una importante dimensin poltica, porque as lo ha querido su autor suicidndose en pblico frente al Parlamento griego y dejando un escrito que es casi un manifiesto. Dado que no tengo una edad que me permita responder activamente (aunque sera el primero en seguir a alguien que tomase un kalashnikov), no encuentro otro modo de reaccionar con dignidad que poner un fin decente a mi vida antes de comenzar a rebuscar en la basura para encontrar comida.

Christoulas, en la nota, hace responsable al Gobierno de Papademos, al que califica de ocupacin, de aniquilar cualquier esperanza de supervivencia y lanza un grito que pretende ser una profeca: Creo que los jvenes sin futuro algn da cogern las armas y en la plaza Sintagma colgarn a los que traicionaron a la nacin lo mismo que los italianos hicieron en 1945 con Mussolini. A Papademos le dedica el epteto de Tsolakoglu, en alusin al que fue primer ministro de Grecia en el Gobierno colaboracionista con los nazis durante la invasin de 1941.

Hace muchos aos que los pases europeos se han olvidado de las revoluciones a pesar de que su historia est jalonada de ellas, y de que lo que hoy consideramos ms propio de la ideologa y la cultura europeas hunde sus races en la Revolucin Francesa. Fue la guillotina la que con todos sus excesos y desrdenes enterr el Antiguo Rgimen y sembr el germen de las libertades y de la democracia. Las revoluciones nunca son limpias y suelen seguir la ley del pndulo, pero a menudo han sido elementos necesarios para el progreso y el avance de la historia.

La superacin de las revoluciones en Europa fue fruto de un gran pacto entre las fuerzas polticas, econmicas y sociales, dando lugar a lo que se ha dado en llamar Estado Social: sometimiento del poder econmico al poder poltico democrtico; asuncin por el Estado de un fuerte protagonismo en las realidades econmicas y en los mercados; un derecho laboral que protege al trabajador frente al puesto preeminente que el empresario disfruta a la hora de establecer las relaciones laborales; un sistema fiscal altamente progresivo que, junto con una extensa red de proteccin social, pretende corregir aunque sea parcialmente las injusticias y desequilibrios que genera el mercado en la distribucin de la renta, etc. Este pacto inscrito en las constituciones europeas ahuyent las revoluciones como cosa del pasado o bien propias de pases tercermundistas o en desarrollo, Amrica Latina, dictaduras en pases rabes Por cierto, que la llamada primavera rabe comenz tambin por un suicidio de caractersticas muy similares al ocurrido estos das en Atenas.

Hoy podemos afirmar que ese gran pacto, origen del Estado Social, se ha roto y que desde hace aos poco a poco se van desmantelando todos sus elementos; hasta el mismo concepto de democracia se nos escurre de las manos. Primero, la libre circulacin de capitales y, ms tarde, la Unin Monetaria han quitado el poder a los Estados nacionales, mbitos en los que mejor o peor se asentaba el juego democrtico, para otorgrselo a los mercados financieros eufemismo que designa a los poderes econmicos- o bien a las instituciones europeas, polticamente irresponsables y sobre las que los ciudadanos no ejercen ninguna influencia.

Cuando las desigualdades alcanzan proporciones gigantescas, cuando los sueldos y las ganancias de aquellos que imponen los ajustes y la pobreza se sitan en niveles obscenos, cuando el ciudadano tiene la percepcin de que el poder poltico y el econmico se entrelazan en impdico contubernio, cuando las decisiones vienen dictadas por rganos y personas que nada tienen que ver con los procedimientos democrticos, podemos extraarnos de que surjan en Grecia posturas como la de Christoulas dispuestas a utilizar el suicidio como acto de protesta? A sus 77 aos, segn afirma, la nica arma que le queda. Es ms, podemos sorprendernos incluso de que en algn momento estalle la violencia? Cuando los gobiernos y los sistemas polticos han perdido toda legitimidad democrtica y se manifiestan de forma tirnica o como legados de poderes dictatoriales extranjeros las reacciones sociales son impredecibles. La historia nos ensea que de forma imprevista pueden pasar del suicidio a la guillotina.


Fuente: http://blogs.publico.es/delconsejoeditorial/2350/entre-el-suicidio-y-la-guillotina/




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