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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-04-2012

Occidente y el animal olvidado

Juan Jos Garca
Rebelin


En el orden natural de las especies existe una codificacin gentica que desata toda una suerte de mecanismos tendentes a la conservacin de la vida. En las denominadas especies superiores, esta codificacin recibe el nombre de instinto de supervivencia.

Ha sido el instinto de supervivencia el que ha estampado de forma indeleble en la capacidad de percepcin psquica el cdigo eficaz, de que lo hecho por los progenitores siempre est orientado en la buena direccin para que la prole conserve la vida. Mimetizando los comportamientos de los progenitores el descendiente aprende todo lo que es necesario para permanecer vivo y poder llegar a su vez a procrear, dndole continuidad a un proceso que le constituye y le supera: la larga cadena de la existencia. De otro modo las especies no hubieran sobrevivido.

 En la especie humana este instinto convive con un orden de cdigos aadido, que denominamos cultura. Durante milenios estos dos rdenes paralelos instintivo y cultural- han coexistido de manera ms o menos afortunada, dando lugar a distintas formas de civilizacin. Para que la vida de las comunidades humanas amparadas en cada una de las civilizaciones haya podido prosperar siempre ha sido necesario que el orden cultural y el instinto de supervivencia se adaptasen de alguna manera en complejas pero fructferas alianzas, inconscientes al conjunto de los individuos que se beneficiaron de estas.

Para los humanos, inscritos en las diversas culturas, la mmesis automtica ha sido corregida, complementada y en cierto modo suplantada por alguna forma de elaboracin cultural; esto es lo que nos ha hecho humanos. Sobre el soporte animal hemos construido formas de cultura que, coincidiendo en la finalidad de la conservacin de la vida, a veces han tenido que forzar y reconducir impulsos bsicos de aquel instinto de supervivencia: este es sin duda el caso de todas las prohibiciones relativas al incesto, o la correccin del principio de que todas las hembras pertenezcan al macho alfa de la manada. Ello ha permitido la participacin fructfera y creativa de la gran mayora de los miembros de las comunidades en el desarrollo de estas como sociedades humanas. 

En este estadio, ya no se trata solo de una transferencia de los padres a los hijos, sino tambin de la aportacin aadida de muchos otros elementos de la comunidad; el aporte diacrnico de muchas generaciones. Los mayores, el Consejo de ancianos, preceptores y maestros se unen como Instituciones de la comunidad a la tarea de transmitir todo lo que esta considera valioso e importante para la vida.

Esta realidad, anclada en una condicin animal instintiva que sigue envolviendo a lo cultural, ha producido a travs de milenios, una especie de mecanismo condicionado, consistente en una -especialmente buena- predisposicin hacia aquello que procede de los padres, los mayores, pero tambin de las Instituciones y del Poder como representantes simblicos ltimos de aquellos. Una predisposicin que en el pasado ha debido ahorrar una enorme cantidad de pruebas y errores en el camino del acierto para la existencia.

No deben haber sido pocas las culturas en las que el Poder se haya sentido tentado por la inclinacin canbal de emplear este mecanismo en sentido inverso a la lgica de la supervivencia de la comunidad; en ese empleo extremo y desesperado del instinto de supervivencia podra hallarse el origen del mito de Saturno devorando a sus hijos.

En todo caso, el Poder aprendi bien pronto a emplear en beneficio propio esta deriva cultural del instinto de supervivencia, manteniendo un precario equilibrio entre su inclinacin canbal y su comprensin de la necesidad de la supervivencia de la comunidad. Y este equilibrio roto de manera recurrente a lo largo de milenios en beneficio de los poderosos, debi terminar inscribiendo en el alma profunda de todas las culturas, esa desde el punto de vista de la racionalidad- extraa sumisin de las gentes que colaboran en el sostenimiento de los abusos estructurales del Poder; esa condicin que sostiene la servidumbre voluntaria que, ya en el siglo XVI, tanto asombra a sus dieciocho aos a tienne de La Botie. Las formas de irracionalidad propias del pensamiento religioso sacrificial primitivo deben tambin tener su eficaz e irreductible anclaje en la dinmica de este mecanismo.

Hoy es al corazn mismo de este mecanismo al que el discurso irracional del Poder capitalista se dirige, reforzado mediante el empleo de la neo-lengua orwelliana construida con las tcnicas de la publicidad.

Cualquier afirmacin del Poder tiene, merced a este mecanismo, una enorme reserva de crdito en el conjunto de la sociedad. Al tiempo, las posiciones crticas, profunda y racionalmente formuladas tienen la consideracin social de delirio, impostura o afn de protagonismo; descrdito y desconfianza, en definitiva.

El progresivo trato infantilizado con que somos apelados desde las instancias del Poder parece confirmarlo; hacer los deberes en poltica econmica, comprender la gravedad de la situacin, son enunciados que solo pueden ser formulados desde una relacin estructural de padres o maestros a hijos o alumnos. De igual modo, un miedo servil a perder el puesto de trabajo, que cada vez ms es la preocupacin y ocupa la conversacin de miles de trabajadores, semeja, a veces de forma pattica, la preocupacin de los escolares sometidos al principio del abuso de poder, asustados ante la imprevisible arbitrariedad justiciera de sus maestros.

Grandes sectores de poblacin de las sociedades libres buscan -y pagan- en los Medios de propaganda este tipo de enunciados para condicionar sus vidas a ellos.

La publicidad comercial, por su parte, unificando por lo bajo, apela no a la inteligencia sino al ser irreflexivo, caprichoso y egosta que nos habita. Este animal olvidado debe ser el que, contra toda racionalidad, lleva a millones de personas a sostener planteamientos y posturas que justifican enormes injusticias y se enorgullecen de grandes atrocidades.  

El Poder, a travs de sus distintas voces, proclama que lo ms valioso e importante para la vida es la lucha feroz que impone la teologa de los mercados, la eficaz competencia destructora del oponente, la superficialidad e inmediatez como valores de la vida cotidiana, la gratuita identificacin de los valores tradicionales con un lastre que impide el desarrollo, la aceptacin acrtica de que la vida implica desarrollo y crecimiento. Planteamientos que conducen a la inversin de aquellos factores que permiten a una sociedad establecer las condiciones para la supervivencia. 

Invertir la lgica de la supervivencia de la especie en beneficio de un grupo menor, una casta, pone a la totalidad de los seres humanos al borde del abismo en el que se desintegra la civilizacin.

Es tan difcil para los millones de individuos que conforman una civilizacin compleja, que ha alcanzado asombrosos logros, llegar a pensar que sus Mayores estn actuando contra ellos, que las gentes irn confiadas a la guerra y a formas de organizacin social suicida, persuadidos de que es su salvacin.

Nada indica que la Civilizacin Occidental no se halle en un proceso de estas caractersticas. El Poder ha enloquecido. Cree que puede sobrevivir a la destruccin que propaga. De forma premeditadamente perversa busca favorecer a un reducido grupo, soberbio y envanecido, que se cree digno del privilegio de la desposesin del resto de los seres humanos del planeta. Y un gran nmero de estos, confiados instintivamente en las mentiras del Padre, estn dispuestos a colaborar uno a uno en su propio aniquilamiento en masa.

La neo-lengua orwelliana del Poder lleva varias dcadas perfeccionando todos sus recursos para persuadirnos de que la misma vida esta infectada de amenazas; sanitarias, terroristas, etnogrficas, virtuales.

Solo miedo. Y como respuesta a este, la bsqueda instintiva para millones de personas de aquello que desde el origen de la vida ha sido la garanta de supervivencia: la activacin del ciego mecanismo de la buena disposicin hacia los enunciados del Poder-Padre, actuando sobre el substrato de la servidumbre voluntaria y con el auxilio del pensamiento religioso.

Solo un mal nacido, podra desconfiar de quienes representan al ms alto nivel simblico el cuidado y la tutela de toda la comunidad.

As que el Poder occidental, en alianza con las fuerzas ms destructivas del planeta, mediante el mecanismo del miedo propagado eficazmente por sus Medios de persuasin, est actuando, como un Padre enloquecido por mandato divino del dios mercado, contra la poblacin civil, que acude, en un acto reflejo instintivo, a su propio sacrificio, promesa de redencin.

Pero ocurre que esta Civilizacin Occidental ha desarrollado tal capacidad de destruccin, que en el intento de reducir a cuatro quintas partes de la Humanidad para alcanzar el equilibrio ecolgico de los ricos, corre el riesgo de arrasar la totalidad de la vida en el planeta. 

Hoy lo que est en juego no es la persistencia de una Civilizacin -que por su gigantismo ya no es civilizada-, esperando ser sustituida por otra. Esta en juego la supervivencia de la misma condicin humana, sustituida por una nueva especie de esclavos infrahumanos, marcando un punto de no retorno en la historia de este planeta.

Ya no podemos seguir resignndonos a que el desarrollo y crecimiento de esta civilizacin albergue el germen de su propia destruccin. Habr que desarrollar contra el miedo y la profunda irracionalidad, formas serenas de pensamiento.

Habr que pensar cmo hacer comprender a las sociedades en su conjunto la evidencia de que el Poder cuando crece enloquece y nosotros con l. Y lejos de seguir sus consejos asesinos o volverse asesinamente contra l, los integrantes de las sociedades tenemos el imperativo de supervivencia de saber que solo el pensamiento puede asistir a esa brjula ciega que cada cierto tiempo nos pone ante la encrucijada del exterminio.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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