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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-04-2012

La misma jueza que liber a los francotiradores del Golpe de Estado en Venezuela encarcel a Julin Conrado

Arturo Ramos R.
Rebelin


Como advertamos el ao pasado, el caso Julin Conrado se convirti en un ventilador que no para de develar las aberraciones represivas y judiciales del gobierno colombiano. Progresivamente, error tras error, el gobierno de Santos, en su obsesin parapolicial de reeditar el Plan Cndor, fue embarrando al gobierno venezolano en el inventario de truculencias con las cuales combate a la disidencia poltica (armada o no). En buena medida, tal embarre fue posible por las inconsistencias y contradicciones propias del gobierno revolucionario, atrapado en las circunstancias temporales de una buena vecindad mal entendida, evidenciando a la vez las fallas que la gesta bolivariana arrastra y an est por saldar.

El ventilador sigue prendido. Este 10 de abril en la sesin de la Asamblea Nacional que debati el golpe del 2002, el compatriota Daro Vivas nos record que la jueza Norma Diva Ceiba Torres, para entonces Juez Penal Accidental y hoy a cargo del Juzgado Vigsimo Sexto de Primera Instancia en Funciones de Control del Circuito Judicial Penal de rea Metropolitana, liber a los francotiradores: Luis Arturo Meneses, Roberto Francisco Mainay, Nelson Enrique Rosales, Jos Meneses Quintero, Roger de Jess Miquilena (identidad falsa), John Carlos Muoz Garzn (colombiano) y Franklin Manuel Rodrguez; t odos ellos capturados el 11A en la habitacin 808, piso 8, del hotel Ausonia, donde se colectaron cartuchos de fusiles y de pistolas 9 milmetros; fueron llevados al Palacio de Miraflores, entregados al Cuerpo Tcnico de Polica Judicial (CTPJ, hoy Cuerpo de Investigaciones Cientficas, Penales y Criminalsticas, CICPC) y el Ministerio Pblico les asign un fiscal. La compatriota Norma Diva, aun siendo capturados con las manos en las armas, con suficientes pruebas y experticias que lo incriminaban, los puso en libertad sin restricciones, a las pocas horas de haber sido detenidos. Lo que asombra no es el hecho en si mismo, entendido como un horror ms de la gigantesca conspiracin del ao 2002, a la que se sumaron en el momento (por complicidad reaccionaria o simple cagazn burocrtica) una importante cohorte de altos funcionarios estatales, sino que la mencionada jueza siga, como si nada, en su carrera judicial constante y sonante, administrando justicia . El asunto no es menudo, si se cae en cuenta de que de los presuntos asesinos liberados por la jueza dependa la determinacin de los principales responsables intelectuales de la masacre o, mejor dicho, de sus nombres especficos , pues basta darle un vistazo actualmente a las repugnantes declaraciones de los personeros polticos de oposicin o calarse la enajenante informacin al respecto de los medios privados, insistentes en justificar el carmonazo y evadir de forma idiota su responsabilidad, para ratificar de donde vinieron los dlares que pagaron los asesinatos de Puente Llaguno.

Fue tambin Norma Diva, la que, a solicitud del Fiscal 20 a Nivel Nacional con Competencia Plena, Daniel Gudez Hernndez, legaliz la rrita detencin de Julin Conrado , con base en una inconsistente y para nada fundamentada solicitud de Interpol, a pesar de que se admiti a la vez (por el fiscal y por la jueza) que el cantante no ha cometido delito alguno (textual del expediente) en el territorio nacional. As en el 2002, la jueza en cuestin libera en un santiamn al grupo de sicarios contratados por la derecha, presuntos implicados en la muerte de 19 compatriotas. El 5 de agosto del 2011, decide el encarcelamiento de un revolucionario enfermo que vino a nuestro pas en busca de refugio humanitario y/o asilo poltico acosado por un NarcoEstado colombiano, sin prueba ni fundamento jurdico alguno, cuando debi ordenar su libertad inmediata , luego de haber permanecido 66 das ilegalmente detenido en los calabozos de la Direccin de Inteligencia Militar (DIM) sin habrsele formulado cargo alguno. El mundo al revs. El mundo al revs y la jueza Ceiba Torres, 9 aos despus de la masacre, otra vez obedeciendo oscuros designios.

Cabe preguntarse por la actuacin de la Inspectora de Tribunales y el Consejo de la Judicatura ante una clara violacin de los artculos 38 y 39 de la Ley   Orgnica   del   Consejo   de   la   Judicatura y otros cuantos del Cdigo   de   tica   del   Juez   Venezolano . Ceiba Torres, cmplice en el 2002 de la barbarie fascista y en el 2011 del aparato terrorista estatal del gobierno de Santos. Ceiba Torres, a la torera, liberando asesinos y encarcelando inocentes, en el mismo ruedo de los subterrneos podridos de la trasnochada justicia venezolana, en que la jueza Afiuni, hoy justamente encarcelada por la justicia revolucionaria que despunta, fungi de novillera.

La actuacin de la jueza Ceiba Torres y la inercia de los mecanismos y entidades del Estado venezolano, hoy interpelados e increpados para corregir tales desafueros, son un buen ejemplo del retorcido aparato de justicia que heredamos de la cuarta repblica y, en consecuencia directa, una de las explicaciones ms evidentes de la impunidad del crimen en Venezuela. Ante el enigma de las liberaciones de los sicarios, el incmodo pero imprescindible recordatorio del compatriota Daro Vivas y luego de la reciente declaracin de la Fiscala General Luisa Ortega - seguiremos avanzando y vamos a dar respuesta, vamos a dar resultados satisfactorios no solamente para las vctimas, para los familiares de las vctimas que lograron sobrevivir, sino tambin para todo el pueblo venezolano y que sirva de ejemplo para los pueblos del mundo - , cabe preguntarse si la mencionada jueza comparecer a rendir una declaracin que pudiera terminar de aclarar muchas de las sordideces del funesto carmonazo.

Recordamos la historia, no solo para enmendar y prevenir el futuro, sino para que la verdad termine imponindose en los hechos, en memoria de las vctimas y respuesta digna al reclamo de sus familiares y amigos. Sino, tanta consigna termina siendo bulla intil y palabrero.

A Julin, poeta, para su consuelo y jolgorio:

Cunto dao les est haciendo esos barrotes a los enemigos de la revolucin, que son los suyos mismos! Mire los cabos sueltos que se atan! Mire noms como las cosas se van aclarando a pesar de la oscuridad de su mazmorra!

Mientras tanto, siga con su canto alegre, que el ventilador sigue prendido. Adems de su canto, los pueblos le debemos varias honras, sea cual sea el final del cuento y sus pesares.

[email protected]

ParamayorinformacinsobreJulinConrado:

Cancin   "Parranda   clandestina"   de   Julin   Conrado,   cantor   enfermo   que   por   respeto   al   DIH   no   puede   ser   entregado   a   las   crceles   colombianas,   compaero   Chvez   apelamos   nuevamente   a   que   cesen   las   entregas   de   perseguidos   polticos.

Reflexiones   para   el   Comandante   Hugo   Chvez   a   100   das   del   secuestro-detencin   de   Julin   Conrado...



Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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